domingo, 3 de abril de 2016

¿Qué son las áreas naturales protegidas?

La ley de áreas naturales protegidas (ANP) precisa: “Son espacios del territorio nacional tanto terrestre como marinos reconocidos por la Constitución Política del Perú y protegidos legalmente para conservar la diversidad biológica, los valores culturales, paisajísticos y científicos que contribuyen a un constante y sostenible desarrollo del país”. Es decir, constituyen lugares poseedores de un potencial que amerita su preservación a fin de aprovecharlo en beneficio de la población.

De modo que, evitemos observarlas como escenarios intocables alejados de la posibilidad de satisfacer las necesidades de las comunidades locales establecidas desde tiempos lejanos. Su trascendencia está vinculada con la atención de sus requerimientos más elementales de supervivencia a través de la regulación del clima, protección de cuencas, control biológico, cuidado del hábitat de las especies, mantenimiento de la biodiversidad, fuente significativa de alimentación y subsistencia, extracción de recursos silvestres, posibilidad genética y medicinal, protección de costas, entre otros.

El Perú posee 158 ANP que abarcan el 16.93 por ciento de la superficie nacional y conforman el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sinanpe) integrado por 77 de administración nacional, 15 de conservación regional y 66 de conservación privada.

La primera fue la Reserva Nacional de Cueva de Lechuza (Huánuco, 1950), erigida por iniciativa del Comité de Protección de la Naturaleza -liderado por el ingeniero José Barreda Ramos- con una extensión de 100 metros. Luego sería incorporada al Parque Nacional Tingo María. Años más tarde, se formó el Parque Nacional de Cutervo (Cajamarca, 1961), en un perímetro de 2,500 hectáreas, a iniciativa del biólogo y parlamentario Salomón Vílchez Murga.

Poco tiempo después se celebró la Primera Conferencia Mundial de Parques Nacionales en Washington (1962) -auspiciada por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN)- con la participación de 70 países. Su trascendencia ha sido inestimable por el estímulo brindado para la formación de ANP. Como resultado se instituyó el Comité Latinoamericano de Parques Nacionales de la UICN.

En 1963 se creó el Servicio Forestal y de Caza del sector Agricultura para evaluar, organizar y gerenciar las ANP. Su primer director fue el ingeniero Flavio Bazán Peralta. Posteriormente, en 1964 se constituye el Patronato de Parques Nacionales y Zonales (Parnaz) -en el ámbito del ministerio de Fomento y Obras Públicas- bajo la conducción del conservacionista Felipe Benavides Barreda.

Al año siguiente llegó a nuestra patria, invitado por el presidente del Parnaz, el biólogo británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Ian Grimwood, con la intención de estudiar los especímenes silvestres y analizar la viabilidad de promover la creación de ANP. Este renombrado experto permaneció dos años recorriendo el país. En su documentado informe titulado “Recomendaciones para la conservación de la vida salvaje y el establecimiento de parques y reservas nacionales en el Perú”, formula un análisis exhaustivo de nuestra fauna y flora, incluyendo la formación de ANP considerando su venidera utilidad científica y turística.

Gracias a la visión de Benavides se forjaron vínculos con la UICN y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), con el afán de realizar las evaluaciones requeridas y canalizar la ayuda pertinente para hacer nuevas ANP. Los escasos medios estatales fueron suplidos por la colaboración técnica y económica extranjera. En este sentido, cumplió una loable labor la Asociación Pro-Defensa de la Naturaleza (Prodena), la única entidad privada nacional en integrar el directorio internacional del WWF y la más antiguas agrupación ecologista de nuestro medio.

Así se logró llevar acabo la fundación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (1967), el Parque Nacional del Manu (1973), el Parque Nacional Cerros de Amotape (1975), la Reserva Nacional de Paracas (1975), etc. Durante el período militar (1968 - 1980) se instituyeron ANP por suponerse, entre otras motivaciones, excelentes instrumentos para alentar íconos de sentimientos nacionalistas coincidentes con el ideario del régimen de facto. El “boom” de las ANP llegó a su esplendor en aquella década.

Es conveniente incidir, una vez más, que las ANP deben encaminarse a la explotación directa e indirecta de sus recursos naturales con la finalidad de aportar al desarrollo. Por lo tanto, convendría considerar en los planes de gobierno su rentabilidad. Debe coordinarse a nivel multisectorial su integridad e intangibilidad para sortear el continuo desgaste y depredación de su frágil ecosistema como resultado de la improcedente actuación humana.

Un caso visible acontece en la Reserva Nacional de Paracas, cuyas 335 mil hectáreas están expuestas a irresponsables invasiones de sus amplios desiertos. No se acata su demarcación, son inexistentes los medios logísticos para impedir que los concurrentes irrumpan sitios prohibidos y, por último, el estado apenas tiene limitado personal destinado a su vigilancia. Su inmensa extensión está expuesta a un sinnúmero de actividades lesivas a su protección.

Dentro de este contexto, tampoco se respeta su Zona de Amortiguamiento determinada en su Plan Maestro y que “son aquellas zonas vecinas o adyacentes a las ANP que, por su naturaleza y ubicación, requieren un tratamiento especial para garantizar la conservación del área protegida”. En estas superficies se puede incentivar el ecoturismo, concesionar servicios, recuperar hábitat, etc. Las acciones a efectuarse deben contar con un Estudio de Impacto Ambiental (EIA). Sin embargo, es inverosímil lo acaecido en esta vulnerable franja costera.

Es necesario dotar al Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) -adscrito al ministerio del Ambiente- de mayor respaldo a fin de cumplir a cabalidad sus atribuciones. Este organismo tiene la misión de apuntalar la permanencia de las ANP en su calidad de ente rector del Sinanpe. Sugiero consolidar su marco institucional y normativo, lo que demanda indudable capacidad de gestión e inequívoca voluntad política.

Requerimos convertir las ANP en un ejemplo de sostenibilidad. Es urgente concertar objetivos y estrategias y, además, enfatizar su contribución en la mejora de la calidad de vida de los peruanos de hoy y del mañana. Tengamos siempre presentes las palabras de la destacada naturalista, fotógrafa y escritora canadiense Sylvia Dolson: “La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella. Es nuestra responsabilidad universal pasar una tierra sana a las futuras generaciones”.

El tráfico de especies silvestres: Una amenaza latente

Una reciente imputación de la Comisión Europea (CE) revela que el indebido mercadeo de variedades de flora y fauna en riesgo de extinción -considerada una de las maniobras ilegales más reveladoras en el mundo- estaría vinculada con el financiamiento de acciones subversivas en la región africana.

El comisario europeo de Medio Ambiente, Asuntos Marítimos y Pesca, Karmenu Vella, ha declarado que las bandas delincuenciales dedicadas a este comercio mueven entre 8.000 y 20.000 millones de euros cada año. Aparte de constituir un atentado a la supervivencia de las especies, intensifica la corrupción, priva a las comunidades pobres de ingresos indispensables e incluso causa víctimas humanas. Explicó que los ejemplares más requeridos en Europa son reptiles, serpientes, camaleones o iguanas.

Para la CE "pone en peligro la seguridad de África central, donde las milicias y los grupos terroristas solventan parcialmente sus actividades gracias al tráfico de especies". La Unión Europea es una zona de tránsito de numerosos animales entre África y Asia. Las estadísticas son alarmantes: en el 2014 se mató aproximadamente 20.000 elefantes y 1.200 rinocerontes, géneros que están en un acelerado proceso de declive poblacional. Debido a este negocio ha disminuido, en un siglo, la cantidad de tigres de 100.000 a menos de 3.500.

A criterio de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) -firmada en Washington el 3 de marzo de 1973 y administrada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)- esta perjudicial acción clandestina moviliza anualmente entre cinco a siete billones de dólares. Es la tercera operación irregular de notable dimensión global después de la venta de armas y el narcotráfico.

Nuestra capital es uno de los escenarios de intercambio ilícito del continente. Llegan cargamentos de otros países y, principalmente, de Iquitos y Pucallpa, ciudades sindicadas como núcleos de salida hacia diversas partes del mundo. La mayor demanda se sitúa en Europa, Japón y Estados Unidos. Su adquisición genera la destrucción de su entorno natural y disminuye su población con consecuencias ambientales, económicas y sociales incalculables.

De otra parte, deseo comentar el caso del controvertido vendedor de especímenes Jean de Coninck, un peligroso exportador belga en la década de 1970. Traffic de Bélgica (entidad del Fondo Mundial para la Naturaleza – WWF) advirtió que desde su negocio registrado como Kingbirds Western proveía a coleccionistas mediante anuncios en la revista especializada International Zoo News, entre otras.

Según la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) participó en una componenda encubierta de primates, leopardos y tapires llevados desde Laos, al aeropuerto de Bangkok (Tailandia), hasta Bélgica. En 1979, es acusado por el secretario general de la Cites, Peter Sand, cuando gestionaba su residencia en el Perú. Ese año de Coninck declaró a la prensa: “…Que debido a la legislación cada vez más estricta que reglamenta sus actividades en Europa, trasladará próximamente su comercio al Perú”.

Del mismo modo, Felipe Benavides lo denunció por pretender sobornar al jefe del Departamento de Animales del Parque de Las Leyendas (1987). A pesar de estos documentados cuestionamientos, los funcionarios nacionales otorgaron licencias a sus compañías De Coninck E.I.R.L. y Perubel S.A., así como para un zoocriadero. No obstante, de acuerdo a las informaciones aparecidas en el portal de la Wildlife Conservation Society (WCS) la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre de Lima del ministerio de Agricultura le ha impuesto a este sórdido personaje la penalidad más alta por un delito de esta índole: una multa de 28,500 nuevos soles por la posesión de ocho gallitos de las rocas.

Este bello género ornitológico está protegido por nuestras reglamentaciones: su captura, venta y exportación están prohibidas. El macho es de color naranja brillante y posee una cresta en forma de abanico, mientras la hembra es de tono marrón gris. Habita en los bosques nubosos andinos y su nombre viene por anidar en los peñascos. En el mercado negro puede costar 5,000 mil dólares.

Es importante precisar los riesgos de esta subrepticia faena de dimensiones impredecibles. Los animales decomisados perecen por el cambio de hábitat, inconvenientes en su alimentación o epidemias; su extracción masiva destruye el ecosistema con consecuencias irreversibles; cerca del 25 por ciento de los mamíferos del planeta están expuestos a desaparecer; en América del Sur la compraventa furtiva supera los 10 millones de dólares anuales; entre el 50 a 80 por ciento de los ejemplares transportados secretamente mueren en el camino.

La vida silvestre posee un inapreciable valor ambiental, cultural, científico y educativo que amerita un exigente marco jurídico orientado a garantizar su adecuada conservación. Más aún teniendo en cuenta la extraordinaria biodiversidad de nuestro territorio. Se hace imperativo elaborar estrategias destinadas a su preservación, manejo y aprovechamiento racional en beneficio de las agrupaciones nativas, cuyos elevados índices de miseria extrema los inducen a depredar nuestro prodigioso patrimonio ecológico. Un claro indicativo es la agricultura migratoria, que constituye una de las principales causas de la deforestación en nuestra amazonia.

En tal sentido, para encarar esta problemática se debe instaurar una coordinación institucional más intensa en el ámbito local, regional y mundial; fomentar la permanente capacitación del personal de aduanas y aeropuertos; actualizar y estandarizar nuestras leyes acorde a la normatividad internacional; establecer cuotas de exportación y diseñar una política concertada acerca de estos recursos naturales. Es imprescindible incorporar a las colectivas indígenas en estos esfuerzos.

Existe un irrefutable compromiso paralelo entre los estados exportadores y las naciones que apetecen estas cotizadas especies. Al respecto, comparto las premonitorias palabras del ambientalista peruano Felipe Benavides, quien ejerció la vicepresidencia del Comité Permanente de la Cites: “La matanza indiscriminada de animales ocurre generalmente para el beneficio de las naciones altamente industrializadas, que consumen las pieles, lanas, marfil, aceite, etc, en el mercado de lujo. La presión ejercida sobre el cazador furtivo proviene de la demanda de lujo de unos pocos. No podemos, sin embargo, culpar enteramente a los mercaderes y consumidores extranjeros, ya que gran parte de la responsabilidad por la persecución y destrucción de la vida animal, recae sobre las autoridades del Tercer Mundo”.

Es el momento del Planeta

El día sábado 19 de marzo se realiza la campaña ambiental más grande del mundo denominada “La Hora del Planeta”, conocida por fomentar apagar luces, equipos y consumo de energía en el hemisferio por 60 minutos. Esta acción promovida por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) tiene la intención de suscitar sentimientos de sensibilización sobre los efectos del cambio climático.

Este año la cruzada se orienta a la conservación de admirables especies silvestres en peligro de extinción precisamente por los daños generados en sus hábitats por este acelerado proceso de incontables secuelas económicas, ambientales y sociales. El director de comunicaciones de WWF Latinoamérica y el Caribe, Mario Fernández ha definido la fecha como una "fiesta de acciones e iniciativas positivas".

Los desenlaces del cambio climático se aprecian también en términos financieros y sociales. Todo ello redunda en la calidad de vida de las naciones en desarrollo que somos las más perjudicadas, a pesar de los acuerdos vigentes, debido a nuestra escasa capacidad tecnológica, económica e institucional para enfrentar sus embates.

El Perú es el tercer país más perjudicado a nivel mundial según la Organización de las Naciones Unidas. Se intensificarán las sequías, heladas, inundaciones y lluvias que trastornarán a las poblaciones más vulnerables. En estos 25 años se ha perdido el 22 por ciento de la superficie glaciar (7000 millones de metros cúbicos de agua), equivalente al consumo por diez años en la ciudad de Lima y, además, el incremento de las temperaturas influye en los principales productos de agro-exportación. Por ejemplo: el departamento de Piura en donde se obtiene el 70 por ciento del mango destinado al mercado internacional está siendo lesionado.

El Papa Francisco en su reciente encíclica “Laudato si: Sobre el cuidado de la casa común” expresó: “El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad”. Estas cuestiones ameritan una responsabilidad compartida y una ineludible obligación moral.

Su Santidad insta a sustituir los combustibles fósiles y usar las fuentes de energías renovables con el fin de reducir las emisiones de gases contaminantes y considera que es “urgente e imperioso” desplegar políticas para aminorar la dispersión de anhídrido carbónico y otros fluidos altamente contaminantes. Revertir procesos tecnológicos, interiorizar costos ambientales, medir impactos y animar buenas prácticas son algunas alternativas.

De allí que, las implicancias directas de este suceso deben llevarnos a concretar estrategias para aminorar sus graves repercusiones. La “Hora del Planeta” posibilita reflexionar y tomar acciones sobre la premura de salvaguardar nuestro frágil entorno natural. Es lamentable y, por lo tanto, evidencia una ausencia de visión que, en el actual proceso electoral, esta temática se perciba inadvertida en los planes de gobierno de las agrupaciones aspirantes a conducir los destinos nacionales. Tampoco están siendo debatidas propuestas para combatir la degradación originada por la minería ilegal, la desertificación, la agricultura migratoria, la deforestación, los procesos de crecimiento urbano y las diversas actividades extractivas.

Los partidos políticos tienen el deber de atender, estudiar y canalizar las inquietudes ciudadanas. Su actuación debiera caracterizarse por su coherencia, integridad y lealtad a sus principios, con el afán de convertirse en esferas democráticas orientadas a discutir y exhibir soluciones a las más inaplazables reivindicaciones colectivas.

El veloz incremento del desgaste ambiental está siempre conectado directamente a la pobreza extrema. La satisfacción de la demanda humana desborda la capacidad de sostenibilidad del mundo. En consecuencia, nos asiste el compromiso ético de contribuir a proteger las invalorables fuentes de subsistencia e inducir su aprovechamiento sostenido.

La “Hora del Planeta” es un momento para asumir una respuesta solidaria y empática hacia una problemática que, más temprano que tarde, afligirá nuestra supervivencia. Es importante dejar de lado nuestra endémica desidia y resignación, ante los sucesos producidos en nuestro medio, para ser actores del cambio. Tenemos un inequívoco cometido con nosotros mismos y las venideras generaciones: aprender a convivir en armonía con la naturaleza.

Al culminar estas líneas vienen a mi memoria las lúcidas palabras del recordado conservacionista Felipe Benavides: “Toda inversión en defensa de nuestros recursos naturales renovables, es la mejor garantía para que nuestras futuras generaciones gocen de una buena alimentación, fuentes de riqueza y de trabajo, y ante todo no olvidar del que atente contra el equilibrio ecológico de la naturaleza será responsable de la escasez de alimentos de su pueblo”.

Tips para conducirnos en actos fúnebres

Cuando acudimos a un velorio en ocasiones no estamos prevenidos de la comprensible carga emocional que este acontecimiento implica. En tal sentido, es mi intención compartir diversas vivencias, reflexiones y orientaciones destinadas a persuadir la correcta actuación a exhibir en este escenario.

En consecuencia, concuerdo con lo expuesto por Maira Álvarez en su interesante artículo “Cómo comportarse en un funeral”: “Realmente nadie está preparado para enfrentarse al tema de la muerte, pero la vida inexorablemente nos hace enfrentarnos a esta realidad. Sin embargo, un funeral puede proporcionar a la familia y allegados de la persona fallecida la oportunidad de expresar su amor, dolor y aprecio, y afrontar de una manera digna la crisis que se produce con esa pérdida. Puede ser un momento incómodo el tener que acudir a un funeral, o dar un pésame, pero debemos saber qué decir y hacer. Saber comportarse en esta situación es una señal de respeto hacia las personas que están pasando por un momento difícil, al igual que una señal de afecto hacia el fallecido”.

En estos sucesos manifestemos un espíritu solidario y seamos capaces de asumir un talante empático. Sugiero transmitir el pésame con calidez y descarte usar frases de cliché como “mi más sentido pésame”, “se le veía tan lleno de vida”, “me parece increíble que haya muerto”, "mis sinceras condolencias". El contacto físico y el manejo corporal revelan nuestras emociones: el abrazo, el apretón de manos y la mirada.

Sino ha conocido al difunto recomiendo manifestar unas palabras de ternura a los deudos. Si, por el contrario, desconoce a los allegados, preséntese y haga una breve mención de su relación con el extinto. Rehúya comentarios, llantos, gritos y muestras excesivas de dolor que generen contrariedad y disgusto. Si está indispuesto de salud no vaya y posea la delicadeza de excluir llevar niños. Tenga presente el enunciado del filósofo griego Epícteto de Frigia: “La prudencia es el más excelso de todos los bienes”. Recuerde!

Hay personas deseosas de averiguar los pormenores del padecimiento del fallecido. Convierta la discreción, el sentido común y la pertinencia en una cualidad enaltecedora y, por lo tanto, aléjese de habladurías e intromisiones. Decline insinuar ser presentado y, obviamente, soslaye repartir besos, abrazos y alharacas a todos sus allegados como acaece en “perulandia”. Una inclinación de la cabeza y una leve sonrisa es suficiente.

Sea prudente en el lapso de permanencia, al menos que sea realmente íntimo del fallecido. Estar largo tiempo haciendo tertulia y tomando café es inapropiado. Cuando se realiza en el domicilio eluda la tosca costumbre de quedarse hasta que sirvan el aguadito en horas de la noche; no se trata de un reencuentro amical. Esté siempre en el velatorio y evite salir a charlar, comer y fumar. Muchas veces las damas y los caballeros constituyen, de acuerdo a afinidades, sus cofradías para platicar, reír y actualizarse de novedades.

Nuestra actitud debe estar enmarcada de sobriedad y sensibilidad. No obstante, existen desatinos, torpezas e inelegancias que han dejado de sorprender y generar desaprobación. La enorme carencia de corrección se asume en “perulandia” con desidia y resignación. Aquí unos breves ejemplos: masticar chicles, hacer y recibir llamadas al celular, intercambiar tarjetas, tomarse selfies, atravesar la capilla ardiente de un extremo a otro para saludar a cuanta persona divisan, etc.

He sentido vergüenza ajena al ver gente chatear en sus teléfonos móviles, leer su periódico, exhibir sus catálogos de Unique y mostrar el álbum de fotos de sus hijos y nietos. Un primo cargó un televisor de bolsillo para seguir los entretelones del último campeonato mundial de fútbol en el funeral de su progenitor y una sobrina ingresó al velatorio de su abuelo con su bolsa de papitas. El proceder errado y desprovisto de elemental deferencia es cada vez más frecuente en nuestro medio.

La vestimenta refleja nuestro recato y miramiento. Utilice un atuendo sobrio, oscuro y evite prendas llamativas, escotadas, apretadas e informales. En el varón es adecuado el saco y la corbata. En la dama es apropiado el estilo de oficina y evadir mini faldas, excesos de complementos y sandalias. Un traje discreto, conjunto de falda y saco, pantalón de vestir y zapatos cerrados.

Es un detalle significativo mandar una corona de misa con el nombre del fallecido y un arreglo floral. Esto último se emplea con frecuencia a nivel institucional y empresarial. Lo que no exime de la presencia de un representante de la organización. Considere las creencias religiosas para proceder con asertividad.

Si está imposibilitado de asistir puede remitir una esquela o coordinar un breve encuentro. Obvie mensajes de textos, llamadas telefónicas y colocar “me gusta” en la anotación informativa del deceso en el facebook. Tampoco haga llegar su pésame a través de otro individuo como si fueran saludos. Prescinda encontrarse de causalidad en lugares públicos para brindar sus condolencias. Esos improperios los padecí cuando murió mi padre; amigos, colegas o familiares daban sus adhesiones al coincidir conmigo en el centro comercial o laboral.

Prefiero emplear la comunicación escrita y así no perturbo el luto de los afligidos y, además, será leída cuando el destinatario lo estime oportuno. Realice un ejercicio de creatividad e innovación neuronal para redactar unos vocablos acordes y ausentes de eslóganes comunes. Por su parte, la familia agradecerá con posterioridad las condolencias, coronas de misa y aparatos florales mediante una tarjeta o aviso en el periódico. Un detalle que en “perulandia” está al borde de la extinción.

Sea afable y absténgase de causar molestias. Es posible que luego de las exequias los parientes directos quieran estar alejados de admitir visitas e interrupciones. Cuando se tiene un cercano vínculo aconsejo esperar unos días para llamarlos con la finalidad de saber cómo se sienten y ofrecer su asistencia y, además, puede contactarse en el aniversario del fallecimiento. Será interpretado como un acto de cariño.

Estas son algunos sencillos aportes a tomar en cuenta a fin de mostrar consuelo y estima a los dolientes. Su presencia en estos eventos -más que cumplir una formalidad- debe traslucir la voluntad de unirse al padecimiento de nuestros semejantes. Hagamos un esfuerzo de inteligencia interpersonal, empatía y habilidad social en estas circunstancias por las que todos pasaremos.

Jamás tan acertadas las afirmaciones del admirable poeta metafísico inglés John Donne: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.