viernes, 27 de noviembre de 2009

¿El Parque de Las Leyendas al ministerio de Cultura?

El proyecto de ley presentado, al Congreso de la República, por el jefe de estado para crear el Ministerio de Cultura nos permite reiterar la importancia de transferir el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda del ámbito de la Municipalidad de Lima al nuevo portafolio que estaría por constituirse.

El Parque de Las Leyendas, trasladado al municipio capitalino el 2007, es un lugar cultural, recreativo, educativo y conservacionista, así como un centro arqueológico, botánico, zoológico y de museos, creado sobre el imponente Complejo Arqueológico Maranga. Su relevancia no solo radica en el entretenimiento, sino en la creación de conciencia acerca del ambiente, la familiarización con la fauna silvestre en peligro de extinción, el estudio científico, el turismo y la conservación de especies; al brindar al visitante diversión y conocimiento. Estas consideraciones ameritan una autoridad autónoma que conduzca sus destinos (su patronato) y, por ello, esta Oficina Pública Descentralizada (OPD) debe mantenerse en el Poder Ejecutivo como estuvo concebida desde 1964.

Sus características justifican que sea asignado al Ministerio de Cultura y sus atribuciones, de carácter internacional, exceden las de la comuna limeña para dirigir un centro de recreación pasiva en donde el público admira la fauna, la flora y los más de 50 monumentos arqueológicos, en busca de momentos de esparcimiento. No se trata de un parque zonal (como los que tiene a su cargo el Servicio de Parque – Serpar) en el que se realizan actividades de recreación activa en el aspecto polideportivo, considerándolo como citadino. Además, las autoridades ediles ha demostrado ineficiencia en su administración y apatía hacia sus roles educativos y culturales, tan necesarios para elevar la calidad de vida de sus visitantes.

Un elemento trascendente a considerar -respecto de la pertinencia de pertenecer al Ministerio de Cultura- es la existencia de su Plan Maestro, diseñado por el experto norteamericano Robert Everly (1966) y actualizado durante la presidencia de Enrique Barreto Estrada (2004-2006), con la finalidad de precisar los aspectos que deben llevarse a cabo en sus 97 hectáreas. Para lograr su implementación se requiere asistencia externa y, particularmente, de empresas y organizaciones de los países de los continentes de la denominada Zona Internacional. Es decir, es el “documento orientador de los proyectos a ejecutarse dentro de las instalaciones de la entidad, los que contribuirán al desarrollo y optimización de los servicios que presta el Parque de Las Leyendas”.

De ampliarse la iniciativa del Poder Ejecutivo, incluyendo al Parque de Las Leyendas, facilitará suscribir convenios de cooperación con organismos especializados internacionales, proteger sus terrenos de sórdidas ofertas –nacionales y extranjeras- para su concesión o privatización, agilizar la restauración y puesta en valor de sus restos prehispánicos, fomentar el desarrollo de programas educativos y culturales, promover investigaciones científicas –desatendidas por su actual gestión- y, especialmente, resaltar su trascendencia cultural.

“No hay capital culta en el mundo que no posea un parque zoológico, sobre todo nosotros que tenemos una fauna tan maravillosa y ejemplares de animales únicos en el mundo”, afirmó alguna vez Felipe Benavides. Anhelamos que el tradicional Parque de Las Leyendas siga siendo un espacio de reencuentro y deleite y, consecuentemente, de difusión de los valores nacionales. En el Ministerio de Cultura se podrá cumplir este propósito. Por tales razones, es pertinente su retorno al gobierno central a fin de implementar su misión y asegurar su riqueza cultural y ecológica.

De otra parte, es preocupante que el municipio capitalino, por acuerdo de concejo Nro. 422 del 5 de noviembre, haya enviado al Congreso de la República una iniciativa legislativa para cambiar la denominación del parque por la de “Parque de Las Leyendas de la Municipalidad Metropolitana de Lima – Felipe Benavides Barreda”, en un evidente afán por relejar la meritoria labor de su más renombrado gestor, fundador y presidente en cuyo homenaje se colocó su nombre al aprobarse -por unanimidad- el proyecto de ley presentado por la Célula Parlamentaria Aprista -de autoría de la congresista Elvira de la Puente- el 20 de setiembre de 2001.

Este acto mezquino no debe prosperar. Muchos fuimos testigos del sacrificio y entrega de Felipe Benavides para sacar adelante este hermoso proyecto, hoy convertido en uno de los lugares más representativos de la ciudad y que ofrece una muestra del Perú en sus más genuinas y admirables características culturales, ambientales e históricas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La vicuña: Peruanidad y esperanza

Este camélido apreciado por nuestros antepasados, defendido por el notable conservacionista Felipe Benavides Barreda (1917-1991) y, especialmente, cotizado por su fibra considerada la más fina y valiosa del mundo (se ha llegado a vender en 2,500 dólares el metro de tela), sigue aguardando merecer la atención estatal a fin de convertirse en una alternativa para asegurar el bienestar de amplios sectores andinos.

Hagamos un poco de historia. Cuando llegó al Perú el experto británico Ian Grimwood -su población nacional tuvo su más bajo índice- informó que no había más de 5,000 ejemplares, de las cuales 1,000 se encontraban en Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho). Esa razón motivó a Benavides a gestionar la fundación e implementación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (1967). Actualmente, existen aproximadamente 160,000 vicuñas.

Durante más de 20 años se canalizó la cooperación económica, científica y técnica para salvar a esta especie con la intención de explotar su lana y hacer realidad las postergadas ilusiones de las comunidades rurales. Cuando la sexta conferencia anual de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), realizada en Canadá (1987) aprobó el pedido peruano, en representación de las naciones del Convenio de la Vicuña (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú), está propuesta permitió empezar la fabricación de telas "provenientes de la esquila de animal vivo", con la marca “Vicuñandes-Perú”. Sin duda, se inició una nueva era llena de esperanzas. Posteriormente, Benavides logró crear el Consejo Nacional de la Vicuña (1990), para cumplir los tratados vigentes.

Se esperaba que la autorización de la Cites permitiera, con la participación de la industria textil nacional, explotar su lana. Lamentablemente, como advirtió este fogoso defensor de la vicuña “muchas de las grandes causas conservacionistas convertidas en luchas internacionales, tarde o temprano, ingresan al terreno de la desilusión”. A partir de 1991, el gobierno hizo que los campesinos asuman el protagonismo en la explotación de su fibra con la aparente intención de concluir el asistencialismo del Estado. No obstante, las colectividades andinas no han recibido los dividendos ofrecidos y, por lo tanto, este exponente silvestre no ha contribuido a mejorar sustancialmente su nivel y calidad de vida.

Desde nuestra perspectiva, hay que enfrentar las consecuencias de la caza furtiva de vicuñas. Para ello, debieran establecerse mecanismos de coordinación con la Policía Nacional, elaborar un ordenamiento jurídico estricto e implementar programas de capacitación en las instancias judiciales; debe fortalecerse la autonomía y capacidad de gestión de las comunidades, y concretar la asistencia internacional.

Asimismo, creemos necesario constituir un organismo autónomo para la exponente silvestre (hasta 1992 existió el Consejo Nacional de la Vicuña), diferenciado del resto de camélidos, con capacidad para diseñar una política a fin de asegurar su conservación, manejo y utilización y, además, dirigir las acciones entorno a su futuro. Pues, la vicuña requiere un tratamiento especial por sus singulares características.

La reciente desactivación del Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs) y la distribución de sus atribuciones, en diversas dependencias del Ministerio de Agricultura, ha creado mayores confusiones y desórdenes a los existentes. Es decir, la vicuña carece de un sólido marco institucional que oriente su destino y permita a las comunidades recibir la asesoría estatal. Este gobierno no ha tenido mejor idea que otorgar facultades a los gobiernos regionales y, consecuentemente, cada uno brinda importancia, presupuesto, roles, etc. en función de sus particulares prioridades. El caos no puede ser más evidente.

Lamentablemente, lo actuado por el Poder Ejecutivo pone al descubierto la carencia de coherencia y visión en sus propuestas en relación a las disposiciones asumidas en su primera administración (1985-1990) en donde el liderazgo de Felipe Benavides fue respaldado directamente por el presidente Alan García Pérez. Veinte años más tarde, se retrocede y cometen similares errores a los de la década pasada.

Por estas consideraciones, es fundamental que las autoridades gubernamentales interpreten el sentir de las asociaciones campesinas, articulen sus demandas y trabajen en favor de sus justas aspiraciones. Es momento de empezar las transformaciones, a nivel institucional y legal, para incluir a la vicuña en la agenda del desarrollo nacional. Ese será también un homenaje a la intensa y meritoria lucha de Felipe Benavides.

San Francisco de Asís: Patrono de los ecologistas


Recientemente se ha recordado en Asís (Italia) a uno de los santos más representativos del catolicismo: San Francisco de Asís (26 de setiembre de 1182) hijo de Pedro Bernardone dei Moriconi y Donna Pica Bourlemont, conocido como el “pobrecillo” -a pesar de su procedencia adinerada- y, coincidentemente, se están celebrando los 800 años del establecimiento de la Orden Franciscana.

Su padre lo llamó Francisco en homenaje a Francia, país donde había hecho buenos negocios. Recibió la educación regular de la época, en la que aprendió latín y se caracterizó por su vida despreocupada: no tenía reparos en gastar cuando andaba en compañía de sus amigos, en sus correrías periódicas, ni en dar cuantiosas limosnas. Como cualquier hijo de un potentado ambicionaba ser exitoso

Cuando tenía 20 años estalló la guerra entre las ciudades de Perugia y Asís, y fue apresado por los peruginos. La prisión duró un año y cuando recobró la libertad, cayó enfermo. Después decidió combatir en el ejército de Galterío y Briena (sur de Italia) y, con ese fin, compró una costosa armadura y un hermoso manto. Pero, un día paseando con su nuevo atuendo, se topó con un caballero mal vestido que había caído en indigencia. Francisco cambió sus ropas por las del aristócrata

Por aquel tiempo escribe una regla breve y sencilla que el Papa Inocencio III, aprueba en 1209. Las líneas esenciales de los nuevos frailes menores eran la carestía y humildad. Dos años más tarde se puso bajo su dirección, junto con algunas compañeras, una noble joven de Asís llamada Clara. Así nació la Orden de las Clarisas o Segunda Orden Franciscana. A muchas personas que querían continuar su espíritu de penitencia y austeridad les compuso la ordenanza de la Tercera Orden Franciscana. En 1242, el Vaticano concedió a los franciscanos, mediante una bula, el privilegio de custodiar y velar por los lugares santos. Esta orden no se ha retirado de ninguno de estos territorios, asistiendo a los peregrinos cristianos y protegiendo a los más desfavorecidos.

La caridad fue una de sus virtudes y su plegaria “Mi Dios y mi todo”, condensa sus anhelos. Su amor sobrenatural lo lanza a convertirse en albañil improvisado de la iglesia de San Damián y de otros templos derruidos, lo impulsa a reunir a sus colegas de apostolado, ofrecer su obediencia al Papa, predicar el evangelio y sufrir penalidades. El mundo aprendió de su ejemplo que “la perfecta alegría consiste en aceptar con ánimo, por amor de Cristo, toda suerte de vituperios”. También, realizó viajes apostólicos a Siria, España, Marruecos, Túnez, Oriente y Egipto.

Para él no existió un hombre extraño a su corazón. Los leprosos, bandoleros, musulmanes y plebeyos eran sus hermanos. Fue hermano del sol, el agua, las estrellas y la vida silvestre, sentía que debía compartir con todas las criaturas que consideraba hijas de Dios y, como tales, respetaba su existencia. De allí su admiración por lo que hallaba en su entorno. El 3 de octubre (coincidiendo con su fallecimiento en 1226) fue declarado “Día Mundial del Animal” (1929) por iniciativa de la Organización Mundial de Protección Animal. En 1228, es canonizado por el Papa Gregorio IX y proclamado por el Papa Juan Pablo II “Patrono celestial de los ecologistas” (1979).

En el Perú existe un mural en su homenaje. Con ocasión del 25 aniversario del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) -cuya celebración se desarrolló en Asís (1986)- su presidente honorario, el príncipe Felipe de Inglaterra, invitó al conservacionista peruano Felipe Benavides Barreda (por haber sido miembro de su directorio internacional durante doce años), quien dispuso la elaboración de un colorido mosaico, en el zoológico del Parque de Las Leyendas (Lima), en recuerdo de San Francisco.

El “pobrecillo” de Asís fue un visionario cuya inquietud es hoy una de las mayores preocupaciones contemporáneas. La conservación de la flora y fauna, de los recursos naturales, de los mares y océanos, etc. son una urgencia para enfrentar la demanda humana en relación al uso y desgaste del patrimonio ecológico. Su herencia ha sido enseñarnos a repensar nuestro lugar en el orden establecido, de modo que el bienestar humano esté plenamente integrado con el equilibrio de la naturaleza. Para él era vital entender esta vinculación y, además, aceptar que el mundo no está bajo nuestro control y que debemos tomar nuestra ubicación solo como una parte en la comunidad del universo.

La encíclica “El hombre y la naturaleza” (1989) señala: “…Ofrece (San Francisco de Asís) a los cristianos, el ejemplo de un respeto auténtico y pleno por la integridad de la creación…El pobre de Asís nos da testimonio de que estando en paz con Dios podemos dedicarnos mejor a construir la paz con toda la creación, la cual es inseparable de la paz entre los pueblos”. En tal sentido, los asuntos “verdes” demandan una acción genuina, alejada de las tentaciones y bajezas de quienes han encontrado en este tema un inmoral y escabroso modo de subsistencia que encubre ambiciones personales.

Además, el dinero, los apetitos oportunistas, los intereses sórdidos y otras formas de corruptelas influyen negativamente en sociedades como la nuestra en visible crisis moral y, esencialmente, en sus gobernantes y sectores dirigentes. Por esas consideraciones, es imperativo volver la mirada hacia la trayectoria de decencia de San Francisco de Asís quien hizo de los valores cristianos una predica consecuente que todos debiéramos recoger e imitar.


Felipe Benavides: Un amigo del Partido del Pueblo

El conservacionista peruano Felipe Benavides Barreda (1917-1991) fue, sin duda, una de las figuras mundiales más representativas del quehacer ambiental. Aristócrata de nacimiento, descendiente de Fermín Diez Canseco (héroe del Huascar), tuvo una formación académica e intelectual privilegiada. Realizó sus estudios superiores en la London School of Economics, bajo la tutoría del profesor Harold Laski, líder del socialismo inglés y secretario general del Partido Laborista, y condiscípulo de estudios de Haya de la Torre.

Su relación con el fundador del aprismo comienza indirectamente cuando el hermano de su padre, Augusto Benavides Diez Canseco, acogió en su residencia a Víctor Raúl durante la persecución política de los años 30. Tiempo más tarde, por diversas circunstancias Felipe forjó gran amistad con Humberto Silva Solís, Humberto Carranza Piedra y Ramón Ponce de León, destacados dirigentes apristas. Asimismo, su inquietud por la ecología facilitó su amistad también con Guillermo Larco Cox, Nicanor Mujica Álvarez Calderón, Ramiro Prialé, Javier Pulgar Vidal, Carlos Roca Cáceres, Alfredo Santa María, Manuel Seoane Corrales, Héctor Vargas Haya, Armando Villanueva del Campo y otros.

Sus firmes convicciones éticas y cívicas lo llevaron ha protagonizar un episodio que cambio sustancialmente su vida profesional. A principios de la década de los 50, cuando se desempeñaba en calidad de Encargado de Negocios en la embajada del Perú en Suecia, se negó a distribuir información oficial del gobierno que difamaba la trayectoria política del jefe del Partido del Pueblo. Ese acontecimiento fue utilizado por la dictadura para disponer su pase a disponibilidad en 1954.

De otra parte, con motivo de la elaboración de la carta magna, Armando Villanueva fue portador de su mensaje al presidente de la Asamblea Constituyente, señalando la urgente necesidad de incorporar la temática ambiental en la nueva constitución política. Esta inquietud la recogió en su discurso inaugural (28 de julio de 1978), para luego designar a este fogoso ambientalista como asesor ad honorem de la comisión redactora del capítulo “De los Recursos Naturales”. Dicho aporte sirvió de ejemplo para las demás constituciones creadas en América Latina en el transcurso de la década siguiente.

Se caracterizó por su clara identificación nacionalista y por su anhelo de lograr el desarrollo nacional aprovechando las extraordinarias potencialidades ecológicas y respetando las ancestrales tradiciones culturales y sociales de la población. Por esas consideraciones el rector de la Universidad Nacional Federico Villarreal, Justo Enrique Debarbieri, lo declaró “Doctor Honoris Causa” (1980) en reconocimiento por su fecunda labor salvaguardando las riquezas naturales.

Su obsesionada preocupación sobre los problemas nacionales que tanto han perjudicado el desenvolvimiento económico y social de los sectores más deprimidos, lo vinculó con el senador Miguel López Cano, con quien trabajó estrechamente diversas iniciativas legislativas para proteger la Reserva Nacional de Paracas, amenazada por la sobreexplotación de recursos hidrobiológicos.

El gobierno del presidente Alan García Pérez dio pleno respaldo a sus responsabilidades (ad honorem) en la presidencia del Patronato del Parque de Las Leyendas y del Consejo Nacional de la Vicuña, creado este último con la ayuda del presidente del Consejo de Ministros, Armando Villanueva en 1988. Igualmente, gracias a la intervención del jefe de Estado, Benavides logró la aprobación en la comunidad internacional de la propuesta peruana para elaborar telas de vicuña provenientes de la esquila de animal vivo, que mereció el unánime apoyo de la colectividad científica mundial. De esta manera, se iniciaba una nueva etapa en el aprovechamiento racional de un recurso silvestre en peligro de extinción, cuya transformación y comercialización de su fina fibra beneficiaría a las postergadas poblaciones campesinas.

El presidente de la Cámara de Diputados, Luis Alvarado Contreras, atendió una solicitud multipartidaria presentada por el diputado aprista José Lescano Palomino y le impuso en 1990, la medalla “Juan Antonio Távara Andrade” en el grado de Gran Cruz “por su destacada labor como investigador de la ecología”. Fue la última distinción que recibió en vida este tenaz defensor de nobles causas nacionales.

Cuando fue sorpresivamente destituido del Parque de Las Leyendas (1991), muchas voces expresaron su indignación. Entre ellas transcribimos las palabras del diputado aprista Fernando Ramírez Alfaro, quien en su artículo “El día que las vicuñas lloraron” (Expreso, 31 de enero de 1991) indicó: “Ni Felipe Benavides –ni ninguno de los miembros del Patronato- cobraba sueldo, dieta, movilidad, viático o algún estipendio económico. Personas como el embajador Augusto Dammert y los demás miembros del Patronato, acompañan al señor Benavides porque en sus espíritus está añejada esa vocación de servicio por la patria y en sus corazones el amor por la naturaleza”.

En un póstumo acto de justicia la congresista Elvira de la Puente Haya de la Torre con la adhesión de los integrantes de la Célula Parlamentaria Aprista, lograron la aprobación por unanimidad en el Congreso de la República (20 de setiembre del 2001) del proyecto de ley Nro.038-2001-CR, que añade al Parque de Las Leyendas el nombre de este ilustre peruano.

Adelantado a su tiempo, culto y visionario, fue un personaje singular que mereció la simpatía de muchos peruanos. “Tu sabes que soy conservacionista y sigo, aunque sea de lejos, tus profundas huellas. Todo lo que pueda hacer por nuestra naturaleza me alegrará. Estoy a tus órdenes”, le escribió el 27 de setiembre de 1985, el ministro de la Presidencia, Nicanor Mujica.

Ganó batallas, inspiró envidias, cultivó admiraciones, suscitó polémicas y despertó el reconocimiento de las colectividades andinas. Su recuerdo estará siempre vinculado con la conservación del patrimonio natural, con la gestación de lúcidos aportes y con la protección de los derechos del Tercer Mundo de alcanzar un desarrollo inteligente, honesto y responsable.

Benavides siempre se enorgulleció de haber sido reconocido con el título de presidente de la comunidad campesina de Lucanas, en cuyas tierras pastan el 70 por ciento de la población nacional de vicuñas y propietaria de los ámbitos donde se establece la Reserva Nacional de Pampa Galeras. Así era este aristócrata miraflorino, comprometido plenamente con el campesinado.

Amigo del aprismo, peruano ejemplar, consecuente con su entrega moral, fue un quijote moderno al que no dejaremos de evocar y cuya obra nos recuerda la importancia de incorporar la gestión ambiental en el anhelo de elevar la calidad de vida de los más pobres.

Etiqueta y autoestima: Algunas reflexiones…


Tradicionalmente se ha considerado la etiqueta como un instrumento destinado a la superación y crecimiento, particularmente, del género femenino. Durante décadas ha existido una idea fragmentada sobre su aplicación y significado que ha limitado sus alcances. En los últimos años, gracias a la difusión de estos asuntos, han sido gradualmente incorporados en las inquietudes de diversas empresas y profesionales (de ambos sexos) y, por lo tanto, hoy apreciamos mayores preocupaciones en nuestro medio. Existen cursos, libros e institutos dedicados a estos temas que han adquirido mayor aceptación y demanda.

Pero, la etiqueta, entendida como una cultura de vida que nos permita desarrollar y mejorar nuestra relación con los demás, interactuar correctamente, fortalecer la autovaloración personal y profesional, entre otros factores favorables, encuentra aún algunas incomprensiones y disimulados cuestionamientos sobre su trascendencia en la formación de una sólida autoestima individual y, consecuentemente, una mejor calidad de vida.

Sobre el particular, me permito reforzar mi alcance con las palabras de Frieda Holler en su libro “Ese dedo meñique” (2001): “Estoy convencida de que todos los seres humanos tenemos la capacidad, el talento y la ambición para lograr el éxito y mantenernos en él. Lo que a menudo nos falta son las herramientas o técnicas básicas para convertir cada posibilidad en un éxito. Una de ellas, sin duda, es la etiqueta”. Esta apreciación facilita entender que la etiqueta es un “puente” para conquistar anhelos y aspiraciones.

Sin embargo, no es únicamente un conjunto ordenado, minucioso y detallado de reglas para aplicar en ciertos espacios sociales, laborales y familiares. Es, desde mi punto de vista, mucho más que eso y, esencialmente, se puede entender como un manual para vivir mejor, agradar a los semejantes y hacer de nuestras vidas una oportunidad destinada a ofrecer una positiva interrelación con quienes nos rodean. Por eso se vincula con la ética y la estética, entre otros aspectos en los que está sustentada.

Bien precisa el libro “Ese dedo meñique”: “…Las buenas formas, la educación no necesariamente tienen que estar dirigidas a elites o a grupos de poder económico”. La óptima educación sugiere ser interpretada como un elemento que servirá a todas las personas sin distinción de sexo, procedencia y nivel. Ese punto es oportuno resaltar a fin de identificar esta temática como parte inherente en nuestro crecimiento y evolución. Como anotará el poeta Antonio Machado y Ruiz, “…Caminante, no hay camino, camino se hace al andar”, subsiste la necesidad de abrir un amplio horizonte para hacer conocer su actualidad e importancia. En otras palabras, hay una labor pedagógica que realizar a nivel familiar, social e institucional con el propósito de demostrar que la etiqueta no es una moda llena de apariencias y frivolidades, sino una estrategia para alcanzar metas en la vida y, además, incrementar nuestra autovaloración individual. Esa es una tarea que nos corresponde a todos asumir y propalar. Aquí entramos a la autoestima.

¿Qué es la autoestima? Es la autovaloración que cada uno de nosotros tiene de sí mismo. La autoestima positiva se expresa en personas con seguridad, convencimiento, pensamientos positivos y que no requieren, entre otras razones, de la aceptación de los demás para actuar y tomar decisiones. Por lo tanto, la pregunta surge evidente: ¿Se sentirán con capacidad y convicción para utilizar los conceptos de etiqueta las personas con bajos niveles de autoestima? Personalmente, lo creo imposible. Tendrán dudas, miedos, incertidumbres, que se convertirán en un obstáculo para la normal y fluida aplicación de estos conceptos. Es conveniente fortalecer la autoestima previa al desarrollo de la etiqueta y entender que el medio en donde nos desarrollamos no siempre estimula e incentiva el buen comportamiento. Además, hay que considerar la posibilidad de actuar en un entorno desfavorable que pondrá a prueba, con su indiferencia y apatía, nuestra confianza personal.

Desde mi perspectiva, se requiere preparación emocional, alentar la autovaloración y vencer temores. Etiqueta y autoestima son dos ruedas de un mismo vehículo que está en nuestras manos conducir cada uno a lo largo de su existencia. Pero, en sociedades como la nuestra la interrogante es: ¿Cómo hacer para darle seguridad, amor propio, firmeza, respeto y defensa de sus derechos a una colectividad endeble que no se quiere y, consecuentemente, no se tolera y respeta? La respuesta, a mi parecer, no es tan obvia si profundizamos en las complejas razones de la débil autoestima de los peruanos y, especialmente, de los jóvenes que, mayoritariamente, ven su futuro incierto. Se aconseja formar a la juventud (en la casa, escuela y universidad) dándoles pautas para ser capaces de mirarse en el espejo de sus vidas con fe, ilusión, esperanza, convencimiento y sentirse orgullosos de su origen e identidad.

La autoestima es central en la práctica de la etiqueta y dará mayor sostenibilidad a los temas que deben fluir con naturalidad. Aquí tenemos un reto por delante para poner al alcance de las gentes su valor. Especialmente, en espacios en donde se vive el día a día y no se entiende que la vida es mucho más que apremios cotidianos. Es también una búsqueda de metas, logros y realizaciones pensando en el bien común, ese es uno de los genuinos objetivos de la etiqueta, el bienestar, la convivencia y armonía entre todos.