lunes, 21 de febrero de 2022

Glosario de la Etiqueta Social

En anteriores textos he explicado la sencilla definición de mi autoría sobre la etiqueta social. Al respecto, ratifico que ésta constituye “un conjunto práctico de orientaciones encaminadas a lograr una relación
humana basada en el respeto, la tolerancia y la óptima convivencia, con la finalidad de hacer más grata la existencia y, por lo tanto, enriquece nuestra calidad de vida y de nuestro entorno”.

En ocasiones existe una sesgada o limitada interpretación acerca de los alcances e implicancias de la etiqueta social. Sugiero abandonar clichés o prejuicios y comenzar a analizar su indudable vínculo con asuntos concernientes al ámbito de las emociones, a fin de actuar con fortaleza, convencimiento y seguridad en todo tiempo y escenario.

En tal sentido, debemos considerar conceptos referidos a la compleja dimensión interna del ser humano que con frecuencia se evaden articular con esta temática y que, además, tienen implícita importancia por cuanto brindan un soporte esencial en el ejercicio de la buena educación. A continuación, comparto unos términos vinculados a su ejercicio.

Las “habilidades blandas”: aquellos atributos tendientes a desenvolverse de manera efectiva. Confluyen una combinación de destrezas destinadas a tener una agradable inter-relación; es decir, escuchar, dialogar, liderar, estimular, delegar, analizar, juzgar, negociar y arribar a acuerdos. Engloban aptitudes transversales e incluyen el pensamiento crítico, la ética y la posibilidad de adaptación al cambio.

La “autoestima”: autovaloración de sí mismo. Ésta se expresa en la forma de comunicarnos, relacionarnos, desenvolvernos y adoptar decisiones. Las personas con convencimiento, sensatez y que soslayan requerir de aceptación, para conducirnos y emitir juicios en concordancia con sus determinaciones, evidencian alta autoestima.

La “tolerancia”: actitud de deferencia a las opiniones, ideas o actitudes ajenas, a pesar de la discrepancia. Es un elemento central para concebir la diversidad humana y alcanzar una virtuosa convivencia. Bien decía Mahatma Gandhi: “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”.

La “empatía”: capacidad de entender los pensamientos y emociones ajenas; es decir, de ponerse en el sitio del otro y compartir sus sentimientos. No es necesario pasar por iguales vivencias, ni estar de acuerdo para interpretar a quienes nos rodean; es un proceso de comprensión, aceptación y reflexión. Es indispensable su empleo para sortear calificar al prójimo y aprender a entenderlo.

La “inteligencia emocional”: facultad de percibir, expresar y gestionar las emociones. Su interiorización puede significar la diferencia entre comportarse de una manera socialmente aceptable y estar fuera de lugar en una situación concreta. Conlleva reconocer las propias impresiones y, por lo tanto, allana el manejo del estrés y la resolución de problemas. Tiene una utilidad irrebatible cuando atravesamos elevados índices de tensión individual y general.

Los “valores”: normas que enmarcan nuestra conducta; una suerte de “faro” que nos indica el camino acertado a seguir en la vida. Constituyen un marco orientador e inspirador de las acciones positivas. Su aplicación exige categórica entereza, constancia y compromiso. El “respeto” es uno de los más imperiosos en nuestro desempeño.

El “sentido común”: conjunto de conocimientos lógicos acumulados a lo largo de la experiencia de vida cuya validez es aceptada en el medio en el que habitamos. Es una suerte de “séptimo sentido” capaz de advertirnos de lo bueno o malo y, en consecuencia, sugiere cómo actuar. 

El “sentido de pertenencia”: sentimiento que nos identifica e integra con grupos humanos o colectividades con el propósito de asumir un conjunto de inquietudes, ideales y aspiraciones como propias. Permite crecer, desarrollarnos e comprometernos con asuntos del entorno. Esta atribución fomentará nuestra adhesión y participación con nuestra comunidad. 

Desde mi perspectiva, estas nociones son centrales para lograr una fluida, espontánea y continua educación que abrirá la puerta para una impecable conexión entre hombres y mujeres. Tengamos en consideración: la etiqueta social realza y engrandece la personalidad e imagen personal, genera nuevas oportunidades, fomenta un clima placentero de coexistencia, facilita resolver situaciones conflictivas e influye en los espacios donde interactuamos.

Sigamos perseverantes en el ánimo de crear un contexto social cortés, flexible y afable. Demostremos racionalidad y coherencia en cada una de nuestros quehaceres. Es una tarea de la que todos somos responsables y protagonistas; involucrémonos en este cometido de irrefutable validez. Cada día debe convertirse en un genial momento para afianzar nuestros correctos modales como manifestación de engrandecimiento, evolución y lucidez.


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