domingo, 20 de enero de 2013

¿Qué sabemos del temperamento?

Conocer el temperamento y su influencia en la conducta de cada uno de nosotros, es un tema interesante de tratar a fin de comprender nuestro comportamiento. No siempre se está al tanto, en su real dimensión, de su ascendencia en la evolución del desenvolvimiento personal. Este es un asunto mucho más significativo de lo imaginado.

Todavía se cree en la existencia de temperamentos positivos y negativos y, además, se establecen clasificaciones erróneas. Los expertos lo describen como el “termómetro” emotivo del individuo que determina su forma espontánea de reaccionar ante un estímulo exterior. Es la “respuesta aprendida” desde la infancia y parte de la denominada “herencia genética” de la personalidad.

Es conveniente ser capaces de identificar nuestros temperamentos con la finalidad de percatarnos de virtudes y defectos y, por consiguiente, alertar los aspectos centrales que debemos aprender a regular, controlar y perfeccionar. Tengamos en cuenta que ciertas formas del proceder humano pueden generar conflictos en la convivencia social y laboral.

El célebre galeno de la Antigua Grecia, Hipócrates -considerado una de las figuras destacadas en la ciencia médica y padre de la medicina- clasifica los temperamentos en cuatro tipos: Flemático, Bilioso, Melancólico y Sanguíneo. Hipócrates precisaba: “La salud del hombre es un estado dado por la naturaleza, la cual no emplea elementos extraños sino una cierta armonía entre el espíritu, la fuerza vital y la elaboración de los humores”.

Según afirma la grafóloga española Sandra Cerro Jiménez, en su documentado informe “Los temperamentos de Hipócrates”, éste (Hipócrates) amplió su teoría asegurando que la salud del hombre dependía del equilibrio entre los cuatro líquidos o humores que lo conformaban: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Sostenía que cada semejante tenía una disposición diferente de estos humores en su cuerpo, siendo dominante uno de ellos.

A continuación quiero comentar las características saltantes de cada temperamento. Flemático, es pasivo, reacciona con lentitud, todo lo premedita y es esquemático. Tiende a postergar la acción y dejarse llevar por la apatía. Su cualidad es la lucidez. Emplea su tranquilidad para evitar desenvolverse impulsivamente, analiza el problema y procede según la exigencia del momento. Por su equilibrio, es el más agradable de los temperamentos y trata de no involucrarse demasiado en las actividades de los demás. Puede asumir modales distantes.

Bilioso, suele responder violentamente. Es impulsivo, impaciente, piensa después de haber actuado y se irrita con facilidad. Su virtud es la rapidez y la disposición para enfrentar las circunstancias directamente. Responde con iniciativa en situaciones emergentes. Se distingue por su sobriedad, no se emociona ni entusiasma con facilidad sin dar tiempo a la reflexión; cuando toma su decisión, es difícil que la varíe.

Melancólico, es callado, se retrae y aísla. Es susceptible, poco comunicativo, tímido y evita las confrontaciones. Su atributo es la precisión. Su tristeza suele llevarlo a la reflexión y ha no tomar acuerdos apresurados. Desarrolla el diálogo interior, es abnegado, perfeccionista, analítico y sensible. Su carácter le ayuda a terminar lo que comienza. Es difícil convencerlo de iniciar algún proyecto, debido a que imagina los pros y contras en cualquier acontecimiento.

Sanguíneo, alegre, bromista, cordial, amable, locuaz y manipulador. Ante la dificultad buscará eludir la realidad y delegará a otro asumir el problema. Tiene como virtud el buen talante. Es optimista y posee facilidad para platicar. Su habilidad social, unida a su natural sensibilidad, lo hacen empático y buen oyente, aunque podría conducir a actitudes dictatoriales por su interés avasallador.

De otro lado, es preciso anotar que los más exitosos proyectos -a nivel profesional, sentimental, académico, etc.- son el resultado de la participación de temperamentos diferentes. El defecto de uno, puede ser la fortaleza del otro. Su confluencia enriquece opciones que arriben a mejores logros. Conviene reunir los aportes positivos de cada uno en el diseño de cualquier propuesta y aprender a coexistir con quienes poseen un temperamento que no es de nuestro agrado.

No asuma la expresión “mi temperamento es así, así soy yo”. Es un comentario poco ingenioso y, por desgracia, frecuente. Se sugiere trabajar la inteligencia emocional y ser consciente de las consecuencias censurables que genera, en la convivencia diaria, reacciones inadecuadas, confrontacionales y que enturbian nuestro hábitat más íntimo.

Es importante reconocer nuestro temperamento y superar los inconvenientes que obstaculicen el progreso individual. Vivimos en una colectividad llena de tensiones, adversidades y mutuos malestares que dañan la estructura interna y, por lo tanto, estamos obligados a forjar un puente de tolerancia y armonía destinado a enaltecer la relación interpersonal. De allí la necesidad de afianzar los componentes sensitivos. Como decía el dramaturgo, productor de cine y Premio Nobel de Literatura (1922), el español Jacinto Benavente: “La vida es como un viaje por mar: hay días en calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco”.

domingo, 6 de enero de 2013

En este local no se aceptan “cholos”

Hace más de un año trate el tema de la segregación racial coincidiendo con los reprochables sucesos acontecidos en los multicines UVK de Larcomar que mostraban una realidad que, aunque pretendemos ignorar o dar por superada, está presente en la sociedad: la discriminación.

Un reciente y minucioso estudio -elaborado por el Consorcio de Investigación Económica y Social” (CIES) y la Universidad del Pacífico- titulado “La belleza es el principal factor de la discriminación laboral en el Perú”, examina este fenómeno y revela cifras bastante alarmantes acerca de su vigencia.

Dicha publicación señala que la apariencia física influye un 83 por ciento en la decisión de tomar a un empleado. Incluso, las personas consideradas más atractivas pueden obtener una remuneración hasta 17 por ciento mayor respecto de aquellas que no son bellas. Igualmente, demostró la existencia de un 55 por ciento de marginación por el aspecto racial y 34 por ciento por género. Estos resultados se aplican para candidatos a puestos de atención al cliente y oficina. Aunque usted no lo crea, una mujer de apellido Mamani puede tener menos posibilidades de ser contratada.

También, precisa que las brechas son mayores en trabajos profesionales que en los técnicos o no calificados. Esto puede relacionarse con la escasez de mano de obra en estas categorías. Otra de las conclusiones es que mientras más caucásico (blanco o de origen europeo) se vea alguien, tendrá más oportunidades de conseguir trabajo, sin importar su creatividad o eficiencia.

De otro lado, el Parlamento Andino propuso al Ministerio de Trabajo que no sea requisito la colocación de la foto en el currículum del postulante. “Esto se ha ensayado en países europeos con buenos resultados antes de las entrevistas personales. Podría ayudar a reducir la discriminación, pero no creo que sea suficiente. El Ministerio de Trabajo debe hacer un monitoreo en las empresas para orientar los criterios válidos para la contratación”, ha declarado Martín Carrillo, especialista de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

A continuación deseo recordar algunos sucesos que muestran la terrible vigencia de la discriminación. Hace unos años un grupo de artistas realizaron una singular marcha de protesta titulada "Empleada audaz", en las playas de Asia, contra la marginación y el racismo hacia las trabajadoras del hogar en esa zona. El Country Club Villa de Chosica tiene un baño asignado a las empleadas domésticas con una indicación muy precisa: “SS.HH. de Amas”. Hasta diversos edificios de Lima poseen ascensores “solo para personal de servicio”.

El Real Club de San Isidro, como lo acaba de mostrar un programa de televisión, prohíbe entrar a ciertas instalaciones a las empleadas que acompañan a los hijos de sus socios. Por su parte, en el mesocrático balneario de Ancón la playa y el malecón son cerrados –determinadas horas al día los fines de semana- para uso exclusivo de sus residentes, negando el acceso al público proveniente de otros lugares. Todo ello se realiza con la sórdida complacencia de la policía y las autoridades municipales.

Esto me trae a la memoria lo observado durante mi permanencia en el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006 – 2007), cuando comprobé la conducta segregacionista y descortés de los funcionarios públicos frívolos, pusilánimes e insensibles que miraban con desdén a los más modestos trabajadores quienes demostraron una entrega, compromiso y lealtad inexistente en los mal denominados “servidores estatales”. Los directores y jefes de oficinas jamás almorzaron en el comedor de los obreros, ni se propusieron forjar un vínculo de acercamiento. Era “incompatible” con su estatus.

Del mismo modo, la publicidad contiene mensajes excluyentes. Vemos en encartes y avisos comerciales prototipos arios, de pelo castaño y con apariencias que no representan las características de nuestro mestizaje. Conozco instituciones que en sus medios publicitarios están exceptuados esos amplios sectores de clase media baja a los que también están orientados sus servicios. La imagen del blanco es la prevaleciente.

Me parece hipócrita rechazar la discriminación solo en ocasiones coyunturales. Tengamos en cuenta la que padecen las personas con alguna discapacidad como si fueran “incapaces” para desempeñarse en el ámbito laboral. Por ejemplo, está demostrado que un individuo sordo cumple con celeridad ciertas tareas en una fábrica con alta emisión de ruido y, además, no se distrae, ni conversa y su productividad es una de los mejores. Podría poner un sinfín de casos que acreditan que ser discapacitado no imposibilita el desarrollo profesional. Lástima que muchos empresarios no lo crean así.

La discriminación –en todas sus formas- es una muestra de intolerancia y falta de amplitud para convivir y, por lo tanto, aceptar nuestra pluralidad étnica, cultural y social. Debiéramos reflexionar sobre su ascendencia y como contribuye a agudizar las grietas que impiden aprender a forjar mínimos vínculos de coexistencia. Actúa como “efecto cascada” en la medida en que va acentuándose conforme desciende. Aunque ésta se genera, del mismo modo, de abajo hacia arriba en nuestra patria. El que permite prácticas discriminatorias -con su anuencia y silencio- contribuye a que esta severa lacra se siga promoviendo en el Perú del siglo XXI.

En un país visiblemente convulsionado, invertebrado y fragmentado, el desprecio al semejante gesta las condiciones para incrementar un clima de violencia, resentimiento, rechazo y dolor. Es una manifestación soterrada de barbarie y humillación a la dignidad humana. Es negar nuestra identidad y, por cierto, una prueba de involución y tercermundismo moral.

Reflexiones acerca del clima laboral

El denominado “clima laboral” es uno de los asuntos que, con primordial énfasis, se aconseja analizar al momento de ver los indicadores de producción, integración, socialización y otros componentes de enorme significado en el quehacer de una corporación. Omitir su trascendencia es un error que refleja una visión limitada de sus alcances en la prosperidad empresarial.

Un elemento que no debe pasar inadvertido, al estudiar la rentabilidad del negocio, es la generación de un óptimo ambiente en donde sus trabajadores se sientan cómodos, respetados y se desenvuelvan altamente motivados. La aplicación de las buenas prácticas de recursos humanos crea favorables condiciones para un mejor rendimiento.

De allí la necesidad de destinar a los colaboradores las mayores atenciones. Se sugiere diseñar un plan para el personal que haga sentir conforme a cada integrante de la compañía. En tal sentido, se forjará un vínculo de lealtad tendiente a reducir la frecuencia de rotación y se incrementarán los estándares de satisfacción en los clientes.

En nuestro medio existen numerosas empresas con un deficiente clima interno y que, además, no se ha detenido a observar su relación con la baja productividad e incluso con la ausencia de fidelidad. La actitud de un empleado –sin distinción de jerarquías y funciones- refleja la “temperatura” del bienestar o malestar organizacional. Las relaciones frías, cortantes y autoritarias –entre otros factores- influyen en la conducta de sus integrantes.

La atmósfera interna está constituida por un conjunto de características que facilitan o impiden el desenvolvimiento y la competitividad. Este se percibe en gestos tan comunes como el vínculo de los jefes con sus subordinados; las celebraciones internas; los estímulos, reconocimientos y premiaciones; las políticas de comunicación corporativa; la forma de recoger y canalizar inquietudes; los procedimientos en momentos de crisis y reducción de personal; etc.

El trato ofrecido influye para afianzar la entrega, identificación y formación personal. Conozco firmas comerciales –incluso de reconocido prestigio- con la equivocada creencia que cumplir con el pago puntual de los honorarios, respetar el ordenamiento legal vigente y dar gratificaciones, es suficiente: Inexacto.

La actuación de quienes conducen la organización es central para forjar positivas condiciones de trabajo. Ellos son los referentes que, por su espacio de influencia, tienen un alto nivel de ascendencia. Sin embargo, todavía se piensa que esta tarea es inherente al área de recursos humanos, olvidando que todos brindan su cooperación para hacer fluida la convivencia y armonía colectiva. Cada uno puede contribuir a fin de concebir más agradable la interacción social.

Muchos individuos pasan ocho, diez o doce horas al día laborando y, por lo tanto, la empresa se convierte en una esfera esencial para ellos. El ser humano requiere saber que existe la oportunidad de trascender. Por esta razón, es conveniente maximizar sus aportes y, en consecuencia, la compensación que espera recibir no solo es económica. Se sugiere fomentar un escenario en donde cada uno “quiera lo que hace”.

Existen entidades en las que el sueldo constituye una asignación que hace sentir conforme y seguro. Es conveniente que la remuneración se determine en concordancia con la jerarquía, responsabilidad, calificación, etc. y evitar establecerla de modo antojadizo y subjetivo.

Debo anotar también las implicancias de las retribuciones emocionales y espirituales. Éstas tienen una connotación que, desde mi parecer, no debiera subestimarse. El empleado necesita percibirse considerado, imaginar que ocupa un lugar en la vida y percibir que su función importa. Las personas demandan tener orgullo, saber que contribuyen en la existencia del negocio. Incentivar un sentimiento genuino de pertenencia facilitará la mutua integración.

Las compañías modernas tienen en su recurso humano una de las ventajas más firmes a fin de enfrentar al mercado y a la competencia. No solo ofrecen un salario justo, sino que, además, brindan incentivos, estímulos y promueven mecanismos para consolidar la identificación con su centro de labores. Esto involucra poner en marcha programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en donde el colaborador y su entorno familiar son una de las prioridades.

El ser humano reclama que el negocio le ofrezca la oportunidad de crecer. Involucrarlo en las proyecciones futuras, brindar capacitación, transparentar la información, crear canales democráticos de discusión, fomentar la confraternidad, afianzar los valores institucionales y demostrar -en el día a día- que el público interno hace posible la prosperidad de la compañía, son iniciativas destinadas a posibilitar la consolidación de un esperanzador y saludable ámbito organizacional.