domingo, 31 de octubre de 2010

Etiqueta en la atención al público

El primer contacto al ingresar a una oficina lo establecemos con el vigilante, el encargado de mesa de partes y la recepcionista. Por tal razón, estas personas deben ser conscientes que la inicial buena o mala imagen que nos llevaremos dependerá de su apariencia y trato. Es importante que gocen de condiciones y cualidades para la atención al público.

En esta nota nos referiremos a la recepcionista que es, sin duda, de quien el cliente espera, esencialmente, amabilidad y cortesía. Se recomienda poseer excelente aspecto, adecuada vestimenta, discreto peinado, maquillaje sencillo (si es mujer) y capacidad para atender a públicos de diversas edades, procedencias e intereses. Su voz será agradable y clara, con óptima pronunciación y su proceder se caracterizará por sus cordiales modales.

Su escritorio lucirá ordenado y pulcro. Es necesario estar erguida y con ganas de resolver consultas. No muestre sus “dientes” ante el desgano que le causa saludar. Da mala impresión una recepcionista desplomada en su silla, charlando por teléfono (obviamente en una llamada personal), leyendo un diario o “chateando” por internet. Y, por su fuera poco, comiendo y retocándose.

La experta en etiqueta Margot McCloskey Colón en su interesante libro “Etiqueta para profesionales” indica diversas pautas: “…Reciba a las visitas con una sonrisa y con evidente placer; ayude al visitante en su gestión con amabilidad, pero no dé información superflua; al informar la llegada del visitante por teléfono; indique el camino al visitante de un modo sencillo para asegurarse de que le entienda; no reciba ni haga llamadas personales, en caso de necesidad, sea muy breve; no fume, no coma ni beba en su área de trabajo”.

A continuación algunas otras recomendaciones. Si anuncia la presencia del visitante y se tardan más de diez minutos en hacerle pasar, tome la iniciativa y vuelva a llamar a la persona concernida. No sea indiferente, como incontables veces ocurre, frente a esta demora. Tenga la gentileza de informar la razón del atraso y ofrézcale una revista o periódico. Evoco las palabras del filósofo y político inglés Francis Bacon: “Las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros”. Transmita a sus compañeros su ejemplo de profesionalismo.

Un punto no menos valioso y oportuno en una sociedad marcada por enormes diferencias y marginaciones: No debe exhibir trato discriminatorio y descortés, ni dar muestras de exceso de confianza. Con frecuencia observo, para mi asombro, la “esmerada” atención a un atractivo posible cliente del sexo opuesto o a sus amistades. No sucede lo mismo con alguien de humilde procedencia.

Conozco empresas en que las señoritas de counter son, “coincidentemente”, parientes o recomendadas de sus dueños y tienen como único “mérito” su apariencia física, lo que me trae a la memoria la frase: “Lo falso suele disfrazarse de hermoso”. Sin embargo, su actuación es deplorable. Gustan hablar por teléfono con sus enamorados, sueltan risas bulliciosas, comen chicles, reciben visitas personales, se arreglan las uñas, no usan correctamente el uniforme de trabajo, se sientan sobre el escritorio y, por su fuera poco, hacen “bromas” en presencia de ajenos a la empresa. Todo lo descrito prueba las deficiencias y subjetividades en los criterios de selección de este personal.

Muy importante: refiérase a todos de usted y diciendo señor, señora y sus apellidos. No es correcto tutear al visitante joven o de menor de status social, como ocurre incluso en entidades educativas donde el tuteo se ha convertido en un “virus incurable”. Evite los besos en la oficina aun cuando, como refirió con acierto mi profesora Carolina Mujica, “el Perú es un besodromo”. Su trato será siempre educado y sobrio, alejado de gestos “criollos” de familiaridad (como usar diminutivos, apodos, etc.).

Mantener la calma y serenidad es una exigencia en la recepcionista. Debe percatarse de actuar con ponderación incluso en momentos críticos y entender cuando hablar y cuando guardar silencio. No se convierta en la portadora de las “últimas novedades”. La cautela inspira respeto y credibilidad, no lo olvide.

Por último, las instituciones deben considerar la trascendencia de entrenar y evaluar el desempeño de estas personas. Su favorable desenvolvimiento puede aumentar las ventas de sus productos o servicios, como también influir en el estado anímico de su público visitante. Atienda con prolijidad y entusiasmo y, además, tenga en cuenta: “El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”.

La vicuña: Nuevas amenazas

Hace unos días la opinión pública ha tomado conocimiento -por los medios de información- del incremento de la caza furtiva de vicuñas en Huancavelica y otras zonas aledañas donde pastan importantes poblaciones de tan significativo recurso. Nos parece oportuno –en estas circunstancias- formular algunas reflexiones sobre la difícil situación de uno de los exponentes silvestres con mayores potencialidades económicas para las sociedades campesinas de nuestra patria.

Desde nuestro punto de vista, el problema amerita una acción concertada de las naciones integrantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú). Se requiere trabajar coherentemente en los niveles jurídicos e institucionales para afrontar un tema que involucra, necesariamente, la respuesta conjunta de los países víctimas de la matanza de la especie con la lana más fina y valiosa del mundo.

Estamos convencidos que debe –en el ámbito nacional- consolidarse la participación de los comités comunales y brindarles capacitación, recursos económicos y elementos logísticos adecuados para enfrentar las bandas organizadas de cazadores. También, debieran establecerse mecanismos más eficientes de coordinación con la Policía Ecológica, elaborarse un ordenamiento legal más estricto y desarrollar programas de capacitación para las instancias encargadas de la administración de justicia, con la intención de brindar información actualizada sobre la legislación en esta materia.

Es preciso fortalecer la capacidad de gestión de las comunidades andinas que han sido víctimas de un manejo gubernamental asistencialista y embrutecedor que ha bloqueado su autonomía. No olvidemos que, durante la década pasada, se utilizó las expectativas y reivindicaciones de las agrupaciones campesinas como instrumento de presión política por parte de las entidades estatales involucradas con la vicuña.

Consideramos que se deben realizar esfuerzos para rehabilitar la institucionalidad de las colectividades andinas, afectadas por la influencia y orientación política de las autoridades del sector Agricultura. Dentro de este contexto, es importante iniciar una gestión transparente y democrática en la Sociedad Nacional de la Vicuña, que permita a sus integrantes (las comunidades campesinas) canalizar sus demandas en relación al usufructo que deben recibir por el aprovechamiento de la fibra de vicuña.

También, este dilema compromete la asistencia de la comunidad conservacionista mundial. Es conveniente que se presenten proyectos en los organismos internacionales que luchan contra el tráfico ilegal de especies silvestres. La comercialización internacional de las confecciones y telas de vicuña provenientes de la fibra esquilada en vivo, constituyen un aporte importante para las estrategias que deben diseñarse para afrontar el contrabando de lanas en el mercado europeo.

Este conflicto es una seria amenaza para el futuro de las asociaciones rurales dedicadas a la conservación, manejo y usufructo de la vicuña. Es indispensable concertar estrategias a nivel nacional y regional a fin de detener el peligro que está mermando las posibilidades de incorporar este recurso en su desarrollo económico y social.

domingo, 24 de octubre de 2010

El “arte” de la buena conversación

Se ha preguntado si usted es un interesante, ameno y locuaz conversador. ¿Ha observado la forma como hablan las personas habitualmente? Tal vez la manera de dialogar y los temas tratados facilitan –con amplitud- percatarse del nivel cultural, social y de la educación integral del individuo. Ambos ingredientes complementan mejor la imagen de nuestros semejantes.

El grado de lectura está vinculado a la calidad y profundidad de la conversación. En mi artículo “El maravilloso ‘encanto’ de la lectura” dijo: “…Los padres no leen y muchos menos sostienen, por consiguiente, conversaciones inteligentes, interesantes y documentadas que ilustren a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando los únicos temas de tertulia, entre personas supuestamente de elevado estatus profesional, son el costo de vida, los hijos, los nietos, el clima y la oficina. En esas ocasiones podemos verificar que la lectura no está presente en la vida de quienes participan, con vivo entusiasmo, solamente de esas pláticas”.

Como reseña el distinguido investigador y educador mexicano José Sarukhán Kérmez: “Cultura es sinónimo de civilización y progreso intelectual”. El grado de “cultura general” en nuestro medio, incluso en profesionales exitosos, es bajo. Lo que me recuerda las declaraciones de Mario Vargas Llosa al periodista Pedro Salinas para su libro “Rejas del oficio”: “….Me entristece terriblemente la incultura, la desinformación, y a veces los resentimientos y rencores de los peruanos en general. Me entristece mucho la gran mediocridad de sus dirigencias políticas, la incultura general de la sociedad peruana…”. Aunque es incómodo aceptarlo somos una comunidad inculta que ve el conocimiento como una aspiración lejana, aburrida, elitista y hasta con indiferencia. No se entiende su importancia –en todas sus manifestaciones- para el desenvolvimiento personal.

Seguramente, le ha ocurrido -en diversas circunstancias- que los temas de charla desdibujan la favorable imagen del sujeto con quien alterna. No solamente la formación cultural, intelectual y académica ofrece elementos para dialogar. Es a mi parecer el principal, no el único. El ejemplo proveniente del hogar, las buenas maneras, el temperamento y la capacidad empática, ayudan a dar al habla fluidez, armonía y tolerancia a fin de compartir y fomentar el mutuo aprendizaje. No es una competencia, ni mucho menos una aguda polémica por el frontal estilo -que algunos tienen- de tratar asuntos debatibles como política, deportes y otros.

En ocasiones observo personas convencidas que “conversar” consiste en no dejar dialogar a los demás e imponer sus puntos de vista. Es recomendable tener el tacto de deducir los contenidos de interés para sus semejantes y que éstos estén a su alcance. Tampoco es elegante presumir de sapiencias frente a un público sencillo. Puede parecer inmodesto y pedante. El que sabe bastante enseñará mediante una tertulia educativa y entendible. Sea cortés y respetuoso aún en los instantes más tensos de una plática.

No promueva conversaciones sobre cuestiones indiscretas e íntimas que afecten el honor. Evada “chismes” y “rumores”, y muestre -con firmeza y educación- que no participa de esos coloquios comunes entre limanos (como se decía antiguamente al poblador de la capital). Nunca aproveche su estado de salud o el de alguien para hablar de tratamientos médicos, dietas, medicamentos, operaciones, etc. Es usual encontrarnos con personas que gustan hacer una “clase de medicina” en cuanta comunicación sostienen.

Frieda Holler en su documentada obra “Ese dedo menique” señala faltas que se deben obviar: “…No caiga en la vulgaridad de alabarse a sí misma, ni en la tontería de rebajarse; evite disminuir el mérito de una persona ausente a quien se le está alabando por algún motivo; no se coloque en primer lugar cuando refiera su relación con una amiga. “Yo y mi amiga Susana”; evite hablar en un idioma extranjero delante de alguien si sabe que no lo conoce; tampoco bostece ante sus interlocutores, aunque se sepa que bostezar es un acto involuntario del organismo…”.

Un detalle correcto es la prudencia y discreción. Sea consciente que usted es “esclavo” de sus palabras y “dueño” de sus pensamientos. Por lo tanto, distíngase por practicar la cautela y no sea portavoz de comentarios inoportunos sobre su empresa, familia o amistades. Sepa de que hablar y con quien departir, puede verse involucrado en malos entendidos. Ser reservado inspira confianza y respeto. Si tiene el don de la fina ironía debe saber canalizarla. Existen seres susceptibles, con baja autoestima, prejuiciosos y carentes de inteligencia para entender sus afirmaciones.

Por último, la conversación estimula el acercamiento, incrementa la empatía, mejora la relación humana, facilita conocer a quienes comparten nuestro ámbito particular y laboral. Practíquela y haga de ésta una oportunidad para ampliar su comprensión y ejercitar sus facultades de análisis y reflexión y, especialmente, de convivencia social. Una persona de agradable charla será escuchada, convocada y lleva en sí misma, la semilla de un líder. No lo olvide.

domingo, 17 de octubre de 2010

El maravilloso “encanto” de la lectura

La lectura es uno de los quehaceres más enriquecedores que usted pueda experimentar. Etimológicamente “leer” viene del verbo latino «legere» que significa «coger». Leer es descifrar un mensaje, comprender lo que está escondido tras unos signos exteriores, es desentrañar y descubrir. Nos lleva a un universo infinitamente desconocido, nuevo y rico en profundidades que solamente valoramos cuando intentamos sumergirnos en el.

No obstante, en nuestro país el índice de lectoría ha disminuido por apremios cotidianos, elevados costos de la industria editorial, falta de tiempo, uso masivo del internet, entre otros factores que conspiran en su perjuicio, especialmente, entre los jóvenes. Según estudios internacionales el Perú es uno de los países de la región con menor índice de comprensión lectora y se calcula que el nivel per cápita anual de lectoría no alcanza los dos libros por habitante.

Hay quienes creen que la lectura es una faena compleja, aburrida, distante y carente de la acción que ofrecen otras “distracciones”. Tal vez existe responsabilidad en el entorno más íntimo de la persona: la familia. Familias que no incorporan la lectura en sus aspiraciones de desarrollo. “Dime como es tu biblioteca y te diré quién eres”, es una expresión que me gusta recordar cuando intento -incontables veces en vano- hablar de la trascendencia de esta actividad. Una biblioteca es el “espejo” de sus ambiciones intelectuales. Los padres no leen y muchos menos sostienen, por consiguiente, conversaciones inteligentes, interesantes y documentadas que ilustren a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando los únicos temas de tertulia, entre personas supuestamente de elevado estatus profesional, son el costo de vida, los hijos, los nietos, el clima y la oficina. En esas ocasiones podemos verificar que la lectura no está presente en la vida de quienes participan, con vivo entusiasmo, solamente de esas pláticas.

El genial literato Jorge Luis Borges decía: “He leído mucho, pero he vivido poco”. Según afirmó el autor de “Aleph” esta expresión corresponde cuando tenía 30 años de edad. Tiempo después descubrió –a pesar de su ceguera- que la lectura era una forma de vivir intensamente y, en la tarde de su vida, concluyó que había vivido bastante. La lectura nos ayuda a recorrer, de manera placentera, escenarios hasta inimaginables.

Por su parte, la escritora Carmen Lomas Pastor, en su obra “Hogar familiar” señala: “….La lectura tiene una gran importancia en el proceso de desarrollo y maduración de los niños. Proporciona cultura, desarrolla el sentido estético, actúa sobre la formación de la personalidad, es fuente de recreación y de gozo. Constituye un vehículo para el aprendizaje, para el desarrollo de la inteligencia, para la adquisición de cultura y para la educación de la voluntad”. Desde mi punto de vista, es también un “viaje” a los más alejados destinos y una forma de comprender nuestra compleja realidad nacional. A través de ella podemos involucrarnos con nuestro contexto social y asumir un sentimiento de identidad y pertenencia tan necesario.

La lectura nos compromete en el desenvolvimiento de nuevas capacidades que, probablemente, no hayamos descubierto. Ayuda al perfeccionamiento del lenguaje, mejora la expresión, el vocabulario y la ortografía; incrementa las relaciones humanas, los contactos personales y favorece la empatía; facilita la exposición del propio pensamiento y posibilita la capacidad de pensar; es una herramienta que activa las funciones mentales agilizando la inteligencia; abre la imaginación y creatividad (según el escritor y docente Iván Thais los mejores alumnos de publicidad son los jóvenes que desde temprana edad han extendido el hábito de la lectura). Por último, aumenta el bagaje cultural, proporciona información, conocimientos y amplía los horizontes del sujeto. Un hombre culto y, además, educado tiene elementos favorables para proyectar una imagen positiva en el ámbito personal y laboral.

Es una afición que envuelve a la persona, la dignifica y comunica un deleite especial. Comprenderá mejor su vida y la vida en si misma. Salga de ese pozo profundo que es la ignorancia “conveniente” a los intereses de quienes pretenden mantener sometida a nuestra sociedad, para abusar de ella. La lectura subleva, promueve la disconformidad, da “mundo” y fortalece la autoestima, componentes indispensables para salir del tercermundismo moral, cívico y cultural que nos aflige. Bien comentó el político e pensador argentino Nicolás Avellaneda: “Cuando oigo decir que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy dispuesto a pensar bien de él”.

Vicuñas de fiesta en Cushuro

Hace algunas semanas se realizó el IV Festival Regional de la Vicuña en la comunidad campesina de Cushuro (La Libertad) en el que tuve la oportunidad de apreciar la vigencia de la ancestral práctica del chacu en la vida de las poblaciones andinas. Esta tradición originada en la época de los antiguos peruanos y permitía que los habitantes puedan reunirse y formar un inmenso cerco desde el cual arriaban las vicuñas hasta acorralarlas para la esquila de su fibra, con el fin de elaborar prendas de vestir que eran entregadas a la realeza y sus descendientes. En él, además, desde los tiempos de los incas, se realiza un ritual en homenaje a la tierra y en agradecimiento a la protección que los dioses dan a los camélidos.

Este exponente de fauna silvestre no solamente es nuestro símbolo patrio, sino que, de ser explotado adecuadamente, puede integrarse a la debilitada economía de las colectividades del ande peruano, ya que su lana es cotizada hasta en 2 500 dólares por metro de tela en los mercados europeos: cada ejemplar produce (cada dos años, de un total de 14 años de vida) aproximadamente 250 a 300 gramos por esquila. En total, cada vicuña puede generar dos kilos de lana a lo largo de su vida equivalente a una utilidad de 500 dólares por kilo.

Gracias a los esfuerzos del conservacionista Felipe Benavides Barreda, quien desde 1938 estudió su problemática, el Perú ha logrado salvar a la vicuña de la extinción a la que estaba condenada. Sus luchas internacionales le facilitaron impulsar la creación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho) y el Convenio de la Vicuña (suscrito por Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú), con el propósito de darle una orientación coordinada a las acciones que cada uno de estos países debe desarrollar para optimizar su exploración. La colectividad de Cushuro, próxima a la capital de la provincia Faustino Sánchez Carrión (Huamachuco), viene desarrollando -desde el 2004- el proyecto “Introducción de vicuñas en la región La Libertad”, concretado por iniciativa y gestión de la empresa Minera IRL S.A. que ha efectuado actividades de exploración en esa zona. Se trata de una experiencia significativa para impulsar la conservación, manejo y aprovechamiento del recurso silvestre más valioso y rentable que tiene el Perú, y que tuvo su origen cuando esta compañía minera propuso a los habitantes de Cushuro llevar a cabo una labor conjunta para repoblar vicuñas en sus terrenos. Las autoridades de la comunidad no dudaron en entusiasmarse y la minera apoyó el pago de 50 trabajadores de la comunidad, otorgando la asistencia técnica y económica necesaria.

La introducción de los, aproximadamente, 250 ejemplares de este camélido provino de la Reserva Nacional de Pampa Galeras, hasta donde fueron para capacitarse los dirigentes de Cushuro con la finalidad de conocer el manejo del recurso. Este esfuerzo contó también con la cooperación económica de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, el Gobierno Regional de La Libertad y el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs) y es el resultado de la conjunción de voluntades de la empresa privada y el gobierno local, regional y nacional.

De esta manera, esta iniciativa favorable al desarrollo rural fortalece la organización de la comunidad, convoca entusiasmos colectivos y consolida la solidaridad entre los pobladores, ya que el 50 por ciento de las utilidades derivadas de la esquila de este recurso se destinan al fondo comunal, mientras que la otra mitad beneficia directamente a los trabajadores que participan del proyecto.

La experiencia demuestra la buena relación que puede existir entre los negocios privados y las asociaciones rurales cuando confluyen objetivos comunes que cristalizar y, especialmente, si este sector tiene capacidad para percibir las necesidades de la comunidad y, además, promover y concretar acciones que satisfagan sus anhelos.

La responsabilidad social involucra una filosofía en la que ya no se trata sólo de crear empleo y de generar riqueza y valor, sino de que las empresas se preocupen y se comprometan en el mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad. Es una cultura corporativa en donde la empresa y su entorno puedan edificar una favorable relación a partir de prácticas que les permitan cumplir expectativas comunes. Estas acciones, como muchas otras que pueden implementarse, deberían ser recogidas por los sectores productivos de nuestro país, en especial por los extractivos, que, como se sabe, son los que generan más rentas.

Augusto Dammert: Un peruano honorable

El 10 de octubre se cumplieron cinco años del alejamiento de Augusto Dammert León (Lima, 1918). Un ciudadano a quien podemos definir, sin temores ni exageraciones, como un permanente comprometido con nuestra patria. Nuestro primer encuentro se produjo el 29 de enero de 1986, durante un almuerzo ofrecido por nuestro amigo, Felipe Benavides Barreda en el Parque de Las Leyendas. Allí nació una relación amical solo interrumpida por su muerte.

Augusto, como buen discípulo del maestro Raúl Porras Barrenechea, se consagró a sus normas morales y estuvo con los ancianos, los presos y trabajando con la juventud. Diplomático de carrera, laboró en distintas misiones en el extranjero con Oscar R. Benavides (Argentina) y Raúl Porras (España), entre otras y fue embajador en Jamaica y Nicaragua. Se desempeñó en dos períodos como alcalde de San Isidro. Por disposición suya no llevan su nombre las obras inauguradas durante su gestión edil. Ese era uno de los gestos tan singulares en la vida de uno de los fundadores del Partido Popular Cristiano.

Quienes compartimos innumerables vivencias a su lado, podemos acreditar de su discreción y, fundamentalmente, de su entereza cuando había que asumir posiciones de principio. Su vocación de servicio fue un apostolado sin límite. En tal sentido, mereció el reconocimiento de los pobladores de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho) cuyas demandas motivaron su entrega altruista.

Viajamos juntos en 1987, hasta la comunidad de Lucanas llevando el mensaje de la Comisión Multisectorial de la Vicuña para darle a las agrupaciones rurales la buena nueva: el Perú había logrado la autorización internacional para empezar la confección de telas de vicuña provenientes de la esquila de animal vivo. Augusto representaba (en su condición de integrante de la comisión consultiva del ministro de la Presidencia) a nuestro amigo, el ministro Nicanor Mujica Álvarez Calderón, quien se unió a nuestro empeño para hacer del aprovechamiento de este recurso una realidad que contribuya a mejorar sus niveles de vida.

La lealtad fue uno de sus rasgos más enaltecedores. Fui testigo constante del ejercicio cotidiano de este valor. Por esas consideraciones, en el artículo intitulado “Mis recuerdos de Felipe Benavides” (Lima, 2005) señalé: “Contrariamente a lo que se pudiera pensar, fueron sinfín las soledades que afrontó (Felipe Benavides) cuando era calumniado por quienes promovían sórdidas acciones en su contra. En esas adversas circunstancias, las personas de su cercano entorno institucional actuaron en forma poco solidaria e indiferente. Lamentable era comprobar la ausencia de adhesiones en aquellos momentos de prueba. Aunque siempre existen singularidades, como la inmensa y excepcional lealtad de su amigo Augusto Dammert León, caballero distinguido, peruano entregado al servicio del bien común y, fundamentalmente, hombre decente y honorable, que estuvo con Felipe en la conducción del Parque de Las Leyendas y en otras inquietudes ciudadanas”.

De profundas convicciones religiosas, trabajó ad honorem como secretario de Consejo Católica para la Cultura de la Conferencia Episcopal Peruana. Activo y entusiasta miembro de las dos comisiones preparatorias de las visitas de Juan Pablo II al Perú (1985 y 1988). En la segunda estadía de Su Santidad organizó el encuentro con los empresarios e intelectuales realizado en el Seminario de Santo Toribio. Fueron meses de tenaz trabajo en el que Augusto convirtió su casa de San Isidro en su “cuartel”, con el apoyo de su esposa, la recordada ecuatoriana Gracia Marcos Panizo, con quien me deleitaba conversando.

Sincero, servicial, culto, admirador de Antonio Raimondi y del Inca Garcilaso de la Vega, será siempre un referente moral para los hombres y mujeres de buena voluntad. Hasta semanas antes de su muerte, jamás escuché de él, un comentario que evidenciara odio, rencor y resentimiento. Supo poner “la otra mejilla” y enfrentar, en todo momento, la vida con firmeza.

Me enseñó a querer al Perú, a comprenderlo y, durante todos estos años de fecunda amistad, demostró que, a pesar de las adversidades y obstáculos, no se debe renunciar a nuestros sueños y aspiraciones colectivas. Mi cálido y emocionado homenaje para ti, Augusto.

domingo, 10 de octubre de 2010

La vestimenta en el trabajo

Nuestra vestimenta y, consecuentemente, la apariencia que proyectamos en todo momento expresa nuestros gustos, sentimientos, emociones y personalidad. Es, desde mi parecer, importante que en el quehacer laboral la imagen sea completamente sobria, pulcra, ordenada y, al mismo tiempo, refleje su estilo. El estilo está formado por un conjunto de elementos que nos diferencia y singulariza (su forma de hablar, caminar, vestirse, sus modales, su actitud diaria, entre otros factores).

Recuerde amigo lector lo siguiente: La moda pasa, el estilo prevalece. En tal sentido, deje de preocuparse de estar a la moda. Considere que “la moda” es costosa y no implica siempre lucir acertadamente vestido. Existen prendas, colores y modelos que le quedan perfectas al alto y no al bajo, al flaco y no al gordo, a la jovencita y no a la dama madura. No se “despersonalice” al emplear prendas poco coherentes con sus particularidades físicas, faciales y su forma de ser. El vestuario es un complemento que contribuye a describir su personalidad.

Recomiendo tener en cuenta la oportuna expresión de mi profesora de imagen profesional Carolina Mujica: “No se vista para el cargo que ocupa, sino para el que aspira ocupar”. Su autoestima también se descubre en la vestimenta. Preocúpese de su calidad, no de la cantidad. Tenga presente que la palabra “elegante” -viene del latín “elígere”- significa elegir y, por lo tanto, seleccione el traje adecuado en función de su edad, hora, clima, ocasión y recuerde: No imite a los demás. Una ropa de buenas peculiaridades proyecta una imagen elegante. Para trabajar recomiendo colores y diseños clásicos.

La dama ejecutiva debe tener un conjunto negro de fina lana, no muy gruesa. Saco y falda recta a la altura de la rodilla. Además, blusa con diseño en blanco y negro de manga larga. Puede acondicionar un pantalón negro de tela similar al saco, correa de cuero negra con hebilla de metal en tono dorado o plateado, aretes metalizados (el metal coordina con la correa) y un pañuelo o chalina de seda de colores variados, siempre que el diseño tenga algo de negro. Esto último es un detalle distinguido.

Por su parte, el caballero ejecutivo puede contar con un saco azul marino. Pantalón recto (sin pliegues), camisa con cuello y manga larga, zapatos negros de vestir de cuero. Para crear varias tenidas casuales con éstas piezas puede adicionar un saco sport (color marrón, azul, verde olivo, saco multicolor), pantalones de vestir en tonos marrones hechos de fina lana. El color debe combinar con el saco sport y con el saco azul marino del conjunto. La correa será de igual color de los zapatos y la corbata es el punto focal del varón. Escoja colores sobrios, de óptimas características y haga el nudo bien para verse ordenado. Por último, un detalle elegante es el pañuelo en el bolsillo del saco que debe ser de igual color de la corbata o la camisa.

Si usa uniforme está prohibido darle un “toque personal”, como cambiar una prenda por otra o agregarle una. No suba la basta de la falda, ni haga modificaciones que alteren el carácter de unidad que se pretende proyectar. El uniforme no es para lucirlo en eventos sociales.

La vestimenta es una de sus “tarjetas” de presentación. No diga “nadie lo va a notar” o “mi forma de vestir no es importante”, evite ponerse indumentaria antigua o ajada que lo hará mostrarse mal, adquiera prendas sin fallas ni enmendaduras, que no sean llamativas o de tallas inadecuadas, ni muy coloridas (muchos colores disminuye profesionalismo) y provocativas que desencaja en el quehacer profesional. Cuídese de comprar ropa en los denominados “cierra puertas”, existen muchas deficiencias en los trajes que se ofrecen. Un detalle significado, no mastique chicle (desmerece su imagen) ni use fragancias fuertes.

Conozco profesionales (damas y caballeros) conscientes que su apariencia no es la mejor para su rutina laboral. En más de una oportunidad me dicen “todos van de cualquier manera” o “mis compañeros de trabajado se visten como quieren” para justificar su escasa preocupación en el vestir. Evite “consolarse” con los defectos y deficiencias de otros. Distíngase por sus óptimos modales, su excelente comportamiento, su positiva actitud diaria, su capacidad empática y su vestido. Considere la expresión del controvertido político, intelectual y escritor italiano Nicolás Maquiavelo: “Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres”.

Mario Vargas Llosa: El “nobel” demócrata

Una noticia nos ha llenado de orgullo nacional. La Academia Sueca anunció lo que hacía años queríamos escuchar: la denominación de Mario Vargas Llosa como ganador del Premio Nobel de Literatura 2010 por “su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, sublevación y derrota del individuo”. Nuestro compatriota es un reconocido ensayista, periodista, escritor y un excelente representante de la lengua de Miguel de Cervantes.

Tan importante acontecimiento -que levanta nuestra autoestima a todos los compatriotas- es el reconocimiento a su meritoria trayectoria profesional que lo ha convertido en uno de los grandes exponentes de la literatura latinoamericana. El dramaturgo de “Conversación en la catedral” es una figura de renombre universal que debe al Perú sus experiencias fundamentales y la fuente de su actividad intelectual realizada no solamente por inspiración, sino por “transpiración”.

En él confluye su visión literaria y política. Su producción nos ha facilitado conocer “el país de las mil caras”, como el mismo dice. Es interesante analizar la evidente propensión realista de sus novelas que buscan finjan la realidad. Así va construyendo personajes irreales nutridos de otros reales. “Toda su obra literaria es un canto de amor al Perú”, a señalado el intelectual Alfredo Barnechea. Los escenarios, recuerdos, personajes y vivencias de nuestro país están presentes en sus escritos.

“La buena literatura tiene que entretener. A través de la literatura se entra en contacto con una problemática humana, cultural y social. La literatura sensibiliza al hombre, lo alerta frente a determinados problemas, estimula su espíritu crítico frente a toda forma de injusticia. Creo que la literatura lo hace al hombre mucho más rebelde y anticonformista. Y espero que mis obras tengan estas características y contribuyan al espíritu crítico y rebelde del hombre”, me refirió Vargas Llosa.

Desde mi parecer, este galardón es un espaldarazo a la causa de la democracia en Latinoamérica. Es un merecido tributo a su lucha cívica y ética contra el autoritarismo y la opresión. Su renuncia -mediante una severa comunicación al jefe de estado peruano- a la presidencia de la comisión organizadora del Museo de la Memoria incrementa mi admiración por este defensor de la libertad y los derechos humanos. En su misiva del 13 de setiembre último decía: “…Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas”. Una muestra más de coherencia con su pensamiento y convicciones.

“El pez en el agua” -que recomiendo siempre leer a mis alumnos- es un pormenorizado recuento de su paso por la política, durante el primer mandato de Alan García Pérez, cuando postuló a la presidencia de la república (1990). En esta publicación exhibe apreciaciones y enjuiciamientos que lo distanciaron de los peruanos. Su honestidad y el despliegue en su contra -promovido por el gobierno de turno- impidieron su anhelado triunfo. A partir del 5 de abril de 1992 fue injustamente criticado por su enfrentamiento hacia quien se convirtió en un corrupto tirano.

La agudeza también se refleja cuando opina de política. En el libro “Rajes del oficio”, del periodista Pedro Salinas, declaró: “…La política, en primer lugar, no atrae a la mejor gente. La política atrae a gente con apetito de poder, gente inescrupulosa, de una gran mediocridad. Los mejores talentos, los más idealistas, los más puros, los más preparados, muy rara vez se dejan tentar por la política. Y cuando así ocurre, generalmente la política los arrolla, o los corrompe o los expulsa”. ¿El sórdido comportamiento de las cúpulas de los partidos políticos acaso no coincide con esta veraz descripción?

Estando en un país tan “desmemoriado” no debemos omitir acordarnos de su participación activa en la recuperación democrática cuando la dictadura era respaldada por inmensos sectores ciudadanos. Su voz, tantas veces solitaria e incomprendida, se mantuvo invicta en medio de múltiples rechazos. Lo que nos recuerda las inmortales expresiones de José Carlos Mariátegui: “En el Perú es difícil mantenerse fiel a un principio y una convicción”. El creador de “Pantaleón y las visitadoras” es un ejemplo de compromiso con los destinos nacionales y consistencia con sus ideas liberales. La lealtad con uno mismo es una de las virtudes humanas más enaltecedoras, aunque menos percibidas y valoradas.

Su vida nos enseña que se puede llegar hasta donde nuestros sueños y perseverancias nos inspiren. Por ello, tengo presente en la retina de mis remembranzas su mensaje final durante la entrevista que me concedió: “…Admiro la capacidad de un hombre de superar sus limitaciones a base de esfuerzo y de imaginación. Creo que esos son los tipos humanos que admiro más. Aquellos que teniendo unas determinadas limitaciones son capaces, sin embargo, por disciplina, por convicción, por esfuerzo de superarlos y superarse a si mismo en esta tarea. Creo que es el ejemplo humano que admiro más, aquellos hombres constructivos”. Honor a Mario Vargas Llosa.

martes, 5 de octubre de 2010

Y en la mesa…¿Buenos modales?

Etiqueta en la mesa es uno de los temas que suscita mayor interés y muchas veces -de manera equivocada- se cree que la “etiqueta social” se refiere, de manera enfática, solo a este importante asunto. No es así, pero reconocemos que es una de las cuestiones más anheladas y a su vez temidas. Para empezar reiteramos un aspecto básico: El comportamiento expresa nuestra cultura y, consecuentemente, a través de un almuerzo se conoce mucho del mundo interior de una persona a partir de observar detalles que describen el perfil integral de su personalidad.

Por lo tanto, el estilo de actuar en la mesa puede ayudarnos en nuestro desarrollo profesional y personal. Es importante considerar que los hábitos deben aplicarse constantemente y no, como algunos creen, en “ciertas ocasiones especiales”. Es aconsejable practicar una secuencia de virtuosas acciones, porque lo que se hace en privado se hará en público. No importa dónde vaya a comer, los modales pueden ayudar a convertir esta experiencia en una situación placentera.

El que un individuo se encuentre comiendo solo en su casa no justifica sentarse con una postura desgarbada, apoyar los codos sobre la mesa o hablar con la boca llena. Es normal reservar los mejores modales para mostrarlos cuando se comparte con prójimos que no conviven con uno, pero también con quienes conllevamos la vida diaria merecen recibir nuestras positivas costumbres. Tenga presente que la adecuada educación distingue.

Aunque parezca obvio, a la mesa es esencial presentarse limpio y arreglado. Conozco profesionales que ni antes, ni después del almuerzo cumplen con su elemental aseo. Sin embargo, aparentan buen nivel competitivo y, además, tienen la permanente inelegancia de colocar el celular como un “cubierto” y usarlo, molestando al resto de comensales. Otro “error” común es carecer de tino para evitar hablar de puntos incómodos como enfermedades, desgracias, malas noticias, difuntos y accidentes.

No olvide algunas pautas indispensables. Una postura correcta no sólo ayuda a la digestión, sino que sugiere una agradable actitud y cortesía hacia los comensales; la servilleta se coloca suavemente en las piernas, no se sacude o cuelga como babero, ni se prende de la cintura; se empieza a comer cuando todos tengan sus platos servidos; dejar la comida es una norma equivocada. Coma de acuerdo a su apetito.

Hay quienes con mucha rudeza, agresividad y rapidez consumen sus alimentos. Recuerde la frase: “Coma como si no tuviera hambre, beba como si no tuviera sed”. Acostúmbrese a comer con serenidad y no tomar los líquidos como si adquiriera la sed de un “camello”. Obvie levantar los cojos al usar los cubiertos, bájelos y manténgalos junto al cuerpo.

En ocasiones me encuentro con allegados que les encanta emplear la expresión “estamos en confianza” a fin de justificar su equivocado proceder o amparar más de una falta. Por ejemplo, colocar una vajilla dañada, exponer un mantel sucio, poner en lugar de servilletas papel toalla, asentar un individual plástico sobre el mantel (para no “mancharlo”), pedir que nos quedemos con los cubiertos de la entrada para usarlos con el segundo plato, estirar los brazos para servirse el ají o situar una botella de dos litros de gaseosa -que dificultará la visibilidad entre los comensales- entre otras acciones desatinadas y ofensivas. Esfuércese por mostrar siempre (incluso en su actividad privada) una mesa bien instalada, pulcra y en óptimas condiciones. Ello hablará de su autoestima.

No diga que está “en confianza” para justificar servirse la sal con los dedos, hacer bromas de mal gusto, hablar por el celular, pararse a cada rato y coger un trozo de carne de la fuente con sus cubiertos personales. Por más rica que esté la comida no se chupe los dedos, ni se limpie los dientes con la lengua o uñas. Los alimentos se llevan a la boca y no la boca a los alimentos, no se agache, ligeramente inclinado es lo correcto. Al toser o estornudar emplee el pañuelo procurando volver a un lado la cara, sin hacer ruidos incómodos. Un alto grado de intimidad no avala presentar rutinas impertinentes.

Los caballeros ayudarán a jalar la silla al sentarse y pararse su compañera o vecina. Siéntese por el lado izquierdo y retírese por el derecho. A las damas es conveniente invocarles que la mesa no es su “tocador” para sacar la polvera, peinarse, acomodar la cartera, retocar el maquillaje, pintar las uñas, fumar, etc. Todos estos actos le restan cortesía a quien los hace. La urbanidad se predica con el ejemplo y tenga en cuenta las sabias palabras del filósofo español Jaime Balmes: “La educación es al hombre lo que el molde al barro: le da forma”.

Pobreza y deterioro ambiental

En nuestro país la misión fundamental del desarrollo es eliminar la pobreza. En las naciones desarrolladas el consumo medio per cápita, aumentó en un 70 por ciento en términos reales, la esperanza de vida se elevó de 51 a 63 años y las tasas de matrícula en la enseñanza primaria alcanzó el 89 por ciento. Si estos avances se hubieran distribuido por igual, gran parte de la indigencia mundial se habría eliminado; por el contrario, más de la quinta parte de la humanidad vive en miseria extrema.

El alivio de la pobreza es tanto un imperativo moral, como un requisito indispensable para lograr la sostenibilidad ambiental. Los pobres son a la vez, víctimas y agentes del deterioro del medio. Así por ejemplo, los agricultores ávidos de tierras, recurren al cultivo de zonas no adecuadas, como laderas montañosas, tierras semiáridas y bosques tropicales. No olvidemos que aproximadamente el 60 por ciento de la deforestación anual en el Perú (250 a 300 mil hectáreas) es producida por la denominada “agricultura migratoria”.

Los pobres que viven hacinados en asentamientos ilegales soportan servicios inadecuados de abastecimiento de agua potable, saneamiento e inundaciones, desprendimientos de tierras, emisiones y contaminación del aire. Teniendo que asumir la externalización de los costos ambientales por el desenvolvimiento de actividades económicas e industriales lesivas al ambiente y, por lo tanto, atentatorias a su calidad de vida.

Están expuestos a los mayores peligros que el desgaste del ambiente representa para la salud y suelen ser los más vulnerables a esos riesgos a causa de su nivel de vida. Las familias de escasos recursos económicos, carecen frecuentemente de los medios para evitar la depredación de su entorno. Así lo señala el informe “Análisis ambiental del Perú” (2007) del Banco Mundial al precisar que el impacto de la degradación ambiental para los pobres en relación a los no pobres, es 20 por ciento más alto en términos de impacto por cada 1,000 personas.

Del mismo modo, este documentado trabajo indica que el costo de la degradación de nuestro ambiente es más alto que en otros países con niveles similares de ingreso, además que los impactos de salud están entre el 75 y 300 por ciento más altos entre los pobres. Los efectos de la contaminación en locales cerrados se concentran en los pobres. Un estimado del 80 al 85 por ciento del total de efectos a la salud estarían entre estos sectores menos favorecidos.

La pobreza se ha convertido en causa y efecto de la degradación ambiental. Existe una interacción muy fuerte entre estos dos elementos, componentes de un mismo sistema que, influye en otros sectores productivos, niveles de gestión y grupos de población. No podemos dejar de considerar al crecimiento de la economía como un sistema contenido y continente de la variable ecológica. Para alcanzar el desarrollo se requiere la implementación y consecución de diversas políticas. Además, una estrategia que armonice con el mercado, considera básicamente el logro de una macroeconomía estable e inversión en recursos humanos. Estos no son incompatibles con los objetivos ambientales, ya que el quehacer económico y el ordenamiento ambiental son aspectos complementarios de un mismo programa.

De modo que, el crecimiento económico es esencial para disminuir la pobreza. Los efectos negativos causados por este crecimiento, afortunadamente, pueden reducirse si se destinan los recursos para lograr una mejor ordenación del medio. Para los pobres la gestión ambiental no debe ser una lejana opción en sus vidas, sino un elemento inmerso en la agenda social del desarrollo. En consecuencia, es importante elaborar propuestas que incluyan el componente “verde” y sus impactos sociales, económicos, políticos y culturales en la población de menos ingresos.

Eliminar la pobreza debe ser el compromiso prioritario de nuestros gobernantes. Los menesterosos tienen derecho a disfrutar de un “ambiente saludable, ecológicamente equilibrado y adecuado para el desarrollo de la vida y la preservación del paisaje y la naturaleza”.

¿Buenos modales en las vacaciones?

Cuando la buena educación y, consecuentemente, las adecuadas formas de comportamiento son parte de un estilo de vida, no es difícil mantener el óptimo desenvolvimiento aún en la más informal y relajada de las situaciones. Incluyendo un viaje de descanso y placer. Usted proyecta siempre la imagen honrosa de su lugar de procedencia y empresa en el sitio que se encuentre.

En tal sentido, las personas conocedoras de los principios y normas de la etiqueta se distinguen y singularizan en todo tiempo, circunstancia o lugar. No está demás reiterar que debemos percibir la etiqueta como una “llave” que facilitará nuestra mejor relación personal, familiar y profesional. De allí que un turista educado será bien considerado en el país en donde esté de visita.

A continuación algunas breves pautas que el visitante puede ejercer a fin de lograr una buena empatía con sus semejantes. En primer término (y el más importante) aplique la expresión: “Lugar que fuereis, costumbres que adquiriereis”. Tome en cuenta las tradiciones, creencias religiosas, hábitos y manifestaciones culturales del país o región al que llega para no herir susceptibilidades o parecer desconsiderado y, además, recuerde que no solo debemos respetar la cultura ajena, sino también conocerla y aceptarla. Por ejemplo, en una nación oriental no salude a una dama con un beso en la mejilla o dándole la mano. Lo correcto será hacer una reverencia, más aún si alterna con autoridades. Si lo invitan a una casa privada, es costumbre japonesa despojarse de los zapatos al entrar.

Lleve sus tarjetas personas (con su teléfono, email, dirección postal, etc.); sea puntual, esa virtud no conoce fronteras y es reconocida en cualquier parte del mundo; recuerde las actividades que realizará con el afán de emplear la ropa adecuada en cada ocasión; tenga su maleta ordenada con los estuches necesarios y evite llenarla con “bolsitas” que causarán mala apariencia cuando sea revisado su equipaje; no abuse de las atenciones en el avión pidiendo a cada momento bebidas, licores, comidas e insinuando que le obsequien “recuerdos” de la línea aérea. Si se hospeda en casa de algún amigo o familiar no emplee con demasiada frecuencia el teléfono (más aún para llamadas internacionales) y lleve un obsequio a la dueña y cuando sea invitada a una comida o almuerzo.

La prudencia es siempre conveniente. No realice comparaciones o críticas ofensivas a los anfitriones o a su nación. Evite el tuteo (salvo mutua autorización) y las expresiones cálidas de excesivo afecto. Si es invitado a un banquete y le sirven platos que desconoce, no los rechace. Sea delicado y pruebe todo lo que ofrecen.

Recuerde, el mejor lenguaje no verbal es una sonrisa acogedora, espontánea y sincera. Practíquela y será bien recibido y atendido. No insinúe que los amigos y familiares lo inviten a los mejores establecimientos en el que está de paso; sea consciente de la incomodidad que causa fumar en espacios públicos, no lo haga; retribuya las amabilidades ofrecidas. Es un rasgo de mucha elegancia perdido en nuestros días.

A su retorno remita una esquela o email con unas palabras de agradecimiento a quienes lo atendieron y acogieron. Esta es una consideración que no conoce de sexo, edad o nivel social. Lamentablemente, es difícil encontrarnos con gente capaz de agradecer en estos tiempos de “modernidad”, “apremios” y, especialmente, carencia de estos gestos que engrandecen. Qué lástima!

No olvidaré el detalle de una señora de enviar un bello aparato floral, con una nota de reconocimiento, al gerente del hotel donde se hospedó. Esa cortesía fue tomada como ejemplo en los cursos de capacitación -en atención al cliente- a los trabajadores de ese prestigioso hotel. Sea educado, cortés y amable, y usted construirá un “puente” de armónica convivencia social.

Por último, un viaje (cualquier sea el motivo) es un elemento enriquecedor en nuestro ámbito cultural, una oportunidad para conocer otros escenarios y analizar nuestra compleja realidad desde una perspectiva diferente y más amplia. Dese tiempo para ello y tendrá mayores recursos que alimenten su espíritu y una amena conversación. César Vallejo decía desde París: “Aunque se me haya ocurrido odiar al Perú, ese odio estaría impregnado de ternura”.

El buen comportamiento en el trabajo

A lo largo de la vida pasamos por etapas laborales que nos exigen convivir con personas de diversas jerarquías (compañeros, subordinados, jefes, etc.).Si tenemos en cuenta que la mayor parte del día lo transcurrimos laborando es normal contribuir, con nuestros buenos actos, a gestar un ambiente de armonía entre quienes compartimos el trabajo. Recomendamos establecer vínculos respetuosos, cordiales y fluidos con los miembros de la organización, sin diferencia de estatus.

El respeto y consideración con los demás es clave. Si nos ausentamos de la oficina por cierta razón (reuniones, enfermedad, asuntos personales u otros motivos) avisemos oportunamente para no cargar a terceros un trabajo extra que nos correspondería realizar. Seamos considerados y usemos nuestra empatía que consiste en ponernos en el lugar del otro y comprender lo que siente en cada momento. Es decir, implica entrar en su mundo interior y ver las cosas desde su parecer.

Es importante estar abiertos a la responsabilidad en equipo. En toda oficina cada miembro tiene determinadas tareas que efectuar que no impide ayudar -cuando esté a nuestro alcance- a otros compañeros. Si el trabajo es en equipo, no tratemos de ejecutar el menor esfuerzo posible en detrimento del grupo. Es imprescindible esforzarnos, demostrar nuestras capacidades y contribuir igual que el resto, así tendremos la satisfacción de haber brindado nuestra real colaboración.

La base fundamental de la convivencia en cualquier aspecto de nuestra vida es la buena educación. Esta no consiste solamente en saludar, agradecer, sonreír, saber comportarnos en la mesa, pedir “por favor”, etc. Ser educado es parte de nuestra cultura de vida y coexiste con nosotros todas las horas del día. Trate a su prójimo con igual consideración y no en función de su cargo, sexo o apariencia externa. Respete la forma de ser, vestir, hablar y opinar de la gente.

La honestidad, en todo orden, es esencial. Nadie debe atribuirse méritos de los que no ha sido autor o aún habiendo sido parte, no son suyos en su totalidad. Ser honrado es una virtud que lo hará merecedor de confianza y credibilidad. Aprenda a felicitar, alentar, estimular y compartir, no sea mezquino. Es gratificante recibir comentarios de reconocimiento, pero es más significativo dar cumplidos como expresión de un estilo personal que lo singularice. Recuerde el proverbio persa: “La cortesía es una moneda que enriquece no al que la otorga, sino al que la da”.

Evite llamar la atención a un colaborador en público o delante de sus compañeros. Puede dañar severamente su autoestima y, además, marcará un mal precedente en la conducción del grupo humano a su cargo. Si tiene algún desencuentro trátelo en privado y luego que los ánimos se hayan calmado, a fin de evitar agudizar las diferencias. Si hace una crítica, que sea constructiva y con espíritu reflexivo. No “aproveche” los errores ajenos para humillar o demostrar cuando sabe. Haga pedagogía con su actitud alturada al enfrentar estas situaciones.

Desarrolle el diálogo que es una de las capacidades menos puestas de manifiesto –en toda eventualidad- en estos tiempos de “apuros” y “modernidades”. La plática es un fresco intercambio entre quienes alternativamente manifiestan sus conceptos. Más allá de la coincidencia o no existente entre quienes participan en la conversación, los medios comunes son la voz, los gestos, las posturas y los ademanes. Por lo tanto, tenga un encuentro positivo, sereno, agradable, digno de un profesional y construirá “puentes de entendimiento” que le facilita hablar de sus emociones, preocupaciones, pedir ayuda u ofrecer soluciones. Su objetivo central es el acercamiento de una manera favorable, no la desaproveche.

En tal sentido, tenemos que ser abiertos y receptivos a las opiniones, puntos de vista y sugerencias de los demás. Todos tienen algo positivo y beneficioso que plasmar. No deje de hacerlo y aliente las propuestas de sus colegas. No se crea dueño de la verdad, ni cuestione severamente a quien tiene planteamientos opuestos al suyo. La discrepancia no desune, es un medio de aprendizaje y de saludable confrontación de conocimientos entre individuos inteligentes. Bien decía el escritor, dramaturgo y filósofo francés Voltaire: “No comparto tus ideas, pero daría mi cabeza para que tengas el derecho a expresarlas”.

Debemos obviar discusiones y riñas. Hay días en que reuniones, llamadas, informes y otras tareas nos traen “dolores de cabeza”, con lo que los nervios están “a flor de piel” y surgen enfados por cualquier nimiedad. Esto crea un “clima” tenso y desagradable. La urbanidad consiste en perfeccionar y practicar ciertas cualidades humanas que controlan nuestro carácter y reacciones. En consecuencia, es básico manejar nuestro temperamento, ampliar el autocontrol y ser cortés. Las relaciones laborales -al igual que las sociales y familiares- deben estar presididas por un trato afable en toda oportunidad, incluso en las más difíciles y adversas.