jueves, 20 de julio de 2017

El tráfico de especies silvestres: Una amenaza latente

Una reciente imputación de la Comisión Europea (CE) revela que el indebido mercadeo de variedades de flora y fauna en riesgo de extinción -considerada una de las maniobras ilegales más reveladoras en el mundo- estaría vinculada con el financiamiento de acciones subversivas en la región africana.

El comisario europeo de Medio Ambiente, Asuntos Marítimos y Pesca, Karmenu Vella, ha declarado que las bandas delincuenciales dedicadas a este comercio mueven entre 8.000 y 20.000 millones de euros cada año. Aparte de constituir un atentado a la supervivencia de las especies, intensifica la corrupción, priva a las comunidades pobres de ingresos indispensables e incluso causa víctimas humanas. Explicó que los ejemplares más requeridos en Europa son reptiles, serpientes, camaleones o iguanas.

Para la CE "pone en peligro la seguridad de África central, donde las milicias y los grupos terroristas solventan parcialmente sus actividades gracias al tráfico de especies". La Unión Europea es una zona de tránsito de numerosos animales entre África y Asia. Las estadísticas son alarmantes: en el 2014 se mató aproximadamente 20.000 elefantes y 1.200 rinocerontes, géneros que están en un acelerado proceso de declive poblacional. Debido a este negocio ha disminuido, en un siglo, la cantidad de tigres de 100.000 a menos de 3.500. 

A criterio de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) -firmada en Washington el 3 de marzo de 1973 y administrada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)- esta perjudicial acción clandestina moviliza anualmente entre cinco a siete billones de dólares. Es la tercera operación irregular de notable dimensión global después de la venta de armas y el narcotráfico.

Nuestra capital es uno de los escenarios de intercambio ilícito del continente. Llegan cargamentos de otros países y, principalmente, de Iquitos y Pucallpa, ciudades sindicadas como núcleos de salida hacia diversas partes del mundo. La mayor demanda se sitúa en Europa, Japón y Estados Unidos. Su adquisición genera la destrucción de su entorno natural y disminuye su población con consecuencias ambientales, económicas y sociales incalculables. 

De otra parte, deseo comentar el caso del controvertido vendedor de especímenes Jean de Coninck, un peligroso exportador belga en la década de 1970. Traffic de Bélgica (entidad del Fondo Mundial para la Naturaleza – WWF) advirtió que desde su negocio registrado como Kingbirds Western proveía a coleccionistas mediante anuncios en la revista especializada International Zoo News, entre otras.

Según la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) participó en una componenda encubierta de primates, leopardos y tapires llevados desde Laos, al aeropuerto de Bangkok (Tailandia), hasta Bélgica. En 1979, es acusado por el secretario general de la Cites, Peter Sand, cuando gestionaba su residencia en el Perú. Ese año de Coninck declaró a la prensa: “…Que debido a la legislación cada vez más estricta que reglamenta sus actividades en Europa, trasladará próximamente su comercio al Perú”.

Del mismo modo, Felipe Benavides lo denunció por pretender sobornar al jefe del Departamento de Animales del Parque de Las Leyendas (1987). A pesar de estos documentados cuestionamientos, los funcionarios nacionales otorgaron licencias a sus compañías De Coninck E.I.R.L. y Perubel S.A., así como para un zoocriadero. No obstante, de acuerdo a las informaciones aparecidas en el portal de la Wildlife Conservation Society (WCS) la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre de Lima del ministerio de Agricultura le ha impuesto a este sórdido personaje la penalidad más alta por un delito de esta índole: una multa de 28,500 nuevos soles por la posesión de ocho gallitos de las rocas. 

Este bello género ornitológico está protegido por nuestras reglamentaciones: su captura, venta y exportación están prohibidas. El macho es de color naranja brillante y posee una cresta en forma de abanico, mientras la hembra es de tono marrón gris. Habita en los bosques nubosos andinos y su nombre viene por anidar en los peñascos. En el mercado negro puede costar 5,000 mil dólares.

Es importante precisar los riesgos de esta subrepticia faena de dimensiones impredecibles. Los animales decomisados perecen por el cambio de hábitat, inconvenientes en su alimentación o epidemias; su extracción masiva destruye el ecosistema con consecuencias irreversibles; cerca del 25 por ciento de los mamíferos del planeta están expuestos a desaparecer; en América del Sur la compraventa furtiva supera los 10 millones de dólares anuales; entre el 50 a 80 por ciento de los ejemplares transportados secretamente mueren en el camino.

La vida silvestre posee un inapreciable valor ambiental, cultural, científico y educativo que amerita un exigente marco jurídico orientado a garantizar su adecuada conservación. Más aún teniendo en cuenta la extraordinaria biodiversidad de nuestro territorio. Se hace imperativo elaborar estrategias destinadas a su preservación, manejo y aprovechamiento racional en beneficio de las agrupaciones nativas, cuyos elevados índices de miseria extrema los inducen a depredar nuestro prodigioso patrimonio ecológico. Un claro indicativo es la agricultura migratoria, que constituye una de las principales causas de la deforestación en nuestra amazonia.

En tal sentido, para encarar esta problemática se debe instaurar una coordinación institucional más intensa en el ámbito local, regional y mundial; fomentar la permanente capacitación del personal de aduanas y aeropuertos; actualizar y estandarizar nuestras leyes acorde a la normatividad internacional; establecer cuotas de exportación y diseñar una política concertada acerca de estos recursos naturales. Es imprescindible incorporar a las colectivas indígenas en estos esfuerzos.

Existe un irrefutable compromiso paralelo entre los estados exportadores y las naciones que apetecen estas cotizadas especies. Al respecto, comparto las premonitorias palabras del ambientalista peruano Felipe Benavides, quien ejerció la vicepresidencia del Comité Permanente de la Cites: “La matanza indiscriminada de animales ocurre generalmente para el beneficio de las naciones altamente industrializadas, que consumen las pieles, lanas, marfil, aceite, etc, en el mercado de lujo. La presión ejercida sobre el cazador furtivo proviene de la demanda de lujo de unos pocos. No podemos, sin embargo, culpar enteramente a los mercaderes y consumidores extranjeros, ya que gran parte de la responsabilidad por la persecución y destrucción de la vida animal, recae sobre las autoridades del Tercer Mundo”.

sábado, 10 de junio de 2017

 ¿El protocolo en la graduación universitaria?

Hace algunas semanas asistí a unas cuantas ceremonias de titulación del Instituto San Ignacio de Loyola (ISIL) y quedé complacido al observar una programación distanciada del folklore tan característico en estas actividades. Me pareció una experiencia inspiradora para compartir reflexiones, sugerencias y orientaciones.

Quiero empezar precisando que la sobriedad es sinónimo de elegancia, pertinencia y ponderación a fin de hacer de este acto, de enorme trascendencia para quienes culminan su formación académica, un acaecimiento colmado de una suma de pequeños detalles que brinden esplendor.

Estos eventos tienen ciertas tradiciones como las togas y los birretes, originados en las universidades medievales cuando eran utilizados por profesores y alumnos para abrigarse del frío en las aulas.  Lo sensato es que la vestimenta sea acorde a la hora, la ocasión y el lugar. En infinidad de circunstancias la apariencia es variopinta y extravagante. Se observan mujeres recargadas de atuendos inapropiados y hombres con ternos brillosos, pantalones de gabardina, jean, polos, etc. En “perulandia” la incoherencia es frecuente.

Los integrantes de la mesa principal exhibirán camisa blanca y si llevan puesta una toga, el pantalón, los calcetines y los zapatos serán oscuros. Es necesario un vestuario formal, impecable y de probada calidad. El saco siempre estará abotonado -más allá de estar de pie o sentado- y aconsejo lucir una corbata de buena condición. Esquive de seda china de deficiente textura y género.

Por su parte, las invitaciones tienen que considerar la información esencial y entregarse mínimo con 15 días de antelación. Innumerables universidades las confeccionan con un diseño similar al de una pollada y con los tonos de una tarjeta de bingo. Las particularidades de la convocatoria constituyen el “termómetro” del certamen. Siguiendo lo establecido en el protocolo la indumentaria del varón es la única consignada en la esquela y recuerde poner el vocablo correcto en función de lo que ofrezca al concluir el suceso: brindis, coctail, etc. Propongo que los bocaditos no sean comprados al kilo en una panadería de la vuelta de la esquina y sirva un vino de categoría.

Esta solemnidad requiere de un esquema compatible con el protocolo universitario y alejado de actuaciones musicales, coreografías, bailes, recitales, juego de luces, aclamaciones y bombardas de papel picado al estilo de la “hora loca”. Parecerá exagerado este comentario; los videos en las redes sociales acreditan que solo faltan los zancos y el cotillón como para una festividad de año nuevo en un salsodromo. Sin duda, manifestaciones ausentes de sensatez, finesa y buen gusto.

El programa contendrá, únicamente, lo imprescindible. La Academia Diplomática del Perú tiene una presentación que puede ser recogida por cualquier institución deseosa de ostentar prestancia. Su graduación consta de los siguientes momentos: himno nacional, discurso de su rector, palabras de un delegado del alumnado que incluirá una semblanza del personaje cuyo nombre ha adoptado la promoción, distribución de los diplomas a los egresados, entrega de premios a los mejores alumnos, lectura de la resolución ministerial de incorporación al servicio diplomático, juramentación de los nuevos terceros secretarios y disertación del ministro de Relaciones Exteriores. En caso de asistir el jefe de estado, esté hará uso de la palabra al final.

Por inercia se hace, en la mayoría de graduaciones universitarias, un empalagoso y aburrido recuento biográfíco -semejante a una clausura escolar- de cada uno de los egresados mientras caminan a recibir su diploma. De esta manera, la actividad se extiende y pierde majestad. Subsisten pupilos, aunque usted no lo crea, que dedican su licenciatura a sus “padres, abuelos, hermanos, esposas, suegras y mascotas”. Es aconsejable que las autoridades permanezcan paradas durante la entrega de certificados. 

La decoración guardará armonía con la gala. Noto escenarios con paños y sillas forradas de blanco, cubre manteles tonalidad oro y letras gigantescas con las siglas de la casa de estudios parecido al ornato de un baby shower. Advierto la aparición desmedida de flores multicolores (éstas deben ser blancas y no se ponen sobre la mesa, sino en los espacios más favorables en el estrado) y adornos con diseños propicios para un desfile de modas. Incluso existen tribunas engalanadas para una fiesta temática. ¡El colmo!

De otra parte, reitero lo expuesto en mi artículo “Importancia del protocolo en los eventos” (2016) en relación al rol del maestro de ceremonias: “…En nuestro medio concurren un abanico innumerable de moderadores con palpable desconocimiento de las mínimas disposiciones protocolares, a pesar de su dilatada experiencia e incluso siendo personas públicas convocadas con asiduidad para estos menesteres. Por ejemplo, acostumbran pedir ‘un voto de aplauso’, ‘saludamos con un fuerte aplauso’, etc. olvidando que las palmas no se solicitan; surgen espontáneamente. Escucho con reincidencia aseverar: ‘A continuación las sagradas notas del himno nacional del Perú. De pie por favor’. Bastaría: ‘Himno nacional del Perú’, es obvio que se entona de pie”. Tampoco se demandan vivas al concluir el himno como por inopia sucede con asidua frecuencia.

“Jamás debe asumir un rol adulón o intentar convertirse en la ‘estrella’ del certamen. Su criolla e improvisada formación, reflejada en reiteradas deficiencias, pueden generar la percepción que tan empañado desempeño es habitual. Debe dominar el uso de tratamientos honoríficos, precedencias y conceptos básicos de ceremonial. No exagero al subrayar la mediocridad de moderadores incapaces de diferenciar un evento institucional con una fiesta infantil. La sobriedad en su atuendo y desenvolvimiento define el estilo”. Existen infinidad de animadores que abruman a cada expositor de elogios, dádivas y títulos. Una muestra errada de extrema exaltación.

Los discursos bajo ninguna consideración pasarán desapercibidos. Aconsejo practicar con prolijidad para prevenir intervenciones deslucidas. Observo a rectores, decanos y graduados carentes de elementos intelectuales que leen sin énfasis y con inadecuada dicción. Se debe rehuir decir: “buenas noches con todas y con todos” (sólo: “buenas noches”) y es excesivo y pegajoso aludir a la totalidad de las autoridades. 

Las personas en ocasiones llevan sus alocuciones en hojas sueltas y arrugadas y, además, omiten mencionar a los concurrentes en el orden de precedencias. Por el contrario, lo hacen en la secuencia en el que vienen a su mente sus nombres. Tenga en cuenta que no está obligado a “doctorar” a los nombrados como pasa en “perulandia”. Puede decir “señor” y/o “señora” y punto. No diga “señorita” si desconoce el estado civil de la dama. 

El encargado de pronunciar el discurso en representación de su promoción deberá ensayar para detectar deficiencias. Absténgase de hacer referencias personales y familiares que otorguen un sesgo individual a una intervención efectuada por encargo de sus condiscípulos. Me permito insinuar prudencia en las alabanzas, calificaciones y reconocimientos y, especialmente, proceder con circunspección.

En un sinfín de circunstancias oímos decir que el protocolo establece demasiadas rigurosidades y formalismos. Todavía perdura la convicción que tiene solo un ámbito de aplicación en la esfera gubernamental. Éste garantiza el acertado desenvolvimiento de cualquier contingencia social, empresarial y oficial. Dentro de este contexto, es pertinente insertar su discernimiento y manejo en el contexto académico e impedir las descomunales omisiones, estridencias y mediocridades visibles en los centros de educación superior.

Del mismo modo, es palpable su dejadez en entidades de estudios que organizan aparatosas graduaciones atiborradas de orfandad. En tal sentido, coincido con las sencillas declaraciones sobre protocolo del experto español Fernando Fernández: “Es, sobre todo, sentido común. Consiste en aplicar una serie de usos y costumbres, existentes desde hace siglos, y una normativa legislada al respecto. Pero el sentido común soluciona muchos quebraderos de cabeza”.

viernes, 9 de junio de 2017

Vicuñas de aniversario: 50 años de Pampa Galeras

El 18 de mayo se han conmemorado las cinco décadas de la creación de la afamada Reserva Nacional de Pampa Galeras, situada en las alturas de la acogedora provincia de Lucanas (Ayacucho). Este hermoso, complejo y quebradizo escenario es el más simbólico en la supervivencia de la vicuña. 

  Los entretelones de su fundación están llenos de peripecias que deben conocerse con el afán de apreciar el aporte, el compromiso y la entrega de sus artífices. En tal sentido, existió un filántropo íntimamente vinculado con esta hazaña: Felipe Benavides Barreda, un apasionado defensor de nuestro exuberante patrimonio natural que se consagró a este quehacer y, además, aglutinó -por su avasalladora e incorruptible personalidad- admiraciones, reconocimientos, críticas, odios y bajezas. El Perú tiene una deuda de gratitud con este conciudadano que esparció sin desmayos las principales semillas de los asuntos verdes.

Siendo discípulo en el London School of Economics de Gran Bretaña (1938) realizó investigaciones sobre el contrabando de fibras, descubrió sus orígenes, modalidades y las empresas dedicadas al embarque de fardos mezclados con vicuña. Después de enmarañadas indagaciones halló en una biblioteca la publicación “The rarer wools” que revelaba que la firma James Johnston & Co. había sido el primer importador de su lana a Europa. 

A su retorno al país viajó por la región andina para verificar la situación de este recurso. A sus manos llegó el único trabajo serio elaborado sobre el comercio de su lana titulado “La vicuña y la puna”, del científico alemán Carl B. Koford y accedió a la dilatada producción legislativa del senador Carlos Barreda Ramos, presidente del Comité Nacional de Protección de la Naturaleza y autor del libro “Los recursos naturales del suelo peruano”. 

Tiempo más tarde, se comenzó a vislumbrar la posibilidad de instaurar el primer refugio de esta especie. Entre junio de 1965 y marzo de 1967, el Servicio Forestal y de Caza del ministerio de Agricultura contó con el asesoramiento de la cartera británica de Desarrollo en el Extranjero representada por el biólogo Ian Grimwood (con amplia experiencia en la organización y conducción de parques nacionales de Kenya y otras naciones africanas). Sus pesquisas señalaron entre 5,000 a 8,000 vicuñas, desplazadas en su mayor parte en Pampa Galeras. 

De modo que, sus estudios sustentaron las diligencias destinadas a erigir esta reserva. La asertiva intervención de Flavio Bazán Peralta y Benjamín Almanza Ocampo, funcionarios del Servicio Forestal y de Caza, posibilitó que los campesinos de Lucanas confirieran una porción de sus dominios para establecer esta zona protegida que alberga aproximadamente el 70 por ciento de su población. El 17 de octubre de 1966, se suscribió el acuerdo por el que esta colectividad otorgó 6,500 hectáreas para implantar la Reserva Nacional de Pampa Galeras. 

En estas negociaciones participó el histórico dirigente de Lucanas, Salvador Herrera Rojas, quien apoyó las tratativas llevadas a cabo por las autoridades de la cartera de Agricultura. Coincidiendo con esta efeméride me complace transcribir lo expuesto en mi artículo “En el Día del Campesino: Un quijote de Pampa Galeras” en su homenaje: “…Luchador infatigable en favor de la conservación, manejo y aprovechamiento de esta representativa especie silvestre, lideró un segmento social que sigue anhelando mejorar sus condiciones de vida a partir de la explotación de su valiosa fibra. Su identificación con esta causa lo convirtió en uno de los promotores de la principal reserva de vicuñas del país, ubicada sobre las tierras cedidas por los habitantes de Lucanas. Supo simbolizar a su comarca en momentos espinosos y contrajo responsabilidades que otros evadían. Ser alcalde, gobernador, juez de paz y presidente de la comunidad en las lejanías del ande, no es una posición en donde existan adulaciones o soberbias. Allí se arriesga la vida, la familia y el trabajo”.

En este recuento es pertinente evocar la contribución del primer director general del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y comisionado de IFAW Internacional, el prestigioso ornitólogo escocés, Ian MacPhail y de la Sociedad Zoológica de Frankurt que aportó dos millones de dólares por recomendación de su presidente, Bernardo Grzimek. Gracias a la Misión de Cooperación Técnica de la República Federal Alemana arribaron los expertos Rudolf Hoffman y Kai C. Otte, para impulsar la recuperación de este exponente silvestre. Estos renombrados científicos permanecieron diez años y formaron una generación de profesionales dedicados a preservar la vicuña.

El empeño y liderazgo de Felipe fueron reconocidos por el expresidente Fernando Belaunde Terry. Escribió desde los Estados Unidos, el 3 de octubre de 1977, una misiva en la que consignó estas palabras: “…Tengo que agradecerte una vez más por tu acertado consejo y tu decidida orientación en lo referente a la preservación de la vicuña en Pampa Galeras. Aunque los correspondientes laureles te pertenecen por entero, me halaga que obra tan trascendente se realizara en mi tiempo. Las estadísticas son consagratorias en cuanto al aumento de la población”.

En Pampa Galeras conviven el camélido sudamericano con la fibra más inestimable del mundo y uno de los más altos niveles de pobreza rural. Una incongruencia de las tantas existentes en la patria de “todas las sangres”. Así también, ha sido el lugar de vastas polémicas y agudas confrontaciones sobre su conveniente explotación sostenible. Por momentos estuvo envuelta en disputas que desencadenaron polarizaciones y facilitaron sórdidas maniobras puestas en práctica por mercenarios del movimiento ambiental, que han convertido esta lúcida causa en una inmoral forma de subsistencia.

Un episodio nefasto sucedió a finales de la década de 1970, cuando inescrupulosos burócratas del Proyecto Especial Utilización Racional de la Vicuña del portafolio de Agricultura dispusieron la matanza, según el informe final de la Comisión Investigadora de la Conservación y Saca de la Vicuña de la Cámara de Diputados (1985), de 8,045 ejemplares (39 por ciento hembras preñadas). Para justificar esta improcedente determinación, con consecuencia de escándalo, emplearon el absurdo pretexto de una “sobrepoblación”. Años después, las agrupaciones conservacionistas de mayor acreditación global desmintieron las falacias que ampararon este vergonzoso acontecimiento. 

No obstante, el notable aumento de ejemplares facilitó al gobierno -a través de la Comisión Multisectorial de la Vicuña presidida por Benavides- presentar en la sexta conferencia anual de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), realizada en Ottawa (Canadá, 1987), la propuesta para empezar la fabricación de telas "provenientes de la esquila de animal vivo", registradas con la marca “Vicuñandes-Perú”. Esta petición aprobada por unanimidad fue planteada por encargo de los integrantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú) y dio inicio a una nueva era orientada a impulsar su ansiado usufructo monetario. Era el comienzo de una etapa llena de perspectivas debido a la probada rentabilidad de las prendas de vestir producidas con su fibra. 

En lo personal todavía recuerdo mi primer viaje a Lucanas (1986) y la receptividad de sus moradores que confiaron en mí al nombrarme en una asamblea su apoderado, a fin de interpretar sus justas demandas. Un instante elocuente que atesoro en la retina de mis remembranzas es la audiencia concedida por el presidente Alan García Pérez, el 5 de junio de 1987 -por casualidad el Día Mundial del Medio Ambiente- con la finalidad de solicitar la cancelación de la deuda contraída por el estado con la comunidad, al conferir sus predios para constituir esta reserva. 

Los asiduos cuidados ofrecidos por los pueblos de nuestra serranía han sido determinantes para rescatar de la extinción a la vicuña. Ofrecerles una mejor calidad de vida, a partir de extraer su lana, es la deseable y equitativa retribución a sus denodados sacrificios, alientos y esperanzas. Pampa Galeras encarna el renacimiento de este emblema de inequívoca valía económica, cultural y social.  

domingo, 9 de abril de 2017

Perú: ¿Una Sola Fuerza?

Los trágicos sucesos que sucumben a miles de peruanos, como consecuencia de los huaycos y desbordes de algunos representativos ríos de la franja costera, ha generado un abanico de reacciones positivas y negativos imposibles de pasar inopinadas en un país “hermoso, cruel y dulce, y tan lleno de significado y de promesa ilimitada”, como afirmara el genial escritor indigenista José María Arguedas.
 
En estos instantes dolorosos el egoísmo, la impertinencia, el miedo, la habladuría, la identificación con el sufrimiento y la capacidad de entrega, forman parte de las innumerables manifestaciones suscitadas en “perulandia”. En conclusión, se reluce el esplendor o la miseria humana. Empecemos.
 
Escucho decir “es terrible lo que está pasando” en alusión a la falta de agua en las casas y no al drama de nuestros compatriotas. He visto regar jardines privados aprovechando la fluidez de este recurso en ciertos intervalos del día y saquear las botellas de agua en los centros comerciales. Estas vivencias coinciden con el sórdido lema que revela una fiebre de indolencia: “yo primero, yo segundo y yo tercero”.
 
Hace unos días recibí una invitación de mi amiga Carolina para una fiesta en una discoteca. Inspirado en una sana intención respondí que debemos volcar todos los recursos humanos y económicos para socorrer a nuestros sufridos prójimos. No hubo respuesta y minutos después mi anotación fue borrada. 
 
He observado a hombres y mujeres dedicarse a dilucidar estas incidencias desde el “balcón” de su apática zona de confort. Hablan del tema en actividades sociales y centros de trabajo como si fuese solo la novedad de estos días. En “perulandia” es usual diagnosticar, analizar, averiguar y cuestionar y, por el contrario, eludir sumarnos a un esfuerzo mayor tendiente a promover el cambio que coincidimos en demandar.
 
Tampoco están ausentes los bromistas, los autores de anuncios alarmistas y los curiosos dedicados a grabar con sus teléfonos celulares el “desplome” (está prohibida la palabra “caído”) de plataformas, el hundimiento de autos, la subida del caudal de los afluentes, la destrucción de viviendas, el bloqueo de carreteras y hasta el rescate de animales. Existe un afán desesperado por registrar las desgracias ajenas. 

  Asimismo, la creatividad criolla desconoce límites. En Trujillo un heladero se puso a tocar con su bocina una cumbia y los pobladores se sumaron al improvisado concierto empleando las tapas de sus ollas, pedazos de madera, tubos y las palmas de las manos.  En otra ciudad dos guitarristas interpretaban melodías -al estilo de las horas finales del famoso barco Titanic- mientras el aumento del nivel del agua cubría parte de sus cuerpos.
 
No ha dejado de llamarme la atención ver en las redes sociales a discutidos personajes repartiendo donaciones. Sujetos renuentes a convertir la solidaridad en una cultura de vida con sus allegados, ostentan una actitud de la puerta de sus casas para adentro y otra al exterior. Incluso hacen campañas de recolección empresas en las que imperan los antivalores, la prepotencia, la marginación y la doble moral. ¡Vaya coherencia!
 
El controvertido alcalde de Lima se ha ofendido por los comentarios del primer mandatario en relación al deprimente estado de los puentes construidos en últimos años, versus los edificados hace más de un siglo. Al burgomaestre le afloró su ausencia de disposición autocrítica, tolerancia y buenos modales y, además, resucitó de su irreversible “paraplejia verbal” y de su “mudes terminal” para rebatir con una descortés, inelegante y desatinada declaración. El líder de Solidaridad Nacional defendió a su amarillo, rastrero y mediocre funcionario municipal que, vestido como heladero de D’onofrio, estrenó para la televisión su célebre alegato: “El puente no se ha caído, solamente se ha desplomado”. 
 
Deseo compartir una anécdota reciente: una amiga de un elevado estatus económico que vive en San Isidro tiene una sublime y conmovedora ternura por las mascotas. La agenda de Tatiana está vacía debido a la ausencia de actividad laboral. En una conversación telefónica le sugerí, apelando a nuestra amistad, formar parte del voluntariado de su comuna y hacer llegar sus donaciones. Le expliqué que así logrará enriquecer su autoestima, su conexión emocional y su empatía. Más aun teniendo en cuenta su limitada inteligencia interpersonal y sus escasas habilidades blandas. Respondió “ya” y a los pocos días partió a veranear a su residencia de playa. ¡Qué entristecedores son los seres abarrotados de indolencia y de exiguo sentido de pertenencia!
 
De otra parte, advertimos una masiva movilización de peruanos -de las más variadas procedencias y edades- que se consagran como voluntarios, se organizan con amigos y familiares para llevar alimentos a los afectados, realizan colectas públicas, acopian ofrendas, envían mensajes de esperanza e invocan la cooperación internacional. Mención sobresaliente merece esa inmensa juventud ansiosa de aunar empeños y el esmerado y noble cometido del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios, de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. El gesto del congresista Kenji Fujimori de acudir a Palacio de Gobierno para dar su aporte es una actitud digna en momentos en que la confrontación política debe hallarse entre paréntesis.
 
Anhelo que este calvario -que aflige a tantos conciudadanos- nos despierte de la inercia, la indiferencia y el desdén inherente en “perulandia”. Los padres de familia tienen una oportunidad para impulsar en sus hijos la hermandad y, de esta forma, coadyuvar a moldear una nueva generación sensible al bien común. La mejor escuela sobre las virtudes que conviene afianzar en un ser humano, residen en las enseñanzas de su más cercano entorno.
 
En el facebook de mi amiga Gigi encontré una alentadora acotación anónima que  transcribo con entusiasmo: “Yo si siento al estado presente. He visto a los ministros en acción. A la ministra de Salud siendo tierna y humana. No necesito ver a PPK con botas, pico y pala. Prefiero verlo en su despacho haciendo lo que tiene que hacer un presidente. Yo he visto a un pueblo que se ha levantado, que ha juntado donaciones de un día para otro. He visto a policías sacrificando sus vidas para salvar otras. He visto personas que han dado sus casas para acopiar cosas. He visto restaurantes que han hecho lo mismo. He visto adolescentes ayudando a separar las donaciones, en vez de aprovechar ‘su feriado’. He visto marcas comprometidas que están donando sus productos, incluso en silencio. He visto a periodistas conmovidos, algunos incluso llorando, demostrando lo que todos sentimos. He visto veterinarios ayudando a los animales. He visto mucha acción, mucha fuerza, mucho amor. Pero sobre todo he visto a Evangelina levantarse del huaico, demostrándonos a todos, que si se quiere se puede. Y claro que se puede”.
 
Una reflexión final: la solidaridad está conectada con el desarrollo de la empatía. Un sujeto empático tiende a exteriorizar determinadas impresiones y rasgos de adhesión. Ésta consiste en entender los pensamientos, aflicciones e inquietudes ajenas y ponerse en su lugar. Contribuyamos a formar seres hábiles en respetar, aceptar e integrar al prójimo en sus proyectos personales. 
 
Del mismo modo, este admirable valor eleva la autoestima. Nos corresponde fomentar la solidaridad de forma permanente a fin de persuadir sobre su importancia. Cuando brindamos colaboración a otros fortalecemos nuestra autovaloración, experimentamos satisfacción, incrementamos nuestra sensibilidad y ampliamos nuestro conocimiento acerca de la compleja composición social de una nación invertebrada, convulsionada y marcada por abismos estructurales.
 
Es hora de evidenciar nuestra grandeza moral, espiritual y cívica y, especialmente, seamos capaces de recoger las lecciones de estas tristes contingencias. Aprendamos de este drama para encender nuestros ímpetus de compasión hacia quienes claman auxilio y apelemos a las sabias palabras del afamado historiador republicano Jorge Basadre: “Toda la clave del futuro está allí; que el Perú escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una gigantesca fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos". 

La Marcha de Banderas

Quiero compartir un recuento de los orígenes de esta imponente pieza cuyos entretelones debemos valorar a fin de afianzar sentimientos de adhesión colectiva, tan ausentes en el reino de “perulandia” y que nos incumbe cultivar a partir de comenzar a apreciar las palabras del sabio italiano Antonio Raimondi: “En el libro del destino del Perú, está escrito un porvenir grandioso”.
   
Su creador es José Sabas Libornio Ibarra (1858-1915), un músico que vino a  nuestro país, como muchos otros migrantes, procedente de Manila en 1885. A petición del dignatario Nicolás de Piérola compuso la Marcha de Banderas. La partitura pertenece al hermano Ludovico María, director del colegio La Salle. 
 
La obra de este genial artista consta de 598 partituras que se atesoran en el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú. Asimismo, condujo la Banda Cívica de España en Manila y la Banda del Séptimo Regimiento de España y, además, produjo incontables valses, polcas y representativas sonatas como: Estado Mayor, Séptimo de Línea, Escuadra Peruana, Coronel La Puente, El Morro, Huamachuco, Mi Patria y Mi Bandera y la Marcha Fúnebre Candamo. 
 
Según refiere el recordado comunicador Manuel Acosta Ojeda (1930-2015), el intérprete y el presidente coincidieron en un Te Deum en honor a la Patrona de las Armas de la República, Virgen de la Merced, en la Iglesia de La Merced. Al finalizar el mandatario lo felicitó y el filipino aprovechó para decirle: "Excelencia: el himno nacional está siendo usado muy indiscriminadamente, conviene convocar para crear una marcha para rendir honores a la bandera y para que sea ejecutada en todos los actos oficiales. El jefe del estado le respondió: ‘Maestro, usted tiene la palabra’".
 
Se estrenó este tema a la llegada del titular del Poder Ejecutivo a la homilía por el día de la victoria de la Batalla de Ayacucho. Una semana más tarde, el 17 de diciembre de 1897, fue expedida la resolución reconociendo su ejecución en todo evento oficial. En el compendio de dispositivos legales figura el siguiente precepto: "Aceptase la Nueva Marcha, que para los honores de la Bandera Nacional, propone el Director de Bandas del Ejército don José S. Libornio Ibarra; cuya Marcha será la única que se use, en lo sucesivo, para dichos actos”.
 
En el primer gobierno de Augusto B. Leguía (1908-1912), su denominación cambio a Marcha de las Banderas y se emplearía para anunciar el arribo y retiro del presidente de la república, la elevación de la Sagrada Hostia -en las ceremonias religiosas oficiales- y el izamiento de la bandera en cuarteles, buques de la armada, puestos de frontera y centros de enseñanza.
 
El Decreto Supremo Nro. 096-2005-RE titulado “El Ceremonial del Estado y Ceremonial Regional”, señala: “…la ejecución de la Marcha de Banderas estará reservada a los honores que se le rinde al presidente constitucional de la república, la elevación del Santísimo, la bandera nacional y a los jefes de estado o de gobiernos extranjeros”. La citada norma establece que “cuando correspondan, los honores militares se rendirán únicamente entre las ocho (08.00) horas y las dieciocho (18.00) horas, lapso durante el cual permanecerá izado el pabellón nacional”.
 
Una muestra de los incontables desatinos en su aplicación se evidenció en la toma de posesión del alcalde de la “Ciudad de los Reyes”, Luis Castañeda Lossio (enero 1 de 2015). Algún improvisado y confundido adulador del área de protocolo -que alucinó al líder de Solidaridad Nacional asumiendo la presidencia de la república- dispuso su entonación al irrumpir el electo burgomaestre en el Teatro Municipal de Lima. 
 
Este despropósito fue la primigenia torpeza de las innumerables que caracterizan la oscura, sectaria e intolerante dirección edil del experto en puentes colapsados. Por fortuna los músicos no lucían chalecos amarillos con el lema “Construyendo”. Tengamos presente que el protocolo implica guardar las formas y el respeto al semejante: cualidades enmudecidas -y sólidas como el cemento de sus cuestionadas edificaciones- en el político contemporáneo que, probablemente, mejor encarna la criolla y resignada frase “roba pero hace obra”.
 
Esta composición tiene un simbolismo imposible de omitir. De allí que deseo transcribir el relatado de Guillermo Thorndike expuesto en su libro “La revolución imposible” (1988), en relación al tributo rendido en la primera gestión de Alan García Pérez (1985-1990), al recibir en Palacio de Gobierno a la viuda del ex presidente chileno Salvador Allende, Hortensia Bussi: “…La banda de músicos saludó a García con la Marcha de Banderas. Tan pronto se apartó la limusina de la casa militar, el presidente avanzó con la señora Allende hasta detenerse en el centro del patio. Se escucharon entonces los himnos de Chile y Perú. Escoltados por el general Silva y el jefe del regimiento pasaron revista a la tropa”…“Pero presidente, me dispensa usted honores de jefe de estado, dijo la viuda de Salvador Allende. El general Silva mantenía los ojos en un remoto horizonte. Es que la estoy recibiendo a usted y también a don Chicho (en alusión al líder de la Unidad Popular) contestó con una sonrisa”. 
 
Al retornar la democracia al vecino país del sur, el dirigente del Partido Aprista Peruano tuvo el gesto enaltecedor de acudir a la asunción de Patricio Aylwin Azócar al día siguiente de la ceremonia de investidura (marzo 11 de 1990), con la finalidad de eludir saludar al sórdido dictador saliente. Sin duda, un coherente mensaje político llevado acabo sin alterar, ni dejar de cumplir el correcto proceder protocolar.
 
De otro lado, sugiero a la Dirección General de Protocolo y Ceremonial del Estado de la Cancillería impartir programas de capacitación a los medios de comunicación que incluyan la función de esta majestuosa marcha. En ocasiones los periodistas ofrecen información inexacta. Por ejemplo, en la visita de los reyes de España (2008) una despistada locutora de televisión refirió que al acceder los monarcas a la Plaza de Armas -camino a la Casa de Pizarro- lo hacían acompañados del himno patrio. En realidad se trataba de la Marcha de Banderas.
 
Una vez más, reitero: este tradicional fragmento sonoro está reserva para las solemnidades instituidas en el ceremonial. A los encargados de protocolo de las variadas entidades públicas les incumbe estar al tanto de sus pormenores y, de esta forma, evitar su arbitrario uso. Su hermosa letra es un canto de orgullo, esperanza y amor nacional.

Los “cinco tenedores” de la atención al cliente

En ocasiones el servicio de un restaurante es discordante con la calidad de la comida y, por lo tanto, puede ser un factor concluyente en el descontento del consumidor y en su ausencia de fidelidad. La excelencia de lo ofrecido en la carta ha dejado de ser el único componente determinante en la aceptación del público. 
 
El periodista cordobés Alfredo Romero en su ensayo “Atención al cliente en restaurantes (II). Llegada del cliente y gestión lista de espera”, asevera: “…La satisfacción del cliente vendrá derivada de la percepción que se tenga durante la visita al restaurante, desde su primer contacto hasta su salida. Durante su estancia ha habido muchas interacciones con el entorno que le ha permitido procesar toda la información recibida y formarse una opinión sobre nuestro establecimiento. Es por ello que sería fundamental para incrementar la satisfacción de un cliente analizar cuáles son los procesos más importantes de estímulos recibidos durante su estancia. En cada uno de estos procesos el cliente recopilará datos del entorno y especialmente de las personas que se encuentren interactuando con él. En líneas generales podríamos encontrar que los puntos de interacción más importantes con los clientes son la recepción de cliente, la comanda del servicio y por último la entrega de la cuenta y la recopilación de opiniones sobre el propio establecimiento”. 
 
Seguidamente, deseo analizar unas cuantas orientaciones encaminadas a perfeccionar la relación con el comensal. Primero: proporcione calidez, amabilidad y tenga en cuenta la eficacia de saludar, dar la bienvenida, presentarse y exhibir afabilidad. Muestre una actitud servicial, sincera y deferente. Sonría con espontaneidad y desarrolle un guión, previamente evaluado, conducente a infundir una primera buena impresión y zanjar improvisaciones.
 
Hágalo sentir trascendental a través de un sinnúmero de detalles encauzados a este propósito, como acompañarlo a elegir la mesa adecuada y ayudar a sentarse a la dama y personas mayores. Al enseñar la lista es pertinente decir las promociones, especialidades o indicaciones de interés. No manifieste apresuramiento, ni la intención de culminar la atención con inmediatez.
 
Segundo: el grado de pulcritud del establecimiento se aprecia en los baños y la cocina. De allí que, estos dos ambientes y el comedor deben lucir aseados e impecables. La limpieza debe proyectarse, con similar esmero, en el personal sin distinción de jerarquías o espacios de labores. No desatienda el estado del cabello, las uñas, el uniforme, los zapatos, el cuello de la camisa, etc.
 
Tercero: la buena atención -incluyendo la rapidez, hospitalidad y adecuada información a sus incertidumbres- es imprescindible. Si el platillo va a demorar, es apropiado advertirlo. Los tiempos en un restaurante de menús ejecutivos varían de aquellos gourmet que atienden familias. En el primero, el comensal tiene un limitado período asignado para su almuerzo; en el segundo, busca agradables meriendas y compartir momentos placenteros en grupo.
 
Cuarto: llevar acabo programas de capacitación, motivación e incentivos, fomentará una briosa atmósfera laboral a fin de lograr una beneficiosa reciprocidad interpersonal en la empresa. La idoneidad de la atención refleja organización y profesionalismo y, además, evidencia la preparación de sus colaboradores. Un equipo humano pro activo será capaz de anticiparse a los requerimientos del consumidor y prestará un prodigioso asesoramiento en la elección del menú. Además, estará en condiciones de responder detalladamente las más acuciosas interrogantes.
 
Quinto: la empatía es primordial en el trato con el público. Es decir, apostarse en el lugar del consumidor es un primer paso para detectar deficiencias y aplicar correctivos. Si existen reproches canalícelos con discreción y maneje el autocontrol emocional y la tolerancia. Deben definirse las compensaciones de cortesía que se brindarán cuando se produzca una omisión o falla. Al mismo tiempo de reconocer el error y dar excusas.
 
Es propicio acercarse con el formulario de la encuesta al terminar el servicio. A mi parecer, es mejor que ésta sea realizada por un personal distinto al que lo atendió y así existirá mayor libertad en la clientela para opinar sobre el manjar y la atención brindada. Dentro de este contexto, la conexión mediante el mundo virtual facilitará crear una base de datos, atraer sus percepciones, enviarle novedades, ofertas, saludos en ciertas efemérides y captar nuevos interesados. Es un medio ágil, dinámico, económico y que posibilita interactuar.
 
De otra parte, dominar la etiqueta social otorgará mayor prestancia. A continuación mis aportes: los cubiertos y el plato base estarán ubicados a dos dedos del borde la mesa; ponga en la fuente la cuchara de servir a la derecha y el tenedor a la izquierda de ésta; el mesero coloca y retira el plato por la derecha y sitúa el limpio por la izquierda; la botella de vino se cubrirá con una servilleta para impedir que gotee; si el mozo lleva la bandeja para que cada comensal se sirva o para él servir, lo hará por la izquierda; antes de traer el postre, se saca el salero, el pimentero y la vajilla de pan; primero se reparte a las damas, en último lugar a la anfitriona, luego a los caballeros y, finalmente, al anfitrión. 
 
Unas sugerencias más: el empleado eludirá decir “provecho” y/o “servido”, como por error aún se suscita incluso en restaurantes de cinco tenedores; las copas o vasos estarán ubicadas a la derecha: se ponen, llenan y apartan por ese lado; sucede lo opuesto con el platillo de pan; nunca pondrá montadientes; absténgase de entregar la cuenta anunciando el monto a pagar; soslaye cruzar los brazos para ofrecer o recoger algo: hágalo por la posición correcta. El camarero invariablemente estará atento a las posibles exigencias del cliente.
 
Asimismo, quiero añadir unos tips de utilidad para el comensal en su nexo con el mesero: esquive estirar el brazo y llamarlo de modo altisonante; si tiene una reclamación recurra a la cordura y la ponderación; evite desplegar extensas pláticas que perjudiquen el trabajo de este servidor; no está obligado a decir “gracias” cada vez que lo atiende, si al culminar el servicio; prescinda tutearlo o hacerlo sentir maltratado; condúzcase en todo momento con respeto y consideración; eluda efectuar preguntas personales, indiscretas o ajenas a la asistencia que presta; deje una propina concordante con la diligencia ofrecida. Olvidaba un detalle adicional: el encargado de llamarlo será el varón.
 
Para concluir, recuerde: cada cliente es una oportunidad, un futuro aliado y un prójimo con sentimientos y expectativas que usted debe poseer la inteligencia y pericia de retribuir. No releguemos la sabia expresión del escritor escocés Nelson Boswell: “Siempre dale al cliente más de lo que espera”.

Protocolo en la boda: Sí, acepto!

Los preparativos para una boda religiosa demandan un conjunto extraordinario de detalles, delicadezas y, además, deben considerarse diversas pautas con la finalidad de asegurar su éxito. En este contexto, el protocolo social cumple un rol invalorable, acertado y eficaz.

Un primer paso consiste en elaborar con antelación y detenimiento la lista de invitados. Si obvia organizar un registro pormenorizado, corre el riesgo de disponer un número inexacto de tarjetas e incluso puede olvidar a personas afines. Soslaye convocar solo por compromiso. Recuerde: no tiene la obligación de incluir a quien no desea.

Las invitaciones son la “carta de presentación” de la actividad. Emplee un color sobrio (blanco o marfil), eluda diseños saturados de dibujos, tonos exagerados y extravagancias. Deben contener el nombre y apellido apropiado del destinatario y serán entregadas con 30 días de anticipación. Un aporte importante: no requiere colocar el afamado enunciado “hora exacta”, como sucede en “perulandia”. El protocolo exige que la ceremonia empiece a la hora indicada.

Otro aspecto inadvertido es su redacción. Sea ponderado, original y descarte imitar los deficientes contenidos atiborrados de errores. Use expresiones atinadas y si desea consulte a un corrector de texto. En ocasiones leemos en la lado inferior: “Después de la ceremonia sírvase pasar a los salones de la iglesia”. Más acertada sería la siguiente inscripción: “Brindis, salón de la iglesia”. Punto!

En relación a la vestimenta es oportuno estipular que “elegante” deriva de “saber elegir”. Recomiendo escoger el vestuario acorde a la edad, las características físicas, la hora, el clima y el evento. Cuide los escotes, las transparencias y las espaldas descubiertas. La discreción es sinónimo de buen gusto: las damas pueden ponerse un traje corto o un vestido de cóctel y los hombres un terno oscuro y camisa blanca.

Los novios deben marcar la diferencia y exhibir una ropa acorde a tan solemne coyuntura. Salvo que se realicen unas nupcias originales, el atuendo seguirá una línea tradicional: camisa blanca -mejor de doble puño y cuello sin ningún tipo de botón o pasador- y una corbata de color clásico.  Los zapatos apropiados son los de cordones.

El padre vestirá con la misma gala que el novio, más allá que sea el padrino. La madre se pondrá un atavío por debajo de la rodilla de manga tres cuartos o larga. Los testigos usarán igual etiqueta que el novio o algo inferior, pero nunca superior. Por ejemplo, si el futuro esposo luce una prenda clásica los testigos no deberían ir con chaqué.

Es imperioso ensayar el enlace matrimonial a fin de sortear los comunes deslices que deslucen esta conmemoración. Es conveniente estar al tanto de las precedencias: la prometida irá en el automóvil en el asiento posterior a la derecha, ingresará al templo por la derecha, los sacos de los varones permanecerán abotonados, los encargados de la primera y segunda lectura, del salmo responsorial y de las peticiones deben tener buena dicción, leer con fluidez y sacudirse de temores que desluzcan sus intervenciones.

Al irrumpir en la iglesia no haga sonar los tacos, jamás lleve las manos en los bolsillos, tampoco corra como si estuviera arribando a una función cinematográfica. Los invitados de la novia se ubicarán en las bancas del lado izquierda, mirando hacia al altar y los del novio en la derecha. Si llega tardíamente, propongo prescindir hacerse notar caminando hasta las primeras filas. Aplique el sentido común y no acuda con recién nacidos o niños. Apague su celular, esquive tomar selfies y actúe con circunspensión. Tenga presente: está concurriendo a un lugar de oración.

En consecuencia, considero trascendental referirme a la conducta en el templo. Para lo cual, reitero lo comentado en mi artículo “¿Sabe usted comportarse en la iglesia?”: “…Para empezar a la Casa del Señor se ingresa y permanece en silencio antes y durante la liturgia. No es correcto saludar a creyentes conocidos, hablar por teléfono, ver sus mensajes de texto, voltear a mirar el coro, conversar mientras llegan los concurrentes, cruzar las piernas, masticar chicle, asumir una actitud con poca observancia, entre otros ‘habituales’ e indecorosos gestos”. “…Si se incorpora mientras se está en las lecturas espere en la entrada. Puede buscar asiento durante el salmo responsorial cantado o la aclamación del evangelio. Los pasillos laterales serán utilizados en estos momentos para no distraer. Los menores siempre se sentarán con sus padres o adultos a fin de aprender cómo participar”.

Es irrespetuoso -como sucede con asiduidad en “perulandia”- que concluida la ceremonia se omitan los saludos en los recintos de la iglesia y, únicamente, ciertos invitados sean convocados a la fiesta. ¿Cómo hacen los demás para felicitar a los nuevos esposos? ¿Se ha puesto a pensar en este disparate? En ciertas oportunidades he recibido este tipo inconcebible de convocatorias.

La invitación para la festividad posterior al casamiento estará adjunta al parte matrimonial y puede poner en una hoja un plano para hacer accesible su ubicación. Prescinda emplear la palabra “recepción”. Ésta es ofrecida solo por autoridades gubernamentales y diplomáticas. Sitúe el vocablo preciso en función de la velada que haya planeado:  almuerzo, comida, cena, brindis, coctail, según sea el caso. Decline usar el término que le parezca más refinado. En la mesa principal, según el criterio de los recién casados, se sentarán los progenitores y padrinos, pero no juntos. Propongo intercambiar a los participantes en varias mesas con el afán de propiciar su combinación y evitar la formación de sectas o grupitos como acontece en “perulandia”, en donde la precaria habilidad social y la escasa relación interpersonal son el “pan nuestro de cada día”. No coloquen las señoras sus carteras en los asientos vacíos para reservar espacio a su amiga o familiar. Demuestre su seguridad personal, su manejo de  elementales cánones de educación y, además, que no está infectado con el síndrome de “chuncholandia”. Para ello, los comensales se fijarán en el rótulo apostado en su ubicación.

Las mesas recomendadas son las redondas: posibilita que los presentes se vean, disimula las precedencias y beneficia las conversaciones colectivas. No instale aparatos florales exuberantes que obstruyan la mirada entre los asistentes. Si tiene agasajados altisonantes dispérselos e intégrelos con hombres y mujeres de una conducta mesurada. De esta manera, el impertinente quedará neutralizado.

Cuando arriban los novios a la fiesta prescinda saludos, besos y abrazos. Eso se dejará para después de comer. Una vez que están servidos los platos de los novios y empiezan a comer, se da por comenzado el convite. Se principia a merendar cuando todos los platillos de nuestra mesa han sido distribuidos. El banquete termina con el postre y con el corte del pastel por parte de los desposados, seguido de un brindis. Los contrayentes suelen recorrer las mesas para charlar y fotografiarse. El baile lo abren ellos, seguidos por los padrinos y luego intercambian parejas. 

Si se tiene previsto algunas palabras debe hacerse de una forma amena y retraerse de extensas intervenciones: es suficiente dos o tres minutos. Es común que hablen los padrinos -los dos o uno de ellos- y uno de los recién casados. Se suele reconocer a los concurrentes por haberles acompañado en ese día tan importante en sus vidas. Nada más!

Es aconsejable disculparse en caso de estar imposibilitado de asistir al matrimonio. Puede enviar una comunicación con un aparato floral. También, es agradable formular una invitación a los novios a su retorno de la luna de miel. Será entendido como un gesto afable y explícito de su delicadeza. Transmitir sus excusas muestra su deferencia y cortesía. Por desgracia, cada vez es más escasa esta muestra de refinamiento que, sin ambigüedades, se encuentra camino a la extinción en una colectividad atestada de desidias y tosquedades. 

Un detalle enaltecedor venido a menos en “perulandia” es el agradecimiento. Los esposos -a través de una esquela- darán las gracias por los obsequios, mensajes y flores recibidas. Agradecer dignifica, estimula y ennoblece. Felices y unidos “hasta que la muerte nos separe”.