domingo, 9 de diciembre de 2012

El “lapsus” del villano Villena

Hace varios días hizo noticia el ministro de Trabajo, José Villena, no precisamente por anunciar un nuevo e importante logro en su portafolio, sino por su protagonismo en un episodio incalificable y deshonroso para un funcionario estatal que, en su condición de tal, está expuesto al escrutinio ciudadano.

Como se recuerda, Villena llegó al aeropuerto de Arequipa -el 27 de noviembre- para tomar un vuelo a Lima, pero pretendió abordar el avión de LAN que estaba a punto de despegar. A raíz de ello el personal de la empresa y la policía intentaron detenerlo. Los informes de la seguridad del terminal aéreo señalan que los insultó y amenazó con despedirlos. Según el parte médico, el titular de Trabajo habría empujado a la empleada de la aerolínea ocasionándole moretones en el antebrazo derecho.

Este es el segundo personaje del régimen con actitudes violentistas. El primero, como recordamos, es el congresista Daniel Abugattás. Durante su gestión en la presidencia del Congreso de la República estuvimos acostumbrados a sus frecuentes declaraciones altisonantes, desmedidas, agresivas y confrontacionales, propias de su escasa inteligencia emocional. Pero, nunca estuvo denunciado por agresión física a una mujer.

Los líderes políticos deben recordar que, para su buena o mala suerte, constituyen referentes para la sociedad y deben esmerarse en exhibir una actuación impecable con la finalidad de moldear el obrar de la colectividad. Quienes ejercen influencia social tienen que meditar las implicancias de sus acciones. De allí que, a comunicadores, empresarios, servidores públicos, etc. les corresponde proyectar un perfil concordante con su nivel de ascendencia.

Sin embargo, cada vez son más frecuente este tipo de inconductas que, probablemente, expresan su absurda creencia –propia de repúblicas del cuarto mundo- que ellos son “ciudadanos de primera clase” y, por lo tanto, están exceptuados de acatar las normas y los procedimientos de los “electores de a pie”. Unas son las disposiciones ha cumplir por nosotros y otros los cuantiosos privilegios de los burócratas frívolos, pusilánimes e insensibles que exigen pleitesías virreinales.

Esto me recuerda los padecimientos afrontados en mi gestión en la presidencia del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006 – 2007), al ser visitado por autoridades gubernamentales, congresistas oficialistas y asesores que pretendían –sin reparos ni vergüenza alguna- un trato y prerrogativas inadmisibles, como ingresar en sus autos en un sitio atestado de miles de concurrentes. Hacían llamadas telefónicas, se molestaban e incluso amenazaban con retirarse de la actividad a la que habían sido convocados. El colmo!

Usanzas como las que motivan esta nota contribuyen a alejarlos del sentimiento ciudadano. Estos trances acentúan la falta de credibilidad, prestigio y representatividad de nuestra clase dirigente. Sus continuos lapsus, sumados a su falta de productividad, cuestionable moral, carencia de destrezas neuronales y una secuencia interminable de escándalos, solo sirven para distanciarlos del pueblo y, además, crean un espacio para los grupos radicales que se nutren de sus deficiencias. Lástima que todos nos demos cuenta, pero –al parecer- los líderes políticos no lo perciben debido a su ceguera para analizar las demandas populares.

A la luz de mi experiencia vivencial creo que las circunstancias discrepantes y de confrontación facilitan conocer –por encima de apariencias- la capacidad de autocontrol, paciencia y formación personal. De allí que la reacción del ministro “villano” permite saber hasta donde llega –en instantes de tensión- su termómetro de convivencia. Al parecer es precario para alguien que, por sus tareas de gobierno, debe tener un mejor grado de tolerancia.

La buena educación en los hombres y mujeres que están en la “vitrina” de la opinión del público se sugiere que sea la adecuada por la trascendencia de su desenvolvimiento. El ejercicio de la etiqueta social, tal como lo hemos indicado en anteriores artículos, está acompañado de la empatía, la autoestima y de mecanismos internos de autocontrol que deben fluir con naturalidad en todo tiempo, circunstancia y lugar. En el caso que estamos comentando, esto no sucedió.

Más allá de las valiosas consideraciones de la etiqueta social, quiero anotar que la prepotencia, la discriminación y el irrespeto a la dignidad humana contribuyen a acentuar las diferencias en un país contaminado por el racismo y la marginación. Me pregunto: ¿José Villena hubiera reaccionado así ante mortales de su igual o mayor “estándar” social? ¿Hasta cuando debemos soportar hechos errados y déspotas de los jerarcas del estado?

Estas líneas las escribo indignado por el maltrato padecido a una dama y, por lo tanto, comparto estas reflexiones con usted, amigo lector, acerca de la grandeza de poseer un comportamiento coherente y consecuente con la “inclusión social” que, por lo visto, fue echada al tacho por un “villano” huérfano de la mínima condición para defender los derechos laborales de los trabajadores. Le recuerdo al inquilino de la avenida Salaverry las sabías palabras del director y actor de cine Edward James Olmos: “La educación es la vacuna contra la violencia”.

lunes, 29 de octubre de 2012

Fernando Belaunde: Al tal señor, tal honor

Se han cumplido 100 años del nacimiento de Fernando Belaunde Terry (1912 – 2002), dos veces presidente constitucional y figura singular en la historia política del siglo XX. Sus cualidades éticas y democráticas, sumado a su ejemplo de honestidad, deberán perennizar su memoria –entre otras razones- por haber sido las virtudes más destacables de su limpia trayectoria.

Su educación la transcurrió en el colegio La Recoleta y, posteriormente, en Francia donde concluyó sus estudios secundarios. Arquitecto graduado en la Universidad de Texas, ha sido considerado uno de los peruanos que más recorrió nuestra accidentada y extensa geografía. De sus inquietudes y conocimientos surgió uno de sus afamados proyectos, la carretera Marginal de la Selva que abarca desde la vertiente oriental de los andes desde Venezuela hasta Bolivia.

Fundador de la revista “El arquitecto peruano” y del Instituto de Urbanismo del Perú. Destacó en la docencia en la Pontificia Universidad Católica y en la Escuela de Ingenieros. De esta última llegó a ser primer decano de la Facultad de Arquitectura. En 1945 es elegido diputado por Lima como integrante del Frente Democrático Nacional que llevó a la presidencia de la república a José Luis Bustamante y Rivero. Su primera postulación a la jefatura de estado se produce por el Frente Nacional de Juventudes (1956). Un año más tarde funda Acción Popular y dos años después aparece su obra “La conquista del Perú por los peruanos”.

La privilegiada formación intelectual recibida le permitió confrontar e interpretar mejor el complejo escenario nacional, diseñar inventivas con indudable visión de futuro y padecer las incomprensiones afrontadas por los hombres de mundo. Entendió que las enseñanzas de nuestros antepasados eran un referente para alcanzar nuevos horizontes, sobre la base de los valores inherentes a su desarrollo comunitario.

Su versación de la convulsionada realidad nacional y su vinculación con el conservacionista Felipe Benavides, influyeron para llevar a cabo iniciativas -en el quehacer ambiental- de trascendencia. Tal vez la obra más recordada es el Parque de Las Leyendas, en cuya etapa inicial participaron entusiastas su hija Carolina Belaunde Aubry, su cercana colaborada Violeta Correa Miller y su edecán Enrique Barreto Estrada, entre otros.

La vicuña también estuvo entre sus preocupaciones. En 1963, su gobierno tramitó ante el ministerio británico de Desarrollo en el Extranjero, la venida al Perú del consejo técnico sobre vida silvestre, el biólogo Ian Grimwood –héroe de la Segunda Guerra Mundial- para realizar estudios científicos con la finalidad de promover el establecimiento de nuevas áreas naturales protegidas.

Luego de sus pormenorizadas investigaciones indicó que la población de nuestra “descendiente nacional” (como escribiera César Vallejo en “Trilce”), se encontraba seriamente amenazada y propuso constituir la Reserva Nacional de Pampa Galeras. Paralelamente, comenzaron las gestiones oficiales para suscribir el Convenio para la Conservación de la Vicuña (firmado entre Bolivia y Perú, y luego se adhirieron Argentina, Chile y Ecuador) en 1969. El gobierno peruano coordinó con los Estados Unidos y Gran Bretaña -los mayores mercados de telas de este recurso- para prohibir la importación de su fibra.

El ex jefe de estado comparte con Benavides sus apreciaciones sobre los éxitos obtenidos con la vicuña: “Tengo que agradecerte una vez más por tu acertado consejo y tu decidida orientación en lo referente a la preservación de la vicuña en Pampa Galeras. Aunque los correspondientes laureles te pertenecen por entero, me halaga que obra tan trascendente se realizara en mi tiempo. Las estadísticas son consagratorias en cuanto al aumento de la población” (Washington, octubre 3 de 1977).

También, su clara concepción sobre los beneficios textiles de esta extraordinaria especie la manifiesta en su editorial “Idilio y lucha de Felipe Benavides” (El Comercio, febrero 24 de 1991): “...Y tuvo razón Benavides porque ningún aporte peruano es más elocuente que el textil, pues mientras los famosos gobelinos franceses –según Reid- raramente muestran más de 20 hilos de urdimbre por pulgada, el antiguo Perú exhibe ejemplares con 398...Allí fuimos maestros, no discípulos; conquistadores, no conquistados...Allí el mensaje andino adquirió su máximo esplendor. Es bueno recordarlo en estos tiempos en que se nubla la identidad nacional y se ‘cesa’ a los que la iluminan con luz de patriotismo y sensibilidad de artistas”.

El nombre de Belaunde estará siempre vinculado a la vicuña. En su época se inició la más importante recuperación de esta especie -jamás efectuada en la era republicana- con el propósito de incorporar el aprovechamiento de la lana esquila de animal vivo -mediante confecciones textiles- para favorecer a las colectividades campesinas.

El Parque Nacional del Manu, declarado Zona Reservada en 1968, se hizo una realidad a partir del respaldo recibido durante su mandato. Esta área tiene una variedad muy grande de ecosistemas, cada uno incluye diversidad de especimenes de plantas y animales, y exhibe amplia cantidad de variedades en extinción. Comprende una gama ecológica extensa que abarca desde bosque húmedo tropical hasta formaciones altoandinas.

Uno de los exponentes más admirables de la costa Sur del Pacífico, la Reserva Nacional de Paracas fue posible debido a su intervención. En 1968, se iniciaron las tratativas con la finalidad de crear un santuario nacional. Este lugar sirve de reencuentro a aves migratorias –que llegan desde Alaska camino a la Patagonia- y es codiciado por la ornitología, reconocida la belleza y colorido de sus desiertos y el esplendor de la Cultura Paracas.

El Parque de Las Leyendas, Pampa Galeras, Manu y Paracas se han concretado gracias a la dedicación de un gobernante comprometido con la conservación y utilización inteligente del patrimonio natural, fuente de esperanza para lograr el anhelando bienestar de los pueblos del Tercer Mundo. Belaunde entendió que nuestra rica ecología representa una inmensa posibilidad económica y social.

Disfruté al conocerlo a fines de los años 80 –durante una visita que él hizo con los alumnos de la Universidad San Antonio Abad del Cusco- en el Parque de Las Leyendas y guiarlos en su recorrido. Luego coincidimos en ocasiones en casa de nuestro querido y común amigo Felipe Benavides. Siempre caballeroso, amable y atento a la platica. Era poseedor de gran carisma personal, suscitaba un sentimiento de afecto su sencillez. Su pequeño y acogedor departamento de San Isidro hacía gala de su desapego a lo material. Anaqueles llenos de libros, una réplica del monitor Huáscar, diplomas, condecoraciones y numerosas fotografías eran su insólita riqueza tangible.

Ha sido el único gobernante –en los últimos 30 años- que ha dejado Palacio de Gobierno sin mancha ni cuestionamiento alguno en relación a su conducta personal y pública. Jamás tuvo comportamientos deslucidos, censurables y sórdidos. Su sobriedad y buenas formas lo hacían merecer el respeto incluso de sus adversarios. “Él ha sido el último mandatario de quien se ha podido decir que era dueño, en todos sus actos, de un natural señorío”, señala el historiador Héctor López Martínez.

Su honradez y transparencia nos trae a la memoria que la política aún puede ser una causa noble, de genuino servicio al pueblo, que convoque a gente honorable y comprometida. Coincido con Augusto Rey Hernández de Agüero, cuando en su artículo “Un ejemplo que debe sobrevivir”, afirma: “…La figura de Belaunde tiene tanto valor, pues le recuerda a un país –golpeado por la corrupción, el cortoplacismo y la mezquindad-, que la política y la decencia pueden convivir. Por todo eso y más, no debemos dejar morir el legado de un hombre que señaló el camino para hacer política de una forma distinta”.

Sus enaltecedoras convicciones cívicas y su grandeza moral constituyen la más honrosa herencia de Fernando Belaunde. Como pocos, en un país marcado por la traición y el sometimiento, fue fiel a su vocación y destino. Mi tributo al estadista intensamente apasionado con el porvenir de la patria.

sábado, 13 de octubre de 2012

Diez mandamientos de la caballerosidad

Diversos lectores, amigos y alumnos me han insinuado ampliar los aspectos tratados, en términos generales, en mi artículo “¿Se ha extinguido la caballerosidad?”. Me parece una buena idea a fin de compartir recomendaciones tendientes a afianzar la “caballerosidad” como un estilo de vida.

Desenvolverse con amabilidad y corrección es la suma de virtuosos pormenores que hacen la diferencia con el resto de individuos. No es algo excéntrico, anticuado o pasado de moda, como todavía se piensa. Ésta aflora con autenticidad a partir de comprender la trascendencia de su práctica con las damas y las personas requeridas de mayor deferencia.

La “caballerosidad” comunica –de manera enfática- la solidez de la personalidad, la firmeza de la autoestima, el rango de educación y es una forma acogedora de relacionarse. Se distingue por su atención y refinamiento hacia los otros y, por lo tanto, es una demostración del deseo de convivir en armonía, tolerancia y paz con el entorno. A continuación detallo diez “mandamientos” que, desde mi punto de vista, caracterizan a un caballero.

Primero, la puntualidad. Es una regla de oro y una primera favorable carta de presentación. Ser puntual, en toda actividad personal y profesional, es un signo de finura, respeto y organización. Más aún, si consideramos que esta virtud ha desaparecido en desmedro del miramiento a los demás. Jamás haga esperar a nadie, sea solícito.

Segundo, la discreción. Que difícil es lograr que los varones atesoren informaciones, vivencias y comentarios sobre personas e instituciones. Son lamentables las habladurías acerca de ex novias, centros de trabajo o asuntos familiares. Guardar silencio es inherente en un sujeto reservado y una hazaña en una colectividad inoportuna e impertinente. Un individuo discreto inspira confianza.

Tercero, el autocontrol. La presión diaria y los conflictos, cada vez más frecuentes, hacen indispensable comprometernos a analizar nuestras reacciones ante diferencias, desencuentros y confrontaciones laborales o amicales. Un proceder inadecuado puede perjudicar bastante su exitosa imagen. Es imperativo ocuparnos de los mecanismos internos a fin de controlar las emociones (positivas o negativas). El autocontrol es sinónimo de madurez, ponderación y equilibrio.

Cuarto, la cortesía. Gestos comunes como dejar pasar a las señoras primero, ceder el asiento en el autobús, ponerse de pie para saludarlas, alcanzar algo que se cayó al suelo, jalarle la silla, ayudarlas a cruzar la calle, etc. son cumplidos que lo harán sobresalir. Siempre retorne –por más “importante” que usted sea- llamadas telefónicas, mensajes de texto, correos electrónicos y evite recurrir a conocidas excusas para evadir cumplir con esta primaria prueba de finesa. No tenga temor de actuar con pleno señorío.

Quinto, los pequeños detalles. Es una expresión sobresaliente mantener presente fechas, conmemoraciones, cumpleaños o aniversario de bodas. Si ésta acción puede acompañarla de un regalo, mucho mejor. Envíe esquelas, flores o chocolates en distintas ocasiones. Cuando realice una visita acuda con un obsequio para la dueña de casa.

Sexto, la conversación. La calidad de la plática refleja sus alcances culturales y su dimensión intelectual. Maneje el arte del diálogo, sepa escuchar (tanto como charlar), rehúya actitudes acaloradas y disputas inoportunas. Sostenga tertulias profundas, afables, llevaderas y desarrolle su capacidad empática. Por cierto, excluya frases inadecuadas, groseras u ofensivas; use vocablos convenientes y necesarios. Acuérdese: Todos somos dueños de nuestros pensamientos y esclavos de nuestras palabras.

Sétimo, la buena imagen. Cuide su vestimenta y arreglo personal. Es imprescindible un perfume de calidad, exhiba los zapatos limpios, las uñas impecables, la camisa y corbata en perfecta presentación. Lleve sus tarjetas en un tarjetero, una billetera en buen estado y un portafolio adecuado para su actividad profesional. Su apariencia describe su estado anímico y su autovaloración.

Octavo, la etiqueta en la mesa. “Coma como si no tuviera hambre y beba como sino tuviera sed”. Esta frase sintetiza la delicadeza de su desenvolvimiento. Su comportamiento, al ingerir sus alimentos, es una radiografía de su formación. Puede usted espantar a más de un mortal con sus inadecuados modales. Recuerde tratar solo temas atractivos y positivos. Evite contestar el celular mientras comparte estos momentos con otros sujetos y no lo exhiba como si fuera un cubierto.

Noveno, las palabras “Gracias” y “Por favor”. Agradecer es una actividad de elevada performance. En nuestros días es poco usual ubicar varones que respondan y retribuyan obsequios, invitaciones, detalles, etc. Este espontáneo y sincero hábito lo diferenciará en tan fecundo océano de agrestes usanzas. Decir “Gracias” y “Por favor” son términos seductores y, además, hacen placentera la alternancia con el prójimo.

Décimo, los principios y valores. Este es un punto central en el análisis de la conducta de los peruanos. Ninguna actuación inmoral puede ser elegante o atinada. Por esta razón, los principios determinan nuestros actos. Poseer una sólida estructura moral y un conjunto admirables de valores (solidaridad, honradez, lealtad, fidelidad, etc.) son elementos enaltecedores en un hombre. Sugiero interiorizarlos con firmeza, consecuencia, coherencia y dignidad y, especialmente, hacer de ellos una sólida columna que sostengan su paso por este mundo. No claudique!

Esforcémonos por alentar y forjar una sociedad de seres probos y respetables. La “caballerosidad” no se impone, ni improvisa; recomiendo ejercerla con naturalidad como conclusión de un proceso educativo. Se aconseja aplicarla sin discriminaciones, intereses o conveniencias. Por último, medite esta afirmación: “Detrás de la caballerosidad de un hombre, hay una reina que lo educa y una princesa que lo ama”.

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Una peruana en el Vaticano?

Gabriela León Velarde Ruiz Huidobro es la única mujer y la primera representante de nuestro país cuya entrega cultural se presenta en la Santa Sede. Con ocasión de celebrarse la canonización del beato San Juan Masías (Badajoz, 1585 – Lima, 1645), el 28 de setiembre de 1975, el Vaticano convocó un concurso internacional con la finalidad de simbolizar la imagen del santo español en la edición de un libro conmemorativo. Participaron cuatro pintores españoles y nuestra compatriota que entonces residía en Roma.

El jurado de críticos de arte designó las doce pinturas de León Velarde para ilustrar la publicación. A solicitud del Vaticano sus originales se exhiben en su museo, habiéndose convertido en la única mujer que está simbolizada en la sede papal. Este trascendente suceso motivó los homenajes del Senado de la República (1988) y de la Cámara de Diputados (1989), en reconocimiento a su “fecunda y encomiable labor pictórica y docente desarrollada durante más de 30 años”.

Nacida en Arequipa, proviene de una familia comprometida con la historia del país. Hija de Máximo León Velarde y Marisabel Ruiz Huidobro Calero. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes (Lima), en donde fue alumna de José Gutiérrez Infanta, Alejandro González Trujillo, Sabino Springett y Manuel Ugarte Eléspuru, de quienes recibió notable influencia. En 1967, obtiene una beca del Instituto de Cultura Hispánica Gregorio Marañón para estudiar arte y pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). También, siguió cursos de especialización en cerámica, restauración de cuadros, técnicas turísticas, entre otros.

Su trabajo se ha caracterizado por su tendencia clásica y subrealista-abstracta. A lo largo de su trayectoria su fuente de inspiración ha sido el mar, los paisajes submarinos y el cielo, para transmitir un concepto diferente y singular de belleza, vinculado con la búsqueda de paz espiritual. La forma del alma a través del retrato es una parte sustantiva de su producción, que se encuentra en colecciones particulares de los diferentes países del mundo que ha recorrido durante nueve años (1967 – 1976).

Ha realizado numerosas exhibiciones individuales. Entre ellas deseamos resaltar la efectuada en el Ufficio Central Studenti di Italia (1971), en donde vivió varios años. Allí recibió el apoyo y aliento entusiasta de su director, el monseñor Remigio Musaragno, para concretar sus primeras y exitosas exposiciones. También, ha efectuado presentaciones en el Centro di Azione Latina (Roma, 1975).

En la capital italiana empieza una intensa vinculación amical con algunos interesantes peruanos. Como el prestigioso y recordado escultor Joaquín Roca Rey y joven político e intelectual Carlos Roca Cáceres. Igualmente, durante su permanencia en Europa entabla amistad con los tenores Luis Alva y Enrique Palacios.

Pintora, maestra, artista solidaria, enamorada de Italia y con notables brillos, León Velarde considera que “el arte debe estar al alcance del común de las gentes. Es una forma de sensibilizar, educar e influir positivamente en la conciencia de nuestros semejantes y así podremos construir una sociedad más humana y justa. El Estado debe crear mecanismos para hacer de la cultura una actividad inmersa en la agenda social del país”.

Gabriela, a través de su trabajo, intenta volcar la inspiración de una peruana intensamente identificada con causas sociales dignas de cultivar en la conciencia colectiva de una sociedad como la nuestra, tan llena de indiferencias, apatías y debilidades. Un ejemplo de grandeza que debiéramos recoger e imitar.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Se ha extinguido la caballerosidad?

Con frecuencia escucho a amigas y conocidas cuestionar la visible ausencia de señorío en sus parejas, hijos, colegas y afines. Especialmente reclaman un conjunto de gestos deferenciales que, como podemos observar, se están perdiendo en la sociedad ante la mirada indiferente de numerosos varones.

Ante todo empecemos esclareciendo que se entiende en la actualidad por “caballerosidad”. La interpretación y destino de algunos conceptos cambia en función de la dinámica social y sufren transformaciones -positivas o negativas- en su usanza. Este es uno de esos casos.

En la antigüedad un caballero era una prójimo de origen noble que montaba a caballo -poseía un sirviente o paje- y se dedicaba a la guerra. Al mismo tiempo, eran recompensados con el mando de una pequeña extensión de tierra en cuyo caso adquirían el nombramiento de conde si era un condado, duque para un ducado, etc. Pero preservaban el grado de caballeros. Durante la Edad Media la caballería sería un arma fundamental de los reyes feudales y, además, por siglos era imparable el ejército que poseía una gran caballería.

Esta acepción no se mantiene en nuestros días. Esta concepción se emplea para el hombre definido por su respeto, amabilidad, desprendimiento y distinción. Por su parte, la galantería es una acción obsequiosa para con una dama. Es una conducta de masculinidad caballeresca ejercida por los varones; mientras que las mujeres cultivan el arte de la femineidad y la coquetería.

Es importante asumir la “caballerosidad” como una cultura de vida. Es una manifestación inequívoca de respetabilidad. A la mayoría de las mujeres les gusta sentirse atendidas. Un señor caballeroso es mucho más cautivador, interesante, varonil y acogedor. Su práctica no se improvisa de un momento a otro, se va gestando –de manera gradual y sostenida- en su proceso de educación, se nutre de su contorno y de sus referentes de comportamiento y, finalmente, fluirá con naturalidad. Sin exageraciones, ni exhibicionismos.

Discrepo de quienes afirman que la “caballerosidad” desagrada e incomoda a las señoras. Incluso he oído decir que es algo superado y fuera de moda. No lo considero así. Su aplicación se debe fomentar desde temprana edad a fin de interiorizar en el adolescente esos seductores detalles que lo harán diferente y, por lo tanto, destacará en su trato con el resto de personas. En este aspecto los padres de familia cumplen una labor directriz. Si el papá abre la puerta del auto a su esposa, le cede el paso, la asiste a subir o bajar las escaleras, la lleva del brazo en la calle, la ayuda con las bolsas de las compras, le jala al silla al sentarse y tiene variados actos de afabilidad, con el resto de damas de su ámbito familiar y amical, estos actos serán una influencia práctica en el adiestramiento de sus hijos. Así serán formados para desenvolverse con “caballerosidad”.

Conozco individuos con aislados rasgos de “caballerosidad” solo en puntuales circunstancias y con quienes motivan su particular interés o atracción. Una lástima que lo que debiera caracterizar un estilo personal, sea usado comúnmente en función de conveniencias y solo en ciertos instantes para embelesar a alguien del sexo opuesto. Del mismo modo, existen mujeres que se dejan impresionar por efímeros galanes, cuyos aparentes y artificiales modales son empleados para disimular sus enormes carencias espirituales, emocionales e intelectuales.

En la “caballerosidad” influyen otros componentes como la autoestima. Ésta es entendida como la autovaloración que cada uno de nosotros tiene de si mismo y es un factor concluyente para sentirnos convencidos de realizar demostraciones de consideración y gentileza. Tenga presente que la alta autoestima brinda seguridad, aplomo, confianza y solvencia para conducirnos en función de nuestras determinaciones sin preocuparnos de la respuesta del medio.

Empero, quiero anotar ciertos obstáculos en el ejercicio de la “caballerosidad”. Todavía existen damas que se burlan de los finos detalles del varón y se resisten a aceptar expresiones amables –como ser ayudadas al ponerse un abrigo- por inseguridad y temor a la reacción de sus parejas. En reiteradas ocasiones he visto a mujeres, de variadas edades y procedencias, mirar asombradas episodios usuales de cortesía que revelan su falta de costumbre de frecuentar caballeros y, lo que es peor, no conocen en que consiste, sin ambigüedades, la “caballerosidad”. Si estuvieran al tanto de las sugerencias de la etiqueta social, su respuesta sería de agrado y complacencia. Recomiendo a las señoritas -a fin de evitar situaciones incómodas- disimular su precaria educación y débil autoestima cuando son sorprendidas con oportunas y galantes actitudes caballerosas. No se ponga en evidencia!

Entendamos la “caballerosidad” como una elevada manifestación de las cualidades humanas del hombre en su relación con sus semejantes. Alentemos, con entusiasmo e ilusión, toda iniciativa que realce al varón en su actuar. Ofrezcamos nuestras mejores acciones, atraídos por el anhelo de forjar una mejor convivencia colectiva. De esta manera, estaremos entregando nuestra contribución a una comunidad necesitada de nuevos referentes que constituyan el marco correcto de inspiración para la juventud.

domingo, 26 de agosto de 2012

Manuel González Prada: ¿Fotógrafo de las desgracias nacionales?

El ilustre anarquista, maestro, ensayista y pensador Manuel González Prada (1844 – 1918), afirmó: “El Perú es un organismo enfermo; donde se aplica el dedo, brota la pus”. Su aseveración intentaba graficar la dimensión de la profunda crisis moral y estructural de la sociedad peruana -de fines del siglo XIX- generada por la derrota en la guerra con Chile y la deplorable actuación de la clase dirigente.

La voz de este crítico peruano y, además, “Precursor del Modernismo Americano”, influyó con intensidad en los jóvenes ilustrados de la “generación del centenario”, como se denomina a los compatriotas nacidos al cumplirse 100 años de la Independencia Nacional. Muchos de ellos ocuparon un activo rol en el quehacer literario, político y social del país.

En su afamado discurso en el Teatro Politeama de Lima (1888) denunció a los militares, al clero y al hispanismo como causantes de nuestra opresión e ignorancia. Por lo tanto, sintetizó su cruda percepción con estas palabras finales: “…En esta obra de reconstitución y venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”.

Han pasado los años y las décadas y, desde mi perspectiva, su mensaje de disconformidad es plenamente vigente a la luz de los sucesos que han marcado la república. La injusticia social, la corrupción pública, la discriminación, el centralismo, el problema del indio, la ausente distribución de la riqueza, la inutilidad de las cúpulas de los partidos políticos, la influencia del poder eclesiástico y económico en los gobiernos de turno, son algunas esferas en donde se aprecia la valía de su diagnóstico.

Desde joven me interesó leer su producción intelectual -gracias a la ascendencia de mis profesores en mis tiempos escolares- y creo haber encontrado en sus documentadas obras “Horas de lucha” y “Páginas libres”, ciertas respuestas a nuestra realidad. Este incomprendido estudioso tuvo detractores e incluso su legado ha sido, intencionadamente, excluido y silenciado en el sistema educativo.

Recuerdo cuando visité a Fernando Belaunde Terry -en su acogedor departamento de San Isidro en julio de 1999- y se refirió a este iniciador de las ideas anarquistas como un “fotógrafo de las desgracias nacionales”. El ex jefe de estado discrepaba, entre otros aspectos, de su enfoque sobre la corrupción en el Perú. González Prada presentó los conflictos que se arrastran a lo largo de la existencia republicana. Además, poco o nada hacemos para revertir este escenario al que, por desgracia, sinnúmero de peruanos se han acostumbrado y, en consecuencia, consideran habitual adoptar actitudes indiferentes e indolentes como una forma de subsistencia. Todo lo que, por desgracia, es “normal” en un medio sometido a una fuerte “anestesia” que impide reacciones de indignación personal y colectiva ante la arbitrariedad.

Este “adormecimiento” lo observamos en las más variadas actividades del quehacer cotidiano. Se ve en la desidia ante el despotismo del transporte público; en la falta de solidaridad con el vecino de la cuadra; en la apatía frente a los abusos en los centros laborales y ante los que, de manera encubierta, fingimos estar ciegos, sordos y mudos para no “peligrar” nuestra estabilidad laboral; en la escasa adhesión a las desdichas de quienes padecen el frío en el sur del Perú; en la ausencia de capacidad para sublevarnos por el indebido cobro de impuestos municipales. Sería extensa la lista de circunstancias en las que permanecemos pasivos y lo que es peor: frívolos.

En tal sentido, reitero lo expuesto en mi artículo “La indiferencia del peruano”: “Cada uno vive sus apuros y retos ante la supervivencia diaria. No buscamos alternativas organizadas para enfrentar conflictos comunes, somos incapaces de mirar al vecino con sentido solidario, tenemos una autoestima resquebrajada que impide defender nuestros derechos y, además, practicamos ese deporte consistente en “diagnosticar” -cada vez que estamos con unas copas en la mano- los problemas de la patria y evadimos convertirnos en actores del cambio que demandamos”.

No podemos seguir culpando a otros de los sucesos que acontecen en la dinámica social. Debemos asumir una responsabilidad compartida. ¿Algún día despertaremos de nuestra aturdida, disfrazada, interesada y felona burbuja? ¿Cuándo aceptaremos como propios los problemas del prójimo? ¿A dónde nos conducirán los miedos y las pusilanimidades interiorizadas en los peruanos? La respuesta está, únicamente, en la conciencia de cada uno de nosotros. A propósito quiero evocar unos comentarios de González Prada: “Algunos pretenden redimir a la humanidad sin haber logrado catequizar a su familia, olvidando que antes de pronunciar discursos y de escribir libros, se necesita hablar la más elocuente de las lenguas: el ejemplo”.

Del mismo modo, como anotara el autor de “Páginas libres”, necesitamos líderes con autoridad para inspirar fe y credibilidad en la población. Demandamos agrupaciones políticos competentes a fin de estudiar el complejo contexto nacional y que sirvan de puentes de entendimiento entre las incertidumbres del lugareño y el estado. Capaces de integrar en sus filas a hombres honestos, decentes y comprometidos con el bien común.

Requerimos instituciones políticas organizadas, democráticas, transparentes y preparadas para entender los dilemas de la ciudadanía y, por lo tanto, con lucidez a fin de contrarrestar a quienes se valen de sus deficiencias con el afán de atacar el sistema vigente. Atender y canalizar el “termómetro” popular, es tarea de estas entidades -centrales para la democracia- más allá de acordarse del pueblo en tiempos electorales.

Los peruanos exigimos una clase dirigente a la altura de las actuales circunstancias. Pero, con igual énfasis, optemos un proceder diferente, renuente y perseverante para salir de este lacerante trance moral. Tengamos siempre presente lo apuntado por Manuel González Prada: “La rosa no florece en el pantano”.

jueves, 23 de agosto de 2012

Alexander Von Humboldt: Un enamorado de América

El historiador, filósofo y catedrático mexicano Carlos Pereyra, describió al barón Alexander Von Humboldt con éstas palabras: “…Un enamorado caballerezco de América, el admirador romántico de sus paisajes, el curioso escudriñador de sus movimientos, el huésped simpático de su sociedad. Fue algo más; mucho más…el genial fundador de la filosofía social en los países americanos”. Este es el multifacético personaje al que evocamos al cumplirse 210 años de su presencia en el Perú.

 Alexander nació en Berlín el 14 de setiembre de 1769, durante el reinado de Federico “El Grande”, el tercer rey de Prusia y uno de los máximos representantes del ''Despotismo Ilustrado'' del siglo XVIII. En su vida se produjeron episodios históricos como la Revolución Francesa –que fortaleció sus nociones liberales- el imperio de Napoleón Bonaparte y la independencia de los pueblos de América Latina.

Pertenecer a una familia noble facilitó su privilegiada educación en las universidades de Frankfurt y Gottinga con maestros ilustres -como el antropólogo, psicólogo y médico Johann Friedrich Blumenbach, célebre por ser el creador de la “antropología física”- que lo orientaron en sus estudios de anatomía y antropología. Cursó en la Escuela de Comercio de Hamburgo y en la de Minas de Freiburg. Tiempo después es designado funcionario del Tribunal de Minas (Berlín).

Realizó su primer periplo formativo en 1790. Recorrió el río Rin hasta Holanda y, de allí, a Inglaterra, con lo que empezó a soñar con navegar a otros continentes. Notable autodidacta, aventurero, explorador, zoólogo, astrólogo y botánico que merece ser considerado uno de los precursores de la Geofísica y la Meteorología. El libertador Simón Bolívar lo llamó “el descubridor científico del Nuevo Mundo”.

En su afamada obra “Cosmos” –la última que escribió y en la que condensó una suma del saber humano- intentó abarcar el conocimiento científico. Su valía no radica sólo en su versada dimensión, sino en su ideario filosófico. Rescata algunos de sus valores, como la universalidad de la sapiencia, el respeto entre las diferentes culturas, la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Combatió la esclavitud, la discriminación, el colonialismo, la crueldad animal y abrazó intensos ideales libertarios. Su propósito máximo era alcanzar un amplio discernimiento del universo. Fue un lector voraz en el campo de la cultura humanista, cuyas curiosidades intelectuales no tuvieron límite. Para él la expresión escrita o hablada del prójimo poseía una inmensa connotación que despertó su vivo interés. No prevaleció en Alexander las absurdas creencias, ya superadas, sobre la existencia de hombres superiores o inferiores.

¿Cómo empezó su propósito de venir a América? Llegó a París (1799) y se propuso hacer una travesía alrededor del mundo. De esta manera, comenzó una hazaña llena de aventuras, descubrimientos e indagaciones acompañado de su amigo, el botánico francés Aimé Bonpland. Georg Peterson y Estuardo Núñez en su fascinante libro “Alexander Von Humboldt en el Perú”, precisan: “…El ilustre científico Alexander Von Humboldt dedicó cinco años a su memorable viaje de exploración de las Américas, desde el 5 de junio de 1799, día de su partida de La Coruña, España, hasta el 3 de agosto de 1804, fecha de su retorno a Burdeos. Esta empresa de exploración la cubrió íntegramente con su propio peculio; no contó con las facilidades que por entonces se brindaba a los miembros de otras expediciones famosas, financiadas por varios estados europeos, ni dispuso, por tanto, de movilidad marítima propia, de forma que siempre dependía de la navegación comercial, de itinerario irregular, o de enlaces eventuales con otras expediciones”.

Llegaron a Cumaná (Venezuela) y permanecieron tres meses. Luego marcharon por Caracas, San Fernando, San Carlos y Cartagena. Remontó el río Orinoco –uno de los más largos de América- tratando de encontrar su origen en el río Amazonas. Tuvieron un breve pasó por Bogotá, Quito y, finalmente, arribaron a Lima. Recorrió lo que ahora es Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú y México, logrando cultivar amistad con Thomas Jefferson y Andrés Bello, entre otros personajes de la época.

El investigador berlinés ingresó al territorio peruano el 1 de agosto de 1802, residiendo hasta el 24 de diciembre de ese año. Anduvo por Ayabaca, Chuculucanas, Huancabamba, Jaén, Cajamarca, Trujillo y el valle de Chicama. Se quedó admirado con los acueductos construidos por los chimús al observar los restos arqueológicos de Chan Chan. Visitó Mansiche y Huanchaco en donde divisó los “caballitos de totora”.

En los pueblitos de Huanchaco y Huamán (La Libertad) averiguó la temperatura marina. Halló que era cinco grados menor que la correspondiente a esa latitud y lo relacionó con la presencia de un cauce costero proveniente de Sur a Norte. Este fenómeno denominado “Corriente de Humboldt”, contiene una rica de plancton y phytoplankton.

Según los autores de “Alexander Von Humboldt en el Perú”: “…En la página 149 del Diario, consigna con fecha 12 de octubre la palabra ‘guano’, inspirado bien por la vista de los mantos blancos que cubren la superficie de la península y de las islas Ferrol e isla Blanca que separan la había del mar abierto, o bien por el uso que se da a este producto en el fértil valle de Santa. Este dato es significativo pues existen opiniones diversas sobre el lugar en el que conoció por primera vez el guano, aplicado en el Perú como fertilizante ya en tiempos prehispánicos y desde los primeros años de la conquista”.

Entró a Lima el 23 de octubre y pasó 61 días. En la capital lo acoge el virrey Gabriel de Avilés –quien dispuso hospedarlo en la residencia ocupada por el barón de Nordenflycht, en el Paseo de Aguas (Rímac)- y el protomédico y cosmógrafo Hipólito Unanue. En su ensayo “Alexander Von Humboldt y su repercusión en la independencia del Perú”, Teodoro Hampe Martínez comenta: “…Unanue fue el más importante de todos los personajes que Humboldt conoció en Lima. A través de él, conoció las ediciones del ‘Mercurio Peruano’ y quedó tan entusiasmado que se llevó toda una colección del periódico a Europa, de la cual hizo traducir algunos artículos”.

En nuestra capital recogió informaciones que, tiempo más tarde, volcaría en “Cosmos”. También, hizo críticas revelaciones en su carta, del 18 de enero de 1803, al gobernador de Jaén, José Ignacio Checa: “…En Europa nos habían pintado a Lima como la ciudad de lujo, de la elegancia y de la hermosura del bello sexo. No vi nada de todo aquello, aun cuando se sabe que esta capital ha decaído mucho con el desarrollo de Buenos Aires, Santiago de Chile y Arequipa…En Lima no he aprendido nada del Perú. Allí nunca se trata de ningún objeto relativo a la felicidad pública del reino. Más separada del Perú está Lima que Londres, y, aunque en ninguna parte de América española se peca de un patriotismo excesivo, no conozco otra ciudad en la cual ese sentimiento sea más apagado”.

Sobre la carente integración de la “Ciudad de los Reyes”, con el resto de la colonia, Estuardo Núñez dice: “…La crítica un tanto desfavorable de Humboldt sobre Lima, no hace sino acentuar su predilección por el Perú auténtico antes que por su capital, como si quisiera demostrar que el Perú no era Lima y que ésta no era representativa del país profundo”. No obstante, el joven explorador elogia la arquitectura limeña en sus apreciaciones acerca del Convento de San Francisco.

Plasmó su asombro por el quechua en su Diario al anotar: “La lengua general o quichua es rica en expresiones para esta lluvia fina que cae en todo el Contisuyo”. Es fundamental su interés por integrar todas las disciplinas dentro de sus ilustraciones para comprender el todo. Mediante sus averiguaciones tuvo mirada holística del mundo, comprendiendo como cada parte posee una relación con los demás, incluyendo el ser humano.

Buscó los escritos de los cronistas Garcilaso de la Vega y José Acosta. Por esa razón, en su Diario hace esta irónica afirmación: “…Se podría decir que el dios Rímac, que según Garcilaso era llamado ‘el dios hablador’, preside también a todas las clases sociales de Lima, pues hay pocos lugares en el mundo donde se hable más y se obre menos”.

Su vocación por la soberanía y el abolicionismo le valió proscripciones. Los principios que lo caracterizaron se inspiraron en la “libertad, la igualdad y la fraternidad” y en las luchas de esta parte del continente. “Su saber ha hecho más bien a América que todas sus conquistas”.

viernes, 3 de agosto de 2012

Perú: Patrimonio único en el mundo

La llegada de un aniversario de la independencia nacional despierta nuestra reflexión acerca de la extraordinaria multiplicidad cultural, ambiental, social, étnica y geografía que nos define. Ello me trae a la memoria las palabras del recordado José María Arguedas: “Ese Perú hermoso, cruel y dulce, y tan lleno de significado y de promesa ilimitada”.

A continuación comparto algunos alcances tendientes a aprender y fortalecer el orgullo patrio. En las zonas andinas albergamos la mayor población de vicuñas y alpacas, los camélidos con las fibras más finas y cotizadas a nivel internacional. Tenemos 30 variedades de olluco; 3,000 de papa; 32 de maíz; y casi 25 de quinua. Gracias a las pacientes indagaciones del empresario Fermín Tanguis (1851 – 1930) logramos obtener un algodón -considerado el más selecto del mundo- que lleva su nombre.

La geografía peruana exhibe características únicas y excepcionales en el planeta. Los cañones del Colca y Cotahuasi (Arequipa) están reconocidos como los más profundos; poseemos 1,769 glaciares; 12,000 lagunas de diferentes tamaños; el nevado Alpamayo, ubicado en el Parque Nacional Huascarán (Ancash), fue designado el más bello en la Encuesta Mundial de Belleza Escénica (Alemania, 1966); el río Amazonas, el más caudaloso y fascinante; y el lago navegable más alto: el Titicaca.

Estamos entre los primeros cinco países del mundo en biodiversidad. Un ejemplo, es el hallazgo en un sólo árbol (el shihuahuaco) en la Reserva Nacional Tambopata Candamo (Madre de Dios) de 5,000 especies de insectos (el 80 por ciento eran una primicia para la ciencia). Además, albergamos 3,000 de orquídeas y 1,760 de aves (la mayor cantidad del orbe). Poseemos 84 de las 104 zonas de vida existentes y 28 tipos de clima de los 32 identificados.

Nuestro país no es solo la tierra del ceviche, el pisco, la chirimoya, la lúcuma, la guanábana, la granadilla, entre otras innumerables fuentes de alimentación. Estamos obligados a reconocer el aporte destacado por el eminente historiador Luis Eduardo Valcárcel en su obra “Historia del Perú antiguo”, cuando afirma: “…Los peruanos precolombinos tienen en su abono ser quienes mayor número de plantas domesticaron sobre la faz del planeta. De ese modo dotaban al hombre de un crecido número de alimentos, entre los cuales sobresale la papa como el tubérculo que libró a Europa de las hambrunas periódicas y ha contribuido a la grandeza del pueblo alemán. Cerca de otras cien plantas útiles pasaron por las manos de los antiguos peruanos para transformarse de silvestres en cultivables, con un pronunciado cambio en cualidades nutritivas y mejor sabor que hace apetecibles. Cultivaron también plantas industriales, como cuatro clases de algodón, el añil, la cabuya, la enea y otras fibras que emplearon, junto con la lana de los auquénidos, en la manufactura de sus magníficos tejidos”. Recordemos que cerca del 40 por ciento de los comestibles han sido domesticados en el Perú.

El océano Pacífico es una fuente singular de recursos que bien vale echar un vistazo. El varón alemán Alexander Von Humboldt -acompañado de su amigo el médico y botánico francés Aimé Bonpland- arribó al Perú el 1 de agosto de 1802, como parte de un extenso viaje por América. Durante su permanencia en los pueblitos de Huanchaco y Huamán (La Libertad) averiguó la temperatura marina. Halló que era cinco grados menor que la correspondiente a esa latitud y lo relacionó con la presencia de un cauce costero que discurre de Sur a Norte. Este fenómeno denominado “Corriente de Humboldt” contiene la producción más rica de plancton y phytoplankton que se conozca.

En nuestro extenso litoral viven 20 de las 67 variedades de los pocos cetáceos y ballenas relacionadas en especies en el mundo. También, ofrece 700 géneros de peces y 400 de crustáceos. Toda una maravilla de la naturaleza que debiéramos aprovechar -de manera racional- para enriquecer la dieta alimenticia de la población.

Humboldt, durante su estadía en Lima, comenta los visibles distanciamientos e indiferencias de la urbe capitalina con el resto de la colonia. En su carta al gobernador de Jaén, José Ignacio Checa, hace estas agudas aseveraciones: “…En Lima no he aprendido nada del Perú. Allí nunca se trata de ningún objeto relativo a la felicidad pública del reino. Más separada del Perú está Lima que Londres, y, aunque en ninguna parte de América española se peca de un patriotismo excesivo, no conozco otra ciudad en la cual ese sentimiento sea más apagado”. Más adelante añade: “…Hay pocos lugares donde se hable más y se obre menos”.

Asimismo, nuestra herencia cultural es un semillero inagotable de permanentes revelaciones que contribuyen al afianzamiento de nuestra identidad. Una muestra es El Señor de Sipán, un antiguo gobernante del siglo III cuyo dominio abarcó una zona del Perú. Sus tumbas marcan un importante hito en la arqueología continental porque, por primera vez, se halló intacto -y sin huellas de saqueos- un entierro real de una civilización anterior a los incas.

Otra joya de nuestros antecesores es Caral que, además, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Situada en el Valle de Supe -200 kilómetros al norte de Lima- tiene 5000 años de antigüedad y es la capital de la civilización Caral. Fue contemporánea a las civilizaciones de la China, Egipto, India y Mesopotamia. Este sitio tuvo una organización teocrática y estuvo rodeada por culturas enmarcadas en lo que se denomina "sociedad aldeana".

De otra parte, científicos de todas las disciplinas nos han visitado atraídos por la amplitud de las investigaciones que ofrecemos. Acogemos una inmensurable “cantera” de recursos que despiertan admiración. El profesor y botánico alemán Augusto Weberbauerel, el escritor y geógrafo inglés Clements Markham, el médico y antropólogo alemán Ernst W. Middendorf, el explorador y pensador italiano Antonio Raimondi, son unos de los tantos hombres de ciencias involucrados con el estudio del Perú, cuyo legado estamos obligados a valorar.

Guardo especial tributo por el descubridor de la “Puya Raimondi”. Luchador inclaudicable, marchó hacia su fin motivado por el anhelo de revelar el país con el que se identificó. Superando adversidades logró publicar el primer tomo de su volumen “El Perú” (1874), dedicado a la juventud. Allí escribió: “…Confiado en mi entusiasmo he emprendió un arduo trabajo superior a mis fuerzas. Pido pues vuestro concurso. Ayudadme, dad tregua a la política y consagraos a hacer conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene”. Este texto es un documentado recuento de nuestra herencia natural y cultural que incluye descubrimientos, asientos mineros, haciendas de la costa y sierra, fundación de pueblos y ciudades, entre otros pormenorizados apuntes. Hoy tengamos presentes lo dicho por él: “En el libro del destino del Perú, está escrito un porvenir grandioso”.

Poseemos un horizonte privilegiado. No obstante, una visión crítica siempre facilita entender la compleja realidad de una república invertebrada, insolidaria y apática que, sin embargo, reposa sobre un pasado majestuoso que debiera orientar nuestras inspiraciones. Por lo tanto, nos corresponde asumir lo enfatizado por César Vallejo: “Aunque se me haya ocurrido odiar al Perú, ese odio estaría impregnado de ternura”.

Hagamos un análisis destinado a superar nuestros intensos y recurrentes desencuentros que evitan forjar puentes de entendimiento y coexistencia. Trabajemos para vencer prejuicios, complejos, discriminaciones y todo aquello que nos aparta de los grandes objetivos nacionales. ¿Por qué nos resulta tan difícil entender que cada uno de nosotros es la “materia prima” con la que se construye el destino colectivo? Reconozcamos, en los momentos actuales, la urgencia de asumir el “cambio” como un imperativo.

Estimado lector, abrigamos mil razones para elevar la autoestima, engrandecer la sensibilidad, percibir el futuro con esperanza y plenos de actitudes positivas. Forjemos sentimientos de unión fraternal, abracemos nuevas realizaciones por el bien común, consolidemos esfuerzos, aunemos voluntades y sentamos euforia por nuestras raíces milenarias y, consecuentemente, por nuestra representativa pluralidad en la que confluyen “todas las sangres”.

viernes, 13 de julio de 2012

¿El recto camino de la lealtad?

Los valores constituyen el marco referencial que inspira la actuación humana. Su conocimiento y adaptación enriquece a la comunidad. Todas las civilizaciones han definido los valores que contribuyeron a guiar el comportamiento de sus integrantes. En síntesis, la solidaridad, la honestidad, la lealtad, la puntualidad, la veracidad, -entre muchos otros- son pilares fundamentales para engrandecer la conducta social.

Son punto obligado de aprendizaje, reflexión e interiorización, en cada uno de nosotros, si deseamos contribuir a superar el profundo trance que acentúa el empobrecimiento cívico, ético y espiritual. No podemos eludir analizar este ámbito cuando, por coincidencia, adolecemos de liderazgos capaces de inspirar corrección, honorabilidad y decencia.

Dentro de este contexto, la lealtad es un sentimiento de respeto a los propios principios o a otro sujeto y, además, consiste en nunca dar la espalda a determinada persona o grupo al que se está unido por alguna relación. Está referida también a la firmeza en los afectos y en las ideas. El filósofo y escritor catalán Ramón Llull afirmaba: “Los caminos de la lealtad son siempre rectos”.

Su alcance es uno de los más trascendentes. Es un compromiso y, por lo tanto, solo pueden ser veraces quienes están lo suficientemente maduros para asumirlos. Aunque con bastante frecuencia existe una tendenciosa interpretación de su real connotación. Ésta se confunde con la complicidad y el encubrimiento cultivado en colectividades como la nuestra. No se sorprenda.

He llegado a concluir que la lealtad es inusual y escasa en el ambiguo, criollo y “gelatinoso” desenvolvimiento del peruano. Tengo presente las palabras de mi querido amigo, el afamado conservacionista Felipe Benavides (1917 – 1991), con quien en frecuentes diálogos analizábamos estos temas. Él no dudaba en señalar: “El peruano lleva la traición en la sangre”. Recordaremos como la deslealtad está insertada en múltiples momentos de la historia nacional.

Guardo varias vivencias para compartir que se remontan cuando recibí el encargo del jefe de estado para presidir el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006-2007). Se presentaron ofrecimientos que me valieron ser sindicado como poco “leal”, con los militantes del partido gobernante, por no “corresponder” a ciertos “pedidos” o por mi falta de “leal” silencio –habitual en la deformada política peruana- sobre hechos sórdidos que, desde mi perspectiva, se debían denunciar y desenmascarar con severidad.

La torcida “lealtad” –aparte de las reiteradas trabas e intrigas- de los frívolos, pusilánimes e insensibles funcionarios públicos de carrera (que, incluso, convoqué) fue la más intensa y efectiva cátedra recibida, durante mi breve paso por el sector estatal, acerca de la ausencia de esta virtud. Carecían de integridad para actuar con consecuencia, coherencia y dignidad. Eran comunes sus prácticas soterradas.

Qué difícil es –para sujetos llenos de miedo y titubeantes- decir lo que piensan, con aplomo y convicción, y hacer lo que dicen. Estilo que, a pesar de críticas e incomprensiones, no compartí y enfrenté. Esa experiencia me facilitó conocer los enormes vacíos en seres que, teniendo destrezas profesionales, poseían una estructura moral deshonrosa.

Asimismo, dispuse colocar un letrero en la puerta del parque que decía: “Esta es una institución al servicio de la comunidad, aquí se vive la ética y se practica la meritocracia y no aceptamos tarjetazos”, que me hizo merecer el calificativo de “desleal” e “infraterno”. Sin duda, una denominación enorgullecedora. El servidor público debe lealtad a la ciudadanía y está obligado a eludir emplear su posición para conceder favores partidarios, como sucede en nuestro país.

De igual manera, existe una carencia de lealtad en los escenarios empresariales, sentimentales, políticos y familiares. Es “normal” sustraer información de una compañía para ofrecerla a la competencia y traicionar –por unas cuantas monedas- a la entidad en donde se laboró. A nivel amical sucede algo similar, la frágil fidelidad del amigo es negociada por prebendas o beneficios. Por su parte, los astutos políticos construyen alianzas de intereses y cuestionables sinceridades. El pragmatismo de la sociedad ha sustituido a las directrices que debieran caracterizar la actividad del hombre en todos los campos.

En el ameno libro “El espejo del líder”, el profesor David Fischman precisa: “…Uno de los motivos de la falta de lealtad se debe a que estamos muy concentrados en nosotros mismos. El entorno competitivo y los cambios crean un ambiente amenazante que nos orienta a pensar egoístamente. La lealtad implica, en cambio, orientarnos pensar por encima de nos otros y valorar la contribución realizada por las personas o instituciones hacia nosotros”.

Reforcemos nuestra lealtad a partir de regir nuestra vida de acuerdo con nobles preceptos que estamos comprometidos a cumplir. Portarse en concordancia con las normas que hagan sobresalir al prójimo -en un mundo contaminado por tan lacerante crisis moral- es un desafío. Procedamos con probidad a fin de constituirnos en referentes para las actuales y futuras generaciones.

viernes, 6 de julio de 2012

La “crítica” constructiva

Integramos una comunidad en la que no hemos sido preparados para dialogar, negociar, forjar entendimientos y hacer apreciaciones inspirados en la genuina intención de recapacitar acerca de realidades que deben corregirse o analizarse. Me refiero a la tolerancia frente a la “crítica”.

Empecemos aclarando el significado de este vocablo. La Real Academia de la Lengua Española lo define como lo que “se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.” como “examen y juicio”. Este término deriva de la palabra “criterio”.

También, es la función dirigida del intelecto crítico, emitida como opinión formal, fundada y razonada -imperiosamente analítica- con connotación de sentencia cuando se establece una verdad ante un tema u objeto concreto. En el lenguaje cotidiano es la reprobación o censura realizada de algo o alguien.

Entendida como una práctica destinada a examinar y explorar, la “crítica” debe ser común en las personas para poner en controversia sus determinaciones. Esta cualidad fomenta un contenido reflexivo y estimulante al desarrollo integral de los individuos. La mirada “crítica” exhibe una disconformidad que posibilita orientar mejores acciones y la continúa evaluación de los actos. Por lo tanto, es prioritario de llevar acabo en un medio carente de esta facultad.

No temamos, ni rechacemos la “crítica” cuando se diferencia por su magnitud introspectiva y sensatez. Su sano ejercicio hará capaces a los sujetos, en lo personal y grupal, de meditar sobre asuntos que, a simple vista, se asumen como válidos, ciertos y categóricos. No siempre es así. Pues, para enfrentar con éxito las complejidades se requiere tener un alto índice de habilidad juiciosa y reflexión constante.

Se recomienda alimentar la “crítica constructiva” a partir, entre otros elementos, de un proceso formativo que incluya el cuestionamiento positivo en el entorno familiar, social y educativo, y esté orientada ha profundizar los conocimientos y emociones. Aceptar órdenes, instrucciones y mandatos -sin usar el juicio de valor- obstruye el desenvolvimiento de esa extraordinaria posibilidad del ser humano, tan poco aprovechada, de someter a escrutinio las afirmaciones recibidas.

En tal sentido, sugiero aproximarse a la lectura. Una herramienta que subleva y hace al prójimo discrepante, agudo y analítico. Además, compromete la ampliación de nuevas virtudes; ayuda a perfeccionar el lenguaje, mejora la expresión, el vocabulario y la ortografía; incrementa las relaciones humanas y favorece la empatía; facilita la exposición del pensamiento y la capacidad deductiva; activa las funciones mentales agilizando la inteligencia; abre la imaginación y creatividad. Recuerde, la carencia de cultura e ilustración da lugar a conductas mediocres, súbditas y sometidas a mensajes embrutecedores.

Todos los mecanismos que involucren un entrenamiento crítico serán bienvenidos en una colectividad –como la nuestra- indiferente, intelectualmente “parapléjica”, conformista y, además, manipulada por medios de comunicación, políticos, líderes de opinión, contenidos publicitarios, estereotipos y otros componentes que contribuyen a su creciente estancamiento.

Fomentar la “crítica” es una tarea que se nutre, principalmente, del ejemplo de los padres, quienes tienen una influencia explícita para moldear a sus hijos y, por lo tanto, pueden potenciar esta destreza a fin de ayudarlos a “pensar”. La forma como se zanjan los conflictos en el hogar, la empresa y la sociedad, –sin lugar a dudas- muestra la ausencia de la “crítica constructiva”. Por el contrario, las diferencias se resuelven a través de la confrontación, alzando la voz, con imposiciones autoritarias, prepotencias y amenazas, lo que lo evidencia escasa “inteligencia emocional” (la lucidez para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la pericia para manejarlos con sapiencia). El término fue popularizado por Daniel Goleman, en su célebre publicación “Inteligencia emocional” (1995).

De otra parte, es imprescindible establecer ciertos criterios que posibiliten la “crítica constructiva” a fin de afrontar las adversidades cotidianas de manera propicia. Se propone evitar estar molesto o cargado emocionalmente; adoptar un gesto flexible y de servicio; describir el dilema sin emitir juicio de valor; indicar cómo se siente ante el incidente, expresar sus impresiones; y, por último, preguntar cómo puede ayudar.

De modo que, como señala David Fischman en su libro “El espejo del líder”: “Es necesario tomar conciencia de que nosotros mismos tenemos mucho que mejorar. De lo contrario, estaremos escondiendo nuestras propias carencias, destacando y exagerando los defectos de nuestro personal”. Asimismo, es conveniente poseer una aptitud abierta y humilde.

En todo ámbito encontramos situaciones que demandan madurez e inteligencia (entendida como la capacidad para resolver problemas). La dinámica social actual, caracterizada por su alto índice de estrés, exige conocer las implicancias de la “crítica constructiva” para encarar infortunios y entredichos en el largo caminar de la vida. Para concluir, considere las oportunas palabras del escritor español Fernando Sánchez Dragó: “La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio”.

sábado, 16 de junio de 2012

¿Qué es el Marketing Personal?


Es frecuente creer que el concepto de marketing es, únicamente, aplicable a productos y servicios. Sin embargo, es factible interiorizar sus favorables implicancias en los individuos para lograr una excelente colocación laboral y obtener nuevas metas profesionales.

De allí, la necesidad de comprender su uso en el plano personal y, por lo tanto, administrar determinadas estrategias –propias del quehacer empresarial- en la proyección profesional. Todos tenemos una “marca” (el nombre y apellido), un “empaque” (la vestimenta) y un “slogan” (una frase sencilla utilizada para resaltar nuestras fortalezas). Hay que emplear la receta correcta para lograr explícitos objetivos.

El Marketing Personal ofrece un conjunto de técnicas para mejorar la imagen con el fin de agradar y conseguir empleo. Es un sistema integrado de actividades orientadas a conocer ofertas de trabajo. Ello pasa por el análisis propio, el posicionamiento, la asignación de sueldo a negociar, promoción, currículum, carta de presentación, entrevistas, tarjetas personales, red de contactos y cómo llegar al mercado para conquistar sus fines.

Un primer paso consiste en saber si tiene las condiciones para enfrentar el espacio que desea abordar. Por lo tanto, se sugiere hacer un análisis FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) –sereno, acucioso y pormenorizado- a fin de contar con un diagnóstico intrínseco. Es conveniente identificar las limitaciones, miedos e inseguridades y meditar cómo éstas pueden significar barreras para crecer.

Toda persona idónea debe conocer sus puntos fuertes y endebles. Este estudio es recomendable con el afán de percatarse -con mayor rigurosidad- en donde puede ubicarse y facilita advertir sus posibles reacciones en momentos de crisis. En concordancia con el grado de discernimiento íntimo, será el nivel de seguridad para confrontar el devenir laboral.

Sinnúmero de sujetos adolecen de la mínima percepción de su ser interno. Explorarse es un requisito prioritario para afianzar la empatía, la autoestima, el temperamento, las habilidades sociales, la inteligencia emocional e interpersonal, entre otros aspectos de incalculable implicancia en los variados escenarios donde se desenvuelve. Un experto no solo exhibe actualizados conocimientos, también interactúa con otros semejantes –en su quehacer diario- y, en consecuencia, requiere de tácticas para afrontar con éxito la compleja relación humana. Más aún en un medio lleno de tensiones, desencuentros y adversidades.

No existe la persona perfecta, pero sí la imagen y talante inigualable (entendamos que una buena imagen no implica belleza o perfección física). Recomiendo invertir en uno mismo, estudiar sus flaquezas (desde lo positivo) y potenciar sus fortalezas. Se debe tener tiempo para examinar su área de competencia y ver una oportunidad en todo.

Amigo lector, le aconsejo realizar el siguiente ejercicio: Párese unos segundos frente al espejo, mírese, quiérase, reconózcase y acéptese; acompañe su sapiencia o experiencia, con humildad y crecimiento individual. Recuerde, aceptarse es el primer paso para saber hacia donde quiere llegar.

Dentro de este contexto, hay que incorporar algunos atributos como la capacidad de escucha y trabajo en equipo, adaptabilidad, persistencia en la solución de problemas, flexibilidad para ajustarse a los cambios, mentalidad abierta y positiva, confianza en sus virtudes, perseverancia, autocontrol y disposición para el aprendizaje.

Es pertinente observar su apariencia, modales, vestimenta, higiene, forma de comunicarse, trato cotidiano, noción de las pautas de etiqueta social, cultura general, actitud individual, lenguaje gestual y posturas, desenvolvimiento y tono de voz. En ese sentido, reitero lo comentado en mi artículo “La importancia de la imagen personal”: “…Muchas veces -lo afirmo por mi experiencia docente- el estudiante y egresado tiene una explicable expectativa por adquirir conocimientos para acceder a mejores colocaciones de empleo, descuidando o desconociendo la valoración de su ‘imagen’ en una entrevista laboral. Recomiendo preocuparse por comprender la trascendencia de la ‘foto’ que tendrán de usted -a partir de su forma de actuar- en un mercado de trabajo exigente acerca de su habilidad social, desenvolvimiento, manejo de competencias, capacidad empática y eficiencia en las comunicaciones…”

Recuerde, las instituciones convocan a colaboradores con estabilidad en su vida personal, que agreguen valor a la organización, con adaptación a las transformaciones de la empresa, hábiles en comunicación, con liderazgo efectivo y amplitud de adiestramiento, proactivas y poseedoras de sólidos valores de honestidad, lealtad e integridad. ¿Usted cuenta con estos componentes?

El Marketing Personal es una herramienta imprescindible para impulsar las cualidades humanas al máximo, potenciándolas con la finalidad de alcanzar un rendimiento laboral óptimo. Son destrezas para aprender a promover nuestras habilidades con la intención de entrar en un mundo cada vez más competitivo. Por esta razón, tenga en cuenta las palabras de la lúcida escritora inglesa Doris Lessing: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.

domingo, 10 de junio de 2012

Teodoro Núñez Ureta: 100 años después

El 1 de abril se cumplieron 100 años del nacimiento del renombrado escritor, pintor, acuarelista, caricaturista y muralista arequipeño Teodoro Núñez Ureta (1912 – 1988), reconocido como uno de los mejores exponentes del arte en el Perú del siglo XX. Un hombre sencillo, múltiple y de espíritu revolucionario.

Núñez Ureta, durante una entrevista con la prensa, se definió así: “…En verdad, soy un pintor peruano de lo peruano, buscando lo universal y permanente a través de lo característico y lo perecedero. Y lleno de amor, de violencia, de indignación y de esperanza por el país en el que vivo”. La inagotable sensibilidad y disconformidad que lo caracterizó está plasmada en su amplia producción artística y literaria.

Su formación pictórica fue autodidacta. Salía al campo a pintar solo o acompañado de su familia y del maestro Enrique Masías Portugal –conocido como “el padre de la pintura puneña”- quien alentó su dedicación por las artes plásticas al advertir su habilidad sobresaliente para el retrato y el paisaje. En su adolescencia practicaba la acuarela con su hermano, el artista arequipeño Alejandro Núñez Ureta.

Sus estudios los desarrolló gracias a que su padre, Pedro Núñez Ponce, trabajó en la antigua librería Emmel (Arequipa). Así accedió a libros sobre arte europeo. Hizo dibujos acerca de Francisco de Goya, Rembrandt Van Rijn y Diego Velázquez que, actualmente, están conservados por la Asociación Cultural Perú Arte Valor.

Con el artículo costumbrista "La abuela" obtuvo el Premio Nacional de Periodismo (1943). Ese mismo año, gracias al auspicio de la Fundación Guggenheim, viajó a Estados Unidos. Se estableció en Lima desde 1950 y ganó el Premio Nacional de Cultura “Ignacio Merino” (1959) por el mural labrado en el Ministerio de Economía (1954) denominado "Construyendo el Perú" -en la técnica de pintura al fresco- considerada por los especialistas como una de sus obras cumbres.

En nuestra metrópoli sus murales se lucen en el edificio del Ministerio Público (ex Ministerio de Educación). Se trata de un extenso fresco titulado “Historia de la educación” (trabajado a mediados de 1950) que incluye la presencia del literato indigenista José María Arguedas. De igual forma, en el Panteón de los Próceres se aprecia un maravilloso mural que muestra un grupo de combatientes enarbolando la bandera nacional. En la sede del Banco Continental en San Isidro podemos ver los murales “Mesa callejera” y “Mercado popular”. Por último, el Palacio Municipal de Miraflores exhibe dos murales recreativos de los distintos escenarios de esa comuna elaborados en 1960. En 1993, todos sus murales fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación por el Instituto Nacional de Cultura (INC).

Antonio Muñoz Monge, en su artículo “El Perú como mural”, precisa: “…Abordó con igual sensibilidad, lucidez e inteligencia, la pintura, la creación literaria, el periodismo, el ensayo. Fue doctor en letras y filosofía. A través del arte, Teodoro Núñez Ureta ha expresado su realidad, su rica personalidad, su humanismo, su vida intensa, generosa y creativa”.

Se desempeñó con brillo en importantes cargos públicos y privados. Fue director de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima (1973–1976) y presidente de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (1978-1980). Su producción estética se ha presentado en Chile, Venezuela, Panamá, México, Canadá, Estados Unidos, Rusia, Suecia y Bulgaria.

Autor de los libros "Academismo y arte moderno" (1945); "David Alfaro Siqueiros" (1976); "Pintura contemporánea peruana", dos volúmenes, (1975–1976); "La vida de la gente" (1982), en donde reproduce 68 acuarelas y 35 dibujos, encaminados a narrar tipos sociales y tradiciones. Su cuento "La waytacha" (1980), que él me obsequió, ésta traducido al ruso, inglés y búlgaro. Allí presenta –a través de un poético simbolismo- las frustraciones del campesino de la urbe e induce al amor por la tierra.

No fueron ajenos los merecidos reconocimientos oficiales del estado peruano. Durante el segundo gobierno del presidente Fernando Belaúnde Terry (1980 – 1985) es condecorado con la Orden "El Sol del Perú" en el grado de Gran Cruz y con la Medalla del Congreso de la República en el grado de Comendador. En el atardecer de su existencia recibió las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta (1988).

Un artista rebelde, contestatario e iconoclasta. Omar Zevallos Velarde, refiere en su nota “La poderosa caricatura de Teodoro” un episodio expresivo de su actitud contestaría: “…Allí está esa notable caricatura que hizo en 1981, sobre la invasión inglesa a las Islas Malvinas publicada en el diario ‘El Observador’, en la que se ve a Margareth Thatcher como un jinete del apocalipsis. Esa fue la última caricatura que publicó”.

Fue inolvidable mi encuentro en su acogedora casa de Miraflores una tarde de verano de 1984. En amena conversación traté a este creador multifacético de personalidad cálida, modesta y hablar sereno. Siempre advirtió una visible sensibilidad y emoción social con el acontecer del país. Conoció de cerca la pobreza, la arbitrariedad y la postergación de las comunidades alejadas de la capital.

Tuvo la gentileza de regalarme un boceto a carboncillo que me llevaría –muchos años más tarde y con ocasión de escribir estas líneas- a tratar a su protagonista, el pintor de estilo realista Bruno Portuguez Nolasco (Chorrillos, 1956), quien forjó cercana vinculación con Francisco (Pancho) Izquierdo López. Teodoro sacó un dibujo, colocó la fecha y firmó, así llegó a mis manos un esbozo -hecho en 1960- de un chico de nombre Bruno. Me detalló de su hábito de hacer pasar a su taller, para hacerlos posar, a los niños que tocaban su puerta y luego les daba una propina o compraba sus productos.

Dicho dibujo tiene una historia singular y, probablemente, única en la relación entre dos artistas. Portuguez comenta: “Yo estaba en una guardería para niños hijos de pescadores. La directora era una sueca, no recuerdo su nombre, que invitó al gran pintor Teodoro Núñez Ureta a que fuera a la guardería a dibujar niños porque a éste le gustaba. Y cuando yo tenía cuatro años me dibujó”.

En reciente visita a la casa de Bruno me contó que una amiga, al acudir a su taller, aseguró que el pequeño retratado era él. Así surge su interés por conocer a Teodoro, quien le obsequió uno de los originales con esta dedicatoria: “Este es un reencuentro emocionante. Este niño es ahora un pintor de verdad. Y estoy seguro de su camino ascendente y de su triunfo artístico. Pero hay que mantener en el alma el niño que fuiste” (abril, 1987).

Era un momento conmovedor y ambos artistas se abrazaron. Antes de concluir la cita, Portuguez le pidió un favor: “Esos treinta minutos que le di hace 26 años, quisiera que me los devuelva”. Núñez aceptó y el joven Bruno hizo el último retrato en vida del maestro que le entregó con esta anotación: “A don Teodoro Núñez Ureta por su vida y obra con cariño” (12 de noviembre de 1987).

Este afable y original pintor chorrillano tiene gratificantes recuerdos de Teodoro: “Sabía ser alegre, pero era la ternura lo que primaba en él; se sentía cuando conversaba, cuando miraba, en sus cuadros, en la luz de su gran taller. También había dado testimonio de su ira, de su rebeldía ante la injusticia contra los débiles, contra la explotación del hombre, de su pueblo. Todo eso lo plasmó sabiamente en sus dibujos, en sus pinturas y en sus murales”.

La obra de Teodoro Núñez Ureta amerita entenderse y valorarse, entre otras consideraciones, por la dimensión de su rebeldía. Su legado -sublevante y crítico- presenta una mirada singular, aguda y sátira de la diversidad cultural del Perú y, además, contribuye a forjar ese sentimiento de identidad necesario para lograr nuestro acercamiento, aceptación e integración colectiva. Mi homenaje a tan insuperable peruano.

domingo, 20 de mayo de 2012

¿Cómo acceder al mercado laboral?

La búsqueda de un nuevo empleo es una tarea que puede demandar más tiempo del imaginado y, además, es una etapa llena de comprensibles incertidumbres y desafíos. Para enfrentar este proceso de cambio se recomienda considerar algunas pautas y sugerencias destinadas a facilitar una mejor colocación.

El mundo empresarial no está solamente regido por individuos con grandes conocimientos. Es un ámbito donde se requiere ampliar tecnologías, habilidades y cualidades personales. Este aspecto es central para desplegar y dar a conocer experiencias y pericias acumuladas que enriquecerán las opciones para acceder a un trabajo.

Es importante contemplar asuntos referidos a los visibles y frecuentes “desencuentros” existente entre el desarrollo e idoneidad del individuo y la imagen proyectada. Factor perjudicial para las probabilidades de reinserción en empresas en las que estos elementos son también evaluados. Por ejemplo, si una institución debe escoger entre dos candidatos con iguales saberes técnicos, pero uno de ellos tiene agradables cortesías, manejo adecuado de las formas, pulcra apariencia y usa con corrección los cubiertos en una mesa, probablemente elija al conocedor de tan básicas normas de etiqueta social.

En tal sentido, reafirmo lo expresado en mi artículo “Tips para una entrevista laboral”: “…Es habitual conocer a expertos que, desde el punto de vista de sus discernimientos, son talentosos. No obstante, existen factores negativos en su actuación que pueden constituirse en una severa traba para acceder al mercado profesional. Es conveniente desarrollar el autocontrol, elevar la autoestima, demostrar seguridad, poseer un perfil positivo, emplear afables modales, desenvolverse con facilidad y empatía, evidenciar nivel cultural, adecuada dicción en su comunicación y cordialidad durante la conversación. No olvide esta expresión: ‘No existe una segunda oportunidad, para causar una primera buena impresión’”.

Un componente importante es la permanente capacitación. El mercado laboral está sumergido en rápidas transformaciones que obligan a un constante entrenamiento y actualización. No recomiendo estudiar cantidad de cursos, seminarios, talleres, etc. sino buscar aquellos enlazados con su formación como especializaciones, diplomados, maestrías y afines. Escoja centros de enseñanza prestigiosos y con acreditada calidad educativa.

Otro paso son sus relaciones directas o mediante redes sociales. Las conexiones constituyen un activo que en cierto momento puede requerir. De allí la conveniencia de llevar acogedoras vinculaciones con familiares, amigos, ex compañeros de estudios, proveedores, entre otros públicos. Cada contacto aliméntelo con mensajes, informaciones, saludos en ocasiones especiales, etc. a fin de tener una presencia eficaz en las personas que pueden ayudar con su recomendación. Responda sus emails y llamadas telefónicas, concurra a actividades sociales, frecuente grupos de interés y haga más consistente su círculo de enlaces.

Preocúpese por forjar una sólida reputación que inspire confianza, credibilidad y respeto. No sirve de mucho contar con amplias vinculaciones si la honra es desfavorable. Es pertinente poseer una trayectoria de vida impecable y decente en cualquier ámbito. Un experto capaz, entrenado y admirado en el contexto laboral, que ha sido demandado por agresión o abandono de hogar, puede verse afectado en sus afanes de lograr una trascendente colocación. Su conducta refleja sus valores y principios y, por lo tanto, muestra su probable actuación en el escenario empresarial.

Confeccione un currículum con óptima redacción, diagramación y pulcritud. Asegúrese de no tener errores y elabórelo atractivo dentro de un marco de sobriedad. No es panfleto publicitario, como sucede en ciertos casos, sino un imprescindible instrumento de marketing personal. Prescinda de poner información innecesaria, redundante, tampoco lo que no pueda sustentar con documentos. Acuérdese que éste le consigue la cita de trabajo y en este instante usted deberá evidenciar sus mejores recursos.

Fíjese –con bastante detenimiento- en sus facultades y destrezas que podrían causar una excelente impresión. Presente con creatividad ese “valor agregado” suyo y que no siempre es exhibido con realce y nitidez. En la entrevista hable de sus talentos, muestre fluidez, serenidad, locuacidad y convencimiento. Esté persuadido de su valoración y transmítala. Deseche asumir actitudes sumisas, tímidas o temerosas. Evite -como lo dicho en anteriores notas- “idealizar” al entrevistador, no le tenga miedo, es un mortal como usted con virtudes y defectos. Nada más!

La motivación es bienvenida y servirá para alcanzar sus objetivos. Renueve sus ilusiones, esperanzas y expectativas. Recuerde su valía y el aporte que puede brindar y, en consecuencia, supere apatías y adversidades. Muestre felicidad emocional, ganas de progresar y forjar distintos horizontes de realización. En todo tiempo, circunstancia y lugar tenga presentes las sabias palabras del renombrado filósofo, poeta y escritor norteamericano Ralph Waldo Emerson: “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito”.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Trascendencia de la capacitación en la empresa

La capacitación es una herramienta substancial para el crecimiento profesional en un mundo competitivo y exigente. Permite acceder a mejores ubicaciones en la empresa, incrementar conocimientos, aplicar nuevas destrezas en la producción laboral, entre otras virtudes. Es un proceso de desenvolvimiento de las aptitudes que perfecciona el desempeño del trabajador y la idoneidad de la organización.

Es importante que las compañías incorporen mecanismos destinados a fomentar un eficiente sistema de capacitación para fortalecer las capacidades de sus colaboradores y, en consecuencia, volcar lo adquirido en sus ocupaciones. Debe entenderse como una expresión de la cultura corporativa que lleva a la progresión continua del público interno y contribuye a fomentar óptimas formas de trabajo.

Dentro de este contexto, es preciso que la capacitación sea debidamente evaluada y analizada por el área de Recursos Humanos, que determinará las ausencias individuales y colectivas a fin de implementar programas en función de indicadores, presupuestos, metas y objetivos. No debe entenderse como la realización de conferencias, charlar o talleres sin atender necesidades y fines de la institución. Todavía existen empresas en donde se diseñada sin la más mínima planificación y, por lo tanto, carece del estudio que indique los requerimientos.

La capacitación proporciona recursos humanos calificados en habilidades y actitudes para un alto desempeño; incentiva el sentido de responsabilidad; logra el perfeccionamiento de ejecutivos y empleados en sus puestos actuales y futuros; mantiene al personal actualizado ante los cambios tecnológicos otorgando información y, por último, logra variaciones positivas en su comportamiento con la finalidad de mejorar las relaciones interpersonales.

Además, exige un sistema que debe ponerse en funcionamiento. Este empieza por diagnosticar las carencias internas. En esta etapa es indispensable el análisis de rendimiento e informes de cada área. Los desempeños insatisfactorios, habitualmente, están reflejados en visibles deficiencias o vacíos en las funciones de un puesto en la corporación.

Un segundo paso es la confección del plan anual de capacitación, que demanda de la información remitida por todas las esferas. Se recomienda proceder de manera planeada a fin de recoger la investigación sustentatoria de la toma de decisión. Es pertinente efectuar encuestas, entrevistas a los jefes, cuestionarios, evaluaciones de rendimiento, estudio del clima organizacional y reuniones de discusión, para contar con fundamentos precisos.

Su proyección considerará el tipo de metodología, horas asignadas de duración, temas elegidos, expositores, facilitadores, materiales impresos, evaluación, costos, etc. Un factor a tomar en cuenta es el horario en que se hará. No siempre es conveniente que sea llevada acabo luego de la culminación de las tareas diarias, ni en épocas en donde el participante enfrenta presiones como cierre de temporada de ventas, presentación de balances, informes anuales, vísperas de celebraciones de fin de año y otras que perjudiquen su interés y asistencia en el adiestramiento.

Se sugiere proceder ha desplegar las actividades de entrenamiento (en función de los requerimientos identificados) y su permanente evaluación destinada a conocer su beneficio y aplicación. La etapa de evaluación no debe subestimarse, es una de las más esenciales para conocer el valor cualitativo de lo aprendido y su utilización. Para ello, se miden los conocimientos adquiridos, el aumento de las destrezas y se averigua el cumplimiento de objetivos.

También, debemos contemplar la capacitación no solamente en ámbitos de interés operativo, como en muchos casos sucede. Es primordial estructurar programas que favorezcan la motivación, integración, socialización y cohesión interna. Es conveniente preocuparse por enseñar temas influyentes en el progreso individual y, consecuentemente, en el afianzamiento profesional como autoestima, atención al público, relaciones humanas, imagen profesional, etiqueta social, inteligencia emocional, etc.

Es un factor de invalorable ayuda en la consolidación del trato entre el colaborador y la empresa, fortalece su sentimiento de identificación, estimula nuevas realizaciones y beneficia a la compañía. Es un elemento que, sumado a estímulos, premiaciones e incentivos, servirá para forjar una buena convivencia organizacional. Es la mejor inversión en una corporación sería, moderna y con visión de futuro.

miércoles, 18 de abril de 2012

La Cenicienta en Lima

Hace algunos días asistí al remozado Teatro Municipal del Centro Histórico de Lima a deleitarme con el ballet “La Cenicienta”, presentado por el Ballet Municipal de Lima -creado en 1983 durante el mandato del alcalde Eduardo Orrego Villacorta-, una de las compañías de danza más significativas y de mayor trayectoria en el país. Fue un despliegue intachable que mostró el talento de sus jóvenes integrantes conducidos por la prestigiosa Lucy Telge de Linder y el profesor invitado del Teatro Bolshoi de Moscú, Mikhail Koukharev.

“Es la primera vez que estoy poniendo ‘La Cenicienta’ en el escenario del Ballet Municipal de Lima. En realidad nunca lo hice en ningún otro lugar. El trabajo es difícil pero interesante. Lamentablemente tenemos poco tiempo para realizar las preparaciones. Los artistas trabajan con inspiración”, afirma Boris Myagkov, encargado de la coreografía y quien ha sido director artístico y principal maestro del Ballet del Teatro de la Opera y Ballet de la República de Komi en Syktyvkar (1984 - 1990).

La fábula mágica de la obra está basada en el cuento del renombrado escritor francés Charles Perrault (1628 - 1703), reconocido por dar forma literaria a cuentos clásicos infantiles como “Caperucita roja” y “El gato con botas”. A los 55 años escribió el libro “Cuentos de mamá ganso”, con el que inició un nuevo estilo de literatura denominada “los cuentos de hadas”.

Esta exhibición –a la que concurrieron numerosos niños- permite apreciar el brillo del Ballet Municipal de Lima y contribuye, al igual que otras expresiones artísticas, al crecimiento interior de los individuos y nos acerca al mundo de la cultura. Cada una de estas manifestaciones incrementa la sensibilidad humana. Esta es una de las notables virtudes del arte: Su capacidad para sensibilizar.

Dentro de este contexto, reitero lo expuesto en mi artículo “Cultura y autoestima: Herramientas de superación”: “…La cultura ofrece al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Hace de nosotros seres racionales, críticos y éticos. A través de ella discernimos los valores, efectuamos opciones, tomamos conciencia de nuestra realidad, nos reconocemos como un proyecto inacabado, cuestionamos nuestras realizaciones, buscamos nuevas significaciones y creamos obras que nos trasciendan. En síntesis, brinda la posibilidad de ‘bucear’ en nuestra intuición interior y, además, es un elemento de superación incuestionable”.

Por su parte, el ballet tiene un sinfín de beneficios en la infancia que bien vale comentar. Para empezar, otorga múltiples aportes físicos y psíquicos, ya que requiere de amplia concentración para dominar el cuerpo; desenvuelve la flexibilidad, la coordinación y el ritmo; ayuda a controlar el organismo, fortalece los músculos y la conexión de los movimientos; estimula el trabajo en equipo; mejora la autoestima, reduce el estrés y combate la depresión; impulsa la expresión de las emociones y canaliza la adrenalina; aumenta la motivación, la perseverancia y la constancia, ideales para su vida futura; enseña la magnitud del esfuerzo -que se verá reflejado en cada presentación- y, por último, es una conveniente herramienta para superar la timidez.

En tal sentido, sería recomendable que los gobiernos regionales y municipales imiten esta exitosa experiencia -liderada por la Municipalidad Metropolitana de Lima- y auspicien prácticas formativas entre la juventud que podrían integrar sus políticas de gestión. Los municipios deben contribuir, de esta manera, a la revalorización y difusión de estas acertadas iniciativas artísticas. A mi parecer, una eficiente administración edilicia no consiste solo en la realización de cuantiosas obras físicas –no siempre prioritarias-, sino en desarrollar aspectos referidos al engrandecimiento espiritual y cultural de la población y, en consecuencia, lograr elevar su calidad de vida.

Recuerdo haber leído una expresión de Emanuel Kant, el notable filósofo prusiano de la Ilustración, que dice: “La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”. Felicitaciones al elenco del Ballet Municipal de Lima por brindarnos un espectáculo lleno de dinamismo y de encanto romántico y dancístico. Una labor perseverante que debe enorgullecernos a todos los limeños.

sábado, 7 de abril de 2012

Áreas verdes de Lima: Pulmones en peligro

En diversos distritos de la capital han surgido protestas vecinales ante la pretendida urbanización de zonas destinadas para parques y áreas libres. Nuevamente, el uso inadecuado de estos espacios públicos pone en debate la obligación de cumplir con las disposiciones internacionales sobre desarrollo urbano, aunque estemos muy lejos de estas exigencias por el equivocado modelo de expansión implementado.

En nuestra metrópoli existen 13 978 761 m2 de áreas verdes, que representa el 0,5 por ciento del territorio y una densidad de 1,98 m2/habitante. Dicha extensión es reducida de acuerdo con lo dispuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece 8 m2/habitante de área verde. Según refiere el arquitecto Miguel Cruchaga Belaunde, en su artículo “Dos consignas para Lima: Recuperar y descongestionar” (Caretas Nro.2010): “…Los parques son víctimas frecuentes de la gestión de los alcaldes. Desde que la ciudad empezó a extenderse, las pautas del urbanismo previeron que ese crecimiento debería aparejarse con una reserva equitativa de ‘área verde’ para propiciar la oxigenación del aire y el reencuentro del hombre y la naturaleza, en espacios descansados que propicien su reconexión. Según estas pautas la ciudad debe dejar (por lo menos) 10 por ciento de la nueva superficie urbanizada como área de parques, sin menoscabo de las extensiones adicionales para calles, plazas y demás equipamiento urbano. Ello permitiría que la ciudad dispusiera de cuando menos, 7 m2 de área libre por habitante…”.

La “Ciudad de los Reyes” está llena de parques en conflicto, entre otras razones, por la ambición de los alcaldes que hacen peligrar su integridad. Ese fenómeno aparece en los distritos con mayor demanda de terrenos lucrativos. Deseo compartir una anécdota ilustrativa de estas pretensiones. En 1988, el alcalde de Jesús María intentó talar los árboles de un segmento del Campo Marte, con el fin de lotizarlo, pero una acción de amparo -que presenté en representación del Movimiento de Juventudes del Frente Ecológico Peruano- aceptada por el juez del Décimo Quinto Juzgado de Lima, Vladimir Paz de la Barra (la primera sentencia ecológica en la historia judicial del país) impidió que este tradicional reciento se destruya.

En un hecho sin precedentes se declaró “…suspendida la tala de árboles y la ejecución de obras civiles, que violen el derecho del ser humano a vivir en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado, y la intangibilidad del área verde que contiene el Campo de Marte”. A pesar de tan interesante antecedente jurídico los parques no deben ser percibidos, por las autoridades ediles, como “terrenos sin construir” o destinados para concretar cualquier fantasía (playas de estacionamiento, centros comerciales y complejos multifamiliares).

Desde mi perspectiva, estos sitios no convendrían ser mirados como atractivos para pasear rodeado de plantas, flores y árboles. Su misión es más valiosa de lo imaginado. Cumplen un papel fundamental por tratarse de pequeños reductos de tratamiento del aire y contribuir a la disminución de las sustancias tóxicas. Es ineludible dotarlos de variedades botánicas capaces de resistir los niveles de contaminación. También, regulan el micro clima, embellecen el entorno urbanístico y sirven para desplegar una pluralidad de acciones.

Los parques deben cumplir funciones recreativas, sociales y pedagógicas con el afán de dar a conocer el origen de los géneros botánicos mediante letreros con su nombre (común y científico) y algunos datos adicionales. Sugiero considerar situar entretenimientos infantiles elaborados con materiales biodegradables (el plomo con el que están pintados los juegos constituye un peligro), letreros con mensajes de sensibilización, avisos con la programación cultural del distrito, tachos para seleccionar residuos, señalización, indicaciones de interés general e instalar (en los jardines que su extensión lo permita) pequeños centros de interpretación.

Un ejemplo es el bosque El Olivar en San Isidro que podría tener un museo destinado a apreciar y valorar su historia, cuyos antecedentes se remontan a la época colonial cuando esas tierras pertenecieron a Isidro Gutiérrez Cossío. Por su parte, el Parque de la Amistad de Santiago de Surco –al que concurro con frecuencia- comprende plazuelas, glorietas, puentes, piletas, laguna artificial, estación de tren, locomotoras y representativos exponentes de la biografía de Lima en una extensión de 30 hectáreas. Su diversidad de encantos puede complementarse con programas educativos, información de la comuna, actividades al aire libre, campañas ecológicas, entre muchas otras iniciativas de interés para sus asistentes.

Durante mi breve paso por el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006-2007) logramos ampliar sus áreas verdes, creamos exhibidores botánicos en las tres regiones del país -con la finalidad que el visitante identifique el origen de las especies peruanas- integrado con el montaje de banners didácticos, pensamientos e información de utilidad. Se aprovecharon los espacios disponibles para exposiciones, presentaciones artísticas, lecturas y otras labores culturales, además de fomentar la selección de desechos en tachos para papeles, plásticos y residuos orgánicos. Todo lo cual se realizó a pesar de las reiteradas trabas y obstáculos de los “funcionarios públicos de carrera” frívolos, pusilánimes e insensibles, que siempre vieron la educación como un “gasto” innecesario.

Igualmente, existen otras experiencias favorables. El parque María Reiche de Miraflores (creado en 1991 y con una extensión de cuatro hectáreas) ubicado en pleno malecón tiene una planta de tratamiento por donde las aguas servidas ingresan directamente del desagüe (proveniente de diez cuadras a la redonda y capta 1.2 litros por segundo) y luego pasan a un biodigestor que concentra bacterias para descontaminar este recurso de agentes patógenos y coliformes fecales. El elemento líquido tratado cuesta 0.50 céntimos el metro cúbico, mientras el costo del agua de Sedapal es dos nuevos soles. La ventaja económica es indudable.

“Este es un modelo de aprovechamiento del recurso hídrico, incluyendo los fecales para hacer compost. A través de un mecanismo sencillo se han reverdecido los acantilados con la campanilla, una especie que no requiere mantenimiento, crece con rapidez y resiste la brisa marina”, comenta Miguel Salazar Chamorro, el operador de esta instalación. Este proyecto exitoso debiera estar abierto al público para –por medio de un circuito educativo- mostrar el proceso de “reciclado” de las aguas hasta su almacenamiento en cisternas y difundir las virtudes de esta buena práctica ecológica. Su costo no excede los 50 mil dólares y podría imitarse a lo largo de la Costa Verde, a fin de evitar los sucesivos deslizamientos y embellecer este representativo espacio de la franja costera de la ciudad.

El precio de las propiedades se ha elevado e influye en la acelerada construcción de grandes edificios, lo que demuestra cómo está relacionado el valor de los inmuebles con el incremento de nuevas zonas verdes. Su ampliación y mejoramiento ha generado convenientes impactos para la colectividad miraflorina, que todos podemos disfrutar al pasear por tan agradable y armonioso escenario.

El parque tenía un novedoso sistema de iluminación para observar los dibujos de las líneas de Nazca que, lamentablemente, ya no existe. Recomiendo poner amplias reseñas explicativas de estos enigmáticos diseños, sus orígenes, la trayectoria de la estudiosa alemana y la clasificación botánica. Hasta podría colocarse, con el auspicio de la empresa privada, una sala de interpretación destinada a comprender estos grabados. Más aún teniendo en cuenta la numerosa afluencia de turistas. A mi parecer, estamos frente a una iniciativa desaprovechada desde un enfoque formativo.

La tugurización, los cada vez más elevados grados de contaminación sonora, visual y de gases -provenientes de las industrias y el sistema automotor- además de los desórdenes inherentes a la densificación de Lima, son argumentos suficientes para entender el trascendente rol de las áreas verdes en la calidad de vida de los habitantes. Como bien decía el conservacionista Felipe Benavides: “Ya es tiempo de que las autoridades cuiden los árboles que son fuente de oxígeno, materia indispensable para la vida del hombre que se encuentra cada día en mayor peligro de contaminación”.