sábado, 10 de junio de 2017

 ¿El protocolo en la graduación universitaria?

Hace algunas semanas asistí a unas cuantas ceremonias de titulación del Instituto San Ignacio de Loyola (ISIL) y quedé complacido al observar una programación distanciada del folklore tan característico en estas actividades. Me pareció una experiencia inspiradora para compartir reflexiones, sugerencias y orientaciones.

Quiero empezar precisando que la sobriedad es sinónimo de elegancia, pertinencia y ponderación a fin de hacer de este acto, de enorme trascendencia para quienes culminan su formación académica, un acaecimiento colmado de una suma de pequeños detalles que brinden esplendor.

Estos eventos tienen ciertas tradiciones como las togas y los birretes, originados en las universidades medievales cuando eran utilizados por profesores y alumnos para abrigarse del frío en las aulas.  Lo sensato es que la vestimenta sea acorde a la hora, la ocasión y el lugar. En infinidad de circunstancias la apariencia es variopinta y extravagante. Se observan mujeres recargadas de atuendos inapropiados y hombres con ternos brillosos, pantalones de gabardina, jean, polos, etc. En “perulandia” la incoherencia es frecuente.

Los integrantes de la mesa principal exhibirán camisa blanca y si llevan puesta una toga, el pantalón, los calcetines y los zapatos serán oscuros. Es necesario un vestuario formal, impecable y de probada calidad. El saco siempre estará abotonado -más allá de estar de pie o sentado- y aconsejo lucir una corbata de buena condición. Esquive de seda china de deficiente textura y género.

Por su parte, las invitaciones tienen que considerar la información esencial y entregarse mínimo con 15 días de antelación. Innumerables universidades las confeccionan con un diseño similar al de una pollada y con los tonos de una tarjeta de bingo. Las particularidades de la convocatoria constituyen el “termómetro” del certamen. Siguiendo lo establecido en el protocolo la indumentaria del varón es la única consignada en la esquela y recuerde poner el vocablo correcto en función de lo que ofrezca al concluir el suceso: brindis, coctail, etc. Propongo que los bocaditos no sean comprados al kilo en una panadería de la vuelta de la esquina y sirva un vino de categoría.

Esta solemnidad requiere de un esquema compatible con el protocolo universitario y alejado de actuaciones musicales, coreografías, bailes, recitales, juego de luces, aclamaciones y bombardas de papel picado al estilo de la “hora loca”. Parecerá exagerado este comentario; los videos en las redes sociales acreditan que solo faltan los zancos y el cotillón como para una festividad de año nuevo en un salsodromo. Sin duda, manifestaciones ausentes de sensatez, finesa y buen gusto.

El programa contendrá, únicamente, lo imprescindible. La Academia Diplomática del Perú tiene una presentación que puede ser recogida por cualquier institución deseosa de ostentar prestancia. Su graduación consta de los siguientes momentos: himno nacional, discurso de su rector, palabras de un delegado del alumnado que incluirá una semblanza del personaje cuyo nombre ha adoptado la promoción, distribución de los diplomas a los egresados, entrega de premios a los mejores alumnos, lectura de la resolución ministerial de incorporación al servicio diplomático, juramentación de los nuevos terceros secretarios y disertación del ministro de Relaciones Exteriores. En caso de asistir el jefe de estado, esté hará uso de la palabra al final.

Por inercia se hace, en la mayoría de graduaciones universitarias, un empalagoso y aburrido recuento biográfíco -semejante a una clausura escolar- de cada uno de los egresados mientras caminan a recibir su diploma. De esta manera, la actividad se extiende y pierde majestad. Subsisten pupilos, aunque usted no lo crea, que dedican su licenciatura a sus “padres, abuelos, hermanos, esposas, suegras y mascotas”. Es aconsejable que las autoridades permanezcan paradas durante la entrega de certificados. 

La decoración guardará armonía con la gala. Noto escenarios con paños y sillas forradas de blanco, cubre manteles tonalidad oro y letras gigantescas con las siglas de la casa de estudios parecido al ornato de un baby shower. Advierto la aparición desmedida de flores multicolores (éstas deben ser blancas y no se ponen sobre la mesa, sino en los espacios más favorables en el estrado) y adornos con diseños propicios para un desfile de modas. Incluso existen tribunas engalanadas para una fiesta temática. ¡El colmo!

De otra parte, reitero lo expuesto en mi artículo “Importancia del protocolo en los eventos” (2016) en relación al rol del maestro de ceremonias: “…En nuestro medio concurren un abanico innumerable de moderadores con palpable desconocimiento de las mínimas disposiciones protocolares, a pesar de su dilatada experiencia e incluso siendo personas públicas convocadas con asiduidad para estos menesteres. Por ejemplo, acostumbran pedir ‘un voto de aplauso’, ‘saludamos con un fuerte aplauso’, etc. olvidando que las palmas no se solicitan; surgen espontáneamente. Escucho con reincidencia aseverar: ‘A continuación las sagradas notas del himno nacional del Perú. De pie por favor’. Bastaría: ‘Himno nacional del Perú’, es obvio que se entona de pie”. Tampoco se demandan vivas al concluir el himno como por inopia sucede con asidua frecuencia.

“Jamás debe asumir un rol adulón o intentar convertirse en la ‘estrella’ del certamen. Su criolla e improvisada formación, reflejada en reiteradas deficiencias, pueden generar la percepción que tan empañado desempeño es habitual. Debe dominar el uso de tratamientos honoríficos, precedencias y conceptos básicos de ceremonial. No exagero al subrayar la mediocridad de moderadores incapaces de diferenciar un evento institucional con una fiesta infantil. La sobriedad en su atuendo y desenvolvimiento define el estilo”. Existen infinidad de animadores que abruman a cada expositor de elogios, dádivas y títulos. Una muestra errada de extrema exaltación.

Los discursos bajo ninguna consideración pasarán desapercibidos. Aconsejo practicar con prolijidad para prevenir intervenciones deslucidas. Observo a rectores, decanos y graduados carentes de elementos intelectuales que leen sin énfasis y con inadecuada dicción. Se debe rehuir decir: “buenas noches con todas y con todos” (sólo: “buenas noches”) y es excesivo y pegajoso aludir a la totalidad de las autoridades. 

Las personas en ocasiones llevan sus alocuciones en hojas sueltas y arrugadas y, además, omiten mencionar a los concurrentes en el orden de precedencias. Por el contrario, lo hacen en la secuencia en el que vienen a su mente sus nombres. Tenga en cuenta que no está obligado a “doctorar” a los nombrados como pasa en “perulandia”. Puede decir “señor” y/o “señora” y punto. No diga “señorita” si desconoce el estado civil de la dama. 

El encargado de pronunciar el discurso en representación de su promoción deberá ensayar para detectar deficiencias. Absténgase de hacer referencias personales y familiares que otorguen un sesgo individual a una intervención efectuada por encargo de sus condiscípulos. Me permito insinuar prudencia en las alabanzas, calificaciones y reconocimientos y, especialmente, proceder con circunspección.

En un sinfín de circunstancias oímos decir que el protocolo establece demasiadas rigurosidades y formalismos. Todavía perdura la convicción que tiene solo un ámbito de aplicación en la esfera gubernamental. Éste garantiza el acertado desenvolvimiento de cualquier contingencia social, empresarial y oficial. Dentro de este contexto, es pertinente insertar su discernimiento y manejo en el contexto académico e impedir las descomunales omisiones, estridencias y mediocridades visibles en los centros de educación superior.

Del mismo modo, es palpable su dejadez en entidades de estudios que organizan aparatosas graduaciones atiborradas de orfandad. En tal sentido, coincido con las sencillas declaraciones sobre protocolo del experto español Fernando Fernández: “Es, sobre todo, sentido común. Consiste en aplicar una serie de usos y costumbres, existentes desde hace siglos, y una normativa legislada al respecto. Pero el sentido común soluciona muchos quebraderos de cabeza”.

viernes, 9 de junio de 2017

Vicuñas de aniversario: 50 años de Pampa Galeras

El 18 de mayo se han conmemorado las cinco décadas de la creación de la afamada Reserva Nacional de Pampa Galeras, situada en las alturas de la acogedora provincia de Lucanas (Ayacucho). Este hermoso, complejo y quebradizo escenario es el más simbólico en la supervivencia de la vicuña. 

  Los entretelones de su fundación están llenos de peripecias que deben conocerse con el afán de apreciar el aporte, el compromiso y la entrega de sus artífices. En tal sentido, existió un filántropo íntimamente vinculado con esta hazaña: Felipe Benavides Barreda, un apasionado defensor de nuestro exuberante patrimonio natural que se consagró a este quehacer y, además, aglutinó -por su avasalladora e incorruptible personalidad- admiraciones, reconocimientos, críticas, odios y bajezas. El Perú tiene una deuda de gratitud con este conciudadano que esparció sin desmayos las principales semillas de los asuntos verdes.

Siendo discípulo en el London School of Economics de Gran Bretaña (1938) realizó investigaciones sobre el contrabando de fibras, descubrió sus orígenes, modalidades y las empresas dedicadas al embarque de fardos mezclados con vicuña. Después de enmarañadas indagaciones halló en una biblioteca la publicación “The rarer wools” que revelaba que la firma James Johnston & Co. había sido el primer importador de su lana a Europa. 

A su retorno al país viajó por la región andina para verificar la situación de este recurso. A sus manos llegó el único trabajo serio elaborado sobre el comercio de su lana titulado “La vicuña y la puna”, del científico alemán Carl B. Koford y accedió a la dilatada producción legislativa del senador Carlos Barreda Ramos, presidente del Comité Nacional de Protección de la Naturaleza y autor del libro “Los recursos naturales del suelo peruano”. 

Tiempo más tarde, se comenzó a vislumbrar la posibilidad de instaurar el primer refugio de esta especie. Entre junio de 1965 y marzo de 1967, el Servicio Forestal y de Caza del ministerio de Agricultura contó con el asesoramiento de la cartera británica de Desarrollo en el Extranjero representada por el biólogo Ian Grimwood (con amplia experiencia en la organización y conducción de parques nacionales de Kenya y otras naciones africanas). Sus pesquisas señalaron entre 5,000 a 8,000 vicuñas, desplazadas en su mayor parte en Pampa Galeras. 

De modo que, sus estudios sustentaron las diligencias destinadas a erigir esta reserva. La asertiva intervención de Flavio Bazán Peralta y Benjamín Almanza Ocampo, funcionarios del Servicio Forestal y de Caza, posibilitó que los campesinos de Lucanas confirieran una porción de sus dominios para establecer esta zona protegida que alberga aproximadamente el 70 por ciento de su población. El 17 de octubre de 1966, se suscribió el acuerdo por el que esta colectividad otorgó 6,500 hectáreas para implantar la Reserva Nacional de Pampa Galeras. 

En estas negociaciones participó el histórico dirigente de Lucanas, Salvador Herrera Rojas, quien apoyó las tratativas llevadas a cabo por las autoridades de la cartera de Agricultura. Coincidiendo con esta efeméride me complace transcribir lo expuesto en mi artículo “En el Día del Campesino: Un quijote de Pampa Galeras” en su homenaje: “…Luchador infatigable en favor de la conservación, manejo y aprovechamiento de esta representativa especie silvestre, lideró un segmento social que sigue anhelando mejorar sus condiciones de vida a partir de la explotación de su valiosa fibra. Su identificación con esta causa lo convirtió en uno de los promotores de la principal reserva de vicuñas del país, ubicada sobre las tierras cedidas por los habitantes de Lucanas. Supo simbolizar a su comarca en momentos espinosos y contrajo responsabilidades que otros evadían. Ser alcalde, gobernador, juez de paz y presidente de la comunidad en las lejanías del ande, no es una posición en donde existan adulaciones o soberbias. Allí se arriesga la vida, la familia y el trabajo”.

En este recuento es pertinente evocar la contribución del primer director general del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y comisionado de IFAW Internacional, el prestigioso ornitólogo escocés, Ian MacPhail y de la Sociedad Zoológica de Frankurt que aportó dos millones de dólares por recomendación de su presidente, Bernardo Grzimek. Gracias a la Misión de Cooperación Técnica de la República Federal Alemana arribaron los expertos Rudolf Hoffman y Kai C. Otte, para impulsar la recuperación de este exponente silvestre. Estos renombrados científicos permanecieron diez años y formaron una generación de profesionales dedicados a preservar la vicuña.

El empeño y liderazgo de Felipe fueron reconocidos por el expresidente Fernando Belaunde Terry. Escribió desde los Estados Unidos, el 3 de octubre de 1977, una misiva en la que consignó estas palabras: “…Tengo que agradecerte una vez más por tu acertado consejo y tu decidida orientación en lo referente a la preservación de la vicuña en Pampa Galeras. Aunque los correspondientes laureles te pertenecen por entero, me halaga que obra tan trascendente se realizara en mi tiempo. Las estadísticas son consagratorias en cuanto al aumento de la población”.

En Pampa Galeras conviven el camélido sudamericano con la fibra más inestimable del mundo y uno de los más altos niveles de pobreza rural. Una incongruencia de las tantas existentes en la patria de “todas las sangres”. Así también, ha sido el lugar de vastas polémicas y agudas confrontaciones sobre su conveniente explotación sostenible. Por momentos estuvo envuelta en disputas que desencadenaron polarizaciones y facilitaron sórdidas maniobras puestas en práctica por mercenarios del movimiento ambiental, que han convertido esta lúcida causa en una inmoral forma de subsistencia.

Un episodio nefasto sucedió a finales de la década de 1970, cuando inescrupulosos burócratas del Proyecto Especial Utilización Racional de la Vicuña del portafolio de Agricultura dispusieron la matanza, según el informe final de la Comisión Investigadora de la Conservación y Saca de la Vicuña de la Cámara de Diputados (1985), de 8,045 ejemplares (39 por ciento hembras preñadas). Para justificar esta improcedente determinación, con consecuencia de escándalo, emplearon el absurdo pretexto de una “sobrepoblación”. Años después, las agrupaciones conservacionistas de mayor acreditación global desmintieron las falacias que ampararon este vergonzoso acontecimiento. 

No obstante, el notable aumento de ejemplares facilitó al gobierno -a través de la Comisión Multisectorial de la Vicuña presidida por Benavides- presentar en la sexta conferencia anual de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), realizada en Ottawa (Canadá, 1987), la propuesta para empezar la fabricación de telas "provenientes de la esquila de animal vivo", registradas con la marca “Vicuñandes-Perú”. Esta petición aprobada por unanimidad fue planteada por encargo de los integrantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú) y dio inicio a una nueva era orientada a impulsar su ansiado usufructo monetario. Era el comienzo de una etapa llena de perspectivas debido a la probada rentabilidad de las prendas de vestir producidas con su fibra. 

En lo personal todavía recuerdo mi primer viaje a Lucanas (1986) y la receptividad de sus moradores que confiaron en mí al nombrarme en una asamblea su apoderado, a fin de interpretar sus justas demandas. Un instante elocuente que atesoro en la retina de mis remembranzas es la audiencia concedida por el presidente Alan García Pérez, el 5 de junio de 1987 -por casualidad el Día Mundial del Medio Ambiente- con la finalidad de solicitar la cancelación de la deuda contraída por el estado con la comunidad, al conferir sus predios para constituir esta reserva. 

Los asiduos cuidados ofrecidos por los pueblos de nuestra serranía han sido determinantes para rescatar de la extinción a la vicuña. Ofrecerles una mejor calidad de vida, a partir de extraer su lana, es la deseable y equitativa retribución a sus denodados sacrificios, alientos y esperanzas. Pampa Galeras encarna el renacimiento de este emblema de inequívoca valía económica, cultural y social.