sábado, 26 de marzo de 2011

Historia de una controvertida ONG verde

Felipe Benavides Barreda -quien ha cumplido 20 años de fallecido- empleaba esta expresión: “Las ong’s son como hongos: Algunas buenas, otras malas y algunas venenosas”. Sin duda existen aquellas que se aprovechan de las benévolas intenciones de sus gestores -para cumplir determinados objetivos altruistas de servicio a la comunidad- y concluyen convirtiéndose en clubes.

Analicemos una situación que, desde mi perspectiva, debe investigarse por los estrenados funcionarios del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda de la Municipalidad de Lima Metropolitana. Me refiero a la Sociedad Zoológica del Perú (formada en 1958) y, luego de largos años de receso, inscrita en 1969, gracias a la iniciativa y liderazgo de este ilustre conservacionista.

En el boletín “Construyamos el parque zoológico para Lima” (l960) -cuyos dibujos corresponden a la renombrada científica María Keopke- Benavides precisa: “Captando el anhelo general de un gran número de personas, un grupo de entusiastas lanza la iniciativa de constituir la Sociedad Zoológica del Perú, como entidad particular. La finalidad será de crear y sostener al Parque Zoológico de Lima, con el carácter de una fundación privada dedicada exclusivamente a fines culturales”.

Por otro lado, en un memorándum dirigido al ministro de Vivienda y Construcción, Javier Velarde Aspíllaga (20 de abril de 1981), Felipe reitera que la Sociedad Zoológica del Perú es fundada con la intención de administrar el Parque de las Leyendas y señala: “…Esta formaría un directorio aprobado por el supremo gobierno. Podemos aportar la lista de personas entre ellas, biólogos, botánicos, forestales que han probado anteriormente su gran cariño por el parque y a la vida animal. La Sociedad Zoológica del Perú podría nombrar como presidente honoraria a la Sra. Carolina Belaunde de Sabal para que de esta forma se de continuidad al origen del parque”.

Sin embargo, no se dieron las condiciones para concretar su anhelo de transferir su manejo a esta organización no gubernamental. Durante el segundo gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry nace el Patronato del Parque de Las Leyendas – Patpal (1981) -como organismo de la cartera de Vivienda y Construcción- encargado de la gerencia de este representativo escenario arqueológico, botánico y zoológico. Razones de orden legal impidieron la implementación de la idea de su más importante promotor, fundador y presidente.

Tiempo después, mediante un convenio de cooperación (por dos años) entre el Parque de Las Leyendas y la Sociedad Zoológica del Perú (1985), ésta asumió un amplio número de obligaciones como: Prestar al Patronato su colaboración científica, técnica y administrativa; aumentar el número de especies zoológicas a exhibirse: conseguir la coordinación del parque con otras sociedades zoológicas; promover y fomentar la investigación científica; estudiar prácticamente las especies que pudiesen proyectarse en actividades económicas; coordinar con las universidades nacionales y extranjeras el estudio integral de las especies del Perú y la América Latina; obtener donativos de particulares y de organismos nacionales y extranjeros, etc.

Por su parte, el Patronato del Parque de Las Leyendas otorgó: “…sin pago alguno, a la Sociedad un local (1,393.25 metros cuadrados y un área adicional de 18,000 metros cuadrados) debidamente implementado para su funcionamiento”. “….El Patronato se encargará de habilitar un local para la venta de souvenirs, artesanías, plantas, animales, peces, que difundan y promuevan el interés de la comunidad con el parque”. Según otro convenio de cesión de uso (1989) se amplia el plazo del acuerdo por 30 años.

Desde hace más de una década esta “cofradía” -que no reúne más de dos docenas de integrantes y un Consejo Directivo que se renueva mediante ficticias elecciones internas- vulnera sus obligaciones. Esta asociación carece de proyectos, contactos internacionales, técnicos, afiliados, entre otros elementos indispensables para afrontar los retos que justifique su presencia en el parque. Por si fuera poco, adeudaba (hasta el 2007) una elevada suma de dinero por consumo de agua y luz que, a pesar de haber transcurrido varios años, no había cancelado. Un informe de la Oficina de Asesoría Jurídica del Patpal (15 de junio de 2007) dice: “Es preciso mencionar que, en los últimos años, no se registra evidencia de que la Sociedad Zoológica del Perú haya brindado colaboración científica, administrativa y técnica, para contribuir al mejoramiento del Parque de Las Leyendas, siendo éste el objetivo para el cual fue suscrito el convenio…”

Sucesivos regímenes iniciaron acciones legales para rescindir este convenio. Mi antecesor intentó concertar e incluso suscribió un documento el 16 de junio de 2006 (de puño y letra del Gral. Enrique Barreto Estrada, presidente del Parque de Las Leyendas) en el que, en otros aspectos, decía: “Ceder o reintegrar las áreas convenidas del auditorio y tienda que actualmente tiene la Soc. Zoológica a Patpal…” Este escrito fue firmado por el presidente y la vicepresidenta de la citada entidad “sin fines lucrativos”. A los pocos días -desconociendo lo suscrito- interpusieron una solicitud de Garantías Posesorias ante la Prefectura de Lima. Estas reclamaciones se adoptaron sin autorización del Consejo Directivo de la sociedad.

Su tienda “El osito de anteojos” genera cuantiosos recursos económicos que terminan en sus cuentas bancarias. A pesar de ello, fueron favorecidos por la cuestionada gestión de Solidaridad Nacional (2007-2011) -presidida por Javier Arbulú Bryce- con la suscripción de una ampliación a su componenda, a fin de asegurar su precaria existencia, y la remodelación de sus instalaciones con dineros del erario nacional. Una maniobra jurídica que debe desentrañarse. Es “curioso” que una administración caracterizada por irregularidades financieras, obras innecesarias y deficientes, maltrato a los trabajadores, ampliación del gasto corriente, entre otras documentadas anomalías, haya tenido una “conveniente” vinculación con este organismo privado.

El poder político no es ajeno a esta asociación “filantrópica”. En su Consejo Directivo existen personas con un íntimo vínculo amical con el jefe de estado, Alan García Pérez que, además, presumen de su relación palaciega. Se trata de un reducto de individuos -sin mayor representatividad ni prestigio en la comunidad conservacionista- que se aferran en usurpar áreas gubernamentales.

Durante mi mandato (agosto 2006 – junio 2007) fuimos inquebrantables en preservar los intereses del estado y proseguimos los actos de mi antecesor quien lo derivó al Procurador Público del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (de donde dependía el Parque de Las Leyendas). Debo indicar que, a pesar de haber sido directivo de esta institución, no estuve de acuerdo con su proceder y dejé constancia de mi disconformidad. Por esta razón, mi designación al frente del parque no fue bien recibida por los que saben de mi trayectoria y comportamiento. La solvencia moral de mi proceder me permite escribir este testimonio para hacer conocer una irregular situación que amerita esclarecerse.

Este es el lamentable caso de una agrupación que, lejos de trabajar por la conservación de la flora y fauna silvestre, se ha constituido en “dolor de cabeza” para el Parque de Las Leyendas. Anhelamos que sus autoridades resuelvan este episodio. Su amplia pluralidad, afables intenciones y transparencia demostradas nos llenan de esperanza.

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Sabe usted comportarse en la iglesia?

Este es uno de los temas que, por mi formación como integrante de la Iglesia Católica, he deseado desarrollar desde hace algún tiempo. Simultáneamente, creo oportuno tratarlo en vísperas de la celebración de uno de los acontecimientos más importantes en la historia del cristianismo: la Semana Santa, que nos recuerda el sacrificio de Jesús por la salvación de todos nosotros.

Por definición el pueblo católico debería comprender que el templo es un lugar de oración, recogimiento y acercamiento a nuestra devoción cristiana. Es un espacio para relacionarnos con Dios y en el que, las formas expresan nuestra obediencia hacia la Casa del Señor. No obstante, compruebo -cuando concurro a una celebración religiosa- la conducta incorrecta de la inmensa mayoría de fieles que acuden por “vocación” u “ocasión”.

En este sentido, deseo compartir las palabras del R.P. argentino Eduardo Volpacchio (ordenado por Juan Pablo II en 1987), cuando afirma: "…’Las formas forman’ si se les pone contenido -es amor, no mera formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios. Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma’. Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. En la iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de ‘protocolo’ para lo sagrado: modos cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios…”

No dejo de quedar sorprendido e indignado ante el ordinario proceder de los que van al templo y asumen una conducta que podría ser válida en un teatro o auditorio público. La falta de solemnidad es evidente en nuestros días. Sin mencionar la vestimenta cada vez más inoportuna que, especialmente, lucen en verano damas y caballeros. El respeto se muestra también en la apariencia e higiene que empleamos. Hace unos días asistí a la misa de año por el deceso de un tío muy querido y sus hijos estaban vestidos como para ir al estadio nacional y, por cierto, no pudieron decir correctamente las lecturas y peticiones. Al cruzar el altar lo hacían, en sucesivas ocasiones, como quien pasa por la platea de un cine. No tuvieron el más mínimo de los miramientos al lugar en donde estábamos.

Para empezar a la Casa del Señor se ingresa y permanece en silencio antes y durante la liturgia. No es correcto saludar a creyentes conocidos, hablar por teléfono, ver sus mensajes de texto, voltear a mirar el coro, conversar mientras llegan los concurrentes, cruzar las piernas, masticar chicle, asumir una actitud con poca observancia, entre otros “habituales” e indecorosos gestos.

Si se incorpora mientras se está en las lecturas espere en la entrada. Puede buscar asiento durante el salmo responsorial cantado o la aclamación del evangelio. Los pasillos laterales serán utilizados en estos momentos para no distraer. Los menores siempre se sentarán con sus padres o adultos a fin de aprender cómo participar. Los coches de niños deben permanecer afuera para no obstaculizar los caminos. Si no tiene con quien dejar a sus hijos en casa, no acuda al templo. Su presencia será un estorbo a los que desean orar, usted no podrá concentrarse y su familiar generará distracción y ruidos impertinentes. Tenga sentido común y no vaya acompañado de quienes causen malestar en una ceremonia religiosa.

Cuando entra a la iglesia evite tener las manos en los bolsillos. Hágalo con una actitud considerada y realice una reverencia al altar antes de sentarse en la banca. Si, por alguna razón, atraviesa el sagrario efectúe una genuflexión. Mantenga los reclinatarios arriba, a menos que necesite arrodillarse. Así evitará que se ensucien y dañen. Para recitar la Oración del Padre Nuestro, numerosos tienen la tradición de agarrarse las manos. Esta “costumbre” no ha sido recomendada en las Instrucciones Generales del Misal Romano y se ha convertido en una práctica para mucha gente. Usted no está obligado a hacerlo.

Amigo lector, el Signo de Paz es, únicamente, un saludo simbólico. Lo correcto es ofrecerlo al semejante que está a su derecha e izquierda, nada más. No haga de este instante un desorden y, por lo tanto, una distribución de besos y abrazos a amigos y allegados. Reitero, es un saludo de nuestro deseo por la paz de Cristo en nuestras vidas y en el mundo. Si está acompañado de menores, enséñeles a actuar con corrección en cada acto de la homilía.

Cuando se realice la comunión permanezca callado si no comulga. Con frecuencia observo prójimos -de todas las edades y estatus- que creen que al no recibir la eucaristía, pueden “aprovechar” para charlar, mirar el celular, el reloj y establecer un breve diálogo con sus compañeros de banca. Si va a la iglesia hágalo para orar, no para “cumplir”. Muestre su nivel de cultura y educación en una esfera sagrada para los católicos.

Un par de comentarios finales. No se retire antes que el sacerdote, al salir de su banca haga una inclinación con la pierna derecha. Evada saludar (solo hará una venía) y conversar durante su salida de la iglesia. Tenga presente que está en Casa de Dios, no en un evento social o recreacional. Sea sobrio, cortés y demuestre genuina circunspección en este recinto. Como decía el filósofo francés Blaise Pascal: “Esforcémonos en obrar bien: he aquí el principio de la moral”.

sábado, 5 de marzo de 2011

A propósito de “educación” en la oficina

La óptima formación integral de un profesional amerita exhibirse en todo ámbito, lugar y circunstancia. Como lo he comentado -en anteriores artículos y de manera reiterada- hay individuos que creen que los buenos modales están “reservados” solo para determinadas ocasiones de la actividad personal y laboral. Es decir, en función de intereses y conveniencias y, además, de manera prejuiciosa.

Existen sujetos que consideran que en la oficina pueden asumir informalidades amparándose en el “inmejorable” clima amical entre quienes comparten responsabilidades y ocupaciones. Nada más equivocado y recuerde: La sede de su trabajo no es un club social. Nadie espera que actúe robotizado y aislados unos de otros. Siempre hay oportunidades en los descansos -al principio de la jornada, en el almuerzo y al final del día- para conversar e indagar por la familia, los planes de fin de semana, etc. Es natural que sienta más amistad por ciertos colegas que por otros, pero procure evitar que alguien se perciba aislado. No forme círculos excluyentes y sectarios.

En la empresa no deben darse conductas o tratos excesivos de familiaridad y acercamientos que desvirtúen la armónica vinculación entre similares, jefes o subordinados. No importa la escala de jerarquías de la entidad. Se recomienda sobriedad, mesura y discreción. Una persona educada no recoge ni transmite rumores. Eso perjudica su imagen y de la institución y, por lo tanto, contribuye a gestar un ambiente interno no conveniente.

No hable -como sucede en entidades, incluso educativas, donde laboro- de problemas de pareja, crisis económica, divorcios, etc. de sus compañeros. No está autorizado a transmitir los males que aquejan la vida privada de otros miembros de la corporación que le hayan confiado sus intimidades. Reitero, sea discreto y no se convierta en el locutor principal de la conocida “radio bemba”.

Se sugiere desarrollar un trato cordial, afable y demostrar deseos de integración y participación en equipo a fin de hacer prospera sus funciones y el mutuo respeto que debe caracterizar a los integrantes de una organización. Según la experta Vanesa Palomino de Tasa Wordwide SAC Perú, se recomienda tener presente, entre muchas otras, estas pautas: “…Controle el volumen de sus conversaciones; cuídese de no exponer públicamente las conversaciones telefónicas personales y los emails también se deben manejar con reserva; su mejor apuesta para ser tratado como un profesional en el trabajo, es mantener sus conversaciones en el plano profesional; evite tener en su oficina o escritorio artículos que no contribuyan de una manera positiva a la imagen de la oficina; mantenga su área de trabajo personal siempre limpia y ordenada”.

Lo dijo al iniciar esta nota y, nuevamente, insisto: La buena educación no conoce diferencias. Trate con corrección y deferencia al cliente (joven o adulto), no tutee inconsultamente (puede incomodar y no es profesional hacerlo), evite refunfuñar de su quehacer (parecerá carecer de capacidades adecuadas para su puesto), sea puntual (eso significa llegar antes de la hora para arreglar su escritorio, prender la computadora, ir al baño, servirse un café, etc.), preste atención a su apariencia y vestido.

El lenguaje de la vestimenta es un esencial código de comunicación no verbal que describe su personalidad, gusto, estilo, autoestima y temperamento. En conclusión, no subestime la trascendencia de velar por su excelente presentación, incluso si en su empleo no está en contacto con el público. Vístase con sobriedad, sin escotes atrevidos, mangas cero, mini faldas, blusas transparentes, prendas apretadas, maquillaje excesivo, etc. No se encuentra en una discoteca, ni en una actividad social un sábado en la noche. Si usa uniforme obvie hacer modificaciones -con la finalidad de parecer más “atractiva”- como subir la altura de la falda. Demuestre su real profesionalismo.

Un asunto final. Trate con cortesía al más humilde de los servidores y no establezca interesadas e inelegantes discriminaciones como sucede en nuestro medio. Sea abierto y agradable en su relación con los demás. A la hora del almuerzo no ponga su celular como cubierto (incomodará a sus semejantes), hable de temas positivos, deje de quejarse -delante de extraños- de asuntos internos de la oficina y distíngase por su permanente espíritu de cooperación.

Si es jefe, predique con su ejemplo, mantenga la compostura y eso lo hará ganarse respeto y credibilidad; prescinda exigir normas de conducta a otros cuando usted las incumplirá; felicite, aliente y estimule a sus colaboradores; evite tener “preferidos”; no se haga de la fama de gustarle estar rodeado de guapas jóvenes en lugar de personas capaces, eso lo desacredita; sea honesto en sus realizaciones y asumirá un liderazgo esperanzador. En una empresa es habitual -por razones culturales- que todos se hagan los “ciegos, sordos y mudos” al comentar su gestión. Pero, eso no significa que no se den cuenta –con plena seguridad- de su actuación. Por último, tenga presente las expresiones del político norteamericano del siglo XVIII, Benjamín Franklin: “El camino hacia la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”.