jueves, 20 de julio de 2017

¿Nuevos delfines en el Parque de Las Leyendas?

Una nueva polémica involucra al Patronato del Parque de Las Leyendas - Felipe Benavides Barreda entorno a la posible llegada de determinados géneros de cetáceos para aparente exposición cultural en este representativo y tradicional espacio arqueológico, botánico y zoológico.

En las últimas semanas diversos medios informativos han alertado, ocasionando un sentimiento de preocupación en sectores ecologistas. Lo insólito en este poco esclarecido asunto radica en que detrás de todo esto asoma una institución llamada Nemus Custodis, cuyo representante estaría denunciado y condenado en otros países por manejo irregular y estafa en parques de entretenimiento y, además, en las redes sociales aparece como una persona con disímiles identidades.

Sobre el particular, la periodista María Luisa del Río en su artículo titulado “Delfines… ¿en serio?” (Perú 21, julio 2017) ha precisado: “…Investigando, he sabido que la oficina de prensa de nuestro zoológico ha deslindado de la noticia, diciendo que desconoce su origen y que ese proyecto no existe. Pero aquí hay gato encerrado, porque otro evento que se anuncia estas vacaciones infantiles en el Parque de Las Leyendas, con atractivos como Peppa Pig, está supuestamente ‘producido por CH&Z, gracias a Nemus Custodis’. Y lo más raro es que Nemus Custodis es, según sus propias publicaciones, un hacker que se jacta de serlo en beneficio de la igualdad en el planeta, y de haber estado preso por su delicado oficio. Ah, y que CH&Z no existe. Pero lo más bizarro de todo es que en el cartel que anuncia el evento este de Peppa Pig está la firma de Luis Castañeda Lossio”.

Las autoridades del Parque de Las Leyendas y de la Sociedad Zoológica del Perú han recibido las comunicaciones de Mariana Orihuela Wager, gestora de Seaumanoid, una prestigiosa marca activista creada para concientizar acerca de la vida animal y defender causas destinadas a la conservación del planeta a través del arte y la moda. 

En sus misivas del 12 de julio precisa su extrañeza y demanda un esclarecimiento al expresar: “…Al respecto, nos preocupa que se involucre a su representada el Parque de Las Leyendas en prácticas que ameritan la condena y el repudio mundial. Si bien, se pretende utilizar un marco legal para tales fines, no consideramos que se cumplan con el cautiverio, el maltrato y la tortura que significa la práctica de acuarios en nuestra ciudad; más aun estando tales prácticas en vías de extinción en el concierto internacional y siendo llevada a cabo por una institución como Nemus Custodis (Peru 21, periodista María Luisa del Río), que niega hoy su participación en los hechos en contradicción con lo expuesto en la prensa”.

No sorprende la “mudez” de este mandato edil que se refleja, una vez más, en los responsables de dar cuentas de estos sucesos ante la ciudadanía. Reitero mis sospechas sobre su seria voluntad de la administración de Solidaridad Nacional de transparentar sus acciones. Por cierto, he sido reiterativo al describir las sombrías y sórdidas conductas de la Sociedad Zoológica del Perú. Una organización privada sin fines lucrativos, ubicada en áreas del parque, que evade asumir la obligación de ofrecer su contribución técnica, pedagógica y de asesoramiento. 

En consecuencia, insisto en lo expuesto en mi escrito “Historia de una controvertida ONG verde” (2012) acerca de esta reducida, escabrosa y privilegiada secta ambientalista: “…Su tienda ‘El osito de anteojos’ genera cuantiosos recursos económicos que terminan en sus cuentas bancarias. A pesar de ello, fueron favorecidos por la cuestionada gestión de Solidaridad Nacional (2007-2011) -presidida por Javier Arbulú Bryce- con la suscripción de una ampliación a su componenda, a fin de asegurar su precaria existencia, y la remodelación de sus instalaciones con dineros del erario nacional. Una maniobra jurídica que debe desentrañarse. Es ‘curioso’ que una administración caracterizada por irregularidades financieras, obras innecesarias y deficientes, maltrato a los trabajadores, ampliación del gasto corriente, entre otras documentadas anomalías, haya tenido una ‘conveniente’ vinculación con este organismo privado”. Más claro: ¡Imposible!

La representante de Seaumanoid ha anunciado la realización de un platón en el Parque de Las Leyendas el día domingo 13 de agosto, con el afán de exteriorizar su rechazo a la pretendida incursión de estas especies en este histórico escenario capitalino. Esta movilización pacífica persigue hacer reflexionar sobre la urgencia de sacar adelante la iniciativa legislativa para detener su crianza en cautiverio. Recordemos que al sur de Lima se ubican algunos de los más inapreciables escenarios del hemisferio para la observación de estas maravillosas especies marinas. 

Asimismo, con la finalidad de promover un cambio en la legislación para erradicar el cautiverio de los delfines en el Perú, la Fundación Ballena Azul (FBA) lanzó la campaña “Somos libres, seámoslo siempre”, encaminada a sensibilizar de los peligros de esta práctica para los mamíferos acuáticos. Su presidente, Carlos Lau, ha señalado que vienen trabajando con el Colegio de Abogados de Lima (CAL) y con el congresista Jhonny Cárdenas Cerrón, en la elaboración de un proyecto de ley orientado a garantizar los derechos de esta especie, varios de cuyos ejemplares se ponen a la vista en delfinarios y zoológicos. Recordó que naciones como Costa Rica e India han prohibido el confinamiento de los delfines, quienes al vivir en espacios reducidos disminuyen su longevidad a un 50 por ciento luego de presentar trastornos físicos y psicológicos producto del estrés de su encierro. 

Uno palpable ejemplo es Huirurín, un delfín rosado del río Amazonas que reside en el Parque Zoológico Quistococha (Iquitos) el que, de acuerdo a las leyes vigentes, debió ser liberado hace mucho tiempo. Aunque la situación más dramática la grafiquen Yaku y Wayra -que estuvieron durante años en cautiverio en Chorrillos- de la subclase conocida como "nariz de botella" y que, habitualmente, puede subsistir hasta los 80 años. Pero, en estas condiciones llegan apenas a los 27 años. 

La disputa sobre su permanencia en cautiverio se remonta a fines de la década de 1990 cuando el Hotel Los Delfines de San Isidro introdujo a Yaku y Wayra en sus instalaciones. En aquella ocasión se produjo una amplia oposición por considerarlo un acto de crueldad, más allá de los dudosos razonamientos argumentados por la empresa en relación a sus roles educativos y culturales. 

En estos pormenores tuvo protagónica participación Mariana Orihuela Wagner y la organización no gubernamental Voz Animal, al abanderar las reiteradas y perseverantes protestas efectuadas, durante tres meses, en la puerta del hotel para presionar la salida de Yaku y Wayra de la piscina de la playa La Herradura -en donde fueron confinados por disposición del controvertido dueño del hotel- ya que incumplía las medidas legales y técnicas establecidas para su cautiverio. Estos animales padecieron trastornos y alteraciones de su ciclo sexual: Wayna, afectada por este encierro, vio morir a tres de sus crías que estuvieron imposibilitadas de sobrevivir por su aislamiento.

Tan admirables especímenes poseen cualidades que han ameritado el asombro del mundo científico contemporáneo e innumerables estudios y evaluaciones sobre su comportamiento. La comparación del cerebro de un delfín y un humano genera sospecha por el elevado nivel intelectual del cetáceo. No sólo su cerebro es privilegiado, en proporción al tamaño corporal, sino que presenta una extraordinaria complejidad. Así el córtex, capa cerebral donde residen las más altas facultades intelectuales, parece ser más extenso y con exorbitante complicación de circunvalaciones, siendo su número al menos el doble. Sus neuronas son un cincuenta por ciento mayor en el delfín. Según especialistas podrían ostentar un intelecto superior al ser humano, aunque distinto.

Estos mamíferos deben habitar libres y ajenos a cualquier posibilidad de alteración de su normal evolución. Tengamos presente que están catalogados por expertos internacionales como “personas no humanas”, al igual que unos tipos de primates. De allí la exigencia de asumir una respuesta vigilante y fiscalizadora al ver peligrar su supervivencia. 

Requerimos una intensa toma de conciencia sobre la capacidad de convivencia que nos corresponde forjar con los cetáceos. Desde mi punto de vista, es impostergable construir una relación ética y empática con nuestro admirable patrimonio natural que también es reflejo de la creación. Nosotros somos parte de esa exuberante biodiversidad que empleamos -no siempre de forma planificada responsable y sostenida- para atender nuestras demandas humanas. Por lo tanto, tenemos la ineludible obligación moral de salvaguardar su existencia.

La lucha incesante y valerosa de peruanos como Felipe Benavides Barreda, a pocas semanas de cumplirse 100 años de su natalicio, nos convoca a meditar y actuar proactivamente. Hoy más que nunca mantienen íntegra actualidad sus visionarias palabras expuestas en su artículo “El equilibrio biológico en el mar” (El Comercio, abril 12 de 1973): “…Les corresponde a los jóvenes de hoy, que gobernarán el Perú de mañana, la responsabilidad de contribuir a garantizar los principios de una inteligente administración de los bienes de la naturaleza que Dios nos ha entregado no para destruirlos, sino para que su destino sirva a los hombres del presente y del futuro”.