martes, 9 de febrero de 2016

El Lugar de la Memoria: Un espacio de reflexión

Hace unos días conocí el recientemente inaugurado Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM). Es un moderno, extenso y documentado escenario con fotografías, testimonios, videos, libros, revistas, objetos personales, entre un sinfín de materiales ilustrativos de la violencia acontecida en el país.

En tal sentido, coincido con lo expuesto por José A. García Belaunde en su nota “Una visita al Lugar de la Memoria”: “…Al visitar el LUM tuve la impresión de que ha habido un manejo muy cuidadoso de esa temática, a partir de una empatía profunda con el dolor, el de las víctimas y sus cercanos, el del país que durante 12 años se preguntaba si era viable su proyecto de nación, si ese ‘plebiscito diario’ por ser peruanos tenía algún sentido o era parte de esa ‘promesa de la vida peruana’ que no supimos realizar”.

Su recorrido se divide en tres partes: en el primer piso, se recogen experiencias intensas que afectaron la vida cotidiana de la ciudadanía. En el segundo piso, se presentan las respuestas formuladas para detener el avance de la violencia y los retos que hoy se plantean para la construcción de la democracia. Asimismo, posee muestras temporales de distintos aspectos. Por último, en el tercer nivel existe un espacio de ofrenda a las víctimas y un llamado a la solidaridad.

Esta variada exposición está acompañada de una explicación secuencial y cronológica de los antecedentes del terrorismo y de sus principales personajes. También, se han seleccionado un conjunto de episodios emblemáticos en relación al drama vivido en más de una década como las masacres a los Ashánincas, Uchuraccay, Putis y Barrios Altos.

El terrorismo hizo posible mostrar lo más hondo de la desintegración y la apatía que nos aturde y, por lo tanto, lo alejados que estamos de constituirnos en una nación capaz de incluir los anhelos de todos sus habitantes en un destino colectivo. Es lamentable reconocer que el criminal accionar de Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), permitieron revelar los sentimientos invertebrados de la sociedad peruana.

Tengamos presente que la violencia aquejó principalmente a las poblaciones débiles, pobres y marginadas de las zonas andinas y rurales: quechuas, analfabetos, mujeres, niños y adolescentes. Los olvidados pueblos de la serranía fueron los más afligidos y su drama ha sido percibido con apatía hasta nuestros días. De allí que, este recinto contribuye a inducir nuestros reflejos de sensibilización.

En consecuencia, comparto lo expresado por Mario Vargas Llosa: “El LUM debe ser también una institución de reflexión, de debate, de una controversia pacífica, inteligente y de opciones diferentes. No solamente para resolver esos problemas, sino para mantener siempre atajada a esa violencia latente que puede, en unas condiciones determinadas, salir a la superficie, explotar y causar enormes desgracias para un país”.

Los entretelones para gestar este museo motivaron encontrados puntos de vista. Pues, existieron voces altisonantes. Recordemos las declaraciones del ex ministro de Defensa, Antero Flores Araoz: “…Crear un museo de la memoria no es prioridad para el Perú”. La respuesta del autor de “El pez en el agua”, no tardó: “¿Qué puede inducir a un hombre que no es tonto a decir tonterías? Dos cosas profundamente arraigadas en la clase política peruana y latinoamericana: la intolerancia y la incultura”.

Sórdidas maniobras de disímil índole intentaron detener su cristalización. De allí que, en un medio tan desmemoriado, es conveniente anotar las razones que llevaron a un nutrido grupo de intelectuales a publicar un pronunciamiento el 1 de marzo de 2009 enunciando su extrañeza sobre la determinación gubernamental de declinar la donación de dos millones de dólares de Alemania para la edificación del LUM: “…Es sorprendente e ingrato constatar que el gobierno del Perú ha rechazado dicho ofrecimiento, lo cual indica su desinterés en realizar la obra. Semejante rechazo, por desgracia, se suma a otro dado por el anterior gobierno ante la posibilidad de recibir recursos internacionales que hubieran ayudado al estado peruano a atender las reparaciones debidas a las víctimas de la violencia”.

Nuestro Premio Nobel de Literatura se vio precisado a renunciar -mediante una severa carta al jefe de estado Alan García Pérez- a la presidencia de la comisión organizadora del LUM. En su misiva del 13 de setiembre de 2010 aseveró: “…Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas”.

Me resulta difícil concebir que, en pleno siglo XXI, todavía imperan enormes prejuicios sobre el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social y, además, acerca del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyas conclusiones ni siquiera han sido leídas por incontables sectores de la opinión pública que, haciendo uso de una abundante simpleza e inopia, cuestionan un trabajo conducente a revelar una fase de nuestra historia. Más allá de respetables discrepancias, válidas y habituales en una democracia, no es aconsejable rechazar aportes encaminados a deducir mejor estos condenables sucesos que afectaron el porvenir nacional.

Los agudos debates para sacar adelante este proyecto pusieron de manifiesto, una vez más, las confrontadas lecturas e interpretaciones de un período que nos corresponde aceptar en un esfuerzo de comprensión, perdón y toma de conciencia. Rehuyamos mirar el futuro llevando a cuestas odios, mezquindades e intransigencias.

Por fin contamos con un recinto -que sugiero recorrer a las nuevas generaciones- para meditar e impulsar procesos de reconciliación. Es un sitio de catarsis y discernimiento para entender con espíritu censor el conflicto armado y sus secuelas. Desde aquí podemos observar una etapa de nuestra reminiscencia con perspicacia, introspección y enmarcada en una actitud sensible frente a quienes protagonizaron hechos que no debemos repetir.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El bosque El Olivar: ¿Patrimonio Natural?

Una buena nueva ha pasado inadvertida en días recientes: la municipalidad de San Isidro está por iniciar las tramitaciones para solicitar a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declare “Patrimonio Natural de la Humanidad” el legendario bosque El Olivar.

Este imponente escenario, considerado un emblema cultural y ambiental, fue denominado “Monumento Histórico” -mediante resolución suprema Nro. 577 del 21 de diciembre de 1959- por el disuelto Instituto Nacional de Cultura en reconocimiento a su valor ancestral de más de 400 años de antigüedad.

Los entretelones de su crecimiento y expansión están llenos de vivencias saltantes y nutridos relatos. En la exhaustiva publicación “Estudio urbano del distrito de San Isidro” (1952), de Ernesto Gastelumendi Velarde, se precisa: “…A seis kilómetros de la plaza principal de Lima y sobre una extensión de veintitrés hectáreas, el Olivar, que fuera del fundo Conde San Isidro, constituye el centro y elemento característico del distrito de San Isidro; Olivar que se creó en terrenos de la ciudad indígena Huandca, que los españoles llamaron Guática y que en principio de la colonia perteneció a don Nicolás de Rivera el Mozo. No se sabe la fecha en que se sembraron los olivos, pero se tiene conocimiento que don Antonio de Rivero, el año de 1560 trajo de Sevilla los primeros Olivos que se utilizaron en Lima y Moquegua. En San Isidro llegaron a sembrarse 1,730 árboles a fines del siglo XVIII, según inventario de esa época; en el año 1825 y a mediados del siglo pasado disminuyeron a más o menos 1,000 existiendo actualmente e doble de esa cifra”.

Por su parte, en la obra “San Isidro - tradición y modernidad” (2012), de Augusto Tamayo San Román, se asevera: “…A finales del siglo XVIII el antiguo Olivar ha crecido de tal manera que cuenta ya con más de 2,000 olivos, tal como puede comprobarse de la lectura de los inventarios de la hacienda de ese entonces. En 1928 la cifra llegaba a 2,338 olivos. La correspondiente industria de aceite de oliva ha igualmente prosperado y el aceite allí producido es vendido no solo en Lima sino embarcado hacia la zona norte de la Audiencia de Lima. A partir de entonces decae la propiedad y, en algún momento del siglo XIX, baja el número de olivos hasta a menos de 900”. Asimismo, una leyenda involucra a San Martín de Porres en sus recorridos por este bosque.

Muchos años más tarde, a mediados de 1920, el arquitecto y escultor español Manuel Piqueras Cotolí -fundador del movimiento de arquitectura neoperuana- desarrolló un proyecto urbanístico incorporando porciones de suelo al tramado antiguo del bosque con la finalidad de garantizar su protección. De esta forma, calles, curvas y reducidos refugios, erigidos por plazoletas o recodos en las intersecciones de calles y veredas, otorgan a la urbanización un vistoso atractivo. En 1941 el municipio de San Isidro “declara de utilidad pública la expropiación de los lotes no construidos en el Olivar para preservar como áreas verdes del distrito”, escribió el autor de “San Isidro - tradición y modernidad”.

Su floresta es el hábitat de casi 15 variedades de aves que lo convierten en el parque con mayor pluralidad de especies ornitológicas de la metrópoli. Allí se encuentran al Turtupilín de pecho rojo, al Botón de Oro de color amarillo y al Tangará de color celeste. Otros pájaros residentes son el Saltapalito, el Tordo Brilloso y el colibrí Amazalia Costeña. Existen interesantes avisos con la ficha técnica de cada espécimen, lo que constituye un valioso aporte a la enseñanza ambiental.

Desde la perspectiva ecológica, cuenta con un sistema tecnificado de riego que posibilita ahorrar el 70 por ciento del recurso hídrico. Con el regadío por inundación se usaban 22.400 m3 de agua mensualmente; mientras que el moderno mecanismo emplea sólo 6.400 m3 para las 10.31 hectáreas que abarca. Esta obra ha demandado una inversión de tres millones doscientos mil nuevos soles.

A mi parecer este representativo espacio público debe cumplir amplias funciones recreativas, culturales y pedagógicas, con el afán de dar a conocer el origen de los géneros botánicos, situar juegos infantiles de materiales biodegradables, banners didácticos con mensajes de sensibilización, tachos según el tipo de residuos e indicaciones de interés. Sugiero instalar un pequeño museo de interpretación destinado a resaltar sus orígenes e importancia. De este modo, pueden intensificarse las iniciativas al aire libre como recitales, danzas, programas de lecturas, títeres, exposiciones y campañas ecológicas. Es pertinente percibir los parques como esferas vivas y multidisciplinarias en beneficio de la comuna y, por lo tanto, su uso debe orientarse a impulsar la participación de sus concurrentes mediante un sinfín de actividades.

San Isidro es una de las circunscripciones con las mayores extensiones de superficie de verdor en la capital. Así lo ha recalcado Pedro Ortiz Bisso en su artículo “¡El malecón también es un parque zonal!” (2016): “…Lima es una ciudad donde las áreas verdes son también una expresión de desigualdad. Mientras San Isidro tiene, en promedio, 18 m2 por habitante, muy por encima del estándar mínimo establecido por la Organización Mundial de la Salud (9 m2 por habitante), existen distritos como Villa María del Triunfo donde no pasan de 1.2 m2. Vivimos en medio de un desierto en donde el agua escasea”.

En tal sentido, creo conveniente citar algunas estadísticas internacionales con la finalidad de comprender nuestra dramática realidad. En Santiago de Chile, un ayuntamiento amenazado por la polución, existe una proporción de 4 m2 por habitante, por encima del promedio latinoamericano: 3.5 m2. Nueva York tiene 27 m2 por lugareño, al igual que Londres, mientras que Estocolmo registra 87 m2.

Este ancestral bosque es un sitio simbólico en la historia de Lima. Corresponde a sus autoridades asegurar su adecuada conservación e intangibilidad, más aún en momentos en los que el denominado “boom inmobiliario” trae abajo incontables inmuebles entrañablemente articulados con la identidad, la memoria colectiva y el sentido de pertenencia de nuestra urbe. El Olivar es un armonioso refugio paisajístico, bello escenario natural y admirable reducto de peruanidad.