miércoles, 18 de abril de 2012

La Cenicienta en Lima

Hace algunos días asistí al remozado Teatro Municipal del Centro Histórico de Lima a deleitarme con el ballet “La Cenicienta”, presentado por el Ballet Municipal de Lima -creado en 1983 durante el mandato del alcalde Eduardo Orrego Villacorta-, una de las compañías de danza más significativas y de mayor trayectoria en el país. Fue un despliegue intachable que mostró el talento de sus jóvenes integrantes conducidos por la prestigiosa Lucy Telge de Linder y el profesor invitado del Teatro Bolshoi de Moscú, Mikhail Koukharev.

“Es la primera vez que estoy poniendo ‘La Cenicienta’ en el escenario del Ballet Municipal de Lima. En realidad nunca lo hice en ningún otro lugar. El trabajo es difícil pero interesante. Lamentablemente tenemos poco tiempo para realizar las preparaciones. Los artistas trabajan con inspiración”, afirma Boris Myagkov, encargado de la coreografía y quien ha sido director artístico y principal maestro del Ballet del Teatro de la Opera y Ballet de la República de Komi en Syktyvkar (1984 - 1990).

La fábula mágica de la obra está basada en el cuento del renombrado escritor francés Charles Perrault (1628 - 1703), reconocido por dar forma literaria a cuentos clásicos infantiles como “Caperucita roja” y “El gato con botas”. A los 55 años escribió el libro “Cuentos de mamá ganso”, con el que inició un nuevo estilo de literatura denominada “los cuentos de hadas”.

Esta exhibición –a la que concurrieron numerosos niños- permite apreciar el brillo del Ballet Municipal de Lima y contribuye, al igual que otras expresiones artísticas, al crecimiento interior de los individuos y nos acerca al mundo de la cultura. Cada una de estas manifestaciones incrementa la sensibilidad humana. Esta es una de las notables virtudes del arte: Su capacidad para sensibilizar.

Dentro de este contexto, reitero lo expuesto en mi artículo “Cultura y autoestima: Herramientas de superación”: “…La cultura ofrece al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Hace de nosotros seres racionales, críticos y éticos. A través de ella discernimos los valores, efectuamos opciones, tomamos conciencia de nuestra realidad, nos reconocemos como un proyecto inacabado, cuestionamos nuestras realizaciones, buscamos nuevas significaciones y creamos obras que nos trasciendan. En síntesis, brinda la posibilidad de ‘bucear’ en nuestra intuición interior y, además, es un elemento de superación incuestionable”.

Por su parte, el ballet tiene un sinfín de beneficios en la infancia que bien vale comentar. Para empezar, otorga múltiples aportes físicos y psíquicos, ya que requiere de amplia concentración para dominar el cuerpo; desenvuelve la flexibilidad, la coordinación y el ritmo; ayuda a controlar el organismo, fortalece los músculos y la conexión de los movimientos; estimula el trabajo en equipo; mejora la autoestima, reduce el estrés y combate la depresión; impulsa la expresión de las emociones y canaliza la adrenalina; aumenta la motivación, la perseverancia y la constancia, ideales para su vida futura; enseña la magnitud del esfuerzo -que se verá reflejado en cada presentación- y, por último, es una conveniente herramienta para superar la timidez.

En tal sentido, sería recomendable que los gobiernos regionales y municipales imiten esta exitosa experiencia -liderada por la Municipalidad Metropolitana de Lima- y auspicien prácticas formativas entre la juventud que podrían integrar sus políticas de gestión. Los municipios deben contribuir, de esta manera, a la revalorización y difusión de estas acertadas iniciativas artísticas. A mi parecer, una eficiente administración edilicia no consiste solo en la realización de cuantiosas obras físicas –no siempre prioritarias-, sino en desarrollar aspectos referidos al engrandecimiento espiritual y cultural de la población y, en consecuencia, lograr elevar su calidad de vida.

Recuerdo haber leído una expresión de Emanuel Kant, el notable filósofo prusiano de la Ilustración, que dice: “La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”. Felicitaciones al elenco del Ballet Municipal de Lima por brindarnos un espectáculo lleno de dinamismo y de encanto romántico y dancístico. Una labor perseverante que debe enorgullecernos a todos los limeños.

sábado, 7 de abril de 2012

Áreas verdes de Lima: Pulmones en peligro

En diversos distritos de la capital han surgido protestas vecinales ante la pretendida urbanización de zonas destinadas para parques y áreas libres. Nuevamente, el uso inadecuado de estos espacios públicos pone en debate la obligación de cumplir con las disposiciones internacionales sobre desarrollo urbano, aunque estemos muy lejos de estas exigencias por el equivocado modelo de expansión implementado.

En nuestra metrópoli existen 13 978 761 m2 de áreas verdes, que representa el 0,5 por ciento del territorio y una densidad de 1,98 m2/habitante. Dicha extensión es reducida de acuerdo con lo dispuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece 8 m2/habitante de área verde. Según refiere el arquitecto Miguel Cruchaga Belaunde, en su artículo “Dos consignas para Lima: Recuperar y descongestionar” (Caretas Nro.2010): “…Los parques son víctimas frecuentes de la gestión de los alcaldes. Desde que la ciudad empezó a extenderse, las pautas del urbanismo previeron que ese crecimiento debería aparejarse con una reserva equitativa de ‘área verde’ para propiciar la oxigenación del aire y el reencuentro del hombre y la naturaleza, en espacios descansados que propicien su reconexión. Según estas pautas la ciudad debe dejar (por lo menos) 10 por ciento de la nueva superficie urbanizada como área de parques, sin menoscabo de las extensiones adicionales para calles, plazas y demás equipamiento urbano. Ello permitiría que la ciudad dispusiera de cuando menos, 7 m2 de área libre por habitante…”.

La “Ciudad de los Reyes” está llena de parques en conflicto, entre otras razones, por la ambición de los alcaldes que hacen peligrar su integridad. Ese fenómeno aparece en los distritos con mayor demanda de terrenos lucrativos. Deseo compartir una anécdota ilustrativa de estas pretensiones. En 1988, el alcalde de Jesús María intentó talar los árboles de un segmento del Campo Marte, con el fin de lotizarlo, pero una acción de amparo -que presenté en representación del Movimiento de Juventudes del Frente Ecológico Peruano- aceptada por el juez del Décimo Quinto Juzgado de Lima, Vladimir Paz de la Barra (la primera sentencia ecológica en la historia judicial del país) impidió que este tradicional reciento se destruya.

En un hecho sin precedentes se declaró “…suspendida la tala de árboles y la ejecución de obras civiles, que violen el derecho del ser humano a vivir en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado, y la intangibilidad del área verde que contiene el Campo de Marte”. A pesar de tan interesante antecedente jurídico los parques no deben ser percibidos, por las autoridades ediles, como “terrenos sin construir” o destinados para concretar cualquier fantasía (playas de estacionamiento, centros comerciales y complejos multifamiliares).

Desde mi perspectiva, estos sitios no convendrían ser mirados como atractivos para pasear rodeado de plantas, flores y árboles. Su misión es más valiosa de lo imaginado. Cumplen un papel fundamental por tratarse de pequeños reductos de tratamiento del aire y contribuir a la disminución de las sustancias tóxicas. Es ineludible dotarlos de variedades botánicas capaces de resistir los niveles de contaminación. También, regulan el micro clima, embellecen el entorno urbanístico y sirven para desplegar una pluralidad de acciones.

Los parques deben cumplir funciones recreativas, sociales y pedagógicas con el afán de dar a conocer el origen de los géneros botánicos mediante letreros con su nombre (común y científico) y algunos datos adicionales. Sugiero considerar situar entretenimientos infantiles elaborados con materiales biodegradables (el plomo con el que están pintados los juegos constituye un peligro), letreros con mensajes de sensibilización, avisos con la programación cultural del distrito, tachos para seleccionar residuos, señalización, indicaciones de interés general e instalar (en los jardines que su extensión lo permita) pequeños centros de interpretación.

Un ejemplo es el bosque El Olivar en San Isidro que podría tener un museo destinado a apreciar y valorar su historia, cuyos antecedentes se remontan a la época colonial cuando esas tierras pertenecieron a Isidro Gutiérrez Cossío. Por su parte, el Parque de la Amistad de Santiago de Surco –al que concurro con frecuencia- comprende plazuelas, glorietas, puentes, piletas, laguna artificial, estación de tren, locomotoras y representativos exponentes de la biografía de Lima en una extensión de 30 hectáreas. Su diversidad de encantos puede complementarse con programas educativos, información de la comuna, actividades al aire libre, campañas ecológicas, entre muchas otras iniciativas de interés para sus asistentes.

Durante mi breve paso por el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006-2007) logramos ampliar sus áreas verdes, creamos exhibidores botánicos en las tres regiones del país -con la finalidad que el visitante identifique el origen de las especies peruanas- integrado con el montaje de banners didácticos, pensamientos e información de utilidad. Se aprovecharon los espacios disponibles para exposiciones, presentaciones artísticas, lecturas y otras labores culturales, además de fomentar la selección de desechos en tachos para papeles, plásticos y residuos orgánicos. Todo lo cual se realizó a pesar de las reiteradas trabas y obstáculos de los “funcionarios públicos de carrera” frívolos, pusilánimes e insensibles, que siempre vieron la educación como un “gasto” innecesario.

Igualmente, existen otras experiencias favorables. El parque María Reiche de Miraflores (creado en 1991 y con una extensión de cuatro hectáreas) ubicado en pleno malecón tiene una planta de tratamiento por donde las aguas servidas ingresan directamente del desagüe (proveniente de diez cuadras a la redonda y capta 1.2 litros por segundo) y luego pasan a un biodigestor que concentra bacterias para descontaminar este recurso de agentes patógenos y coliformes fecales. El elemento líquido tratado cuesta 0.50 céntimos el metro cúbico, mientras el costo del agua de Sedapal es dos nuevos soles. La ventaja económica es indudable.

“Este es un modelo de aprovechamiento del recurso hídrico, incluyendo los fecales para hacer compost. A través de un mecanismo sencillo se han reverdecido los acantilados con la campanilla, una especie que no requiere mantenimiento, crece con rapidez y resiste la brisa marina”, comenta Miguel Salazar Chamorro, el operador de esta instalación. Este proyecto exitoso debiera estar abierto al público para –por medio de un circuito educativo- mostrar el proceso de “reciclado” de las aguas hasta su almacenamiento en cisternas y difundir las virtudes de esta buena práctica ecológica. Su costo no excede los 50 mil dólares y podría imitarse a lo largo de la Costa Verde, a fin de evitar los sucesivos deslizamientos y embellecer este representativo espacio de la franja costera de la ciudad.

El precio de las propiedades se ha elevado e influye en la acelerada construcción de grandes edificios, lo que demuestra cómo está relacionado el valor de los inmuebles con el incremento de nuevas zonas verdes. Su ampliación y mejoramiento ha generado convenientes impactos para la colectividad miraflorina, que todos podemos disfrutar al pasear por tan agradable y armonioso escenario.

El parque tenía un novedoso sistema de iluminación para observar los dibujos de las líneas de Nazca que, lamentablemente, ya no existe. Recomiendo poner amplias reseñas explicativas de estos enigmáticos diseños, sus orígenes, la trayectoria de la estudiosa alemana y la clasificación botánica. Hasta podría colocarse, con el auspicio de la empresa privada, una sala de interpretación destinada a comprender estos grabados. Más aún teniendo en cuenta la numerosa afluencia de turistas. A mi parecer, estamos frente a una iniciativa desaprovechada desde un enfoque formativo.

La tugurización, los cada vez más elevados grados de contaminación sonora, visual y de gases -provenientes de las industrias y el sistema automotor- además de los desórdenes inherentes a la densificación de Lima, son argumentos suficientes para entender el trascendente rol de las áreas verdes en la calidad de vida de los habitantes. Como bien decía el conservacionista Felipe Benavides: “Ya es tiempo de que las autoridades cuiden los árboles que son fuente de oxígeno, materia indispensable para la vida del hombre que se encuentra cada día en mayor peligro de contaminación”.