miércoles, 27 de julio de 2016

En la Fiesta Patria: Los modales de los congresistas

En estas semanas el Congreso de la República está en el centro de atención. Acaban de juramentar sus 130 integrantes elegidos para el período 2016-2021 y en pocos días nombrarán a la mesa directiva de la primera legislatura. Por último, el 28 de julio dejará la jefatura de estado Ollanta Humala Tasso a su sucesor Pedro Pablo Kuczynski.

A través de los medios de comunicación podemos percatarnos de las declaraciones, gestos, reacciones y variopintas demostraciones de educación, deferencia y tolerancia de nuestra clase política. Estamos comenzando a darnos cuenta, una vez más, que sus credenciales académicas y profesionales no están acompañadas de su caballerosidad y ponderación. Menos de su cultura, discernimiento y real conocimiento de la realidad peruana. Así es “perulandia”, un bello y pintoresco escenario atiborrado de advenedizos, desempleados y aventureros en buscan de una forma segura de subsistencia.

Su indisimulable inopia muestra el deterioro de esta actividad que debe liderar gente con vocación de servicio e impecables credenciales de vida. Sería deseable que los miembros de este poder del estado hagan docencia ciudadana en lugar de convertirse en el cogollo de los cuestionamientos del electorado. Su confinada visión del contexto político y social los incapacita para percibir cómo su proceder afecta su credibilidad y prestigio y, por lo tanto, genera una mayor desconexión entre representante y representado.

Los parlamentarios están siempre vigilados por la opinión pública. Por lo tanto, debieran calcular los efectos y consecuencias de sus escasos márgenes de consideración. No ha concluido la instalación congresal y notamos desatinados comentarios que, por desgracia, hacen presagiar que lo nuevo declina garantizar una mejor calidad en el quehacer legislativo. Al parecer seguirá la exhibición de mediocridades y orfandades.

Hemos escuchado a un congresista reelecto llamar “pulpin” al designado primer ministro y, además, una “lluvia” -más intensa de la que viene padeciendo Lima- de agravios entre la bancada fujimorista y el Frente Amplio y Peruanos por el Kambio. Otro legislador le dice “terrorista” a una ex candidata a la presidencia. Mutuamente solicitan pedidos de disculpas mientras siguen con sus insolencias. Lamentablemente, se avecinan tiempos en los que el adjetivo, la injuria y la ofensa prevalecerán sobre la cordura, la lucidez y la sapiencia. Aguardo equivocarme!

Pasemos revista a algunos entretelones de la sesión de la junta preparatoria. Se observaron reacciones propias de una “barra brava” por parte de los invitados en las galerías del hemiciclo. Kenji Fujimori Higuchi, quien presidió la junta -compuesta por el legislador más votado, el más longevo y el más joven- sorprendió que, alterando el protocolo y la agenda establecida, leyera un discurso reiterando su decisión de declinar postular a la presidencia del Poder Legislativo. Un absoluto desatino obviar diferenciar una actividad oficial con una partidaria. Sin duda, una inequívoca comprobación, de las innumerables a las que nos tiene acostumbrados, de su exigüidad de mundo y de percepción de la política.

Fueron infaltables quienes juraron con lampa en mano, con boina militar, con atuendos típicos de sus regiones y “por la reconciliación nacional”, “por el indulto humanitario”, “por quienes lucharon por un país con justicia y con libertad, “porque nunca más una mujer sea esterilizada contra su voluntad, agredida y violentada”, “porque nunca más exista ningún tipo de terrorismo”, “por la lucha frontal contra la corrupción”, “por la memoria de Pedro Huilca, los estudiantes asesinados en La Cantuta y por todas las víctimas de la dictadura fujimorista que aún buscan justicia, por el pueblo”, “por mi tierra Apurímac, por la memoria de mi padre, por la lucha social contra proyectos, como el proyecto minero de Las Bambas”, etc. También, lo hicieron por la memoria de Fernando Belaunde Terry y Víctor Raúl Haya de la Torre y, especialmente, fueron incontables los vocablos extravagantes, disparatados y orientados a sembrar confrontaciones.

Renuncio imaginar cómo será la ceremonia de asunción del presidente electo. Han confirmado su asistencia el rey Juan Carlos I de España y seis presidentes de la región y, por lo tanto, anhelamos que nuestros asambleístas estén a la altura de un momento tan importante en la consecución de la vida democrática del país. Confío que eviten repetir los deshonrosos incidentes protagonizados el 28 de julio de 1990, cuando Alan García Pérez acudió a traspasar el mando. Estos hechos motivaron que al culminar su segundo período el 2011, se abstuviera de concurrir a la Plaza Bolívar.

Los legisladores prescinden entender que sus variadas formas de comunicación y expresión reflejan la indigencia de sus personalidades y la dimensión de sus alicaídas inteligencias emocionales. Detrás de sus supuestas convicciones republicanos existen irrefutables personajes egresados del paleolítico. Sumado a su rusticidad acerca de las básicas pautas de compostura, urbanidad y convivencia social.

La coyuntura les reclama consideración entre adversarios, condescendencia frente a la discrepancia, disposición de diálogo con la intención de arribar a mínimos consensos, perspicacia para anticiparse a los acontecimientos, pedagogía cívica a fin de ser referente en la población y, por sobre todo, habilidad para esquivar dejarse llevar por apasionamientos y afanes de notoriedad. Del mismo modo, demanda tolerancia, ecuanimidad y compromiso.

Los “padres de la patria” deben exteriorizar respeto al pueblo peruano. En tal sentido, se me ocurre evocar las pertinentes palabras del célebre filósofo, economista, jurista, historiador y sociólogo alemán Max Weber: “El político debe tener: amor apasionado por su causa; ética de su responsabilidad; mesura en sus actuaciones”.

La “gran cruz” del presidente Ollanta Humala

Hace pocas semanas el jefe de estado condecoró a su gabinete ministerial con la Orden “El Sol del Perú”, lo que ha generado una comprensible controversia. A los 19 ministros les colocó el más importante atributo en la condición de “Comendador” y el primer ministro Pedro Cateriano la recibió en el grado de “Gran Cruz”.

El vocero de prensa de la Casa de Pizarro, Marcelo Puelles, indicó que fueron confiados "por los servicios prestados”. Mientras el encargado del Consejo de Ministros señaló que los presidentes “reconocen los servicios de primeros ministros, salvo cuando han salido en medio de un escándalo” y que “las condecoraciones son un reconocimiento republicano”. “Es una tradición de cuando termina una gestión”.

Es verdad que existen precedentes sobre su costumbre y legalidad. Por ejemplo, Francisco Morales Bermúdez recompensó a su equipo ministerial con igual privilegio (1980). Sin embargo, el cuestionamiento surgido es político. ¿Es oportuno que un gobierno desgastado y rechazado por la población culminé con un gesto de esta naturaleza? La prudencia hubiera aconsejado recoger las palabras del caudillo Nicolás de Piérola: “Abstenerse es obrar”.

Son cuantiosos los gobernantes que han decidido inventar y dispensar galas en función de extravagancias, subjetividades, vínculos amicales, intereses sórdidos y suntuosidades. En tal sentido, comparto lo detallado por Víctor Caballero del portal Utero.pe cuando trae a la memoria lo acontecido durante el régimen de Alan García Pérez (2006 – 2011): “Este listado de personajes no sólo duplica y hasta triplica la cantidad de condecoraciones del gobierno de Humala sino que incluye a distinguidos personajes: la imagen de la Virgen del Carmen de Paucartambo, Augusto Polo Campos, la imagen del Señor de Qoyllurritti, Mauricio Macri (presidente de Argentina), el Colegio de Abogados de Arequipa, Santiago Fujimori, Oscar Avilés, Roberto Letts (tío de Jaime Bayly), Paul McCartney (exBeatle), Luis Castañeda Lossio, Gianmarco, Plácido Domingo, Arturo ‘zambo’ Cavero, Juan Diego Flores y más”.

En relación al galardón al alcalde de Lima (2010) me permito reiterar lo expuesto en mi artículo “¿Por qué Alan García no votará por Ollanta Humala?” (2011): “Es curioso, además, que el candidato favorito del primer mandatario haya sido Luis Castañeda Lossio, el ex alcalde capitalino comprometido en indagaciones por la sobrevaluación de sus flamantes obras, el incumplimiento de sus cronogramas, los ya conocidos Comunicore, El Metropolitano, etc. y exhibir un comportamiento faccioso y antidemocrático. Denuncias públicas así lo acreditan. ‘Construyendo…negocios’, es el lema del cabecilla de Solidaridad Nacional a quien el jefe de estado dispuso dar la Orden “El Sol del Perú” en el grado de Gran Cruz. Y en este punto resulta preciso recordar que la Célula Municipal Aprista y la Célula Parlamentaria Aprista actuaron como ‘escuderos’ de la administración edil que ha concluido”. Porta este preciado distintivo un investigado, discutido, enmudecido y reelegido burgomaestre que ha convertido la popular frase “roba pero hace obra”, en la consigna oficial de su gestión. Esto sólo acaece en “perulandia”.

En el caso del “zambo” Cavero (2009), decretó duelo nacional, se puso la bandera a media asta y una fotografía gigante del artista, respetos del regimiento escolta “Húsares de Junín” y la imposición de “El Sol del Perú” en el grado de “Gran Cruz” en el patio de Palacio de Gobierno, con la asistencia de su cuerpo ministerial. Únicamente faltó entonar la Marcha de Banderas. Se trató de una consideración exagerada, improcedente y desprovista de sobriedad y, además, discordante con la trayectoria, méritos y aportes del fallecido. Es preciso advertir que este carismático intérprete criollo acompaño al líder aprista en sus baladas de campaña electoral.

También, acordémonos cuando concedió a los difuntos integrantes del grupo sonoro “Néctar” (2007) la Orden “Al Mérito por Servicios Distinguidos”. Los flamantes autores de la pegajosa canción “El arbolito” fueron homenajeados a pesar que otros renombrados exponentes del arte, la danza y la música no han obtenido esta pleitesía. Sin duda, el variopinto, bipolar y afiebrado “protocolo” de AGP puesto en vitrina. Una actitud orientada a ganar los efímeros aplausos de las tribunas.

En un medio desmemoriado es conveniente evocar que Alejandro Toledo Manrique -el mismo que saludó a la reina Sofía de España con un efusivo beso en ambas mejillas en su visita al Palacio Real de El Pardo- estableció la primera y excepcional distinción para un ex mandatario denominada “Gran Collar de la Democracia”, para entregarla a la muerte de Fernando Belaunde Terry (2002). Un demócrata y estadista que siempre será memorable por sus permanentes modales ponderados, elegantes, atinados y, especialmente, por su ejemplo de honestidad, austeridad y decencia.

En las últimas décadas ciudadanos de las más variadas disciplinas y procedencias intelectuales e ideológicas han recibido la Orden “El Sol del Perú” en el grado de “Gran Cruz” como Fernando de Szyszlo Valdelomar, Luis Bedoya Reyes, Luis J. Cisneros Vizquerra, Víctor R. Haya de la Torre, Mario Vargas Llosa, José de la Puente Candamo, Ricardo Vega Llona, Beatriz Merino Lucero, Henry Pease García, Valentín Paniagua Corazao, Manuel Aguirre Roca, Miguel Baca Rossi, Augusto Tamayo Vargas, Walter Alva Alva, los juristas internacionales y el geógrafo que defendieron a nuestro país en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, entre muchos más. Justo tributo a compatriotas de una elogiosa dimensión cívica y moral.

Tengamos presente que la Orden “El Sol del Perú” fue implantada por José de San Martín, el 8 de octubre de 1821, para retribuir las prestaciones a favor de la independencia. Se confiere "tanto a premiar los servicios extraordinarios prestados a la patria por los peruanos, civiles y militares, como a enaltecer los merecimientos contraídos en su servicio por los extranjeros" y consta de seis grados: Gran Cruz con brillantes (o Gran Collar), Gran Cruz, Gran Oficial, Comendador, Oficial y Caballero.

Asimismo, Orden “Al Mérito por Servicios Distinguidos” es instaurada por la Junta Militar de Zenón Noriega, el 18 de julio de 1950, para recompensar a las personas que hayan sobresalido con su acción a acrecentar el prestigio de la patria y dignificar a aquellos que hubieran ofrecido útiles trabajos en el área artística, científica, industrial y comercial. Tiene igual número de categorías que “El Sol del Perú”.

Se otorgan luego de cumplir los requisitos contenidos en las disposiciones legales vigentes y previa evaluación de la cartera de Relaciones Exteriores. Aunque en prolíficas ocasiones, como lo he mencionado líneas arriba, la determinación inconsulta del gobernante de turno prevalece sobre el espíritu de las normas y los procedimientos establecidos y, por lo tanto, en desmedro de la connotación de estas medallas. De esta forma, se contribuye a devaluar su majestad y probidad.

Hace unos pocos años el RP Gustavo Gutiérrez, precursor de la Teología de la Liberación y ganador del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, al aceptar la insignia de la Asociación Cultural Entre Nous aseveró: “Las distinciones no se merecen, se agradecen”. A quienes las llevan consigo les corresponde engrandecer, con la coherencia de su testimonio de vida, lo que estos altos honores expresan.

Un comentario aparte: Acaba de inaugurar el titular del Poder Ejecutivo un monumento en su honra en el departamento de Ayacucho que tiene la siguiente inscripción: "Reconocimiento y gratitud al hijo predilecto del distrito de Oyolo, excelentísimo señor presidente de la República del Perú Ollanta Moisés Humala Tasso por sus grandiosas obras de desarrollo y progreso en favor de los pueblos del Perú profundo". Patético colofón para un ex miembro de las Fuerzas Armadas que debiera conocer las prácticas en el ámbito protocolar y que será perpetuado en la historia nacional por cargar la “gran cruz” de sus incontables carencias, mediocridades, deslealtades e improvisaciones.

En el Día del Campesino: Un quijote de Pampa Galeras

Coincidiendo con el “Día del Campesino” (24 de junio) y con mi primera estadía en la Reserva Nacional de Pampa Galeras (1986), quiero evocar a Salvador Herrera Rojas. Un querido amigo y reconocido integrante de la comunidad campesina de Lucanas (Lucanas, Ayacucho) que se caracterizó por su permanente defensa de la vicuña, movilizando a las poblaciones andinas, resguardando sus reivindicaciones y levantando su voz de protesta.

Luchador infatigable en favor de la conservación, manejo y aprovechamiento de esta representativa especie silvestre, lideró un segmento social que sigue anhelando mejorar sus condiciones de vida a partir de la explotación de su valiosa fibra. Su identificación con esta causa lo convirtió en uno de los promotores de la principal reserva de vicuñas del país, ubicada sobre las tierras cedidas por los habitantes de Lucanas.

Supo representar a su comarca en momentos espinosos y contrajo responsabilidades que otros evadían. Ser alcalde, gobernador, juez de paz y presidente de la comunidad en las lejanías del ande, no es una posición en donde existan adulaciones o soberbias. Allí se arriesga la vida, la familia y el trabajo.

Esas son algunas de las lecciones que caracterizaron a quien hizo frente a la adversidad de un medio desentendido de las necesidades del poblador rural. Un país dividido, apático, convulsionado, atiborrado de desencuentros e invertebrado y, por lo tanto, colmado de sentimientos contradictorios que avivan desigualdades y nos separan de los más pobres. Podemos decir “...un Perú hermoso, cruel y dulce, y tan lleno de significado y de promesa ilimitada”, como escribiera el indigenista José María Arguedas a la poeta Blanca Varela (1962).

Puedo afirmar, sin exageraciones, que la preservación de este camélido ha sido posible gracias a su activa y organizada intervención. Lideró la censura de las asociaciones comunales, en donde habitan el 70 por ciento de la población de vicuñas, cuando a partir de 1978 las encargados del Proyecto Especial de Utilización Racional de la Vicuña del sector Agricultura iniciaron la indiscriminada matanza de más de 8,000 ejemplares, empleando el sórdido argumento de una aparente sobrepoblación. Este episodio ameritó una controversia internacional que se prolongó durante muchos años.

Tiempo después los científicos más connotados del mundo en dinámica poblacional de fauna silvestre evidenciaron cómo las cifras de los censos que justificaban esa “saca”, habían sido adulteradas y carecían de sustentación técnica. Sus denuncias fueron escuchadas y se creó la Comisión Investigadora de la Conservación y Saca de la Vicuña de la Cámara de Diputados (1980) que determinó las causales de responsabilidad de los negligentes servidores públicos involucrados. Años más tarde, algunos de los comprendidos en este infame suceso formaron organizaciones ecologistas privadas y hasta asumieron cargos estatales. En “perulandia”, como lo avalan estos hechos, no existe memoria.

Quienes lo conocimos y logramos forjar un intenso vínculo afectivo podemos testimoniar de sus porfiadas visitas a Lima. Fuimos recibidos en Palacio de Gobierno por el presidente de la república, el 5 de junio de 1987, con la esperanza de solucionar el incumplimiento de las obligaciones asumidas por el ministerio de Agricultura. Una vez más, las buenas intenciones del jefe de estado se diluyeron en las complejas instancias del Poder Ejecutivo. Han sido numerosas las ocasiones en que lo acompañé, contagiado por su entusiasmo y espíritu solidario, a audiencias con medios de comunicación, ministros y parlamentarios.

Su trayectoria lo acercó al afamado ambientalista y presidente honorario de la comunidad de Lucanas, Felipe Benavides Barreda. A su lado enfrentó los mezquinos intereses de empresas transnacionales deseosas de favorecerse con la transformación textil de la vicuña. Finalmente, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), en su sexta conferencia anual realizada en Canadá (1987), aprobó el pedido peruano en representación de las naciones firmantes del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú) que permitió empezar la fabricación de telas "provenientes de la esquila de animal vivo" registradas con la marca “Vicuñandes-Perú”.

Al reivindicar a la colectividad olvidada, al peruano carente de zapatos, escuela, luz eléctrica, tecnología e idioma castellano, recuerdo a Salvador Herrera Rojas. Mi solidaridad con el aldeano de la vieja hacienda, el moderno agricultor y el parcelero que lucha por enaltecer un nuevo principio a fin de mejorar sus niveles de vida. Mi adhesión porque también alimentan a los peruanos -que tanto necesitamos de comestibles materiales y espirituales- con su inequívoco mensaje de fe e ilusión.

Convirtió las demandas de sus paisanos en el motivo de su existencia y jamás dudó en admitir difíciles desafíos a pesar de las vacilaciones. Un ser humano de impecables credenciales cívicas y morales. Rindo mi emocionado homenaje al agricultor, al dirigente rural, al compatriota consecuente y al innegable conservacionista.