sábado, 4 de noviembre de 2017

Protocolo y Ceremonial en la Academia Diplomática del Perú

Hace algunas semanas concluyó el XXII curso de Protocolo, Ceremonial y Gestión de Eventos, emprendido por la Fundación Academia Diplomática del Perú “Javier Pérez de Cuéllar” -creada en 1984 por el ministerio de Relaciones Exteriores- que, habitualmente, se lleva acabo con la finalidad de instruir sobre el protocolo del Estado.

Esta interesante iniciativa contribuye a llenar un inequívoco vacío de esta temática. Más aún si consideramos la distorsionada percepción y desinformación sobre sus alcances. La confusión es de tal magnitud que el vocablo “protocolo” se utiliza con la absurda intención de atribuir mayor significado o importancia a determinado acto. Éste es adaptable, flexible y garantiza el ordenamiento, miramiento a los símbolos patrios, precedencias, categorías y es imprescindible en un acaecimiento.  

Estamos acostumbrados a escuchar a autoridades, moderadores y periodistas decir: saludo “protocolar”, discurso “protocolar”, visita “protocolar”, foto “protocolar”, se salió del “protocolo”, rompió el “protocolo”, recibió el agradecimiento “protocolar”, etc. Términos inexactos y que, de una u otra manera, crean una idea errada y rígida.   
A eso debemos agregar las colosales extravagancias, antojos y desatinos en certámenes institucionales, poderes públicos, ministerios, municipios, gobiernos regionales, graduaciones universitarias, etc. en relación a sus implicancias. La improvisación y la torpeza son evidentes incluso en empresas proveedoras dedicadas a organizar eventos. Ejemplos ostensibles son las bodas, agasajos, homenajes, ceremonias en centros de enseñanza superior y encuentros corporativos, entre muchos otros sucesos.  

Es conveniente resaltar la existencia de un espacio pedagógico de probada reputación y prestigio que, mediante estas capacitaciones, aporta a la difusión del protocolo; entendido como un elemento consagrado a planificar y realzar las actividades; por lo tanto, conlleva tolerancia, cortesía, amabilidad y capacidad de convivencia. De allí la imperiosa necesidad de fomentar su asimilación como un estilo de vida en una sociedad lacerada por sus innegables carencias de educación, deferencia y respeto.  

Desde mi perspectiva, conviene fortalecer el perfil del funcionario encargado de su manejo, específicamente, en el sector estatal; tan sensible, cambiante y en donde coexiste la tendencia de disponer su aplicación en función de intencionalidades políticas. Ello demanda proactividad, seguridad, dominio, disciplina, autocontrol emocional y habilidad para resolver realidades inesperadas. En tal sentido, las circunstancias son propicias para inducir su congruente práctica alejada de la inconveniente, subjetiva e impertinente intervención a la que me he referido con énfasis en anteriores artículos.   

La asignatura contó con una variedad de temas y expositores. “El protocolo en las Fuerzas Armadas” fue sustentado por Santiago Llop Meseguer, quien ilustró acerca de la amplitud y, hasta por momentos, complejidad en las instituciones castrenses y policiales y su usanza en desfiles, aniversarios, ofrendas florales, etc. Su documentada intervención propició que canalizará una duda pendiente desde hace varios años: ¿Quién ordenó desairar al titular del Poder Judicial, Javier Villa Stein en la parada militar del Campo Marte (2009) al ser ubicado en un lugar incorrecto de acuerdo al Cuadro General de Precedencias?   

Vera Mónica Sobral tuvo a su cargo “Protocolo social y empresarial”, que mereció atención y expectativa no solo por su profundidad y alcance sino, además, por la emprendedora actitud de la catedrática. Acuñó la frase “horror.com” para describir con acierto las frecuentes omisiones en la etiqueta social. Su destacada trayectoria nos involucró en un sinfín de vivencias enriquecedoras.  

“La importancia del arte en la determinación de los obsequios”, fue explicado con elocuencia por Juan Ballesteros Peralta, un dinámico estudioso de nuestros antepasados. Hizo una minuciosa descripción de la pintura rupestre, los ceramios, la metalurgia y la textilería de las civilizaciones andinas. Al oírlo recordaba lo aseverado por el magno intelectual indigenista e historiador Luis E. Valcárcel Vizcarra, autor de la enciclopedia “Historia del Perú antiguo”, cuando tuve el privilegio de entrevistarlo (1984): “…A pesar de todos los desencantos que uno lleva vividos, yo tengo una fe grande en el Perú, porque conozco su historia, conozco todas las vicisitudes que ha sufrido el Perú…Yo espero que venga pronto, tal vez dentro de pocos años, una reacción total en que el Perú usando de su verdadera fuerza, usando de su verdadero espíritu, cambie de rumbo y vuelva a ser lo que fue. Allí está el asunto, vuelva ser lo que fue”.  

Más adelante abordó el tópico “Gestión de eventos corporativos”, Verónica Rodríguez la que, con irrefutable profesionalismo, ilustró sobre las etapas, estrategias, planes, patrocinios, auspicios y mecanismos indispensables para su eficiente realización, así como una suma de detalles tendientes a asegurar su éxito. Su presentación denotó destreza y solvencia.   

Se encargó de la novedosa materia “Documentos de comunicación diplomática”, Jesús Chacaltana Matzunaga, quien demostró, a pesar de su juventud, excelente dominio, accesibilidad, fluidez y preparación. Resultó de interés conocer la nota verbal, formal, reversal, memoranda, invitaciones, oficios, esquelas, tarjetas, etc. Mientras lo escuchaba me interrogaba acerca de la trascendencia de estas herramientas. Algo en desuso en una colectividad claramente ausente de benévolos modales. Lo afirmo con la atribución de enviar incontables esquelas de las que exiguas veces recibo respuesta.  

Una de las presentaciones que generó mayor entusiasmo correspondió a Alberto Gálvez de Rivero: “Ceremonial y protocolo del Estado”. Se ganó el cariño y gratitud del alumnado por su fino sentido del humor, afabilidad y pericia. Compartió múltiples situaciones y relatos enfocados a enseñarnos los entretelones del protocolo en las esferas del poder. La presentación de este experto integrante del Servicio Diplomático de la República y la espontánea relación entablada, será evocada como una de las más gratas experiencias. En lo personal coincidimos al guardar inmenso y genuino afecto hacia un honorable y querido amigo común: Augusto Dammert León, dos veces alcalde San Isidro y ex embajador en Jamaica y Nicaragua. Su recuerdo siempre acompaña mis afanes, inquietudes y sentido de la peruanidad.  

Esta jornada estuvo matizada por la colaboración y cualidades de sus integrantes. En cada sesión aprendimos de las actualizadas anotaciones y observaciones de Wladimir González Figuerola, quien transmitió peripecias de su quehacer en el sector Educación; Rosario Herrera Harvey, del portafolio de Relaciones Exteriores, una dama colmada de carisma, entusiasmo, sentido del humor y elevada dosis de gracia; Samantha Irus Mires, de la embajada de Bélgica, se distinguió por sus precisos y convincentes aportes y anécdotas; Juan Sotomayor Palomino, de la cancillería, hizo gala de su prolífica memoria acerca de nombres, datos, fechas y acontecimientos.   

También, descubrimos el talento artístico de Maricruz La Serna Ramírez y Nicolás Rojas Roca: quienes deleitaron con sus pregones y canciones, respectivamente. Pusieron una nota excepcional de alegría, cultura y amenidad. Soon Kim Kwon, esposa del embajador de Corea del Sur, ofreció un exquisito banquete que posibilitó acercarnos a ese noble, hermoso y hermano país y, además, nos invitó a la celebración por su efeméride nacional. Pocas veces una faena académica está combinada con la sapiencia, la gastronomía y la insuperable reciprocidad entre sus concurrentes. Extrañaré los intensos diálogos, sátiras y reflexiones compartidos con Kelly Pérez Quezada y Liliana Reyna Reátegui, dos agudas, inteligentes y simpáticas jóvenes.    

Anotación final: Mi agradecimiento efusivo a la Fundación Academia Diplomática del Perú al haberme designado para dedicar unas palabras, en representación de mis condiscípulos, en la clausura enaltecida con la impecable participación de la maestra de ceremonia: nuestra encantadora compañera Francesca Rojo Matta. Vienen a mi mente unas populares frases anónimas coincidentes con la sutil misión del protocolo: “El principal objeto de la educación no es el de enseñarnos a ganar el pan, sino en capacitarnos para hacer agradable cada bocado”.

martes, 3 de octubre de 2017

El “educado” beso del ministro de Educación

Dos recientes sucesos me brindan elementos para analizar la vigencia de comportamientos impropios. El nuevo titular de Educación, Idel Vexler, al concluir la ceremonia de transferencia se dirigió a Marilú Martens y le dijo: “Muchas gracias Marilú por tu trabajo. Y esta es tu casa, ven cuando quieras. Quiero que me visites lo más que puedas; es más, con una ministra tan hermosa” y procedió a besarla en la cara.

Probablemente fue una manifestación de afabilidad. Tratándose de una actividad que amerita estrictas formalidades, resultó indudable la contrariedad de Martens. Al respecto, la saliente funcionaria aseveró: “…Justo lo conversaba con mis hijos. Esos son atributos machistas de generaciones como las del ministro Vexler, que ya los chicos de ahora los rechazan y que no deben darse en estos espacios de trabajo. Fue incómodo, estábamos en un espacio de trabajo. No creo que la intención del ministro haya sido mala, pero creo que nunca me referiría así a un ministro al que le hago la transferencia. Creo que uno se puede referir a atributos más importantes".

En sus primeras declaraciones, en lugar de exponer asuntos del sector, el ministro ha debido rectificarse diciendo: “Quiero expresar que guardo el más profundo respeto por las mujeres y que rechazo el acoso en cualquiera de sus formas”. Ha inaugurado su gestión aclarando un incidente ausente de miramiento, más aún con su amplia experiencia en la esfera estatal.

En el Congreso de la República se produjo un cuestionamiento acerca de un episodio similar. Durante la sesión de la Comisión Lava Jato se registró un impase debido a una interrogante del legislador Víctor García Belaunde a la ex autoridad de la municipalidad de Lima, Giselle Zegarra. “El señor Léo Pinheiro -ex presidente de OAS- trataba con familiaridad a la señora Giselle, la trataba de besos (…) ¿Usted suele besarse con todos sus clientes señora Zegarra?”, preguntó el asambleísta.

La ex servidora indicó sentirse ofendida por las palabras del parlamentario y, luego de responder entre lágrimas, decidió abandonar el recinto alegando problemas de salud. A mi entender, cabe discutir: ¿Qué clase de vínculo tiene entre una trabajadora edil y el presidente de una empresa privada que le envía besos en sus comunicaciones? A todas luces no es pertinente y, además, esta relación puede prestarse a erradas y capciosas deducciones.

No es la primera vez que estos gestos se dan en el controvertido ambiente político. Hace unas semanas la lideresa de la oposición acudió a entrevistarse en Palacio de Gobierno. Al saludar a Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori extendió la mano con firmeza; no obstante, el primer mandatario se aproximó para besarla en su mejilla lo que tal vez en otras épocas -cuando ambos eran aliados electorales- sería usual. Al parecer, el actuar de la ex candidata fue ignorado.

Han existido jefes de Estado propensos a besar a las damas. El más llamativo estuvo protagonizado por el presidente Alejandro Toledo Manrique en su visita a los reyes de España, Juan Carlos y Sofía (2004). Nuestro efusivo gobernante saludó con dos besos, uno en cada mejilla, a la reina dejando desconcertados a los asistentes. Al intentar justificarlo, el canciller peruano Manuel Rodríguez Cuadros comentó que los mandatarios pueden tener licencias afectivas en función de su nivel de amistad. ¡Nada más inexacto!

Besar es un vicio frecuente en la región latinoamericana. Recordemos el encuentro celebrado en nuestra capital con los jefes de gobierno de México, Felipe Calderón Hinojosa; Colombia, Juan Manuel Santos Calderón; y Chile, Sebastián Piñera Echenique con motivo de la Cumbre de Lima (2011). En aquella cita, en un aparte, los tres invitados extranjeros recibieron en la Casa de Pizarro a los candidatos presidenciales Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Calderón y Piñera jalaron a la postulante de Fuerza 2011 y a Nadine Heredia, esposa del aspirante de Gana Perú, para darles un beso.

El dignatario de Colombia atravesó un trance bochornoso al sufrir el desplante de la hermana del subintendente de la Policía Jorge Eliécer Álzate, fallecido en enfrentamientos con las FARC, en el homenaje a las víctimas del conflicto armado en ese país (2015). Santos pretendía, al entregarle una medalla a la dama, darle un beso; ella lo rechazó. El listado de esta clase de ligerezas es inmenso.

El besuqueo se ha convertido de una cotidiana impertinencia. También, hay señoras deseosas de ser besadas en momentos inoportunos. A decir verdad, en la mayoría de veces son los varones los ansiosos por atraer la mano de la mujer para besarla. Es imprescindible obrar con prestancia en acontecimientos observados por la opinión pública. Nuestros gobernantes debieran evitar actitudes machistas e inelegantes y, especialmente, considerar que los piropos deben desencadenarse en el contexto idóneo.

Actuemos con estilo y desterremos estas usanzas. A nivel empresarial y gubernamental demos la mano con cortesía y soslayemos pegajosas expresiones de familiaridad. Estamos obligados a respetar el espacio vital de una mujer y obviemos forzar un contacto que no nos ha sido autorizado. Acuérdese: la sobriedad es sinónimo de distinción.

En consecuencia, reitero lo explicado en mi artículo “Los ‘horrores’ de la etiqueta social”: “…Quinto ‘horror.com’: el empleo del beso. Eso me trae a la memoria la frase de mi dilecta colega Carolina Mujica: ‘El Perú es un besodromo’. Al peruano le cautiva jalar a las damas para besarla; la señora determina cómo desea ser saludada. Veo a menudo caballeros ansiosos por besar a compañeras de trabajo, anfitrionas, camareras y hasta al personal de limpieza de sus empresas y hogares. Si la mujer estira el brazo para dar la mano, allí concluye el saludo. Por favor, emplee un ápice de criterio, urbanidad y sentido común”.

En actos formales saludemos con mesura. Los profesores de etiqueta social aconsejamos, muchas veces sin éxito, saludar de mano y al extenderla, el trato será agradable, seguro y prescinda apretar demasiado, ni por bastante tiempo. Éste describe nuestra personalidad y se convierte en nuestra tarjeta de presentación. Insisto en hacerlo con espontaneidad y fluidez. Es el primer puente para lograr una impecable reciprocidad.

Un comentario a manera de colofón: debido a la embarazosa coyuntura producida en el portafolio de Educación, pasó inadvertido el asertivo, lúcido y proverbial mensaje de la “ministra tan hermosa”: “…Vamos a seguir trabajando para que este país sea un país correcto. Y que nuestro congreso se llene el día de mañana de los chicos que nosotros educamos, que tengamos en ese congreso chicos educados, con una visión de país. Que cuando vayamos a un congreso a una interpelación, una comisión, la gente que nos escuche tenga eso en la cabeza, que la educación sea lo primero".

 La docencia y la etiqueta social: ¿Desencuentros?

Desde hace mucho tiempo pretendía escribir, a partir de mi vivencia y observación cotidiana, acerca del comportamiento -por momentos singular, deslucido y variopinto- en el ámbito educativo. Anhelo ilustrar con esta contribución explícita de mi honestidad intelectual.

  El profesor -cualquiera sea el nivel de educación al que esté abocado- debe constituir un prototipo estimulante en sus discípulos. Este objetivo demanda bastante más que, únicamente, conocimientos y actualizadas especialidades. Requiere un determinado perfil moral, cultural y emocional en ocasiones ausente. En sinnúmero de veces prevalece, en el proceso de selección y asignación de la carga horaria, el amiguismo, la recomendación y la subjetividad. En 15 años de ejercicio pedagógico lo asevero sin ambigüedades.  

Es importante que los educandos reciban enseñanzas orientadas a garantizar un cabal adiestramiento y, además, debemos darles lecciones de modales, cortesía, valores, autocontrol emocional y pericias blandas. Moldear un profesional exige, primero, concebir una persona íntegra. De allí la trascendencia de la etiqueta social como una praxis destinada a mejorar la convivencia social y la preparación del ser humano. El aula de clase es un excelente escenario para ese noble objetivo.  

Sin embargo, la realidad es adversa: empezando por las carencias del docente. Convivo con quienes ni saludan o despiden al entrar y salir de las salas de profesores. En ciertas oportunidades he coincidido en esta preocupación con respetables colegas y nos hemos preguntado: ¿Cómo harán al ingresar a sus aulas? ¿Cómo tratarán a sus alumnos? Una expresión inocultable pobreza e inopia. El saludo es el primer impacto que causamos: por lo tanto, corresponde hacerlo con deferencia y corrección.        

Deseo compartir una anécdota: miro a personajes que, presionados por el entorno, cumplen con la formalidad de saludar diciendo “buenas” y proyectan una actitud hostil y apática. Por cierto, la amabilidad siempre está excluida de sus existencias. No obstante, hace un tiempo llegó la esposa del dueño de la institución (una especie de Nadine Heredia) y para sorpresa mía florecieron impensados y efímeros aires de prodigiosa gentileza. Solamente les faltó limpiarle la silla, cederle el asiento -que rehúyen otorgar a otras damas-, ofrecerle café y galletitas.   

Nuestro desempeño es observado con agudeza y discreción. En tal sentido, los gestos que ejecutamos, positivos o negativos, son vistos aun cuando el auditorio simule no percatarse. El alumno nos echa un vistazo de los pies a la cabeza desde el primer minuto que pasamos al recinto de clase. El lenguaje gestual, la mirada y la forma de comunicarnos, definen nuestra personalidad y estado anímico.  

Es imprescindible lucir impecables, desenvueltos, seguros, sencillos, con capacidad empática y renunciar a manifestaciones de autoritarismo y prepotencia. Existen catedráticos brabucones y altaneros con sus pupilos y serviles con las autoridades académicas. Un curioso y bipolar obrar propio del controvertido “reino de perulandia”.   

Aprovecharse de su aparente jerarquía para humillar, maltratar y ofender es una falta que corresponde desterrar y ante la cual los alumnos no deben permanecer callados, como sucede en ciertas coyunturas. Tienen la obligación de darse su lugar como clientes a los que se proporciona un servicio enmarcado en la consideración. En el salón de clase todos estamos obligados a acatar las normas conducentes a garantizar una adecuada relación interpersonal. ¡Todos!  

Dentro de este contexto, la discriminación está presente de una forma asolapada en algunas situaciones. Por ejemplo: docentes que tratan con distancia y aspereza al estudiante de la universidad pública a diferencia de su relación con el proveniente de una entidad educativa privada de elevado status. Incluso tienen una súbita afabilidad y urbanidad hacia la alumna guapa en contraposición con la relación establecida con el joven mestizo. Esto no es coincidencia; es parte de una injusta y reprochable realidad que estamos obligados a revertir.  

Sugiero soslayar acudir con el atuendo de un domingo a las ocho de la mañana para hacer compras en un supermercado. Miro profesores en el aula con sus galletas, porciones de tortas, chicles y caramelos. Solamente falta su vaso de maca y unos panes con torreja y queso paria para convertir su escritorio en una mesa de comedor. He visto pintarse las uñas o hacer y recibir llamadas telefónicas, con la más inmutable naturalidad, mientras sus alumnos resuelven una práctica calificada.  

Es pertinente exhibir renovada información, amplia cultura general y suscitar confianza y credibilidad. Igualmente, la puntualidad es muestra de respecto y organización. Conozco quienes marcan tarjeta a la hora exacta, desayunan en la cafetería y pasan al aula quince minutos tarde sin la más exigua vergüenza y ante la mirada absorta del alumnado. La típica e irrenunciable “viveza criolla” de quienes, por coincidencia, son los más afanosos en insinuar mayores horas de clase y aumento de sueldo.  

Reitero: nuestra misión va más allá de una jornada de clase. El que concibe este quehacer como un medio para cubrir su presupuesto, debiera buscar otra ocupación en la que esté cómodo. Un consejo: puede competir con libertad con los hermanos venezolanos vendiendo arepas en una céntrica calle limeña. Así despejamos esta inestimable realización laboral de tan lacerante mediocridad.  

Está en nuestras manos ayudar al alumnado con apropiados gestos como sonreír, agradecer, felicitar, alentar, persuadir, responder sus consultas, correos electrónicos y, principalmente, con el testimonio de un proceder decente, honorable e intachable. Es una de las más hermosas satisfacciones de esta tarea.  

Nuestra conducta debe guardar coherencia y dignidad. Rechacemos portarnos como los padres de familia que le indican al hijo “no digas mentiras” y cuando suena el teléfono exclaman “di que no estoy”. Estos sucesos hogareños reflejan la inconsistencia ética de nuestra sociedad ante la que debiéramos sublevarnos sin temores, ni abdicaciones. Exterioricemos nuestras opiniones con sinceridad e hidalguía en las sesiones de trabajo. Es habitual guardar mutismos sumisos y encubridores y, únicamente, al salir de la reunión efectúan ácidos comentarios en los pasillos. El típico y asustadizo “pacto infame de hablar a media voz”, tan común en “perulandia”.    

Este fantástico quehacer ofrece la extraordinaria posibilidad de influir en nuestro público receptor y facilita transmitir aportes encaminados a optimizar su formación como seres humanos y, por lo tanto, nos incumbe esparcir semillas de renovadas inquietudes, empeños y perspectivas. Asumir una actuación caracterizada por la urbanidad y la afabilidad serán altamente enriquecedores para los estudiantes.  

Por último, reitero lo explicado en mi artículo “En el Día del Maestro: Decálogo del ‘buen’ profesor” (2012): “…El desenvolvimiento de la pedagogía demanda, esencialmente, estándares morales que sean observados por el alumno como un referente que inspire fe, ilusión y credibilidad para su porvenir. Nuestra tarea no consiste en transmitir conocimientos, cifras y datos: nuestra misión es constituirnos en un ejemplo personal y demostrarles, con la consecuencia de nuestra conducta, que la vida es mucho más que un título académico y un número acumulado de horas de prácticas. Esa es la razón que debe inspirar a dedicarnos a esta noble misión. ¿Algún día será entendido así?”.  

“…La formación de los alumnos debe incluir, igualmente, el ejercicio del pensamiento, la actitud crítica y el cuestionamiento reflexivo. Todo ello, facilitará formar una sociedad de profesionales libres y capaces de defender sus derechos y de levantar su voz valiente de protesta ante la injusticia y el abuso. Ese es un objetivo central de la enseñanza en una sociedad sumisa, invertebrada e insolidaria como la nuestra. No solamente hay que darles información sino elementos indispensables para abrir sus ojos ante el engaño, la arbitrariedad y las vicisitudes del mañana”. Bienaventurados quienes luchan -sin desmayos, ni treguas- por hacer de cada encuentro académico una jornada en la que entregan talentos, entusiasmos y destrezas en su preclaro afán de forjar un mañana esperanzador.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Los “horrores” de la etiqueta social

La distinguida, carismática y didáctica profesora de la Academia Diplomática del Perú, Vera Mónica Sobral nos sorprendió con un novedoso, acertado y fantástico concepto denominado “horror.com”, encausado a graficar los errores cotidianos de nuestra sociedad. Seguidamente, comparto ciertas atrocidades que, con lacerante estoicismo, han dejado de merecer desaprobación, sorpresa o indignación en “perulandia”.

Primer “horror.com”: la impuntualidad. Esta grave omisión muestra irreverencia y desorganización; en el campo profesional es una falta gravísima y perjudicial para su credibilidad. La puntualidad contribuye a dotar una personalidad de carácter y eficacia y, especialmente, es una cualidad en un sujeto disciplinado. En ese sentido, rehuyamos criticar al impuntual y hagámonos respetar cuando esperamos sin mediar explicación.

Segundo “horror.com”: la indiscreción. Cómo gustan hombres y mujeres preguntar más de la cuenta e invadir la privacidad ajena. ¿Por qué no te has casado? ¿Cuánto ganas de sueldo? ¿Por qué terminaste tu relación sentimental? son sólo unas dispersas interrogantes de ese extenso listado de exabruptos. Un sinfín de impertinencias -asiduas en el trajín familiar y amical- que oímos sin considerar la incomodidad causada al semejante. El recato es un valor enaltecedor que suscita fidelidad y recuerde los vocablos del pintor británico Francis Bacon: “La discreción es una virtud sin la cual las otras dejan de serlo”.

Tercer “horror.com”: los alimentos. Conozco profesionales resurgidos del “paleolítico superior” o de una “huelga de hambre” cuando comen. Se me va el apetito cuando advierto esas escenas desagradables. Evite subestimar el comportamiento en la mesa; puede ser un factor influyente en su relación interpersonal. Es conveniente “ingerir como si no tuviera hambre y beber como sino poseyera sed”.

Cuarto “horror.com”: la vestimenta. Hace unos días vi a un colega luciendo terno gris, zapatos negros (sucios), reducidas medias marrones casuales, camisa desarreglada y cuello percudido. Existen individuos segados por la moda y carentes de criterio que portan prendas de verano con las de invierno, sacos desencajados, maltrechos, de ordinaria calidad -comprados en los “cierra puertas”- y deficientes corbatas chinas adquiridas en populosos centros comerciales; concluyen vestidos como genuinos “ekekos”. Sugiero lucir de acuerdo a su desempeño y vístase “para el cargo que aspira ocupar”. Mantenga un estilo coherente con su personalidad, edad, actividad, hora y características físicas.

Quinto “horror.com”: el empleo del beso. Eso me trae a la memoria la frase de mi dilecta colega Carolina Mujica: “El Perú es un besodromo”. Al peruano le cautiva jalar a las damas para besarla; la señora determina cómo desea ser saludada. Veo a menudo caballeros ansiosos por besar a compañeras de trabajo, anfitrionas, camareras y hasta al personal de limpieza de sus empresas y hogares. Si la mujer estira el brazo para dar la mano, allí concluye el saludo. Por favor, emplee un ápice de criterio, urbanidad y sentido común.

Sexto “horror.com”: la conversación. Es reiterativo platicar sobre la oficina, los hijos, el clima y el costo de vida, lo que evidencia una descomunal indigencia intelectual. Esa es una de las principales razones de mi autoexilio social: los escasos contenidos de tertulia entre las personas de variados ámbitos, edades y procedencias. Es necesario acercarnos a la lectura -extraordinario medio para sublevar la conciencia y fomentar la agudeza- y a amenas expresiones culturales para enriquecer nuestro diálogo y soslayar recurrir a tan manifiesta inopia.

Séptimo “horror.com”: el autocontrol. El creciente griterío que a menudo observamos, como resultado de la presión diaria, amerita analizar nuestras reacciones en momentos de confrontación. Un proceder inadecuado puede perjudicar nuestra exitosa imagen, más aún si nuestra actuación es observada por el entorno. Maneje con madurez, ponderación y equilibrio su inteligencia emocional.

Octavo “horror.com”: el agradecimiento. Aquí estamos más perdidos que ateo en concilio eclesiástico. Lo percibo cuando no agradecen correos electrónicos, mensaje de texto, obsequios, condolencias, congratulaciones, arreglos florales, etc. ¿Por qué será difícil decir “gracias”? Siempre concurren impensables coartadas para justificar esta álgida muestra de desatención, incluso en quienes pertenecen al mundo de la etiqueta social y el protocolo. Una mayúscula indelicadeza reveladora de la carestía imperante. Dar las gracias dignifica, realza, estimula y reconforta la relación humana.

Noveno “horror.com”: la cortesía. Gestos como dejar pasar a las señoras, ceder el asiento en el autobús, ponerse de pie para saludar, alcanzar algo que se cayó al suelo, ayudar a cruzar la calle a una persona mayor, anciana o discapacitada, son cumplidos que están en extinción. Prescindamos mirar con desdén aquellas situaciones que demandan nuestra amabilidad. No tema actuar con señorío y caballerosidad, verá que bien se siente auxiliar al prójimo.

Décimo “horror.com”: el teléfono celular. En estos tiempos es costumbre emplearlo sin reparos. Es usado en misas, velorios, aulas de clase, reuniones sociales, almuerzos -como si fuera un cubierto- y hasta cuando salen de paseo esposos e hijos. En cuantiosos casos lucen sus aparatos de última generación para demostrar su elevado status económico ante su evidente insuficiente de riqueza interior. He dejado de invitar a amigos y familiares al constatar que les encanta escribir mensajes a sus parejas, como adolescentes en su primer amor, mientras están comiendo. Es pertinente darle un manejo discreto, oportuno y sensato.

Décimo primer “horror.com”: los diminutivos y apodos. Hace unos días una inoportuna docente de una prestigiosa entidad educativa llamó a una alumna que, coincidentemente es la esposa del jefe de una misión diplomática en nuestro país, diciéndole “muñequita”. Conozco a una controvertida integrante del área académica de otra institución encaprichada en llamar “bebé” a alumnos y profesores. Recomiendo declinar emplear motes y otras huachaferías impropias a nivel empresarial. Imploro un poco de sobriedad, elegancia y mesura.

Hasta aquí mi breve recuento de los desaciertos que debemos cambiar en nuestro afán de entender cómo la buena educación engrandece el crecimiento personal. No obstante, todavía hay la creencia que es un reglamento rígido, elitista y frívolo. Todo lo contrario, coadyuva en la formación de una prospera relación de convivencia encaminada a mejorar nuestra calidad de vida. ¡Así de simple!

Empecemos afianzando pequeñas y significativas acciones e impidamos ser adsorbidos por el obrar mediocre y ausente de equilibrio. Tenga presente: las prácticas de las mayorías no son precisamente las correctas. Aun cuando sean masivas, eso no los hace poseedores de pundonor e integridad. Sortee utilizar la deficiente conducta ajena como pretexto para justificar sus anomalías.

En tal sentido, transcribo lo expuesto en mi artículo “En el día de la patria: El reino de Perulandia”: “…’Perulandia’ es popular por su pasividad para aceptar y convalidar lo acontecido a su alrededor, sin intentar hacer algo para revertir una situación anómala. Sus paisanos están parados en el ‘balcón’ de su existencia mirando, diagnosticando y arrogándose el cómodo papel de criticones. Sin embargo, se resisten a tomar un rol proactivo e impulsar el cambio que demandan. El reino camina mientras el peruano duerme. Propongo edificar un símbolo expresivo de su estilo de sentir, pensar y actuar: un monumento a la mazamorra”.

Renunciemos a las interminables limitaciones que imposibilitan insertar la gentileza y la benevolencia. Afiancemos nuestra identidad, sentido de pertenencia, valores ciudadanos, amor al semejante y salgamos de la “zona de confort”, para construir un puente de armonía y bienestar. Vienen a mente las sublimes palabras anónimas: “Siempre habrá un mañana, así como una nueva oportunidad para hacer lo bueno o para intentar corregir el mal que hayamos hecho”. Por último, estas líneas denotan mi cálido tributo a Vera Mónica: docente afable e inspiradora que esparce semillas de sapiencia con generosidad y entrega.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El “aplicativo”…Respeto!

Quiero empezar precisando el significado del flamante término “respeto”. Según la Real Academia Española (RAE): “Respeto proviene del latín respectus y significa ‘atención’ o ‘consideración’. Está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien. Incluye miramiento, consideración y deferencia”. 

Es un concepto elemental de conocer, entender y aplicar, en todo tiempo, circunstancia y lugar, que al parecer está camino a la extinción en un medio lacerado por la apatía, la pasividad y la ignorancia. Este valor permite aceptar al semejante con su identidad cultural, pareceres, ideologías, creencias, etc. y, por lo tanto, concebir que la diferencia no significa enemistad, confrontación o pretexto para realizar un acto descomedido. Asumir una intervención respetuosa demanda autocontrol, capacidad empática e inequívoco sentido de pertenencia.

Considerar al semejante -prescindiendo de discriminaciones sociales, sexuales, raciales, jerárquicas y generaciones- constituye un principio imprescindible de cultivar con el afán de entender que nuestras divergencias tienen un puente de tolerancia, armonía, convivencia y óptimo entendimiento. El “respeto” contribuye a disminuir las ingentes grietas inherentes en los habitantes de un país caracterizado por su estructura invertebrada, insolidaria y colmada de distancias que imposibilitan nuestra cohesión como nación. 

Recomiendo detenernos a pensar -un ejercicio neuronal limitado en una sociedad renuente a analizar su compleja dinámica social- en lo que lograríamos si insertamos este postulado, en nuestro bienestar personal y colectivo, como un estilo de vida cotidiano, accesible y espontáneo con educación, criterio y sentido común. Esquivemos confundirlo con el autoritarismo, la prepotencia o el abuso.

Aprendamos a ejercer un mínimo de miramiento como: ceder el paso, saludar al ingresar, pedir por favor, agradecer, dar el asiento a las personas mayores y/o embarazadas en el transporte público, considerar el derecho del vecino a la tranquilidad, acatar la zona para discapacitados, evitar alterarnos ante momentos de tensión, sobrellevar el punto de vista de nuestro oponente, responder una llamada telefónica o mensaje de texto, entre un sinfín de actividades. A mi parecer, esta cualidad sintetiza otros tantos valores conducentes a realzar y enaltecer la acción humana.

En tal sentido, quiero compartir -perdón por mi terca insistencia- lo dicho en mi artículo “En el día de la patria: El reino de Perulandia”: “…Respetar la luz roja o la fila en una ventanilla, evitar arrojar papeles, dejar de hacer pis o escupir en la calle, ceder el paso a un transeúnte, rehuir tocar la bocina con desesperación, cruzar la pista por la esquina, cumplir con las obligaciones cívicas y entender que ‘donde terminan nuestros derechos, empiezan los ajenos’, se perciben como comportamientos inusuales. ‘La viveza peruana’ es su lema oficial y está escrito con tinta indeleble en el alma de sus moradores”.

Deseo comentar un reciente episodio coincidente con el popular refrán español: “En casa de herrero cuchillo de palo”. Un pintoresco grupo de discípulos de mi curso de protocolo y ceremonial organizó su evento final -un suceso planificado con varios meses de antelación- y tuvo el disparate de comunicarme de la existencia de mi invitación, dejada como si fuese un volante en el área académica, tan solo cuatro días antes. Vaya desconcertante afirmación de “respeto” en quienes aprobaron mi asignatura con altas notas y, además, me calificaron como el mejor docente. Amigo lector, recuerde: en “perulandia” hasta lo obvio está al revés, como sucedió con este contingente de pupilos que, seguramente, esperaban que pase por alto esta inelegante, desatinada y tosca criollada.

Hablando de “respeto”: en estos tiempos existe una sórdida adicción hacia el celular que evidencia desconsideración y precaria aptitud para forjar una relación interpersonal saludable. Muchos padres, para disimular su falta de autoridad, culpan al teléfono móvil de la escasa habilidad social, la pobreza cultural, la orfandad de desenvolvimiento y la inopia de sus hijos. Es lamentable comprobar cómo es observada la irreverencia con resignación y naturalidad. En “perulandia” es innato criticar, echar una mirada, comentar, diagnosticar y seguir cómodamente cruzados de brazos ante la aguda miseria moral que aflige a los peruanos.   

Recomiendo a mis estudiantes, antes de comenzar cada sesión de clase, colocar sus novedosos -y en innumerables casos modernos y ostentosos- celulares en el “aplicativo respeto” a fin de soslayar impertinentes interrupciones. Acostumbro predicar con mi ejemplo a fin de exhibir autoridad frente al alumnado y, además, lo hago para demostrar que en el aula -sagrada como un templo, entre otras razones, porque también está llena de pecadores, arrepentidos y apóstatas- todos estamos comprometidos a aplicar idénticos cánones de comportamiento. La docencia exige, aunque algunos parecen haberlo olvidado o tal vez nunca lo tuvieron en cuenta, un eminente nivel de coherencia, consecuencia e integridad. 

Dentro de este contexto, reitero lo expuesto en mi artículo “El celular: ¿El cáncer del siglo XXI?”: “…La moda del teléfono celular se ha extendido como una ‘metástasis’ en la gente al extremo de carecer del mínimo miramiento hacia el prójimo. En sinnúmero de circunstancias compruebo como se justifican diciendo que todo el mundo recurre a el. Lo percibo en cercanos amigos a los que invito a departir los fines de semana y, sin temor de por medio, lo exponen en la mesa a fin de efectuar sus intercambios sentimentales mandando mensajes, respondiendo llamadas y hasta sostienen prolongados diálogos asumiendo una conducta infantil, discordante e inadecuada, a pesar de haber dejado la adolescencia hace décadas. Tenga presente estas palabras: ‘Donde terminan sus derechos, empiezan los ajenos’”. 

Rehusemos demandar “respeto” cuando vivimos apartados de su aplicación y evitemos confundirlo, como en ocasiones acaece, con la reacción sumisa y pusilánime. Padres, docentes o jefes claman “respeto” y presumen de un manifiesto menosprecio. Un ejemplo básico: el papá, el profesor o el jefe que, abusando de su estatus y autoridad casi virreinal o feudal, hace esperar, maltrata y habla mientras hace otra actividad y cuando le platicamos ni siquiera levanta la mirada. Si este comentario le recuerda a su progenitor, docente o gerente, no es casualidad: es rutinario en “perulandia” que ciertas personas crean tener condiciones omnipotentes o papales. Conozco a muchísimos con esa peculiar, indecorosa y antojadiza actitud.

Es curioso constatar a incontables individuos que, únicamente, piden “respeto” cuando son víctimas de la ausencia de éste. Lo observamos a diario en el conductor imprudente de transporte masivo que siente que el público es insolente al levantarle la voz ante sus continuas imprudencias llevadas a cabo y que constituyen, a su vez, una ausencia de este valor hacia el cliente. Así podríamos citar un largo listado de nuestro manifiesto caos ético, cívico y educativo. 

Cultivemos en la patria de “todas las sangres” esta virtud desde la infancia y alimentémoslo mediante el ejercicio perdurable. Éste ennoblece, sensibiliza, dignifica y mejora la interacción. También, se hace imperativo avivar con énfasis el auto “respeto” a partir de incrementar la valoración personal. Allí está presente un asunto imprescindible en cada uno de nosotros: la autoestima, entendida como el termómetro que influirá, con mayor determinación de la imaginada, en nuestras decisiones y conducta en los más variables ámbitos de nuestra vida.

“El hombre valeroso debe ser siempre cortés y debe hacerse respetar antes que temer”, decía el genial Quilón, uno de los siete sabios de la antigua Grecia. Interesante, atinada y reveladora aseveración que ambiciono sea algún día el emblema de una sociedad que estamos obligados a sublevar, transformar y cuyas infinitas mediocridad, limitaciones y carencias -que bloquen nuestro crecimiento y calidad de vida- debemos revertir. No podemos seguir impávidos, titubeantes y ajenos; tengamos la valentía de mirarnos en nuestro espejo como colectividad. Es mi sincero y ansiado empeño que el “respeto” agite nuestras conciencias, espíritus y realizaciones.

domingo, 6 de agosto de 2017

Los inmaduros modales de Nicolás Maduro

Desde su acceso a la jefatura del gobierno de la rebautizada República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, se caracteriza por sus continuos desatinos, acentuada intolerancia y sucesivas injurias a sus contrincantes. Esta deslucida actuación muestra su irrisoria formación y sus limitadas habilidades blandas.

Para empezar, su biografía académica y profesional es tan exigua como las medicinas, los alimentos y los servicios básicos en su nación. Antes de ingresar a la aventura política, se desempeñó como chofer de bus y líder sindicalista del Metro de Caracas. Jamás cursó estudios universitarios. Así lo delatan sus frecuentes disertaciones, diálogos con los medios de comunicación y monólogos televisivos. 

En su caso calza con certeza la famosa expresión “el cargo no hace a la persona”. Ha sido diputado de la Asamblea Constituyente (1999), presidente de la Asamblea Nacional (2005), ministro del Poder Popular para los Asuntos Exteriores (2006) y vicepresidente (2012). Con antelación al deceso de Hugo Chávez Frías ocupó la presidencia encargada (2013) y al morir éste, el Tribunal Supremo de Justicia declaró constitucional que el vicepresidente asumiera el puesto. Es ungido jefe de estado en las cuestionadas elecciones de ese año.

Este conspicuo personaje evade observar cómo sus altisonantes gestos y déspotas comportamientos empañan la majestad presidencial e incrementan su descrédito. Cada día son más innegables sus iracundas reacciones tiránicas y amenazantes. La privación de su inteligencia emocional y su marcada prepotencia son algunas de las características centrales de su personalidad. En él coinciden su ausencia emocional con su invisible sapiencia. 

Su disminuida cortesía es extensiva a todos los acólitos de su entorno. En tal sentido, coincido con lo expuesto por el ex embajador de Argentina en las Naciones Unidas, Emilio Cárdenas en su interesante artículo “La Venezuela de Nicolás Maduro desprecia siempre los modales” (El Diario, julio 25 de 2017): “…Cualquier excusa es buena para que la ‘diplomacia’ venezolana, que obviamente no sabe ni tiene la menor idea de lo que es hacer el ridículo, recurra -furibunda- a los insultos. Como si ella sólo estuviera compuesta por adolescentes, muy poco educados. Cada vez esto es más así, a la manera de inolvidable cartabón o distintivo. Dejando de lado la atención, el respeto, la tolerancia, la urbanidad y hasta la misma cortesía, que sus funcionarios suponen son meras prácticas burguesas. No indispensables, para nada”.

De otra parte, sus reiterados lapsus en el uso del idioma lo han puesto en ridículo ante la comunidad internacional. Haciendo ejercicio de su incalculable orfandad lingüística ha llegado a decir: “…Los capitalistas especulan y roban como nosotros”, “…Hay que meterse escuela por escuela, niño por niño, liceo por liceo, comunidad por comunidad. Meternos allí, multiplicarnos, así como Cristo multiplicó los penes… perdón, los peces y los panes. ¿Me perdonan la expresión?”.  Recordemos también sus gloriosos comentarios: “…Hoy tenemos una generación de oro brillando por el mundo, en la política, en la cultura, en el deporte, los millones y las millonas de Bolívar”, “…La mariposa otra vez. Me visitan las mariposas debe ser que me reconocen como un mariposón”, “…No dudé ni un milímetro de segundo para estar a su lado y decirle: 'Comandante, usted mande'”, “…El lunes vamos a entregar 35 millones de libros y libras".

Mención especial merece su referencia acerca de la aparición de su antecesor encarnado en un pajarito: “…Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: ‘hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestras bendiciones’”. Sus intervenciones han revelado su inconclusa y mediocre formación, al confundir a Simón Bolívar y Antonio José de Sucre como ecuatorianos: “…Qué viva el Ecuador, qué viva Manuelita Sáenz y tendríamos que decir que viva Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, dos grandes ecuatorianos, nuestros libertadores". Para finalizar este rosario de exabruptos evoquemos su genial expresión: “…Sería un autosuicidio colectivo".  ¡El colmo!

En lo que puede suponerse un episodio alejado de elemental consideración y acatamiento al ceremonial, acudió a las exequias de su predecesor con una casaca con los colores de la bandera y lució una corbata roja. El cortejo fúnebre fue una inoportuna jornada de propaganda partidaria e irrefutable muestra del folklor y la improvisación de las autoridades chavistas infectadas por el desorden, la ineptitud y el desatino. 

Dentro de este contexto, comparto lo afirmado por el consultor en imagen y comunicación Juan de Dios Orozco López, en su documentada nota “Luto oficial y protocolo para funerales de un jefe de estado” (2013): “…Penoso y propio de la más disparatada comedia ha sido observar al ahora presidente ataviado con un chándal velando el cadáver del presidente Chávez. Ridículo es observar cómo se ha utilizado a jefes de estado para hacer guardias de honor mientras anunciaban su presencia a golpe de altavoz… ¡como si de vender calcetines y calzoncillos en un mercadillo se tratara! Bochornosa la situación creada por los abucheos a S.A.R. el príncipe de Asturias como representante del estado español. Triste es que se aplauda u ovacione en un funeral. Si, además, los ovacionados son Kirchner, Obiang, Evo o Ahmadinejah…pues apaga y vámonos. En fin, ahí queda eso”.

Su reducida urbanidad y afabilidad refleja también el deterioro de su administración. Así lo acreditan sus encolerizados y afiebrados ataques a los dignatarios capaces de reclamar por las libertades ciudadanas que día a día se extinguen en Venezuela. Siguiendo el perfil de su antecesor, posee un estilo que lacera, entristece, corrompe, embrutece y desacredita la política. Su inopia le impide darse cuenta que a los dirigentes políticos les corresponde mostrar equilibrio, sensatez y coexistencia con el rival. Es decir, están obligados a constituirse en referentes de civismo y compromiso colectivo y, al mismo tiempo, su cometido debe orientarse a construir una sociedad civilizada.

Por otro lado, quiero desmentir a sus abyectos escuderos que intentan compararlo con el recordado Salvador Allende Gossens (1908 - 1973). Más allá de mis discrepancias, el estadista chileno era un profesional respetuoso, ilustrado, con solvencia intelectual, aptitud para el entendimiento, vocación concertadora y acreditada trayectoria política. Jamás abdicó, a pesar de las dificultades, a sus genuinas convicciones y acató plenamente la independencia de los poderes públicos. El residente del Palacio de La Moneda dio un ejemplo inequívoco de decencia, honradez y entrega por sus ideales y, en consecuencia, logró trascender en la historia. Algo incapaz de alcanzar el sombrío cabecilla de esa estrafalaria caricatura denominada “revolución bolivariana” que, cuando sea depuesta, será aludida como un capítulo lacerante en la memoria latinoamericana. 

Dejando entre paréntesis mi rechazo a su régimen, su conducta trasluce la desesperación de quien asiste al ascendente, masivo e irreversible desmoronamiento del absolutismo imperante en la tierra de Rómulo Betancourt Bello (1908 – 1981). Cuando ello suceda le aguarda la cárcel o el exilio vendiendo arepas. No tendrá otra alternativa este ladronzuelo que avergüenza la patria de magnos libertadores.

Estas líneas serían inconclusas si obviará manifestar mi solidaridad fraterna con el pueblo venezolano en esta hora colmada de dolor, adversidad y penuria: su sufrimiento lo siento como mío. Mi homenaje a los líderes opositores, a sus familias y, especialmente, a los cientos de hombres y mujeres perseverantes en sus estoicas y crecientes protestas. Tampoco puede abstenerme de subrayar mi condena a los países de América Latina que han convalidado, con su silencio cómplice, su actitud temerosa y sus tibias declaraciones, los sucesos en esta nación hermana. 

Tengo el convencimiento que se avecinan tiempos encaminados a recobrar la libertad conculcada. Mientras tanto, vienen a mi mente los inspirados vocablos del patricio de la Unidad Popular: “…Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

Para concluir, coincido con la aseveración del afamado compositor y escritor español Joan Manuel Serrat y que, probablemente, están dirigidas sin vacilaciones al especialista en insultos, atropellos, cantinfladas y matonerías que usurpa el Palacio de Miraflores: “Que usted será lo que sea, escoria de los mortales, un perfecto desalmado, pero con buenos modales”. Más claro: Imposible Maduro.

Fiestas Patrias: Te Deum y Cipriani

La ancestral misa solmene y Te Duem -oficiados en la Catedral de Lima por el prelado de la Iglesia Católica en el Perú, Juan Luis Cipriani- por el 196 aniversario de nuestra independencia, ha merecido ásperos comentarios debido a ocurrencias que no pasaron inadvertidas.

  Esta actividad (significa “A ti, Dios”) da inicio a nuestra fiesta nacional. Es un cántico cristiano llamado “Himno Ambrosiano”, en honor a su creador San Ambrosio de Milán (Italia). Su primera celebración fue a pedido del libertador José de San Martín (1821) para bendecir la culminación de la era colonial en territorio peruano. El Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica Nacional son los encargados de las composiciones musicales.

También se interpreta la Marcha de Banderas, canto reservado para rendir tributo al presidente constitucional de la república, a la elevación del Santísimo, a la bandera y a los jefes de estado. Esta pieza musical, creada por el compositor filipino José Sabas Libornio Ibarra (1858-1915), se estrenó a la llegada del titular del Poder Ejecutivo a la homilía por la victoria de la Batalla de Ayacucho. El 17 de diciembre de 1897, se expidió la resolución reconociendo su ejecución en todo evento oficial.

Este ceremonial debe respetar el Cuadro General de Precedencias del Estado (2006), a fin de garantizar la correcta ubicación de los asistentes, aunque no siempre estas disposiciones han ameritado su estricta aplicación. Por ejemplo, el presidente Ollanta Humala Tasso (2013) cometió el error -corregido por el personal de protocolo- de sentarse en el lugar asignado a su esposa (el izquierdo visto desde el altar). Éste anécdota, coincidente con el acentuado protagonismo de la primera dama, mereció cáusticas sátiras.

Hace unos días el congresista Carlos Bruce Montes de Oca, expresó en las redes sociales su protesta por haber sido excluido del listado de invitados. En tal sentido, afirmó: “…Es una ceremonia que es parte de las actividades de fiesta patrias del estado. Si no fuera ceremonia del estado tienen derecho a invitar a quien les dé la gana, pero siendo parte de las ceremonias oficiales, ¿Quién decide qué representantes elegidos por el pueblo son elegidos o no? Quizás lo mejor sea que ya deje de ser una ceremonia del estado”. El Arzobispado de Lima indicó que la convocatoria está a cargo de la Dirección General de Protocolo y Ceremonial del Estado del ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Quién miente? 

De otra parte, el periodista Beto Ortiz manifestó en twitter: “…No queremos curas diciéndole a un estado laico lo que tiene que hacer”, en alusión al habitual sermón del primado. Con cierta resignación estamos acostumbrados a su “mensaje a la nación” formulado con la aparente intención de competir con el jefe de estado y, en consecuencia, influir en los titulares de los medios de comunicación y en los temas de la agenda nacional. Un intenso tratamiento de cápsulas de “ubicaína”, de un millón de miligramos, le podría prescribir el galeno de la agrupación política de su permanente simpatía Alejandro Aguinaga.

Es oportuno recordar que el programa oficial incluye la ceremonia de Acción de Gracias por el Perú, preparada por las Iglesias Evangélicas. Es un significativo avance en la pluralidad religiosa de un país laico. Si existen dudas, comparto lo expuesto por el jurista Martín Belaunde Moreyra en su artículo “¿El estado peruano es laico?” (2014): “…La República del Perú está constitucionalmente organizada como un estado laico. Hasta el Tribunal Constitucional lo dice en forma tangencial u oficiosa. Su actual presidente, el doctor Oscar Urviola, en reciente libro sobre la libertad religiosa y la jurisprudencia pertinente, menciona los principios de laicidad y de libertad religiosa. Mas, qué se entiende por laico o Estado laico”.

“Se define a Estado laico como aquel independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Así, el Estado Peruano es laico como lo son la inmensa mayoría de los estados del mundo, salvo quizás los que se proclaman islámicos como su razón de ser. En realidad, bajo ese criterio, la República del Perú desde que nació a la vida independiente ha sido un estado laico porque nunca estuvo sometido a la Iglesia Católica, aunque hasta la Constitución de 1979 existía un régimen de vinculación orgánica entre la Iglesia y el Estado. Hoy día el vínculo entre el Estado y la Iglesia Católica es de naturaleza distinta pero no menos real”.

Al parecer, esto es insuficiente para diversos representantes en el Congreso de la República. Ángel Paconi Mamani del Frente Amplio (2016) ha presentado un proyecto de ley orientado a modificar el artículo 50 de la Constitución Política del Perú que precisa: “Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración. El Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ellas”.

Su propuesta plantea este texto: “Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado se reconoce como laico y actúa de forma neutral en materia religiosa. El Estado respeta todas las confesiones religiosas”. En la misma dirección apunta la idea legislativa de Marco Arana Zegarra (2017) que sugiere la siguiente redacción: “Dentro de un régimen de igualdad, laicidad y libertad religiosa, el Estado reconoce a las iglesias, confesiones y comunidades religiosas prestándoles su colaboración de acuerdo a ley. El Estado reconoce el importante rol histórico, cultural y moral de la Iglesia Católica y de otras confesiones en la formación histórica del Perú”. Ambas proposiciones tienen simpatizantes y críticos.
Dejando de lado por un momento lo establecido en nuestra Carta Magna, el primado de la Iglesia Católica personifica a un amplísimo sector de la población -entre el que me incluyo- y tiene derecho a manifestar su parecer acerca de sucesos de concluyente incumbencia nacional. Sin embargo, estimo inadecuado emplear el púlpito eclesiástico para emitir una alocución política. Coincidentemente este personaje guardó soterrado y ambiguo silencio ante los abusos, corruptelas, atropellos y esterilizaciones forzadas de la dictadura de la década de 1990. El “rosario” de su mutismo es tan extenso como la procesión del Señor de los Milagros.

Qué cómodo, incoherente y poco valiente es reprochar, alzar la voz y agraviar en democracia. Tengamos presente sus calificativos a la “ideología de género” y a las damas cuando afirmó: “…Muchas veces las mujeres se ponen como qué en un escaparate, provocando”. Tampoco olvidemos cuando llamó “chilindrina”, a la ex alcaldesa capitalina, Susana Villarán de la Puente. Así sucede en el “reino de perulandia” con un clérigo separado -en una determinación sin precedentes- del equipo de columnistas del diario El Comercio de Lima (2015) por plagiar escritos del Papa Benedicto XVI. Estas son algunas de las pintorescas “credenciales” de quien ostenta la primera supremacía de la Iglesia Católica en el Perú.

Es irrefutable la existencia de un vasto y entendible sentimiento de desagrado hacia la actitud de Juan Luis Cipriani: sus antojadizas intervenciones alejan al pueblo católico de su templo. Su misión apostólica es avivar la reconciliación, el entendimiento, la concertación, fomentar los valores, propalar la paz y la tolerancia e impulsar la convivencia y el amor al prójimo. Por lo tanto, debe soslayar interferir con las competencias de los mandatarios elegidos por el voto popular y considerar las convenientes palabras del Papa Francisco I: “…La libertad religiosa es un derecho fundamental que da forma a nuestro modo de interactuar social y personalmente con nuestros vecinos, que tienen creencias religiosas distintas a la nuestra".

Un comentario final entre paréntesis: Me conmovió el enaltecedor gesto del presidente Pedro Pablo Kuczynski Godard al homenajear -al iniciar su disertación en el Poder Legislativo y en Palacio de Gobierno- a los hombres y mujeres que, sumando esfuerzos, voluntades y civismos, trabajaron por nuestros hermanos afectados por los terribles desastres naturales de este año. Es mi genuina aspiración, esperanza y terco anhelo que superemos diferencias, mezquindades y apatías y, por lo tanto, nuestro ADN sea esta hermosa consigna: “Una Sola Fuerza”.