domingo, 11 de julio de 2010

En el Día del Maestro: Decálogo del “buen” profesor

Habitualmente, escuchamos calificativos generosos, elocuentes y emotivos sobre la importancia del quehacer docente. Son muchos los discursos y anuncios, en su “reconocimiento” por el “Día del Maestro” (6 de julio). Me permito recomendarle, mi estimado colega, seguir los siguientes pasos de manera minuciosa sino desea frustrar su estabilidad laboral.

Primero, cuando asista a reuniones de profesores no cometa la “imprudencia” de decir lo que piensa haciendo empleo de su inútil honestidad intelectual. Si interviene elogie a los directivos y exprese conformidad y complacencia con la marcha de la corporación. No efectúe cuestionamientos, observaciones o críticas; será considerado un disidente. Tampoco espere que sus colegas lo secunden en sus puntos de vista, aun cuando estén de acuerdo. No olvide que en nuestra patria se mantiene vigente “el pacto infame de hablar a media voz”, como decía el maestro Manuel González Prada.

Segundo, si se retrasan en el pago de sus remuneraciones (algo común en las empresas educativas), no se sorprenda. Siempre hay “inconvenientes” para cancelar sus honorarios. Sin embargo, los dueños salen de vacaciones al extranjero, renuevan sus automóviles todos los años, entre otros lujos que evidencia que la crisis solo afecta al profesor que llega a trabajar en combi. No olvide que usted es un proveedor.

Tercero, no sea demasiado severo en la disciplina. Por su culpa se quejará el alumnado y lo llamarán para decirle que los “comprenda”. Deles permiso para salir del aula, comer, masticar chicle, hablar por el celular y hacer cuanta actividad quieran mientras desarrolla su clase. De lo contrario, se vengarán al resolver la encuesta para evaluarlo y sus resultados serán empleados según la conveniencia del centro de estudios.

Cuarto, no pretenda hacer pensar a sus discípulos, dirán que es muy exigente. Si entrega sus capacidades, habilidades, energías y buena voluntad con el afán de mejorar su adiestramiento, contribuirá a la deserción educativa y, consecuentemente, a disminuir los ingresos económicos. Cuidado con desaprobar muchos alumnos, será considerado un desestabilizador de las finanzas. En una entidad de “formación bancaria” donde trabajé (por decencia renuncié el año anterior) uno de sus funcionarios me digo: “Usted no se da cuenta que gracias a los alumnos llevamos nuestros frejoles a casa”. Sin duda, una “verdad” enciclopédica.

Quinto, no hable de ningún tema que permita al educando tener un conocimiento agudo de la realidad nacional. Puede ser calificado de “comunista”, “anti sistema”, “sindicalistas”, etc. Dicte su clase, resuelva consultas solo académicas, entregue sus notas y cobre a fin de mes. Si puede hágase el sordo, ciego y mudo y verá que bien le va. Esto último es un requisito para no ganarse conflictos y no salir del tercermundismo moral en el Perú.

Sexto, tenga mucho cuidado con lo que piensa, dice y sugiere. Sepa que: “Cualquier cosa que diga puede ser usado en su contra”. Aprenda a adaptarse o no volverán a contar con sus servicios. No se sorprenda de ser el caso que usen su separata, syllabus, exámenes y todos sus materiales elaborados gracias a su ejercicio neuronal, de manera gratuita. La piratería intelectual es una práctica cotidiana y no hay derecho a reclamo. No sea ingenuo, negocios son negocios.

Séptimo, no espere “coherencia” en este oficio. Siempre dirán que el alumno es lo más importante, que se preocupan por su “formación integral” y que usted hace bien su trabajo. No se sorprenda que, al concluir el ciclo de estudios, no sea programado y su curso se lo den a un recomendado. “Es política de la institución reservarse el derecho de prescindir del docente cuando se requiera”, explicarán. Así de “objetiva” es la evaluación de su desempeño.

De mi parte, algunas idealistas y antojadizas reflexiones. El desenvolvimiento de la pedagogía demanda, esencialmente, estándares morales que sean observados por el alumno como un referente que inspire fe, ilusión y credibilidad para su porvenir. Nuestra tarea no consiste en transmitir conocimientos, cifras y datos: nuestra misión es constituirnos en un ejemplo personal y demostrarles, con la consecuencia de nuestra conducta, que la vida es mucho más que un título académico y un número acumulado de horas de prácticas. Esa es la razón que debe inspirar a dedicarnos a esta noble misión. ¿Algún día será entendido así?

La formación de los alumnos debe incluir, igualmente, el ejercicio del pensamiento, la actitud crítica y el cuestionamiento reflexivo. Todo ello, facilitará formar una sociedad de profesionales libres y capaces de defender sus derechos y de levantar su voz valiente de protesta ante la injusticia y el abuso. Ese es un objetivo central de la enseñanza en una sociedad sumisa, invertebrada e insolidaria como la nuestra. No solamente hay que darles información sino elementos indispensables para abrir sus ojos ante el engaño, la arbitrariedad y las vicisitudes del mañana.

Los profesores tenemos vocación para educar, formar, transmitir conocimiento y dar una lección de vida. Es una tarea incomprendida, pero la vida es un horizonte de dificultades y un manantial de nuevas posibilidades, una oportunidad para brindar una lección de decencia, una lección insólita y necesaria que se otorga en el aula y no desde una oficina burocrática. Mi homenaje sincero y cálido al maestro que hace de su actuación, a pesar del “sistema”, un apostolado diáfano, honesto y esperanzador.

Javier Pulgar Vidal: Honor del Perú

El 18 de mayo se ha cumplido siete años de la partida del explorador y científico acucioso, conocedor profundo de la geografía peruana e intelectual de avanzada, entre otros incompletos calificativos que podrían describir a Javier Pulgar Vidal (Panao, 1911 – Lima, 2003). Una vida fecunda en realizaciones personales, profesionales y morales. Es decir, una biografía comprometida plenamente con el Perú y su destino.

Obtuvo el bachillerato y doctorado en Filosofía, Historia y Letras, y en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Católica del Perú. Inició su carrera académica como profesor auxiliar de la Facultad de Letras en el curso de “Filosofía de la Religión”, de esa casa de estudios en 1932. Desde 1934, ejerció las cátedras de “Geografía Humana General y del Perú” y “Arqueología”.

Fundó la primera cátedra de “Geografía Económica General y de Colombia” en la Universidad Nacional de Colombia (1949) y la Universidad de Bogotá “Jorge Tadeo Lozano” (1954), país en el que permaneció exiliado por sus ideas políticas durante la dictadura de Manuel A. Odría. En nuestra patria fue fundador de la Universidad Nacional del Centro del Perú y sus cuatro filiales en Lima, Huacho, Cerro de Pasco y Huanuco, que luego se convirtieron en las universidades nacionales Federico Villarreal, José Faustino Sánchez Carrión, Daniel Alcides Carrión y Hermilio Valdizán. Finalmente, en 1996, asume la presidencia de la comisión organizadora de la Universidad Alas Peruanas (luego sería elegido rector y al retirarse fue nombrado rector honorario y vitalicio).

En 1945, resultó electo parlamentario por la provincia de Pachitea (Huánuco). Dos meses después se afilió al Partido del Pueblo, invitado por su jefe y fundador. Durante ese período constitucional integró la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Posteriormente, es convocado como asesor de dicho cuerpo legislativo (1958) y de la Comisión de Recursos Naturales de la Asamblea Constituyente de 1978.

Forjó una sólida vinculación con Colombia, a partir de las dolosas circunstancias que lo llevaron a ese hermano país. En 1986, es designado embajador en Bogotá. El presidente Belisario Betancur durante la ceremonia de entrega de credenciales le expresó: “Bienvenido a casa maestro”. El primer mandatario colombiano –tiempo después- al dedicarle un libro, escribió: “A Javier Pulgar Vidal, honor del Perú y honor de Colombia”. El gobierno peruano le encargó nuevamente (1989) esa representación a pedido del jefe de Estado, Virgilio Barco.

La regionalización –como eje fundamental del desarrollo- fue uno de los temas que lo acompañó durante su intensa existencia. En 1938, publicó “Las ocho regiones naturales del Perú”, donde formula la división en pisos ecológicos. Asimismo, participó en la Comisión Nacional de Regionalización (1981) invitado por el presidente Fernando Belaunde Terry. Allí sustentó su proyecto sobre la regionalización transversal del territorio, que divulgó desde 1976, con la finalidad de lograr la mejor administrar del país.

Con su sólida formación contribuyó en la elaboración de publicaciones internacionales. Igualmente, tuvo a su cargo la preparación de algunos capítulos para las enciclopedias Británica (USA, 1975) y Salvat (España, 1977). Sus entregas intelectuales fueron acogidas en medios nacionales y extranjeros. “Escritura necesaria” fue su primer artículo aparecido el 4 de febrero de 1932, en el diario “El Trovador” (Huánuco).

Una de sus más importantes inquietudes estuvo relacionada con la gestión ambiental. Creó –conjuntamente con Felipe Benavides Barreda- el Frente Ecológico Peruano e integró prestigiosas entidades “verdes”. Esas circunstancias facilitaron nuestra amistad y me permitió compartir numerosas experiencias a su lado desde 1984. Recuerdo agradecido su entusiasmo y disposición para corregir mi libro “La saga de la vicuña” y escribir el prólogo. Fueron largas horas de conversación que nos aproximaron e influyeron en mi admiración y cariño.

“La ecología no debe ser una moda, sino un imperativo moral para todos los peruanos”, afirmó con la insistencia de quien siempre intentó que esta variable esté vinculada con las demandas sociales de la población. Sus documentadas conferencias, artículos y ensayos, estuvieron orientados –principalmente- a plantear mecanismos de solución a la miseria extrema aprovechando inteligente y honestamente el patrimonio natural. Así lo expresó en “Recursos naturales y alimentación en las selvas alta y baja”, “Guerra contra el hambre”, “Perfil ambiental del Perú”, entre otros tantísimos aportes dejados al país y que constituyen elementos sustentatorios para afrontar este complejo tema.

En 1991, estableció el Comité Ecológico en el Partido Aprista Peruano. Bajo el lema “Siembra vida, siembra paz”, realizó una ardua campaña nacional de arborización en su afán de propaló la trascendencia de la conservación del ambiente. Gracias a sus esfuerzos el movimiento de Víctor Raúl Haya de la Torre, se constituyó en la primera agrupación política en instituir una Comisión Nacional de Ecología y Medio Ambiente.

Javier se distinguió por sus sólidas convicciones cristianas. Tuvo la singular virtud de no hablar mal de nadie, ni aún de quienes lo defraudaron y traicionaron. Era servicial, generoso y auténtico. En él no había lugar para odios y rencores, todo lo contrario, se caracterizó por la honestidad de sus afectos. Hizo de su vida una predica permanente de ejemplos éticos.

Sus conversaciones reflejaban profundidad y sensibilidad. Dialogar con Javier era encantador. Además de ameno, destacaba por su espontánea sencillez. Cuando debía puntualizar algún dato inexacto formulado por sus contertulios, lo hacía con una delicadeza halagadora. Era tolerante y respetuoso.

Amigo entrañable, maestro ejemplar, la humildad y la decencia fueron en él, una cultura individual. Fue el Antonio Raimondi del siglo XX y su testimonio debe convertirse en un referente que nos inspire ilusión en un medio lleno de debilidades, escepticismos y abdicaciones.