sábado, 25 de diciembre de 2010

Consejos para un buen anfitrión

En estas semanas, con ocasión de la histórica fiesta de la Natividad y el nuevo año, usted tendrá celebraciones sociales, familiares y laborales en donde será, probablemente, anfitrión. Aquí deseo comentar unas pautas e ideas para cumplir esa tarea tan importante de convocar, atender y compartir con sus invitados.

Deberá tener presente que su misión no consiste en formular la invitación y trasladar a otros la organización, pormenores y obligaciones durante el evento. Esto debe tenerlo en consideración por más sencilla e íntima que sea la reunión. Superior será su dedicación si planea un suceso empresarial en donde tiene la intención de cerrar negocios y exhibir la imagen de su compañía.

El rol de un anfitrión con “sentido común” está más allá de algunos conceptos tradicionales. Tiene que tener criterio para seleccionar sus invitados, escoger el menú adecuado, optar la hora y local propicio, determinar la formalidad o informalidad del encuentro, emplear la vestimenta apropiada, observar la limpieza, arreglo y decoración del recinto, formular las invitaciones con antelación y deferencia, entre otros pormenores que aseguren el éxito del acontecimiento.

Algo que cuestiono, con firmeza por cierto, es la ausencia de esmero en las invitaciones que se hacen sin guardar mínimas cortesías. Una invitación informal no debe producirse con menos de ocho días. Sin embargo, conozco entidades (incluso educativas) y amigos que invitan con uno, dos o tres días de antelación a festividades que por sus características ameritan significativa anticipación. Eso es parte esencial del tratamiento que usted merece cuando sea invitado, no lo olvide y hágase honrar en toda eventualidad. Tengo por política declinar siempre convocatorias de última hora (familiares o corporativas) que me puedan hacer sospechar que mi nombre está en un listado de “suplentes” llamados por la ausencia de los “titulares”, o que muestra visible improvisación. En la vida dase su lugar, dice bastante de su autoestima y respeto consigo mismo. ¡Recuérdelo!

Para empezar, el anfitrión estará en la entrada (de la casa o sitio de reunión) recibiendo a los concurrentes. Si la invitación es con esposa, se hará acompañar -de ser casado- de su cónyuge. Debe coordinar y asegurar que todo esté listo -como mínimo- con una hora de antelación a la fijada para la aparición de los asistentes. Es lamentable y, por lo tanto, una falta de respeto que usted al llegar puntual a un evento se encuentre con la “sorpresa” que las luces están apagadas, recién se están instalando las mesas y equipos de sonido, los anfitriones no han concluido de alistarse y existe una visible carencia de planificación. Eso es tan “usual” y “aceptado” en Lima, como el arroz con leche. ¡Qué vergüenza!

Ofrezca un aperitivo con unos pequeños bocaditos -antes de pasar al comedor- que se sirve en la sala. Es conveniente que el mayordomo exhiba en el azafate bebidas sin alcohol y gran cantidad de servilletas de bar. Cuando es un círculo formal deberá existir personal de servicio que puede no requerirse en una situación informal. Aunque un mozo, bien dirigido y capacitado, ayudará en la correcta atención. Continuamente lo hago y me alivia una serie de cometidos.

El anfitrión garantiza que cada invitado esté cómodo y se lleve un provechoso recuerdo. No es difícil, pero exige conocer detalles que olvidan las personas e instituciones. Conozco “anfitriones”, incluso dueños y directores de organizaciones, que se comportan como invitados y, únicamente, conversan y se interesan en su círculo de allegados. Es decir, se “olvidan” de su función que busca vincular e integrar a los partícipes, fomentar temas de tertulia, verificar que todo funcione y desarrollar sus habilidades sociales. De esta forma, hará grata la actividad.

Otro aspecto primordial. El anfitrión determina las precedencias en las mesas alternando una dama con un caballero y, además, no sentará juntos a una pareja de esposos. Recomiendo que los integrantes de cada mesa sea un grupo homogéneo en términos culturales, sociales y de educación para evitar actitudes discordantes en la jornada. Puede colocar un letrero pequeño en cada ubicación con el nombre, así facilitará al comensal conocer su sitio y evitará esa “criolla” costumbre de sentarse dos amigas juntas y dos o tres hombres contiguos.

Algunos consejos rápidos que no puedo omitir. Tengan cubiertos de recambio y que sean de buena calidad las copas, azafates y el menaje empleado; observé si algún invitado requiere algo en particular; demuestre su obligación en hacer sentir cómodos a sus comensales; tenga analgésicos por si alguien se siente mal y acondicione una habitación en caso de emergencia; en su baño posea colonia, peines, papel higiénico, toallas de recambio y pañuelos de papel y, claro está, que luzca pulcro; si un invitado rompe una copa, disimule y evite hacerlo sentir mal; oriente la conversación hacia contenidos amenos, positivos y que motiven la intervención de todos. No permita, discusiones acaloradas o que se hable mal de una persona ausente. Usted será responsable de lo acontecido en su evento y tome en cuenta, al momento de adoptar una decisión, las palabras del orador, político y filósofo latino Marco Tulio Cicerón: “Haz aquello que sea lo mejor que haya que hacer”.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El saludo: Algunas pautas

Amigo lector, este es un tema que, por su aparente sencillez, no tendríamos amplios argumentos que motiven un artículo sobre lo, supuestamente, enseñado por nuestros padres desde pequeños. ¿Se ha puesto a pensar cuantas veces saluda al día? ¿Se ha percatarse de la forma como lo hace? ¿Le gusta saludar a sus semejantes? ¿Saluda educadamente? Son interrogantes que lo invito a formularse.

En esta nota comparto ciertas reflexiones que no debieran omitirse por cuanto su aplicación le facilitará hacer una evaluación de su desenvolvimiento en el ejercicio de esta rutinaria y habitual actividad, importante en nuestra existencia personal y profesional y, además, en la imagen que proyectamos en las múltiples circunstancias que enfrentamos.

El saludo no solo debe entenderse como una expresión de urbanidad. Sin darnos cuenta describe nuestra personalidad, autoestima, habilidad social, temperamento y, en síntesis, se convierte en su “tarjeta” (buena o mala) de presentación. En este aspecto me permito insistir, después de observar en personas -de diversas edades, procedencias y niveles- su carencia de disposición y agrado para saludar.

Es mucho más revelador de lo que, a simple vista, algunos imaginan. En su obra “Ese dedo menique en el trabajo”, la documentada Frieda Holler comenta: “El saludo es una manifestación social de cortesía, muestra de respeto y afecto. Nos lo enseñan desde pequeños, y a pesar de eso, para muchos, el momento del saludo resulta embarazoso porque no están seguros de hacerlo correctamente”.

Es substancial fijarse determinados modelos para saludar de forma placentera y causar favorable impresión. No olvide un primer detalle, dirija la mirada a la persona, no la evada, puede evidenciar timidez, débil autoestima, falta de transparencia, rechazo, etc. Otros puntos valiosos: Incluya palabras agradables y amables: “Buenos días, como está usted, es una placer verlo”, etc. y agregue algún breve comentario de cortesía y no se limite a decir: “Buenas”.

Asimismo, para causar una virtuosa impresión acompañe una sonrisa espontánea y que fluya –de manera natural- como reflejo de su estado anímico. Sonreír es un componente simpático, halagador y, finalmente, producirá un mejor trato con los demás. Sonría como demostración de alegría, entusiasmo, optimismo ante sí. Lo no olvide!

Un nuevo aspecto que quiero enfatizar es la óptima pronunciación. Visito oficinas, me encuentro con alumnos, acudo a tiendas, etc. y observo deficiente articulación de los términos, lo que refleja pobre dicción. Tenga la certeza que esta carencia será una deplorable carta de introducción si sucede en una entrevista de trabajo. Hable con seguridad y volumen de voz adecuado. Olvidaba algo básico, el que ingresa debe saludar, sin distinción de “jerarquías” o supuestos “estatus sociales”. Conozco entidades públicas y privadas (incluso educativas) en donde sus funcionarios y alumnado al entrar “esperan” que el personal de vigilancia o recepción los salude. ¡Qué pésimo comportamiento! Haga del saludo, afable y cordial, una cultura de vida en cada momento de su quehacer diario y sin discriminación. Muestre su respeto y consideración. No es difícil, solo deberá tener “sentido común”. Es decir, el menos tradicional de los “sentidos” en una sociedad llena de pobrezas morales, cívicas y culturales como la nuestra.

Considere la pertinencia de saludar dando, únicamente, la mano entre personas desconocidas. Recuerde que la dama determina como desea ser saludada en el ámbito social. Brinde su mano con confianza en sí mismo. Evite darla húmeda, sucia, cogiendo algo o con una debilidad que lo hará parecer tímido, poco sincero y con problemas de interacción, no la ofrezca con rudeza, desconfianza o distanciamiento. Salude comedidamente con la mano y lucirá sobrio. El apretón será corto y firme. Demasiado efímero puede demostrar escasez de interés y poca motivación, mientras un saludo más largo indica deferencia. El caballero no omita ponerse de pie al saludar en toda ocasión.

Otra forma de saludar es el abrazo. Es una manera efusiva y utilizada entre personas que se conocen bastante o en momentos especiales. Suele darse cuando llevan demasiado tiempo sin verse, para felicitar o expresar un sentimiento de mayor proximidad. Este estilo de trato es empleado, principalmente, por hombres.

El beso es otro saludo que origina fundadas controversias. Mi profesora Carolina Mujica decía: “El Perú es un besodromo” y no se equivoca. La cuestionable “costumbre” criolla de besarse entre damas y caballeros, ha hecho que se pierda la forma de saludar sonriendo, mirando, dando la mano, hablando bien y ofreciendo una reverencia a los mayores o damas. Es recomendable besar en situaciones sociales y con individuos conocidos, y no en la esfera empresarial.

Si lleva lentes de sol deberá quitárselos para que su interlocutor vea sus ojos. En caso de usar guantes hará lo mismo, es inadecuado estrechar la mano cubierta. Si está fumando -aunque cada vez existen menos espacios donde hacerlo- nunca lo haga con el cigarrillo encendido, deposítelo en un cenicero. No salude con las manos en los bolsillos, eso me recuerda a una reciente ex primera dama peruana que al llegar al aeropuerto de Santiago de Chile beso, con ambas manos en los bolsillos de su abrigo, a la esposa del jefe de estado del país anfitrión.

Por último, recuerde que al saludar muestra, de manera inconsciente, mucho más de usted de lo imaginado. Ejerza el saludo como afirmación de convivencia armónica, encuentro positivo y deseo de enlazarnos con el prójimo. Y tome en cuenta el oportuno vocablo del economista y político francés Anne Robert Jacques Turgot: “El principio de la educación es predicar con el ejemplo”.

martes, 14 de diciembre de 2010

Orquesta Sinfónica Nacional: Víctima de desafinados modales

El domingo 5 se realizó, en el Museo de la Nación, el concierto por el 72 aniversario de la Orquesta Sinfónica Nacional que, en esta ocasión, contó con la participación del director limeño Pablo Sabat Mindreau, quien tiene una prestigiosa trayectoria musical y, además, es director titular de la Orquesta de Cámara Nacional y de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, y director artístico de la Orquesta Cuidad de los Reyes.

La Orquesta Sinfónica Nacional -fundada el 11 de agosto de 1938 durante el gobierno de Oscar R. Benavides- cuenta con más de 70 músicos. Su recital inaugural tuvo lugar en el Teatro Municipal de Lima el 11 de diciembre de ese año, con motivo de la VIII Conferencia Panamericana, en un programa con el Himno Nacional del Perú y obras de Wagner, Beethoven, Debussy, Falla y Ravel. Dicho teatro fue su sede durante varios años.

Según comenta el documentado estudioso Luis Meza Cuadra en la obra “Enciclopedia Temática del Perú”: “…Su primer director fue el vienés Theo Buchwald, quien la dirigió durante los años 1940 y 1950. Este periodo fue, indudablemente, su época más brillante, debido sobre todo a la presencia de músicos europeos que huían de la Segunda Guerra Mundial y la presencia constante de eminentes invitados, tanto solistas como directores”.

Sus directores titulares han sido Theo Buchwald (1938-1960), Hans-Gunther Mommer, Carmen Moral (en dos oportunidades; primera mujer en ocupar dicho cargo en una orquesta en Latinoamérica), los maestros Leopoldo La Rosa, José Carlos Santos, Armando Sánchez Málaga, Guillermina Maggiolo Dibós, entre otros. Y este 2010 fue dirigida por el italiano Matteo Pagliari.

Para quienes asistimos con entusiasmo desde nuestra niñez a sus exhibiciones nos deslumbró el programa de esta conmemoración que incluyó la obertura Leonora y la sinfonía Nro.9, ambas de Ludwig van Beethoven (Bonn,1770 – Viena,1827). La participación de la soprano María Eloísa Aguirre, de la mezzosoprano Edda Paredes, del tenor Álvaro López Risso y del barítono Xavier Fernández Santa María -con la asistencia del brilloso Coro Nacional- coadyugaron a esta presentación de gala. La parte cumbre estuvo al escuchar “Oda a la alegría”.

Siempre he considerado que la música clásica humaniza, sensibiliza y despierta nuestras fibras de emoción y nos transporta a una profunda dimensión interior. Escucharla posibilita aproximarnos a una de las extraordinarias manifestaciones artísticas que ha prevalecido a lo largo de la historia. Es una fuente inagotable de formación y como decía Beethoven: “La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”. Esto lo aprendí desde mis primeros años de infancia cuando acudía, en la temporada de verano, a sus presentaciones en la concha acústica del tradicional parque Salazar de Miraflores. Asumí que está hecha para ser oída con un profundo sentido emotivo.

No obstante, visibles malas formas opacaron la que debió ser una limpia revelación en un momento tan singular. Una vez más, la falta de organización, buenos modales y, especialmente, atención de las autoridades del Ministerio de Cultura (de quien depende la Orquesta Sinfónica Nacional) fue evidente. La ignorancia e indiferencia de sus funcionarios se “vistió” de fiesta ese día. Para empezar los concurrentes esperaron en las afueras del auditorio más de una hora para ingresar y no hubo consideración con las personas mayores. Resuelta incomprensible que no existan rampas para discapacitados ni sillas de ruedas en el principal museo de la capital.

Es lamentable que, tratándose de una aparición de esta trascendencia, no acudiera ningún funcionario del Ministerio de Cultura. Su titular, Juan Ossio Acuña, estaba en Suecia acompañando a Mario Vargas Llosa en la recepción del Premio Nobel de Literatura. Paralelamente, los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional desde el escenario vieron vacías todas las butacas -de las dos primeras filas- asignadas para “representantes oficiales”. Ningún emisario gubernamental ofreció algunas palabras, únicamente atentas anfitrionas alcanzaron arreglos florales a la soprano y mezzosoprano. Que desaire y carestía de respeto al tenaz esfuerzo de la más valiosa agrupación sinfónica peruana que ni siquiera recibió un simbólico ágape de reconocimiento. A mi parecer, el comportamiento de los jerarcas del portafolio que, supuestamente, trabajan por la ilustración en el país, fue inculto e inelegante. Cabe mencionar que el artífice de esta torpe actividad fue el director de Fomento de las Artes de la cartera de Cultura, Mauricio Salas Torreblanca.

En el listado de ausencia de cortesías existen otras más. La pobre cobertura de prensa, la obsesión de los organizadores de aislar a los músicos del público al concluir la función, la deficiente infraestructura para sus ensayos, la carencia de criterio con el afán de ubicar a los asistentes y disponer las medidas a fin de ofrecerle facilidades. Todo lo cual muestra la poca deferencia de los burócratas en un aniversario que no debió “celebrarse” con escaso realce. La Orquesta Sinfónica Nacional merece nuestro pleno y efusivo homenaje porque, a pesar indiferencias, limitaciones y coyunturas, su labor es un apostolado cultural que nos llena de orgullo.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El “sentido común” en la etiqueta

Hace algunos días fui invitado a dictar una conferencia organizada por el alumnado de la “Primera Promoción del Diplomado de Etiqueta y Protocolo Empresarial y Gubernamental” del Instituto de Secretariado ELA. Me lleno de satisfacción encontrar un auditorio con amplitud de preguntas, aportes, vivencias y visibles deseos de deliberar sobre la importancia de esta temática y su relación en su desenvolvimiento personal y profesional.

Empecé explicando la definición de “etiqueta”, que es un conjunto de normas destinadas a construir un “puente” de armonía y convivencia que nos haga grata la existencia a todos. Así de sencillo. Una persona educada creará a su alrededor un clima de simpatía que facilitará su óptimo vínculo con el entorno y, por cierto, fortalecerá su interacción cuando afronte situaciones conflictivas. Es conveniente reiterar que la dimensión de la buena educación se pone a prueba en los momentos tensos, discrepantes y de desencuentros inherentes en las actividades humanas.

La etiqueta, continuamente recomiendo, no solo se debe entender y estudiar. Se tiene que ejercer con convicción, naturalidad y asumir como una cultura de vida. La persona que la práctica, de manera fluida y espontánea, no tendrá inconveniente en mostrar su urbanidad en todo tiempo, circunstancia y lugar. En este campo influye el grado de autocontrol y autoestima.

También, se sustenta en la fórmula “RES” (educación, respeto y sentido común). Estos dos primeros son valores que tienen sus orígenes en el adiestramiento recibido del ámbito hogareño y social. “Enseñar” es instruir, transmitir conocimientos, indicar y guiar caminos. Según precisa Luis Bustamante Belaunde en el prólogo del libro “Ética y política: El arte de vivir y convivir”, la educación consiste en: “….Desarrollar y perfeccionar las facultades y fuerzas propias de las personas y hacer salir de dentro hacia fuera sus potencias de crecimiento. La enseñanza suele ser un acto grupal o colectivo. La educación es siempre individual. Quienes enseñan son docentes. Quienes educan son maestros”. La etiqueta, desde mi parecer, debe estar inmersa en los procesos de enseñanza y educación a fin de afianzar los referentes familiares.

Hay un tercer elemento de la fórmula “RES”, no menos primordial. Se trata del “sentido común”, cuya tradicional definición dice: “Son las creencias o conocimientos compartidos por una comunidad y considerados como prudentes, lógicos o válidos. Se trata de la capacidad natural de juzgar los acontecimientos y eventos de forma razonable”. Suele mencionarse como la dimensión del hombre que no requiere de estudio o investigaciones teóricas, sino que nace de las experiencias vividas. Algunos pensadores exponen que es el “menos común de los sentidos”, algo en lo que coincido plenamente.

Probablemente, si nos detenemos a analizar las formas de actuar y reflexionar de los peruanos (en general) coincidiremos en que no se aplica este sentido (que está relacionado con el nivel de autoestima personal). Permítame explicarle con algunos hechos. Por “sentido común” al ingresar a un lugar debiéramos saludar; decir “gracias” y “por favor” al recibir una atención; si desea llegar puntual a una cita debe tomarse el tiempo pertinente en su traslado; debemos ser solícitos con las personas mayores, discapacitadas y embarazadas sin que exista una norma de carácter obligatorio. Podría seguir una secuencia de alusiones que ratifican la pérdida de este sentido, si alguna vez lo tuvimos.

El “sentido común” nos manda exponer lo que pensamos en voz alta, de manera honesta y respetuosa, en función de su autovaloración y seguridad. En nuestro contexto es habitual revelar lo que el interlocutor (más aún si es jefe) quiere escuchar y solo comentamos lo que pensamos “debajo de la alfombra”. Tiene correlación con las acciones que realizamos todos los días y que, aparentemente, obedecen a un orden lógico. Pero, cabe preguntar: ¿Es lógico querer pasar la luz rojo para llegar a nuestro destino? ¿Es lógico pretender ser atendido con amabilidad cuando usted trata de manera déspota a quien considera su inferior en términos sociales? ¿Es lógico que un alumno no salude al docente que, coincidentemente, lo desaprobó en su asignatura por no estudiar? ¿Es lógico tener prendido el celular durante una ceremonia religiosa? ¿Es lógico ser incoherentes entre su modo de pensar y conducirse? ¿Es lógico que cuando un caballero asume gestos de cortesía y amabilidad sea mirado con desconfianza? Estas situaciones sustentan la carencia de “sentido común”.

Cuando usted procede diferente -tal vez poco “común”- posiblemente será denominado “loco”. No se incomode, esa mención es una distinción honrosa que acredita que es opuesto a la sumisa y poco amable conducta de la inmensa mayoría de conciudadanos en una sociedad que, además, acepta la hipocresía como lícita para coexistir, convalida el engaño y la doble moral, en aras de no subvertir este sistema que requiere una intensa transformación espiritual y cultural. Hagamos cada uno lo posible por aplicar el “sentido común” y recuerde las inmortales palabras del filosofo griego Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”.

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Ética y decencia en el Parque de Las Leyendas?

Dentro de pocas semanas concluye el mandato edil que ha tenido, desde el 18 de junio de 2007, a su cargo la administración del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. Su paso ha sido una nítida muestra de pésimo manejo económico, desarrollo de obras superfluas, sobredimensionamiento del número de trabajadores, ausencia de transparencia, entre otras “perlas” que descubren la incapacidad de la gestión de Luis Castañeda Lossio para encaminar un escenario arqueológico, botánico y zoológico de singulares particularidades.

Siguiendo el legado de Felipe Benavides -uno de sus gestores, fundadores y presidentes con quien compartí los últimos siete años de su vida- me correspondió presidir esta entidad (agosto de 2006 a junio de 2007), por encargo del jefe de estado. Instauramos la ética -tan en desuso en esta época- inspirado en el esfuerzo ejemplar de Benavides, quien abrazó causas ligadas a nobles propósitos altruistas y nacionales. Mario Vargas Llosa le escribió, en cierta oportunidad, estas palabras: “Con mi respeto y admiración, al último de los idealistas”. Felipe era un luchador incansable por los valores que salvaguardó.

El trabajo que presidí se trazó como meta formar una cultura de ética coherente con la integridad que debe enaltecer al servidor público. Para este fin, implementamos diversas acciones -a pesar de las trabas e intrigas de los “funcionarios públicos de carrera”- como tramitar y coordinar con la Comisión de Ética y Transparencia del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes) a fin de incorporar este concepto y desplegar programas de capacitación sobre transparencia, neutralidad y moral pública. Se cumplió con la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, colocando mayor información de la requerida por el mencionado decreto, se entregó los contratos a los colaboradores de la institución y se elaboró el manual y la declaración de ética suscrita por sus integrantes. Hicimos algo muy singular, en la puerta del parque se puso un letrero -que sintetizó nuestra manera de pensar- que decía: “Esta es una institución al servicio de la comunidad, allí se vive la ética y se practica la meritocracia, y no aceptamos tarjetazos”.

Como lo expresé en mi artículo “La ética de Carmen Vildoso” (2008): “…Gracias al trabajo que desarrollamos con el equipo presidido por Carmen Vildoso, quien se desempeñaba como presidenta de la Comisión de Ética y Transparencia de dicho ministerio, logramos -en tan solo nueve meses- dejar una huella de decencia, transparencia y, en especial, de neutralidad política que incomodó a más de uno, aunque esas discrepancias no fuesen explícitas sino encubiertas, como es habitual en los burócratas frívolos, incompetentes y pusilánimes. Todavía recuerdo la sorpresa que suscitó mi carta en la que solicitaba licencia al Partido Aprista Peruano durante la campaña electoral municipal de 2006, en cumplimiento de la Ley del Código de Ética de la Función Pública”. El dirigente aprista que rehuyó aceptar mi solicitud de permiso -y a quien tuve que enviar una carta notarial- es, nuevamente, alto funcionario de un programa social del Mimdes. Espero recuerde que la neutralidad es inexcusable en circunstancias electorales y cuando se lidera un organismo con cuantiosos recursos.

Estos son algunos de los logros conseguidos a pesar de limitaciones y adversidades, lo que demuestra que se puede encaminar resultados, superar obstáculos, vencer resistencias y avanzar con firmeza en la consecución de objetivos. La escasa lealtad y entrega de los altos ejecutivos -que practican la estrategia del “perro del hortelano”- fue el mayor obstáculo que enfrenté. Tuve que combatir sus indiferencias, silencios e hipócritas sumisiones, miedos y apatías.

Sin embargo, es indignante el comportamiento de los burócratas que miran al estado como el “arca” que les facilitará resolver angustias económicas, desconocer lo progresado por sus antecesores y caer en la mezquindad de “refundar” entidades. Nada más absurdo y frecuente en nuestro medio. Cabe enfatizar que Solidaridad Nacional es responsable de la quiebra económica del Parque de Las Leyendas.

Habría que recordarles el dicho del político español Enrique Tierno Galván: “Los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal”, dado el despilfarro del equipo del ex alcalde condecorado por el gobierno. Además, de sus onerosos sueldos, incontables asesores, discutidos proveedores, etc., que expresa la sordidez de su conducción. Para muestra un detalle: La jefa de la Unidad de Logística ha sido, hasta hace poco tiempo, jefa de la Oficina de Control Interno (OCI). ¿Es ético que la encargada del área de fiscalización pase a integrar el equipo de confianza de esta administración? A mi parecer es una manera de silenciar investigaciones y comprar su conciencia.

También, claro está, desarrollaron edificaciones que merecen cuestionamientos. La construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales que está paralizada, el retorno de los vendedores ambulantes y concesionarios retirados en mi época, la demolición de los nuevos servicios higiénicos para justificar “obras” y mayores gastos, las millonarias deudas contraídas, la adquisición de carritos de golf para el paseo de sus funcionarios y el desconocimiento de su Plan Maestro. Y ni que decir de la interesada “amistad” con la Sociedad Zoológica del Perú que ha servido, desde mi punto de vista, para evitar cumplir las medidas que determinen culminar la permanencia de esta cofradía “ambientalista” que lucra ocupando gratuitamente áreas del parque. Esta administración ha marginado el trabajo de las divisiones de Arqueología y Educación en donde, obviamente, no hay “comisión” de proveedores y otros pormenores.

En política los gestos describen a quienes están al frente de las entidades y la ética distingue las acciones que pueden devolver credibilidad a la ciudadanía en sus autoridades. Por estas consideraciones, anhelo que no sea designado a la cabeza del Parque de Las Leyendas el denunciado penalmente Roberto Rodríguez Rabanal (ex humalista y simpatizante de Fuerza Social) quien se asignó una remuneración mensual cuando fue su presidente (2001-2004), contraviniendo las disposiciones del patronato. La presidencia es un puesto honorífico para servir al país y, consecuentemente, ad honorem. No es un espacio para satisfacer expectativas mercantiles y “hacer caja” para campañas electorales. Esto lo afirmo con la solvencia de exhibir una hoja irreprochable de conducta e imparcialidad política. Me asiste la decencia de escribir lo que otros no podrían decir por tener los dedos manchados de tropelías.

Siempre recuerdo -y anhelo que lo tengan presente sus nuevas autoridades- las expresiones que me dedicó Felipe Benavides: “Ética, como todo en la vida, es la mayor fuerza que tiene el hombre para defender la vida”. ¡Cuánta razón tenía este quijote del siglo XX!

domingo, 21 de noviembre de 2010

Ética y valores: Una forma de vida

Escribir estas líneas es complicado no por ausencia de claridad en mis ideas, aunque confieso que puede ser una razón. Sobre todo por la extensión de un tema imperioso de abordar en una colectividad que, como anotará el ilustre pensador, escritor y maestro peruano, de ideas anarquistas, Manuel González Prada (1948–1918): “El Perú es un organismo enfermo, en donde se aprieta el dedo brota la pus”. El deterioro de las personas e instituciones nos confronta con una realidad, en términos éticos, que estamos obligados a transformar.

La ética estudia el proceder del hombre frente a los conceptos del bien y el mal. Analiza quien es favorecido o perjudicado por una acción en particular. También, examina la moral que tiene que ver con los valores y su responsabilidad social. Por lo tanto, no sólo es una cuestión individual, tiene relación con lo que hace una organización para influir en su entorno. Las palabras moral (del latín mores, costumbres) y ética (del griego ethos, morada, lugar donde se vive) son parecidos en la práctica. Ambas expresiones se refieren a ese tipo de actitudes que nos hacen mejores. La moral describe las conductas que nos conducen hacia lo deseable y la ética es la ciencia que reflexiona sobre dichos comportamientos. Tanto una como otra, nos impulsan a vivir de acuerdo con una elevada escala de valores.

Los valores (solidaridad, honestidad, lealtad, puntualidad, veracidad, etc.) son un punto obligado de aprendizaje si anhelamos salir de la profunda crisis que nos empobrece moral, cultural y socialmente. No puede hablarse de educación, gobierno, ciudadanía u entidad, sin tratar este campo. Más aún cuando adolecemos de referentes y liderazgos -en los diversos ámbitos de la familia, la empresa y la política- que marquen la pauta que debiéramos imitar.

El sistema de valores de cada prójimo es adquirido durante los primeros años de vida por influencia de su entorno. Pueden ser estables y permanentes en el tiempo según la forma en que fueron recibidos. En tal sentido, recomiendo explicar su utilidad a fin de mostrar sus implicancias favorables en el crecimiento personal Si usted a su hijo le impuso “portarse bien” por miedo al castigo, probablemente de adulto no asumirá normas correctas. No fue formado y persuadido, sino reprimido.

Los valores propician una existencia armónica con nosotros y los demás. Es importante moldear a los chicos con el ejemplo. No diga a una criatura: “Los niños no mienten” y él apreciará que al recibir usted una llamada telefónica dice: “Di que no estoy”. Al someterse los valores al “ejercicio” diario se transforman en un hábito y, consecuentemente, en una virtud que lo distinguirá. Si cree en la honestidad y la práctica siempre, la asimilará como un componente individual. La etiqueta tiene también como sustento la ética dado que ningún acto indecoroso e inapropiado puede considerarse elegante.

Es conveniente diferenciar una conducta legal -amparada en el ordenamiento jurídico vigente en la sociedad- de un proceder ético. Numerosas personas piensan que actuando dentro de la ley asumen un desempeño ético. No siempre es así. Se lo explicó con un ejemplo: Puede ser válido reclamar sus derechos sobre la herencia dejada por sus padres, pero existe un cuestionamiento ético si ellos, sin mediar documento alguno, establecieron en que proporción debía distribuirse lo heredado. La palabra empeñada tiene un “valor” que lo obligaría a proceder conforme a lo dispuesto por sus progenitores. Las leyes no guardan invariablemente consistencia con los valores establecidos. De ser así, no existirían disposiciones con “nombre propio” que encubren intereses sórdidos en perjuicio del bienestar de las mayorías.

A continuación quiero recordar algunas situaciones vinculadas con la ausencia de ética. El abogado que alarga un juicio para no perder a su cliente; el médico que lo somete a chequeos innecesarios para aumentar sus honorarios; el profesor al que le plagian su separata para dársela a un colega amigo de la autoridad académica; el turista de cuyo desconocimiento se aprovechan para cobrarle más por un servicio; el político que miente para ganar una elección; el empresario que tiene “empleados fantasmas” en su planilla con la finalidad de evadir impuestos y paga un sueldo indecente a su empleado y, además, lo obliga a trabajar diez o doce horas diarias, etc. Lamento que estos ejemplos grafiquen nuestra resignación en un medio que muchos cuestionan, pero poco o nada hacen para cambiar. Esa es una característica “peruana”, objetar en privado lo que en público no rechazamos y, peor aún, hasta convalidamos.

Amigo lector, los valores son el marco general que orienta e inspira las acciones positivas que desarrollará todos los días. Naturalmente, cuando efectúa hechos negativos como con su auto pasar la luz roja, desconocer la cola en un supermercado, llegar tarde al trabajo sin justificación, no decir la verdad, hacer las denominadas “vivezas criollas”, allí están expuestos sus antivalores. Tenga la voluntad y autoestima suficiente para salir del atraso, la mediocridad, el silencio sumiso y abyecto, y conviértase en prototipo de decencia y dignidad. Recuerde el dicho del orador y escritor norteamericano Denis Waitley: “Nada dignifica más que el respeto a uno mismo”. Respétese!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Saber decir…Gracias!

Mientras imaginaba como empezar este artículo -que hace bastante tiempo quería escribir- encontré un enunciado del escritor e intelectual francés Jean de la Bruyére: “Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud”. Bruyére hizo de tutor y secretario del duque de Borbón y alcanzó notable prestigio como hombre de letras por la publicación de su obra “Los caracteres” (1688). Fue duro crítico de la decadencia moral de su época y de la corrupción imperante entre los gobernantes. Un personaje admirable, severo y conveniente de recordar, con mayor énfasis, en este tiempo republicano de “crecimiento económico”, caracterizado por una visible carencia de valores desde las más altas autoridades que conducen los destinos nacionales.

Al referirnos a la gratitud debemos remontarnos a su origen. El término “gracias” proviene del latín gratia que deriva de gratus (agradable, agradecido).Gratia en latín significa honra y alabanza que se tributa a otro, para luego simbolizar el reconocimiento a un favor. Gratus y gratia tienen el mismo origen indoeuropeo.

El empleo del vocablo “gracias” debe estar siempre acompañado de un acto explícito de respuesta a una finesa recibida. Cada vez que puedo observo a las personas agradecer y en la mayoría de situaciones lo hacen por cumplir una formalidad y empleando una entonación que no refleja su aparente intención. Agradezca con una sonrisa, mirada agradable y una actitud que muestre coherencia. Por común y rutinario que sea su uso, hace sentir bien a quien lo recibe. No se convierta, como las señoritas de las agencias bancarias, en una “máquina” que saluda, muestra los dientes, recita un libreto y concluye diciendo: “en algo más lo puedo atender”. Sea cálido y con palabras que marquen la diferencia. Por ejemplo: Ha sido usted muy amable, gracias; le estoy agradecido por su gentil deferencia; agradezco su tiempo concedido y le deseo un buen día; entre otras expresiones que enriquezcan su proceder.

Cuando sea convocado a una actividad familiar, institucional o laboral, agradezca. Escriba una nota después de una invitación a comer, recibir un obsequio, homenaje o condolencia, merecer una atención, a las personas que lo hospedaron y agasajaron durante su viaje fuera de la ciudad, etc. Cualquier cortesía en el quehacer personal o profesional motivará su reconocimiento. En ocasiones informales hágalo a través de una llamada telefónica o emial. En acontecimientos de realce y formalidad escriba una esquela o carta. Es un rasgo elegante, poco usual (por desgracia) y distinguido.

Conozco individuos -de todo nivel, edad y estatus- que emplean como pretexto sus múltiples ocupaciones para no agradecer. Recuerdo que envié un obsequio a una amiga por su matrimonio mediante una tienda de la que tenía conocimiento que no reparte los regalos con puntualidad. Decidí escribirle un correo electrónico, después de varias semanas de la boda, para confirmar su entrega. Me corroboró su recepción y añadió que remitiría una tarjeta de agradecimiento que, por cierto, hasta hoy espero. Este episodio es uno de los tantos que podría compartir con usted y en los que “dar las gracias” está camino a la extinción.

La vida, su vida y el mundo están compuestos por agradables detalles que no debiéramos, por el apremio cotidiano, omitir manifestar en cuanta circunstancia sea propicia. Emplear la palabra “gracias” lo enaltecerá. Hágalo un hábito que muestre su consideración a sus semejantes. Confíe en que su actitud será un modelo que otros, probablemente, imiten. Todavía la óptima educación no describe a nuestra sociedad, pero no pierda la esperanza que cada gesto suyo, por pequeño que sea, es una manera de hacer pedagogía y, por lo tanto, estará persuadiendo en el ejercicio de estos acertados y añorados comportamientos.

Recuerde el sabio e interesante dicho del filósofo Lucio Anneo Séneca: “Es tan grande el placer que se experimenta al encontrar un hombre agradecido que vale la pena arriesgarse a no ser un ingrato”. Comience agradeciendo, todas las mañanas, el nuevo día que Dios ofrece y cada satisfacción, alegría e ilusión que la vida nos brinda. Gracias!

lunes, 8 de noviembre de 2010

El valor de la puntualidad

La puntualidad es probablemente un tema reiterativo. Para algunos incluso superfluo y hasta ocioso de analizar. A mi parecer existe una visible resignación colectiva, en todos los ámbitos y niveles, en admitir “la hora peruana” como una “característica” cultural y social a la que debemos amoldarnos. No es así.

Amigo lector, la “resignación” es una tara inherente en sociedades mediocres y de baja autoestima. Expresa conformismo, sumisión, apatía y falta de entusiasmo para revertir lo negativo y pernicioso en nuestra subsistencia. No se “resigne” a aceptar y convalidar comportamientos irreverentes como el que motiva esta nota. Es preciso sublevar el alma de los peruanos y despojarnos de esa sombra de miedos, fragilidades y encubrimientos que nos persigue y, por lo tanto, acentúa nuestra pobreza moral y cultural.

Debemos coincidir en la importancia de convertir la puntualidad en una forma de vida que comunique deferencia hacia el prójimo. De modo que, incluyamos en el concepto de “respeto” la consideración al tiempo ajeno. Una persona puntual inspira credibilidad y demuestra habilidad en su organización individual. Sin duda, es una buena “carta de presentación” en su imagen profesional.

La puntualidad contribuye a dotar una personalidad de carácter y eficacia. Nos hace ser mejores en las actividades que desempeñamos y así ganaremos la confianza del entorno. Exhibe su disciplina, perseverancia y orden para establecer las prioridades de sus acciones. Tiene que ver con su fuerza de voluntad y sentido de responsabilidad.

Frieda Holler, en su obra “Ese dedo meñique”, dice: “…Es considerada (la puntualidad) como hábito firme y seguro, no es producto de la casualidad, sino de una buena administración del tiempo disponible en las 24 horas de día. Significa saber distribuir estas maravillosas 24 horas de tal modo que alcancen holgadamente para desarrollar el trabajo y todas las demás ocupaciones cotidianas. Más que virtud de un solo individuo o de todo un pueblo, la puntualidad constituye un fiel reflejo del grado de civilización y cultura que puede alcanzar el género humano.”

Recuerdo una cena en la embajada de un país europeo. Estábamos todos en la mesa y el anfitrión (el embajador) ni siquiera se puso de pie para recibir a un conocido parlamentario con su esposa que llegaron -una hora y media tarde- cuando disfrutábamos el segundo plato. Únicamente, dispuso indicarles sus ubicaciones y serviles la comida que compartíamos. Usted hace algo similar con sus invitados y será calificado de “mal educado” e incluso se resentirán. Es “habitual” que al aparecer un concurrente a última hora le sirva el aperitivo, la entrada, el segundo, etc. hasta “nivelarlo” con los demás comensales. Nada, desde mi parecer, más inadecuado e inelegante.

Hace un tiempo estuve en una ceremonia en la presidencia del Congreso de la República. Se nos convocó a la instalación de una comisión parlamentaria con la participación de más de una docena de embajadores. El titular del Parlamento Nacional estaba atendiendo a unos dirigentes sindicales y demoró casi media hora en empezar la sesión. Pasados 20 minutos se retiraron los embajadores presentes. Cuando apareció el presidente -para su sorpresa- no había ningún representante diplomático en la sala. Que gesto tan honroso el de la delegación extranjera.

El escritor, médico y profesor escocés, prolífico autor de publicaciones de autoayuda y artículos Samuel Smiles (1812-1904) afirmó en su célebre libro “Ayúdate” (1859): “La puntualidad es cortesía de reyes, deber de caballeros y necesidad de hombres de negocios”. Estas palabras las reitero a mi alumnado en el afán -incontables veces en vano- de hacerles comprender su trascendencia como valor. No obstante, en más de una institución educativa existe “tolerancia” en el ingreso a la hora de clase, lo que se convierte en un sutil amparo a la impuntualidad del estudiante.

Cuando asista a un evento -familiar o empresarial- recuerde darse su lugar y no permita que lo hagan esperar como es costumbre limeña. En los matrimonios la hora indicada en la invitación no coincide con la celebración de la boda. También, es “normal” en actividades oficiales que la autoridad principal llegue tarde y nadie exprese su malestar o se retire. Típica actitud de sometimiento peruano. Eso me trae a la memoria a una entidad (en la que laboro) que convoca reuniones de confraternidad y el anfitrión tiene la “tradición” de acudir tarde y, consecuentemente, no recibe a sus invitados a pesar que el “dueño de casa” debe dar la bienvenida. En su oficina, encuentros de negocios, citas, etc. distíngase por su puntualidad y tendrá potestad para exigir igual retribución. Demuestre su autovaloración, si es que la tiene.

La exactitud en la hora debe recuperarse como manifestación de convivencia respetuosa y armónica y, además, orientará positivamente la conducta humana. No perdamos la esperanza en esta tarea que estamos obligados a emprender educando con el ejemplo a quienes están a nuestro alcance. Tenga presente el aforismo inglés: “La puntualidad es el alma de la cortesía”.

domingo, 31 de octubre de 2010

Etiqueta en la atención al público

El primer contacto al ingresar a una oficina lo establecemos con el vigilante, el encargado de mesa de partes y la recepcionista. Por tal razón, estas personas deben ser conscientes que la inicial buena o mala imagen que nos llevaremos dependerá de su apariencia y trato. Es importante que gocen de condiciones y cualidades para la atención al público.

En esta nota nos referiremos a la recepcionista que es, sin duda, de quien el cliente espera, esencialmente, amabilidad y cortesía. Se recomienda poseer excelente aspecto, adecuada vestimenta, discreto peinado, maquillaje sencillo (si es mujer) y capacidad para atender a públicos de diversas edades, procedencias e intereses. Su voz será agradable y clara, con óptima pronunciación y su proceder se caracterizará por sus cordiales modales.

Su escritorio lucirá ordenado y pulcro. Es necesario estar erguida y con ganas de resolver consultas. No muestre sus “dientes” ante el desgano que le causa saludar. Da mala impresión una recepcionista desplomada en su silla, charlando por teléfono (obviamente en una llamada personal), leyendo un diario o “chateando” por internet. Y, por su fuera poco, comiendo y retocándose.

La experta en etiqueta Margot McCloskey Colón en su interesante libro “Etiqueta para profesionales” indica diversas pautas: “…Reciba a las visitas con una sonrisa y con evidente placer; ayude al visitante en su gestión con amabilidad, pero no dé información superflua; al informar la llegada del visitante por teléfono; indique el camino al visitante de un modo sencillo para asegurarse de que le entienda; no reciba ni haga llamadas personales, en caso de necesidad, sea muy breve; no fume, no coma ni beba en su área de trabajo”.

A continuación algunas otras recomendaciones. Si anuncia la presencia del visitante y se tardan más de diez minutos en hacerle pasar, tome la iniciativa y vuelva a llamar a la persona concernida. No sea indiferente, como incontables veces ocurre, frente a esta demora. Tenga la gentileza de informar la razón del atraso y ofrézcale una revista o periódico. Evoco las palabras del filósofo y político inglés Francis Bacon: “Las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros”. Transmita a sus compañeros su ejemplo de profesionalismo.

Un punto no menos valioso y oportuno en una sociedad marcada por enormes diferencias y marginaciones: No debe exhibir trato discriminatorio y descortés, ni dar muestras de exceso de confianza. Con frecuencia observo, para mi asombro, la “esmerada” atención a un atractivo posible cliente del sexo opuesto o a sus amistades. No sucede lo mismo con alguien de humilde procedencia.

Conozco empresas en que las señoritas de counter son, “coincidentemente”, parientes o recomendadas de sus dueños y tienen como único “mérito” su apariencia física, lo que me trae a la memoria la frase: “Lo falso suele disfrazarse de hermoso”. Sin embargo, su actuación es deplorable. Gustan hablar por teléfono con sus enamorados, sueltan risas bulliciosas, comen chicles, reciben visitas personales, se arreglan las uñas, no usan correctamente el uniforme de trabajo, se sientan sobre el escritorio y, por su fuera poco, hacen “bromas” en presencia de ajenos a la empresa. Todo lo descrito prueba las deficiencias y subjetividades en los criterios de selección de este personal.

Muy importante: refiérase a todos de usted y diciendo señor, señora y sus apellidos. No es correcto tutear al visitante joven o de menor de status social, como ocurre incluso en entidades educativas donde el tuteo se ha convertido en un “virus incurable”. Evite los besos en la oficina aun cuando, como refirió con acierto mi profesora Carolina Mujica, “el Perú es un besodromo”. Su trato será siempre educado y sobrio, alejado de gestos “criollos” de familiaridad (como usar diminutivos, apodos, etc.).

Mantener la calma y serenidad es una exigencia en la recepcionista. Debe percatarse de actuar con ponderación incluso en momentos críticos y entender cuando hablar y cuando guardar silencio. No se convierta en la portadora de las “últimas novedades”. La cautela inspira respeto y credibilidad, no lo olvide.

Por último, las instituciones deben considerar la trascendencia de entrenar y evaluar el desempeño de estas personas. Su favorable desenvolvimiento puede aumentar las ventas de sus productos o servicios, como también influir en el estado anímico de su público visitante. Atienda con prolijidad y entusiasmo y, además, tenga en cuenta: “El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”.

La vicuña: Nuevas amenazas

Hace unos días la opinión pública ha tomado conocimiento -por los medios de información- del incremento de la caza furtiva de vicuñas en Huancavelica y otras zonas aledañas donde pastan importantes poblaciones de tan significativo recurso. Nos parece oportuno –en estas circunstancias- formular algunas reflexiones sobre la difícil situación de uno de los exponentes silvestres con mayores potencialidades económicas para las sociedades campesinas de nuestra patria.

Desde nuestro punto de vista, el problema amerita una acción concertada de las naciones integrantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú). Se requiere trabajar coherentemente en los niveles jurídicos e institucionales para afrontar un tema que involucra, necesariamente, la respuesta conjunta de los países víctimas de la matanza de la especie con la lana más fina y valiosa del mundo.

Estamos convencidos que debe –en el ámbito nacional- consolidarse la participación de los comités comunales y brindarles capacitación, recursos económicos y elementos logísticos adecuados para enfrentar las bandas organizadas de cazadores. También, debieran establecerse mecanismos más eficientes de coordinación con la Policía Ecológica, elaborarse un ordenamiento legal más estricto y desarrollar programas de capacitación para las instancias encargadas de la administración de justicia, con la intención de brindar información actualizada sobre la legislación en esta materia.

Es preciso fortalecer la capacidad de gestión de las comunidades andinas que han sido víctimas de un manejo gubernamental asistencialista y embrutecedor que ha bloqueado su autonomía. No olvidemos que, durante la década pasada, se utilizó las expectativas y reivindicaciones de las agrupaciones campesinas como instrumento de presión política por parte de las entidades estatales involucradas con la vicuña.

Consideramos que se deben realizar esfuerzos para rehabilitar la institucionalidad de las colectividades andinas, afectadas por la influencia y orientación política de las autoridades del sector Agricultura. Dentro de este contexto, es importante iniciar una gestión transparente y democrática en la Sociedad Nacional de la Vicuña, que permita a sus integrantes (las comunidades campesinas) canalizar sus demandas en relación al usufructo que deben recibir por el aprovechamiento de la fibra de vicuña.

También, este dilema compromete la asistencia de la comunidad conservacionista mundial. Es conveniente que se presenten proyectos en los organismos internacionales que luchan contra el tráfico ilegal de especies silvestres. La comercialización internacional de las confecciones y telas de vicuña provenientes de la fibra esquilada en vivo, constituyen un aporte importante para las estrategias que deben diseñarse para afrontar el contrabando de lanas en el mercado europeo.

Este conflicto es una seria amenaza para el futuro de las asociaciones rurales dedicadas a la conservación, manejo y usufructo de la vicuña. Es indispensable concertar estrategias a nivel nacional y regional a fin de detener el peligro que está mermando las posibilidades de incorporar este recurso en su desarrollo económico y social.

domingo, 24 de octubre de 2010

El “arte” de la buena conversación

Se ha preguntado si usted es un interesante, ameno y locuaz conversador. ¿Ha observado la forma como hablan las personas habitualmente? Tal vez la manera de dialogar y los temas tratados facilitan –con amplitud- percatarse del nivel cultural, social y de la educación integral del individuo. Ambos ingredientes complementan mejor la imagen de nuestros semejantes.

El grado de lectura está vinculado a la calidad y profundidad de la conversación. En mi artículo “El maravilloso ‘encanto’ de la lectura” dijo: “…Los padres no leen y muchos menos sostienen, por consiguiente, conversaciones inteligentes, interesantes y documentadas que ilustren a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando los únicos temas de tertulia, entre personas supuestamente de elevado estatus profesional, son el costo de vida, los hijos, los nietos, el clima y la oficina. En esas ocasiones podemos verificar que la lectura no está presente en la vida de quienes participan, con vivo entusiasmo, solamente de esas pláticas”.

Como reseña el distinguido investigador y educador mexicano José Sarukhán Kérmez: “Cultura es sinónimo de civilización y progreso intelectual”. El grado de “cultura general” en nuestro medio, incluso en profesionales exitosos, es bajo. Lo que me recuerda las declaraciones de Mario Vargas Llosa al periodista Pedro Salinas para su libro “Rejas del oficio”: “….Me entristece terriblemente la incultura, la desinformación, y a veces los resentimientos y rencores de los peruanos en general. Me entristece mucho la gran mediocridad de sus dirigencias políticas, la incultura general de la sociedad peruana…”. Aunque es incómodo aceptarlo somos una comunidad inculta que ve el conocimiento como una aspiración lejana, aburrida, elitista y hasta con indiferencia. No se entiende su importancia –en todas sus manifestaciones- para el desenvolvimiento personal.

Seguramente, le ha ocurrido -en diversas circunstancias- que los temas de charla desdibujan la favorable imagen del sujeto con quien alterna. No solamente la formación cultural, intelectual y académica ofrece elementos para dialogar. Es a mi parecer el principal, no el único. El ejemplo proveniente del hogar, las buenas maneras, el temperamento y la capacidad empática, ayudan a dar al habla fluidez, armonía y tolerancia a fin de compartir y fomentar el mutuo aprendizaje. No es una competencia, ni mucho menos una aguda polémica por el frontal estilo -que algunos tienen- de tratar asuntos debatibles como política, deportes y otros.

En ocasiones observo personas convencidas que “conversar” consiste en no dejar dialogar a los demás e imponer sus puntos de vista. Es recomendable tener el tacto de deducir los contenidos de interés para sus semejantes y que éstos estén a su alcance. Tampoco es elegante presumir de sapiencias frente a un público sencillo. Puede parecer inmodesto y pedante. El que sabe bastante enseñará mediante una tertulia educativa y entendible. Sea cortés y respetuoso aún en los instantes más tensos de una plática.

No promueva conversaciones sobre cuestiones indiscretas e íntimas que afecten el honor. Evada “chismes” y “rumores”, y muestre -con firmeza y educación- que no participa de esos coloquios comunes entre limanos (como se decía antiguamente al poblador de la capital). Nunca aproveche su estado de salud o el de alguien para hablar de tratamientos médicos, dietas, medicamentos, operaciones, etc. Es usual encontrarnos con personas que gustan hacer una “clase de medicina” en cuanta comunicación sostienen.

Frieda Holler en su documentada obra “Ese dedo menique” señala faltas que se deben obviar: “…No caiga en la vulgaridad de alabarse a sí misma, ni en la tontería de rebajarse; evite disminuir el mérito de una persona ausente a quien se le está alabando por algún motivo; no se coloque en primer lugar cuando refiera su relación con una amiga. “Yo y mi amiga Susana”; evite hablar en un idioma extranjero delante de alguien si sabe que no lo conoce; tampoco bostece ante sus interlocutores, aunque se sepa que bostezar es un acto involuntario del organismo…”.

Un detalle correcto es la prudencia y discreción. Sea consciente que usted es “esclavo” de sus palabras y “dueño” de sus pensamientos. Por lo tanto, distíngase por practicar la cautela y no sea portavoz de comentarios inoportunos sobre su empresa, familia o amistades. Sepa de que hablar y con quien departir, puede verse involucrado en malos entendidos. Ser reservado inspira confianza y respeto. Si tiene el don de la fina ironía debe saber canalizarla. Existen seres susceptibles, con baja autoestima, prejuiciosos y carentes de inteligencia para entender sus afirmaciones.

Por último, la conversación estimula el acercamiento, incrementa la empatía, mejora la relación humana, facilita conocer a quienes comparten nuestro ámbito particular y laboral. Practíquela y haga de ésta una oportunidad para ampliar su comprensión y ejercitar sus facultades de análisis y reflexión y, especialmente, de convivencia social. Una persona de agradable charla será escuchada, convocada y lleva en sí misma, la semilla de un líder. No lo olvide.

domingo, 17 de octubre de 2010

El maravilloso “encanto” de la lectura

La lectura es uno de los quehaceres más enriquecedores que usted pueda experimentar. Etimológicamente “leer” viene del verbo latino «legere» que significa «coger». Leer es descifrar un mensaje, comprender lo que está escondido tras unos signos exteriores, es desentrañar y descubrir. Nos lleva a un universo infinitamente desconocido, nuevo y rico en profundidades que solamente valoramos cuando intentamos sumergirnos en el.

No obstante, en nuestro país el índice de lectoría ha disminuido por apremios cotidianos, elevados costos de la industria editorial, falta de tiempo, uso masivo del internet, entre otros factores que conspiran en su perjuicio, especialmente, entre los jóvenes. Según estudios internacionales el Perú es uno de los países de la región con menor índice de comprensión lectora y se calcula que el nivel per cápita anual de lectoría no alcanza los dos libros por habitante.

Hay quienes creen que la lectura es una faena compleja, aburrida, distante y carente de la acción que ofrecen otras “distracciones”. Tal vez existe responsabilidad en el entorno más íntimo de la persona: la familia. Familias que no incorporan la lectura en sus aspiraciones de desarrollo. “Dime como es tu biblioteca y te diré quién eres”, es una expresión que me gusta recordar cuando intento -incontables veces en vano- hablar de la trascendencia de esta actividad. Una biblioteca es el “espejo” de sus ambiciones intelectuales. Los padres no leen y muchos menos sostienen, por consiguiente, conversaciones inteligentes, interesantes y documentadas que ilustren a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando los únicos temas de tertulia, entre personas supuestamente de elevado estatus profesional, son el costo de vida, los hijos, los nietos, el clima y la oficina. En esas ocasiones podemos verificar que la lectura no está presente en la vida de quienes participan, con vivo entusiasmo, solamente de esas pláticas.

El genial literato Jorge Luis Borges decía: “He leído mucho, pero he vivido poco”. Según afirmó el autor de “Aleph” esta expresión corresponde cuando tenía 30 años de edad. Tiempo después descubrió –a pesar de su ceguera- que la lectura era una forma de vivir intensamente y, en la tarde de su vida, concluyó que había vivido bastante. La lectura nos ayuda a recorrer, de manera placentera, escenarios hasta inimaginables.

Por su parte, la escritora Carmen Lomas Pastor, en su obra “Hogar familiar” señala: “….La lectura tiene una gran importancia en el proceso de desarrollo y maduración de los niños. Proporciona cultura, desarrolla el sentido estético, actúa sobre la formación de la personalidad, es fuente de recreación y de gozo. Constituye un vehículo para el aprendizaje, para el desarrollo de la inteligencia, para la adquisición de cultura y para la educación de la voluntad”. Desde mi punto de vista, es también un “viaje” a los más alejados destinos y una forma de comprender nuestra compleja realidad nacional. A través de ella podemos involucrarnos con nuestro contexto social y asumir un sentimiento de identidad y pertenencia tan necesario.

La lectura nos compromete en el desenvolvimiento de nuevas capacidades que, probablemente, no hayamos descubierto. Ayuda al perfeccionamiento del lenguaje, mejora la expresión, el vocabulario y la ortografía; incrementa las relaciones humanas, los contactos personales y favorece la empatía; facilita la exposición del propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar; es una herramienta que activa las funciones mentales agilizando la inteligencia; abre la imaginación y creatividad (según el escritor y docente Iván Thais los mejores alumnos de publicidad son los jóvenes que desde temprana edad han extendido el hábito de la lectura). Por último, aumenta el bagaje cultural, proporciona información, conocimientos y amplía los horizontes del sujeto. Un hombre culto y, además, educado tiene elementos favorables para proyectar una imagen positiva en el ámbito personal y laboral.

Es una afición que envuelve a la persona, la dignifica y comunica un deleite especial. Comprenderá mejor su vida y la vida en si misma. Salga de ese pozo profundo que es la ignorancia “conveniente” a los intereses de quienes pretenden mantener sometida a nuestra sociedad, para abusar de ella. La lectura subleva, promueve la disconformidad, da “mundo” y fortalece la autoestima, componentes indispensables para salir del tercermundismo moral, cívico y cultural que nos aflige. Bien comentó el político e pensador argentino Nicolás Avellaneda: “Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy dispuesto a pensar bien de él”.

Vicuñas de fiesta en Cushuro

Hace algunas semanas se realizó el IV Festival Regional de la Vicuña en la comunidad campesina de Cushuro (La Libertad) en el que tuve la oportunidad de apreciar la vigencia de la ancestral práctica del chacu en la vida de las poblaciones andinas. Esta tradición originada en la época de los antiguos peruanos y permitía que los habitantes puedan reunirse y formar un inmenso cerco desde el cual arriaban las vicuñas hasta acorralarlas para la esquila de su fibra, con el fin de elaborar prendas de vestir que eran entregadas a la realeza y sus descendientes. En él, además, desde los tiempos de los incas, se realiza un ritual en homenaje a la tierra y en agradecimiento a la protección que los dioses dan a los camélidos.

Este exponente de fauna silvestre no solamente es nuestro símbolo patrio, sino que, de ser explotado adecuadamente, puede integrarse a la debilitada economía de las colectividades del ande peruano, ya que su lana es cotizada hasta en 2 500 dólares por metro de tela en los mercados europeos: cada ejemplar produce (cada dos años, de un total de 14 años de vida) aproximadamente 250 a 300 gramos por esquila. En total, cada vicuña puede generar dos kilos de lana a lo largo de su vida equivalente a una utilidad de 500 dólares por kilo.

Gracias a los esfuerzos del conservacionista Felipe Benavides Barreda, quien desde 1938 estudió su problemática, el Perú ha logrado salvar a la vicuña de la extinción a la que estaba condenada. Sus luchas internacionales le facilitaron impulsar la creación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho) y el Convenio de la Vicuña (suscrito por Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú), con el propósito de darle una orientación coordinada a las acciones que cada uno de estos países debe desarrollar para optimizar su exploración. La colectividad de Cushuro, próxima a la capital de la provincia Faustino Sánchez Carrión (Huamachuco), viene desarrollando -desde el 2004- el proyecto “Introducción de vicuñas en la región La Libertad”, concretado por iniciativa y gestión de la empresa Minera IRL S.A. que ha efectuado actividades de exploración en esa zona. Se trata de una experiencia significativa para impulsar la conservación, manejo y aprovechamiento del recurso silvestre más valioso y rentable que tiene el Perú, y que tuvo su origen cuando esta compañía minera propuso a los habitantes de Cushuro llevar a cabo una labor conjunta para repoblar vicuñas en sus terrenos. Las autoridades de la comunidad no dudaron en entusiasmarse y la minera apoyó el pago de 50 trabajadores de la comunidad, otorgando la asistencia técnica y económica necesaria.

La introducción de los, aproximadamente, 250 ejemplares de este camélido provino de la Reserva Nacional de Pampa Galeras, hasta donde fueron para capacitarse los dirigentes de Cushuro con la finalidad de conocer el manejo del recurso. Este esfuerzo contó también con la cooperación económica de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, el Gobierno Regional de La Libertad y el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs) y es el resultado de la conjunción de voluntades de la empresa privada y el gobierno local, regional y nacional.

De esta manera, esta iniciativa favorable al desarrollo rural fortalece la organización de la comunidad, convoca entusiasmos colectivos y consolida la solidaridad entre los pobladores, ya que el 50 por ciento de las utilidades derivadas de la esquila de este recurso se destinan al fondo comunal, mientras que la otra mitad beneficia directamente a los trabajadores que participan del proyecto.

La experiencia demuestra la buena relación que puede existir entre los negocios privados y las asociaciones rurales cuando confluyen objetivos comunes que cristalizar y, especialmente, si este sector tiene capacidad para percibir las necesidades de la comunidad y, además, promover y concretar acciones que satisfagan sus anhelos.

La responsabilidad social involucra una filosofía en la que ya no se trata sólo de crear empleo y de generar riqueza y valor, sino de que las empresas se preocupen y se comprometan en el mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad. Es una cultura corporativa en donde la empresa y su entorno puedan edificar una favorable relación a partir de prácticas que les permitan cumplir expectativas comunes. Estas acciones, como muchas otras que pueden implementarse, deberían ser recogidas por los sectores productivos de nuestro país, en especial por los extractivos, que, como se sabe, son los que generan más rentas.

Augusto Dammert: Un peruano honorable

El 10 de octubre se cumplieron cinco años del alejamiento de Augusto Dammert León (Lima, 1918). Un ciudadano a quien podemos definir, sin temores ni exageraciones, como un permanente comprometido con nuestra patria. Nuestro primer encuentro se produjo el 29 de enero de 1986, durante un almuerzo ofrecido por nuestro amigo, Felipe Benavides Barreda en el Parque de Las Leyendas. Allí nació una relación amical solo interrumpida por su muerte.

Augusto, como buen discípulo del maestro Raúl Porras Barrenechea, se consagró a sus normas morales y estuvo con los ancianos, los presos y trabajando con la juventud. Diplomático de carrera, laboró en distintas misiones en el extranjero con Oscar R. Benavides (Argentina) y Raúl Porras (España), entre otras y fue embajador en Jamaica y Nicaragua. Se desempeñó en dos períodos como alcalde de San Isidro. Por disposición suya no llevan su nombre las obras inauguradas durante su gestión edil. Ese era uno de los gestos tan singulares en la vida de uno de los fundadores del Partido Popular Cristiano.

Quienes compartimos innumerables vivencias a su lado, podemos acreditar de su discreción y, fundamentalmente, de su entereza cuando había que asumir posiciones de principio. Su vocación de servicio fue un apostolado sin límite. En tal sentido, mereció el reconocimiento de los pobladores de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho) cuyas demandas motivaron su entrega altruista.

Viajamos juntos en 1987, hasta la comunidad de Lucanas llevando el mensaje de la Comisión Multisectorial de la Vicuña para darle a las agrupaciones rurales la buena nueva: el Perú había logrado la autorización internacional para empezar la confección de telas de vicuña provenientes de la esquila de animal vivo. Augusto representaba (en su condición de integrante de la comisión consultiva del ministro de la Presidencia) a nuestro amigo, el ministro Nicanor Mujica Álvarez Calderón, quien se unió a nuestro empeño para hacer del aprovechamiento de este recurso una realidad que contribuya a mejorar sus niveles de vida.

La lealtad fue uno de sus rasgos más enaltecedores. Fui testigo constante del ejercicio cotidiano de este valor. Por esas consideraciones, en el artículo intitulado “Mis recuerdos de Felipe Benavides” (Lima, 2005) señalé: “Contrariamente a lo que se pudiera pensar, fueron sinfín las soledades que afrontó (Felipe Benavides) cuando era calumniado por quienes promovían sórdidas acciones en su contra. En esas adversas circunstancias, las personas de su cercano entorno institucional actuaron en forma poco solidaria e indiferente. Lamentable era comprobar la ausencia de adhesiones en aquellos momentos de prueba. Aunque siempre existen singularidades, como la inmensa y excepcional lealtad de su amigo Augusto Dammert León, caballero distinguido, peruano entregado al servicio del bien común y, fundamentalmente, hombre decente y honorable, que estuvo con Felipe en la conducción del Parque de Las Leyendas y en otras inquietudes ciudadanas”.

De profundas convicciones religiosas, trabajó ad honorem como secretario de Consejo Católica para la Cultura de la Conferencia Episcopal Peruana. Activo y entusiasta miembro de las dos comisiones preparatorias de las visitas de Juan Pablo II al Perú (1985 y 1988). En la segunda estadía de Su Santidad organizó el encuentro con los empresarios e intelectuales realizado en el Seminario de Santo Toribio. Fueron meses de tenaz trabajo en el que Augusto convirtió su casa de San Isidro en su “cuartel”, con el apoyo de su esposa, la recordada ecuatoriana Gracia Marcos Panizo, con quien me deleitaba conversando.

Sincero, servicial, culto, admirador de Antonio Raimondi y del Inca Garcilaso de la Vega, será siempre un referente moral para los hombres y mujeres de buena voluntad. Hasta semanas antes de su muerte, jamás escuché de él, un comentario que evidenciara odio, rencor y resentimiento. Supo poner “la otra mejilla” y enfrentar, en todo momento, la vida con firmeza.

Me enseñó a querer al Perú, a comprenderlo y, durante todos estos años de fecunda amistad, demostró que, a pesar de las adversidades y obstáculos, no se debe renunciar a nuestros sueños y aspiraciones colectivas. Mi cálido y emocionado homenaje para ti, Augusto.

domingo, 10 de octubre de 2010

La vestimenta en el trabajo

Nuestra vestimenta y, consecuentemente, la apariencia que proyectamos en todo momento expresa nuestros gustos, sentimientos, emociones y personalidad. Es, desde mi parecer, importante que en el quehacer laboral la imagen sea completamente sobria, pulcra, ordenada y, al mismo tiempo, refleje su estilo. El estilo está formado por un conjunto de elementos que nos diferencia y singulariza (su forma de hablar, caminar, vestirse, sus modales, su actitud diaria, entre otros factores).

Recuerde amigo lector lo siguiente: La moda pasa, el estilo prevalece. En tal sentido, deje de preocuparse de estar a la moda. Considere que “la moda” es costosa y no implica siempre lucir acertadamente vestido. Existen prendas, colores y modelos que le quedan perfectas al alto y no al bajo, al flaco y no al gordo, a la jovencita y no a la dama madura. No se “despersonalice” al emplear prendas poco coherentes con sus particularidades físicas, faciales y su forma de ser. El vestuario es un complemento que contribuye a describir su personalidad.

Recomiendo tener en cuenta la oportuna expresión de mi profesora de imagen profesional Carolina Mujica: “No se vista para el cargo que ocupa, sino para el que aspira ocupar”. Su autoestima también se descubre en la vestimenta. Preocúpese de su calidad, no de la cantidad. Tenga presente que la palabra “elegante” -viene del latín “elígere”- significa elegir y, por lo tanto, seleccione el traje adecuado en función de su edad, hora, clima, ocasión y recuerde: No imite a los demás. Una ropa de buenas peculiaridades proyecta una imagen elegante. Para trabajar recomiendo colores y diseños clásicos.

La dama ejecutiva debe tener un conjunto negro de fina lana, no muy gruesa. Saco y falda recta a la altura de la rodilla. Además, blusa con diseño en blanco y negro de manga larga. Puede acondicionar un pantalón negro de tela similar al saco, correa de cuero negra con hebilla de metal en tono dorado o plateado, aretes metalizados (el metal coordina con la correa) y un pañuelo o chalina de seda de colores variados, siempre que el diseño tenga algo de negro. Esto último es un detalle distinguido.

Por su parte, el caballero ejecutivo puede contar con un saco azul marino. Pantalón recto (sin pliegues), camisa con cuello y manga larga, zapatos negros de vestir de cuero. Para crear varias tenidas casuales con éstas piezas puede adicionar un saco sport (color marrón, azul, verde olivo, saco multicolor), pantalones de vestir en tonos marrones hechos de fina lana. El color debe combinar con el saco sport y con el saco azul marino del conjunto. La correa será de igual color de los zapatos y la corbata es el punto focal del varón. Escoja colores sobrios, de óptimas características y haga el nudo bien para verse ordenado. Por último, un detalle elegante es el pañuelo en el bolsillo del saco que debe ser de igual color de la corbata o la camisa.

Si usa uniforme está prohibido darle un “toque personal”, como cambiar una prenda por otra o agregarle una. No suba la basta de la falda, ni haga modificaciones que alteren el carácter de unidad que se pretende proyectar. El uniforme no es para lucirlo en eventos sociales.

La vestimenta es una de sus “tarjetas” de presentación. No diga “nadie lo va a notar” o “mi forma de vestir no es importante”, evite ponerse indumentaria antigua o ajada que lo hará mostrarse mal, adquiera prendas sin fallas ni enmendaduras, que no sean llamativas o de tallas inadecuadas, ni muy coloridas (muchos colores disminuye profesionalismo) y provocativas que desencaja en el quehacer profesional. Cuídese de comprar ropa en los denominados “cierra puertas”, existen muchas deficiencias en los trajes que se ofrecen. Un detalle significado, no mastique chicle (desmerece su imagen) ni use fragancias fuertes.

Conozco profesionales (damas y caballeros) conscientes que su apariencia no es la mejor para su rutina laboral. En más de una oportunidad me dicen “todos van de cualquier manera” o “mis compañeros de trabajado se visten como quieren” para justificar su escasa preocupación en el vestir. Evite “consolarse” con los defectos y deficiencias de otros. Distíngase por sus óptimos modales, su excelente comportamiento, su positiva actitud diaria, su capacidad empática y su vestido. Considere la expresión del controvertido político, intelectual y escritor italiano Nicolás Maquiavelo: “Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres”.

Mario Vargas Llosa: El “nobel” demócrata

Una noticia nos ha llenado de orgullo nacional. La Academia Sueca anunció lo que hacía años queríamos escuchar: la denominación de Mario Vargas Llosa como ganador del Premio Nobel de Literatura 2010 por “su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, sublevación y derrota del individuo”. Nuestro compatriota es un reconocido ensayista, periodista, escritor y un excelente representante de la lengua de Miguel de Cervantes.

Tan importante acontecimiento -que levanta nuestra autoestima a todos los compatriotas- es el reconocimiento a su meritoria trayectoria profesional que lo ha convertido en uno de los grandes exponentes de la literatura latinoamericana. El dramaturgo de “Conversación en la catedral” es una figura de renombre universal que debe al Perú sus experiencias fundamentales y la fuente de su actividad intelectual realizada no solamente por inspiración, sino por “transpiración”.

En él confluye su visión literaria y política. Su producción nos ha facilitado conocer “el país de las mil caras”, como el mismo dice. Es interesante analizar la evidente propensión realista de sus novelas que buscan finjan la realidad. Así va construyendo personajes irreales nutridos de otros reales. “Toda su obra literaria es un canto de amor al Perú”, a señalado el intelectual Alfredo Barnechea. Los escenarios, recuerdos, personajes y vivencias de nuestro país están presentes en sus escritos.

“La buena literatura tiene que entretener. A través de la literatura se entra en contacto con una problemática humana, cultural y social. La literatura sensibiliza al hombre, lo alerta frente a determinados problemas, estimula su espíritu crítico frente a toda forma de injusticia. Creo que la literatura lo hace al hombre mucho más rebelde y anticonformista. Y espero que mis obras tengan estas características y contribuyan al espíritu crítico y rebelde del hombre”, me refirió Vargas Llosa.

Desde mi parecer, este galardón es un espaldarazo a la causa de la democracia en Latinoamérica. Es un merecido tributo a su lucha cívica y ética contra el autoritarismo y la opresión. Su renuncia -mediante una severa comunicación al jefe de estado peruano- a la presidencia de la comisión organizadora del Museo de la Memoria incrementa mi admiración por este defensor de la libertad y los derechos humanos. En su misiva del 13 de setiembre último decía: “…Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas”. Una muestra más de coherencia con su pensamiento y convicciones.

“El pez en el agua” -que recomiendo siempre leer a mis alumnos- es un pormenorizado recuento de su paso por la política, durante el primer mandato de Alan García Pérez, cuando postuló a la presidencia de la república (1990). En esta publicación exhibe apreciaciones y enjuiciamientos que lo distanciaron de los peruanos. Su honestidad y el despliegue en su contra -promovido por el gobierno de turno- impidieron su anhelado triunfo. A partir del 5 de abril de 1992 fue injustamente criticado por su enfrentamiento hacia quien se convirtió en un corrupto tirano.

La agudeza también se refleja cuando opina de política. En el libro “Rajes del oficio”, del periodista Pedro Salinas, declaró: “…La política, en primer lugar, no atrae a la mejor gente. La política atrae a gente con apetito de poder, gente inescrupulosa, de una gran mediocridad. Los mejores talentos, los más idealistas, los más puros, los más preparados, muy rara vez se dejan tentar por la política. Y cuando así ocurre, generalmente la política los arrolla, o los corrompe o los expulsa”. ¿El sórdido comportamiento de las cúpulas de los partidos políticos acaso no coincide con esta veraz descripción?

Estando en un país tan “desmemoriado” no debemos omitir acordarnos de su participación activa en la recuperación democrática cuando la dictadura era respaldada por inmensos sectores ciudadanos. Su voz, tantas veces solitaria e incomprendida, se mantuvo invicta en medio de múltiples rechazos. Lo que nos recuerda las inmortales expresiones de José Carlos Mariátegui: “En el Perú es difícil mantenerse fiel a un principio y una convicción”. El creador de “Pantaleón y las visitadoras” es un ejemplo de compromiso con los destinos nacionales y consistencia con sus ideas liberales. La lealtad con uno mismo es una de las virtudes humanas más enaltecedoras, aunque menos percibidas y valoradas.

Su vida nos enseña que se puede llegar hasta donde nuestros sueños y perseverancias nos inspiren. Por ello, tengo presente en la retina de mis remembranzas su mensaje final durante la entrevista que me concedió: “…Admiro la capacidad de un hombre de superar sus limitaciones a base de esfuerzo y de imaginación. Creo que esos son los tipos humanos que admiro más. Aquellos que teniendo unas determinadas limitaciones son capaces, sin embargo, por disciplina, por convicción, por esfuerzo de superarlos y superarse a si mismo en esta tarea. Creo que es el ejemplo humano que admiro más, aquellos hombres constructivos”. Honor a Mario Vargas Llosa.

martes, 5 de octubre de 2010

Y en la mesa…¿Buenos modales?

Etiqueta en la mesa es uno de los temas que suscita mayor interés y muchas veces -de manera equivocada- se cree que la “etiqueta social” se refiere, de manera enfática, solo a este importante asunto. No es así, pero reconocemos que es una de las cuestiones más anheladas y a su vez temidas. Para empezar reiteramos un aspecto básico: El comportamiento expresa nuestra cultura y, consecuentemente, a través de un almuerzo se conoce mucho del mundo interior de una persona a partir de observar detalles que describen el perfil integral de su personalidad.

Por lo tanto, el estilo de actuar en la mesa puede ayudarnos en nuestro desarrollo profesional y personal. Es importante considerar que los hábitos deben aplicarse constantemente y no, como algunos creen, en “ciertas ocasiones especiales”. Es aconsejable practicar una secuencia de virtuosas acciones, porque lo que se hace en privado se hará en público. No importa dónde vaya a comer, los modales pueden ayudar a convertir esta experiencia en una situación placentera.

El que un individuo se encuentre comiendo solo en su casa no justifica sentarse con una postura desgarbada, apoyar los codos sobre la mesa o hablar con la boca llena. Es normal reservar los mejores modales para mostrarlos cuando se comparte con prójimos que no conviven con uno, pero también con quienes conllevamos la vida diaria merecen recibir nuestras positivas costumbres. Tenga presente que la adecuada educación distingue.

Aunque parezca obvio, a la mesa es esencial presentarse limpio y arreglado. Conozco profesionales que ni antes, ni después del almuerzo cumplen con su elemental aseo. Sin embargo, aparentan buen nivel competitivo y, además, tienen la permanente inelegancia de colocar el celular como un “cubierto” y usarlo, molestando al resto de comensales. Otro “error” común es carecer de tino para evitar hablar de puntos incómodos como enfermedades, desgracias, malas noticias, difuntos y accidentes.

No olvide algunas pautas indispensables. Una postura correcta no sólo ayuda a la digestión, sino que sugiere una agradable actitud y cortesía hacia los comensales; la servilleta se coloca suavemente en las piernas, no se sacude o cuelga como babero, ni se prende de la cintura; se empieza a comer cuando todos tengan sus platos servidos; dejar la comida es una norma equivocada. Coma de acuerdo a su apetito.

Hay quienes con mucha rudeza, agresividad y rapidez consumen sus alimentos. Recuerde la frase: “Coma como si no tuviera hambre, beba como si no tuviera sed”. Acostúmbrese a comer con serenidad y no tomar los líquidos como si adquiriera la sed de un “camello”. Obvie levantar los cojos al usar los cubiertos, bájelos y manténgalos junto al cuerpo.

En ocasiones me encuentro con allegados que les encanta emplear la expresión “estamos en confianza” a fin de justificar su equivocado proceder o amparar más de una falta. Por ejemplo, colocar una vajilla dañada, exponer un mantel sucio, poner en lugar de servilletas papel toalla, asentar un individual plástico sobre el mantel (para no “mancharlo”), pedir que nos quedemos con los cubiertos de la entrada para usarlos con el segundo plato, estirar los brazos para servirse el ají o situar una botella de dos litros de gaseosa -que dificultará la visibilidad entre los comensales- entre otras acciones desatinadas y ofensivas. Esfuércese por mostrar siempre (incluso en su actividad privada) una mesa bien instalada, pulcra y en óptimas condiciones. Ello hablará de su autoestima.

No diga que está “en confianza” para justificar servirse la sal con los dedos, hacer bromas de mal gusto, hablar por el celular, pararse a cada rato y coger un trozo de carne de la fuente con sus cubiertos personales. Por más rica que esté la comida no se chupe los dedos, ni se limpie los dientes con la lengua o uñas. Los alimentos se llevan a la boca y no la boca a los alimentos, no se agache, ligeramente inclinado es lo correcto. Al toser o estornudar emplee el pañuelo procurando volver a un lado la cara, sin hacer ruidos incómodos. Un alto grado de intimidad no avala presentar rutinas impertinentes.

Los caballeros ayudarán a jalar la silla al sentarse y pararse su compañera o vecina. Siéntese por el lado izquierdo y retírese por el derecho. A las damas es conveniente invocarles que la mesa no es su “tocador” para sacar la polvera, peinarse, acomodar la cartera, retocar el maquillaje, pintar las uñas, fumar, etc. Todos estos actos le restan cortesía a quien los hace. La urbanidad se predica con el ejemplo y tenga en cuenta las sabias palabras del filósofo español Jaime Balmes: “La educación es al hombre lo que el molde al barro: le da forma”.

Pobreza y deterioro ambiental

En nuestro país la misión fundamental del desarrollo es eliminar la pobreza. En las naciones desarrolladas el consumo medio per cápita, aumentó en un 70 por ciento en términos reales, la esperanza de vida se elevó de 51 a 63 años y las tasas de matrícula en la enseñanza primaria alcanzó el 89 por ciento. Si estos avances se hubieran distribuido por igual, gran parte de la indigencia mundial se habría eliminado; por el contrario, más de la quinta parte de la humanidad vive en miseria extrema.

El alivio de la pobreza es tanto un imperativo moral, como un requisito indispensable para lograr la sostenibilidad ambiental. Los pobres son a la vez, víctimas y agentes del deterioro del medio. Así por ejemplo, los agricultores ávidos de tierras, recurren al cultivo de zonas no adecuadas, como laderas montañosas, tierras semiáridas y bosques tropicales. No olvidemos que aproximadamente el 60 por ciento de la deforestación anual en el Perú (250 a 300 mil hectáreas) es producida por la denominada “agricultura migratoria”.

Los pobres que viven hacinados en asentamientos ilegales soportan servicios inadecuados de abastecimiento de agua potable, saneamiento e inundaciones, desprendimientos de tierras, emisiones y contaminación del aire. Teniendo que asumir la externalización de los costos ambientales por el desenvolvimiento de actividades económicas e industriales lesivas al ambiente y, por lo tanto, atentatorias a su calidad de vida.

Están expuestos a los mayores peligros que el desgaste del ambiente representa para la salud y suelen ser los más vulnerables a esos riesgos a causa de su nivel de vida. Las familias de escasos recursos económicos, carecen frecuentemente de los medios para evitar la depredación de su entorno. Así lo señala el informe “Análisis ambiental del Perú” (2007) del Banco Mundial al precisar que el impacto de la degradación ambiental para los pobres en relación a los no pobres, es 20 por ciento más alto en términos de impacto por cada 1,000 personas.

Del mismo modo, este documentado trabajo indica que el costo de la degradación de nuestro ambiente es más alto que en otros países con niveles similares de ingreso, además que los impactos de salud están entre el 75 y 300 por ciento más altos entre los pobres. Los efectos de la contaminación en locales cerrados se concentran en los pobres. Un estimado del 80 al 85 por ciento del total de efectos a la salud estarían entre estos sectores menos favorecidos.

La pobreza se ha convertido en causa y efecto de la degradación ambiental. Existe una interacción muy fuerte entre estos dos elementos, componentes de un mismo sistema que, influye en otros sectores productivos, niveles de gestión y grupos de población. No podemos dejar de considerar al crecimiento de la economía como un sistema contenido y continente de la variable ecológica. Para alcanzar el desarrollo se requiere la implementación y consecución de diversas políticas. Además, una estrategia que armonice con el mercado, considera básicamente el logro de una macroeconomía estable e inversión en recursos humanos. Estos no son incompatibles con los objetivos ambientales, ya que el quehacer económico y el ordenamiento ambiental son aspectos complementarios de un mismo programa.

De modo que, el crecimiento económico es esencial para disminuir la pobreza. Los efectos negativos causados por este crecimiento, afortunadamente, pueden reducirse si se destinan los recursos para lograr una mejor ordenación del medio. Para los pobres la gestión ambiental no debe ser una lejana opción en sus vidas, sino un elemento inmerso en la agenda social del desarrollo. En consecuencia, es importante elaborar propuestas que incluyan el componente “verde” y sus impactos sociales, económicos, políticos y culturales en la población de menos ingresos.

Eliminar la pobreza debe ser el compromiso prioritario de nuestros gobernantes. Los menesterosos tienen derecho a disfrutar de un “ambiente saludable, ecológicamente equilibrado y adecuado para el desarrollo de la vida y la preservación del paisaje y la naturaleza”.

¿Buenos modales en las vacaciones?

Cuando la buena educación y, consecuentemente, las adecuadas formas de comportamiento son parte de un estilo de vida, no es difícil mantener el óptimo desenvolvimiento aún en la más informal y relajada de las situaciones. Incluyendo un viaje de descanso y placer. Usted proyecta siempre la imagen honrosa de su lugar de procedencia y empresa en el sitio que se encuentre.

En tal sentido, las personas conocedoras de los principios y normas de la etiqueta se distinguen y singularizan en todo tiempo, circunstancia o lugar. No está demás reiterar que debemos percibir la etiqueta como una “llave” que facilitará nuestra mejor relación personal, familiar y profesional. De allí que un turista educado será bien considerado en el país en donde esté de visita.

A continuación algunas breves pautas que el visitante puede ejercer a fin de lograr una buena empatía con sus semejantes. En primer término (y el más importante) aplique la expresión: “Lugar que fuereis, costumbres que adquiriereis”. Tome en cuenta las tradiciones, creencias religiosas, hábitos y manifestaciones culturales del país o región al que llega para no herir susceptibilidades o parecer desconsiderado y, además, recuerde que no solo debemos respetar la cultura ajena, sino también conocerla y aceptarla. Por ejemplo, en una nación oriental no salude a una dama con un beso en la mejilla o dándole la mano. Lo correcto será hacer una reverencia, más aún si alterna con autoridades. Si lo invitan a una casa privada, es costumbre japonesa despojarse de los zapatos al entrar.

Lleve sus tarjetas personas (con su teléfono, email, dirección postal, etc.); sea puntual, esa virtud no conoce fronteras y es reconocida en cualquier parte del mundo; recuerde las actividades que realizará con el afán de emplear la ropa adecuada en cada ocasión; tenga su maleta ordenada con los estuches necesarios y evite llenarla con “bolsitas” que causarán mala apariencia cuando sea revisado su equipaje; no abuse de las atenciones en el avión pidiendo a cada momento bebidas, licores, comidas e insinuando que le obsequien “recuerdos” de la línea aérea. Si se hospeda en casa de algún amigo o familiar no emplee con demasiada frecuencia el teléfono (más aún para llamadas internacionales) y lleve un obsequio a la dueña y cuando sea invitada a una comida o almuerzo.

La prudencia es siempre conveniente. No realice comparaciones o críticas ofensivas a los anfitriones o a su nación. Evite el tuteo (salvo mutua autorización) y las expresiones cálidas de excesivo afecto. Si es invitado a un banquete y le sirven platos que desconoce, no los rechace. Sea delicado y pruebe todo lo que ofrecen.

Recuerde, el mejor lenguaje no verbal es una sonrisa acogedora, espontánea y sincera. Practíquela y será bien recibido y atendido. No insinúe que los amigos y familiares lo inviten a los mejores establecimientos en el que está de paso; sea consciente de la incomodidad que causa fumar en espacios públicos, no lo haga; retribuya las amabilidades ofrecidas. Es un rasgo de mucha elegancia perdido en nuestros días.

A su retorno remita una esquela o email con unas palabras de agradecimiento a quienes lo atendieron y acogieron. Esta es una consideración que no conoce de sexo, edad o nivel social. Lamentablemente, es difícil encontrarnos con gente capaz de agradecer en estos tiempos de “modernidad”, “apremios” y, especialmente, carencia de estos gestos que engrandecen. Qué lástima!

No olvidaré el detalle de una señora de enviar un bello aparato floral, con una nota de reconocimiento, al gerente del hotel donde se hospedó. Esa cortesía fue tomada como ejemplo en los cursos de capacitación -en atención al cliente- a los trabajadores de ese prestigioso hotel. Sea educado, cortés y amable, y usted construirá un “puente” de armónica convivencia social.

Por último, un viaje (cualquier sea el motivo) es un elemento enriquecedor en nuestro ámbito cultural, una oportunidad para conocer otros escenarios y analizar nuestra compleja realidad desde una perspectiva diferente y más amplia. Dese tiempo para ello y tendrá mayores recursos que alimenten su espíritu y una amena conversación. César Vallejo decía desde París: “Aunque se me haya ocurrido odiar al Perú, ese odio estaría impregnado de ternura”.