lunes, 27 de junio de 2022

Importancia y tips de ética profesional

En ocasiones escuchamos decir “debe actuar con ética”, “qué falta de ética” o “esto no es ético”, entre un sinnúmero de aseveraciones concernientes al apremio de su incorporación en el quehacer laboral. Sin embargo, lo obvio para unos, esquiva serlo para todos. Lograr su plena vigencia demanda explícitas condiciones que, a mi parecer, eluden enmarcar el quehacer empresarial de innumerables hombres y mujeres. 

La ética involucra incluir un conjunto de normas que indican cómo desenvolvernos para asegurar un desempeño digno. Permite demostrar actitudes y hábitos concordantes con los valores corporativos de la organización y que, además, deben ser sostenibles en el tiempo. Por lo tanto, estamos refiriéndonos a los principios que cada uno de nosotros opta para orientar sus acciones y decisiones. 

Proceder con ética no es imposible, ni una abstracción. Demanda probada autoestima, lucidez para tomar determinaciones -no siempre bienvenidas y aceptadas- y preceptos sólidamente posesionados; debemos integrar estos elementos de manera inequívoca. En nombre del “pragmatismo” se pretende, en sinnúmero de circunstancias, colocar entre paréntesis la ética. También, consideremos que la voluntad, acuerdo o presión de la mayoría no implica una decisión correcta. De allí la enorme importancia de proceder, en toda coyuntura, con independencia y distantes de injerencias ajenas. 

Tampoco busquemos refugiarnos en el obrar del resto para justificarnos. Actuemos con individualidad, declinemos recurrir a cualquiera de las variadas formas de “desconexión moral” para minimizar o amparar nuestras posturas. La ética exige autonomía, firmeza, convicción y coraje. Será inaplicable en seres temerosos, titubeantes, asustadizos y pusilánimes. ¡Recuerde! 

El ambiente laboral viabiliza darnos cuenta de las dificultades e incomprensiones acerca de su implementación o de su coincidencia con las políticas corporativas. No obstante, ésta realza la imagen, otorga credibilidad y brinda prestigio. Es una magnífica carta de presentación y representa un valor agregado. En síntesis, desplegará nuevas oportunidades y realizaciones. 

Seguidamente explico varias recomendaciones prácticas, más allá de nuestra jerarquía, para el ámbito de trabajo. Se trata, únicamente, de reflexiones y sugerencias, asociadas a las buenas prácticas empresariales, cuya valía dependerá de la solvencia y convencimiento para interpretar sin ambigüedades la obligada transcendencia de la ética.

Haga de la transparencia un estilo de actuación. Ésta forma parte de un círculo virtuoso destinado a promover la confianza y, por lo tanto, la creación de una convivencia que facilitará una reciprocidad llevadera con sus colaboradores, clientes, proveedores, etc. Asimismo, concibe un espacio de mayor acercamiento para los negocios. 

Practique la lealtad. Es uno de los valores más estimados por su vasta repercusión; será una indudable manifestación de su pleno espíritu de identidad y compromiso con la organización. Es difícil es un medio colmado de tentaciones, traiciones y efímeras fidelidades. 

Proceda con discreción. Guarde absoluta reserva aun cuando no sean tópicos confidenciales. La mesura facilitará hacerlo merecedor de consideración. Sea dueño de su silencio, en lugar de esclavo de las palabras expuestas en momentos de imprudencia. Esta cualidad puede asegurar su estabilidad laboral. 

Asuma la tolerancia como expresión de sus habilidades blandas. Sea capaz de forjar una interacción saludable con quienes, por motivaciones religiosas, sociales, ideológicas, sexuales, etc., tienen puntos de vista opuestos a los suyos. Aplique la empatía y acepte las diferencias humanas. Las discrepancias nos proveen de aprendizajes, aportes y connotaciones positivas. 

Sea coherente entre lo que piensa, siente, dice y hace. Propóngase realizar este ejercicio de decencia escaso en un contexto dominado por intereses, cálculos y oportunismos. Tenga el pudor de comunicar lo que concibe -guardando adecuada corrección y tino- y decline declarar lo que otros desean escuchar. Obvie comentarios aduladores o cómplices. Esta penosa usanza está normalizada en las reuniones de profesores maquilladas por la sumisión, la apatía y el sórdido mutis. 

Ejerza el respeto como factor de integración. El reconocimiento de los derechos del prójimo, la buena educación y la amabilidad distingue, abre puertas, realza la personalidad, genera un óptimo espacio para el entendimiento. Hará más agradable la conexión con sus semejantes y contribuirá al excelso clima de trabajo. 

Nuestro desempeño evidencia nuestros valores y directrices y, especialmente, revela la genuina dimensión de nuestra ética. Tengamos el indisoluble convencimiento de interiorizarla como una luz inspiradora y esperanzadora, a pesar de las oscuridades, obstáculos y desidias que enfrentamos. Evoco con ilusión las palabras del célebre escritor australiano Morris West: “El ejemplo es la lección que todos los hombres podemos leer”.

lunes, 30 de mayo de 2022

Visitas de Estado en el Perú

En ocasiones escuchamos a los comunicadores sociales y analistas aseveraciones como “visita de Estado”, “visita oficial” o “visita de trabajo” en alusión a la estadía de un mandatario en nuestro país. Al respecto, es conveniente esclarecer las diferencias, entre cada una de estas denominaciones, en concordancia en las disposiciones legales imperantes. 

Quiero comenzar reiterando, como en anteriores escritos, la importancia que las instancias del gobierno ofrezcan información, capacitación y orientación adecuada a los periodistas a fin de asegurar el empleo correcto de los términos y, además, los ilustren acerca de la aplicación del protocolo y el ceremonial. De esta manera, su labor se enmarcaría dentro de un rigor profesional más exacto. 

Hay que anotar la existencia de supuestos expertos que, ansiosos de una expectante contratación laboral, generan confusión en ciertos sectores de la sociedad con el sobrecargado uso del vocablo “protocolo”. Es lamentable percibir la inopia, improvisación y ansias de posesionarse a partir de valerse de innegables desconocimientos. Este aporte está inspirado en la necesidad de coadyuvar a esclarecer esta temática. 

Concluidas éstas dos observaciones, empecemos. Todos los detalles están contenidos en el Ceremonial del Estado y Ceremonial Regional (Decreto Supremo 096-2005-RE), promulgado durante la administración del presidente Alejandro Toledo Manrique el 2 de diciembre de 2005, que “incluye las normas de estilo aplicables en la relación con los demás Estados de la Comunidad Internacional” (artículo1) y que utilizaré como elemento de sustentación jurídica. 

Se denominan “visitas de Estado” a la realizadas por un jefe de Estado por invitación del presidente peruano o iniciativa propia del dignatario extranjero. La agenda será acordada con su representación diplomática por el Ministerio de Relaciones Exteriores Por su parte, el artículo 22 anota que “al arribar la nave del ilustre dignatario tanto el Embajador como el Director Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado ingresarán a la misma, para saludarlo e invitarlo a descender, acompañándolo al encuentro con el Presidente de la República o su representante”. 

Ésta comprende, principalmente, las siguientes actividades: colocación de ofrenda floral en el monumento a los Próceres y Precursores de la Independencia; saludo a los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; visita al alcalde de la ciudad de Lima y declaración de Huésped Ilustre; banquete en el Gran Comedor de Palacio de Gobierno; firma de convenios y/o declaración conjunta; condecoración con la Orden “El Sol del Perú”, en el Grado de Gran Cruz, el más alto galardón del Estado Peruano instituido por el “Protector de la Libertad del Perú” José de San Martín (1821). Como se puede apreciar están reservadas para un primer mandatario. 

Las “visitas oficiales” tienen varias similitudes con la anterior e incluyen a otras autoridades. En tal sentido, el artículo 18 se refiere a las “que realizan los Jefes de Estado, los Jefes de Gobierno, los Príncipes herederos de casas reinantes, los presidentes de Poderes Públicos, los Ministros de Relaciones Exteriores y Ministros de Estado, por invitación del Presidente de la República, del Ministro de Relaciones Exteriores u otra autoridad de jerarquía equivalente en nuestro país y que tiene un fin oficial específico”. Este es el caso de las invitaciones formuladas para la asunción presidencial cada cinco años. 

De acuerdo al artículo 23 “en caso que el Jefe de Estado visitante llegue en horas que no corresponden honores militares según el artículo 36 del presente ceremonial, el mandatario extranjero será recibido por el Corredor de Honor dispuesto para la ocasión. En este caso, los honores militares correspondientes a su alta investidura serán rendidos en Palacio de Gobierno”. En consecuencia, conforme al artículo 36, los tributos castrenses se “rendirán únicamente entre los ocho (08.00) horas y las dieciocho (18.00) horas”, coincidente con el horario en que continúa izado el pabellón nacional. Recordemos la trilogía imperante en el protocolo oficial: bandera, escudo e himno. 

Este precepto estipula que cuando el visitante llegue acompañado de su cónyuge, la autoridad nacional deberá concurrir con su esposa a recibirla. De la misma forma, es usual el intercambio de regalos, entre el invitado y el anfitrión, que tienen un componente amistoso, cultural e histórico. Contendrán criterios de pertinencia, presupuestos, entre otros. Es imprescindible delimitarlos a fin de impedir distorsiones a su intención y significado; éstos transmiten mensajes inherentes al enrevesado arte de la política y los enlaces diplomáticos. 

Las “visitas de trabajo” son hechas por mandatarios o jefes de gobierno, ministros de Relaciones Exteriores u otra autoridad de igual jerarquía en el Perú para tratar asuntos que requieren una estadía breve. La Cancillería tiene a su cargo los contactos con su delegación diplomática y, además, la calificación de la visita será determinada por su Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado. 

Finalmente, debemos considerar las “visitas privadas” que hace referencia a la presencia de un mandatario por motivaciones estrictamente personales. El artículo 31 precisa: “…La Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado coordinará con la respectiva Misión Diplomática su desarrollo y le ofrecerá las cortesías y deferencias propias a la alta investidura del visitante mientras dure su permanencia en el territorio nacional”.

Hace unos meses innumerables medios periodísticos e integrantes de la clase política cuestionaron los tratos brindadas por el gobierno del presidente Pedro Castillo Terrones al expresidente boliviano Evo Morales Ayma, durante su estancia en nuestra patria. Incluso la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República lo declaró “persona no grata”. 

Sobre el particular y en el afán de formular un análisis objetivo conviene percatarnos de lo anotado en el artículo 29: “En el caso de visita oficial de altas autoridades o personalidad extranjeras que no sean Jefes de Estado ni de Gobierno, la Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado coordinará y/o ejecutará el ceremonial que corresponda”. Al mismo tiempo, el artículo 33 indica que los actos de “cortesía de carácter internacional” estarán sujetos al principio de reciprocidad. 

Los tratamientos recibidos se ajustaron, de forma impecable e incuestionable, a lo aludido en nuestra legislación. Es habitual que un expresidente de la república tenga algunas deferencias concordantes con la investidura ejercida. Más allá de consideraciones incoherentes, se trató de gestos de amabilidad frecuentes. En múltiples circunstancias se crean erradas interpretaciones acerca de estas primordiales atenciones. Debe evitarse la interferencia del componente político en la siempre ponderada, asertiva y discreta práctica del protocolo. 

El ejercicio de la diplomacia presidencial ha convertido a los jefes de Estado y de gobierno en categóricos protagonistas directos de las relaciones internacionales. Su participación se ha acentuado en América Latina como expresión de un nuevo modelo de vínculo entre los países. Desde la década de 1990 se ha ido consolidando y constituye el eje permanente de la voluntad integracionista. De allí la trascendencia de abordar esta insoslayable cuestión que adquiere, en los momentos actuales, mayor valía con la finalidad de soslayar omitir la connotación del protocolo como código de comunicación y acercamiento entre las naciones. 

Por ende, coincido con lo asegurado por los investigadores José Vázquez Godina y Salvador González Cruz, de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), en su documentado ensayo “El Estado y las Relaciones Internacionales”: “Las relaciones internacionales aparecen como fenómeno y ciencia y que esta última utiliza una descripción, conceptualización y una teoría para poder explicar las causas del fenómeno internacional. El estudio de las relaciones internacionales inicia con el conocimiento de Estado y Soberanía ya que de aquí parte el interés de los Estados por participar en el sistema internacional”.

jueves, 24 de marzo de 2022

Reflexiones y tips de buen comportamiento

Con frecuencia escuchamos, en personas de variadas edades y actividades, unas cuantas de las siguientes frases para pretender justificar sus deficientes modales: “yo soy así”, “estoy estresado”, “así me pongo en momentos de tensión”, “que no se metan conmigo”, “la etiqueta social son cosas del pasado”, etc. Podría continuar formulando un listado de las aseveraciones empleadas.

Sin embargo, debo subrayar lo que, al parecer, desconocen o rehúyen analizar múltiples hombres y mujeres. El comportamiento trasluce la vigencia del respeto, la tolerancia y el diálogo; fortalece la disposición del lazo humano y, por lo tanto, de la convivencia; realza la personalidad; fomenta una percepción favorable; enaltece el perfil profesional y constituye una excelente carta de presentación.

¿Por qué es difícil observar una correcta actuación?  Son abundantes las motivaciones que influyen en el cada vez más deteriorado y lacerante clima de coexistencia colectiva. Factores como las habilidades blandas, la educación, la cultural, el entorno, entre otros, explican -más no apoyar- lo acontecido.

A mi parecer, es incongruente continuar inmensos en la “zona de confort” -cruzados de brazos, distantes e indolentes- y desde allí cuestionar esta dramática realidad que afecta el bienestar, la salud emocional, la armonía y el discernimiento entre seres pensantes. Debemos actuar; sí, debemos actuar en nuestro campo de desenvolvimiento.

En tal sentido, comparto concisos y específicos aportes enfocados a lograr una conducta acertada. No se requiere recurrir a un “manual” o “curso” de etiqueta social, tampoco pretender conducirse de forma rígida, inflexible y superficial. Solamente se exhorta utilizar el criterio, el sentido común y la convicción de adjudicarnos una papel diferente, cualitativo y positivo encaminado a una saludable conexión entre hombres y mujeres. ¡Empecemos!

Puntualidad. Aplicar esta regla de oro es sinónimo de finura, organización y disciplina. Sugiero emplear los medios tecnológicos y, especialmente, su celular para calcular tiempos, distancias, tráfico vehicular y convertirla en una cultura particular. Su práctica puede beneficiarlo en el quehacer corporativo y, por cierto, genera atención y seguridad.

Saludo. Es el primer suceso establecido en la correlación humana -por efímera que sea- y, además, describe la inteligencia interpersonal. Tenga en cuenta: mire a los ojos, sonría, extienda la mano con seguridad (según el caso) y trasmita un mensaje oral agradable. Son pautas altamente propicias para generar una afable impresión. Hágalo con un ademán cálido que refleje su educación. El caballero deberá inhíbase de jalar el brazo de la dama para darle un “beso” en la mejilla que ésta no ha autorizado. Conozco un sinfín de caballeros, incluyendo maestros de ceremonias y asesores en protocolo y afines, con esa incómoda e irrespetuosa manía.

Discreción. Renuncie a la pegajosa costumbre de formular preguntas o comentarios personales. Son lamentables las habladurías acerca de pormenores sentimentales, enfermedades, desgracias y averiguaciones privadas. Guardar silencio es inherente en un ser mesurado y una hazaña en una comunidad inelegante e impertinente. Asumir un talante reservado inspira confianza. No olvide: “La prudencia se detiene, donde la ignorancia ingresa”.

Autocontrol. Es imperativo ocuparnos de la empatía y la afamada inteligencia emocional con el propósito de controlar reacciones inadecuadas; muestre madurez, ponderación y equilibrio. Lecturas, capacitaciones y ciertas actividades contribuyen a desarrollar esta capacidad impostergable en períodos de aguda confrontación y desencuentros. Evite impulsos acalorados, subidos de tono y agresivos: administre sus intransigencias.

Celular. Es una herramienta de comunicación importante, no un juguete para lucir en público. Jamás se pone en la mesa como cubierto; póngalo en silencio en lugares cerrados; obvie contestar sin antes pedir permiso y retirarse; úselo con cautela. Absténgase de atender sus redes sociales mientras sostiene una conversación, se interpretará como un gesto de descortesía. Miro esta censurable rutina en autodenominados “expertos” en urbanidad desesperados por atender a la supuesta novia. Rebélese ante la actual inopia y resignación masiva que enfrentamos.

Dejar en visto. De este germen nadie se salva. Es un mal que se caracteriza por su rápida y masiva propalación en épocas de apremios e indelicadezas. Podría resolverse a partir de transparentar los instantes en que está enlazado con los medios virtuales; eluda colocar todo el tiempo “conectado”. Así informa los momentos de disponibilidad. Responda con inmediatez dentro de las siguientes 24 horas.

Imagen personal. Es una afirmación de autovaloración y consideración: cuide su vestimenta, aseo y arreglo individual. La apariencia y el atuendo retratan su estado anímico; son códigos significativos de su concepto de sí mismo. Puede ser determinante para abrirle o cerrarle puertas en su conexión empresarial. Esto me trae a la memoria a un fingido “especialista” protocolar que acude en buzo a trabajar a una empresa consagrada a la planificación de graduaciones universitarias.

Consumo de alimentos. Su actuación lo expone más de lo imaginado. Prescinda sentarse cuando esté aquejado por una enfermedad; realice un saludo general cuando los invitados están en sus asientos; esquive interrogar al que declina beber o saborear algo de lo ofrecido; entable charlas atractivas; no se retire al menos que sea urgente; el anfitrión es el primero en comenzar a comer; los asistentes se ubicarán en los sitios indicados por quien preside el encuentro, no pretenda hacerlo junto a quien usted desea como intentan seres con pobres habilidades sociales y exiguo mundo. Aconsejo portarse con tino.

Visitas. Nunca se hacen, incluso a allegados de confianza, sin antes anunciarse mediante una llamada telefónica o por algún otro medio; menos en las horas de los alimentos. Si es un suceso urgente permanezca el tiempo atinado y sortee poner en aprietos a los dueños de casa. Eso me recuerda a familiares y amigos -próximos a mi domicilio- que durante muchos años han incomodado, a mis padres y a mí, con su improperio y distorsionada interpretación del estrecho vínculo existente. Todavía debo enfrentar en ciertas coyunturas esta desprovista manifestación de educación y sensatez.

“Gracias” y “Por favor”. Son expresiones de elevada performance. Es poco usual; no obstante, esta espontánea y sincera usanza lo diferenciará en tan fecundo océano de agrestes costumbres. Constituyen términos seductores, explícitos de su óptima formación y hacen grata nuestra alternancia. Comience a usarlos en su diálogo cotidiano.

Valores. Componen una guía orientadora de nuestras obras en la vida. Poseer una sólida estructura moral definida, entre otros, por la solidaridad, la honradez, la lealtad y la tolerancia, enaltecen la conducta. Aconsejo interiorizarlos con coherencia, dignidad y convertirlos en una de las columnas que prescriba sus actos e inspire su porvenir.

Aprendamos a sostener un trato recíproco sin distinción de estatus, estados anímicos, jerarquías, edades o procedencias. De allí que, reitero, ello implica un mínimo de amplitud crítica y reflexiva para eludir reclamar lo que soslayamos dar al semejante. Seamos equitativos, justos y mutuos. Atesoremos como preponderante objetivo “humanizar” el espacio en el que interactuamos…¿Qué opina?

Probablemente este propósito exige renunciar a esa postura egoísta, apática, frívola e insensible. ¿Qué le parece si comenzamos a corresponder al prójimo como desearíamos ser tratados? ¿No sería un gesto de nobleza y justicia? En cada uno de nosotros está el hermoso, imperioso e impostergable desafío de erigir una mejor sociedad. Todos estamos obligados a demostrar genuina entrega, dimensión humana y probados principios. ¡Piénselo!

miércoles, 23 de marzo de 2022

¿En qué consiste un artículo de opinión?

En el periodismo escrito el “género de opinión” es uno de los más recurrentes y al que muchos apelamos en el afán de exponer una determinada trama específica. Dentro de este contexto, existe el denominado “artículo de opinión” a cuyas características, ventajas y pormenores quiero referirme.

En esta variedad periodística el autor manifiesta su posición sobre puntos de disímil    actualidad. El encargado de su redacción no obligatoriamente es periodista; con frecuencia es un experto con relevancia en el ámbito académico, social, económico y cultural. Conviene indicar que debe enfrentarse las limitaciones impuestas en relación a su extensión: cada medio establece sus pautas.

Tiene insoslayable importancia contar con explicaciones cualitativas orientadas a reforzar las apreciaciones reveladas. Observo con preocupación “artículo de opinión” con abundante información, pero ausentes del criterio de quien lo firma. También, compruebo lo contrario: textos con un sentir huérfano de componentes argumentativos, etc.

En tal sentido, reitero: no consiste en incorporar amplias, desordenadas y prodigiosas indagaciones. Debe exhibir una secuencia convincente acorde a la estructura previamente definida. Evadamos improvisar, colocar ideas alejadas de la coherencia temática, invocar a oraciones comunes e insertar términos altamente individuales y emocionales en perjuicio de la credibilidad.

El “artículo de opinión” posee una introducción, que detalle lo más sobresaliente de manera concisa, para situar al lector en el campo a tratar; un cuerpo, que desarrolla el análisis con fundamentos y ejemplos y, por último, una conclusión o resumen: puede contener una síntesis o una frase invitando a la reflexión. Sugiero recurrir, en el afán de otorgar calidad expositiva, a casuísticas, datos, expresiones y sátiras. Esta última hay que aprovecharla con prudencia, no todos tienen la solvencia e ilustración para entender su significado.

Esta clase de contenidos, insisto, esquiva plantear imperiosamente asuntos de inmediata vigencia. Pero, deberá abordar innegables cuestiones de interés general de las más diversas áreas. Su creador tiene la libertad, dependiendo la pluralidad de la empresa, de exhibir una visión alineada o discrepante con el medio; es necesario elegir un título original, breve y que suscité atención; está dirigido a una audiencia, no precisamente fascinada en una materia; presenta una mirada enfilada a despertar un juicio analítico.

El “artículo de opinión” es publicado habitualmente en la página editorial o de opinión. Aunque puede colocarse en el espacio definido por el editor o jefe de redacción; con asiduidad se cuenta con una amplitud de colaboradores, cuyos escritos salen a la luz en de acuerdo a la coyuntura. Se diferencia de un columnista por carecer de fecha exacta y lugar de aparición.

A partir de mi experiencia quiero relatar cómo empieza todo. Apunto en mi pequeña libreta algo de aparente utilidad que escucho, veo, converso o experimento. Esa acotación puede soslayar poseer trascendencia o tal vez marque el punto de partida. Seguidamente, me pregunto acerca de su atracción y oportunidad y, con especial énfasis, de mi conocimiento. En ese aspecto declino involucrarme en tópicos ajenos a mi dominio. Cuando decido embarcarme en su escritura, confecciono un mapa conceptual, investigo e incluso platico con personas cuyos alcances serán bienvenidos.

En infinidad de situaciones me acompañan miedos e incertidumbres. Rehúyo asumir con facilidad el empeño de estar frente a la vibrante posibilidad de influir, con mis aportes, subjetividades y afirmaciones, en el público al que presento cada contribución con espíritu punzante y pedagógico. Éste responde siempre a mi intención de lograr superar al anterior, pero nunca mejor al que todavía tengo pendiente anotar. Esta aventura me sumerge en un océano de gozo, producción, atrevimiento y satisfacción.

Mención aparte merece el disciplinado proceso de corrección. Este paso está encaminado no solo a enmendar omisiones, matices gramaticales e incluye una revisión, desde una perspectiva serena, de su construcción, enfoque y contenido. En ocasiones someto el borrador final a la observación de quien podría brindarme una mirada más acuciosa. Si es alguien desvinculado de lo abordado, se hace más enriquecedor el contraste de pareceres.

Es insoslayable dedicar un tiempo para su elaboración y evaluación. No puedo, ni debo -bajo ninguna circunstancia- incurrir en el apresuramiento. Este cometido exige conexión con las ideas y, además, lucidez para renunciar a cualquier intranquilidad e impaciencia. La creación tiene sus etapas y estimo que, quienes estamos inmersos en este quehacer, debemos disfrutar de cada una sin apremios.

Dependiendo el mensaje desarrollado es indispensable que el “artículo de opinión” refleje, sin disimulo ni ambivalencias, mis valores, ideales, posturas e ilusiones. Me esfuerzo en traslucir mi identidad, con todo lo que conlleva. Considero un imperativo ético y, por lo tanto, un gesto de autenticidad por encima de su aceptación en términos personales e intelectuales.

Concluyo compartiendo una revelación -en relación a los motivaciones que me infunden escribir- expuesta en mi nota “Tres décadas esparciendo semillas” (2015): “…Es una manifestación de disconformidad y sublevación frente a una comunidad lacerada por la indiferencia, la apatía, la mediocridad, el egoísmo transformado en un estilo de subsistencia, la falta de identidad corporativa, la escasa o nula habilidad crítica y, en consecuencia, una acentuada incapacidad para cuestionar un conjunto de comportamientos que bloquean nuestra cohesión social”.

Este hermoso proceso de reaprendizaje me alienta a redescubrir la enorme valía de emplear la palabra como elemento de educación, persuasión, cavilación y aliciente en la transmisión de un mensaje con el anhelo de agitar conciencias, estimular cambios, incitar ilusiones, sembrar reacciones colectivas y reorientar conductas. Me complace evocar los vocablos de Miguel de Cervantes y Saavedra, una de las máximas figuras de la literatura española: “La pluma es la lengua del alma”.

Nuevo año: “Decálogo” de convivencia

Al comenzar el 2022 quiero compartir un sencillo, didáctico y conveniente “decálogo” que podría ayudarnos a proyectar una postura inequívoca y amable en momentos de innegables tensiones y desencuentros como resultado de los sucesos que aquejan a la humanidad desde hace casi dos años. También existen adversidades y padecimientos, que incrementan nuestros niveles de alteración, ante los que hemos evadido estar preparados.

De allí la pertinencia de un “decálogo” que sugiero prestar atención e intentar aplicar pensando en nosotros y en el bienestar de quienes alternamos. Aprender a preocuparnos por el medio, como componente sustancial de nuestra subsistencia, engrandece el espíritu y alimenta el lazo interpersonal; experimentar la afabilidad, la ponderación y la cortesía, nos hará superiores individuos. Seguidamente mis diez recomendaciones.

Primero, tolerancia: actitud de consideración a las opiniones, ideas o actitudes ajenas, a pesar de la discrepancia. Es un elemento central para alcanzar una virtuosa sociabilidad. El ilustre Mahatma Gandhi decía: “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”.

Segundo, empatía: facultad de entender los pensamientos y emociones ajenas; es decir, ponerse en el sitio del otro y compartir sus sentimientos. No es necesario pasar por iguales vivencias, ni estar de acuerdo para interpretar a quienes nos rodean; es un proceso de comprensión, aceptación y prudencia. 

Tercero, inteligencia emocional: disposición de percibir, expresar y gestionar las exaltaciones. Su interiorización marca la diferencia entre comportarse de modo aceptable y estar fuera de lugar en contextos concretos. Conlleva reconocer las propias impresiones y allana la resolución de problemas. Tiene una utilidad irrebatible cuando atravesamos elevados índices de intranquilidad.

Cuarto, valores: normas que orientan la conducta; una suerte de “faro” inspirador del camino acertado que debemos emprender. En tal sentido, constituyen el marco determinante de nuestras acciones positivas; su aplicación exige categórica entereza, constancia y coherencia. Aseguran nuestro certero proceder en todos los campos de la actividad humana.

Quinto, sentido común: conocimientos lógicos acumulados a lo largo de la experiencia de vida y cuya validez es aceptada por nosotros. Es una especie de “séptimo sentido” capaz de advertirnos de lo bueno o malo y, en consecuencia, cómo obrar y juzgar razonablemente situaciones cotidianas.

Sexto, pertenencia: identifica e integra a los grupos o colectividades con el propósito de asumir un conjunto de inquietudes, ideales y aspiraciones. Permite crecer y comprometernos con asuntos de nuestro hábitat. Fomentará nuestra adhesión y participación con la comunidad y, asimismo, al desarrollo de acciones tendientes al bien público. Demuestra nuestras convicciones ciudadanas.

Séptimo, solidaridad: uno de los principios más trascendentes que suscita nuestra sensibilidad y reacción ante el padecimiento ajeno. Alienta la empatía, incrementa la autoestima y los estándares de realización; posibilita forjar un vínculo de cohesión en una sociedad afectada severamente por la indolencia, la apatía y el individualismo.

Octavo, cultura: componente importante en nuestra evolución como seres lúcidos y aptos para concebir el mundo. Aviva el análisis crítico, promueve notable sapiencia, acrecienta aptitudes sociales y sobresaliente comprensión de la diversidad humana. Es una fuente inagotable y aleccionadora de enriquecimiento.

Noveno, educación: proceso en el que hemos sido formados -en nuestras diversas etapas- y las características de la manera de comportarnos y relacionarnos. Expresa la dimensión de nuestra destreza para coexistir y abre nuevas puertas en la vinculación laboral, personal, etc.

Décimo, comunicación asertiva: revelar nuestros pensamientos, sentimientos y creencias con criterio empático, firmeza y persuasión. Implica renunciar a cualquier manifestación de sumisión y agresividad. Es una cualidad que evidencia excelsas habilidades blandas, sólida educación, razonable seguridad y coadyuva excelentes enlaces interpersonales.

Anhelo un amanecer de ilusiones, introspecciones, proyectos e intenciones que permanezcan latentes más allá de habituales y efímeros regocijos. Tengo la esperanza que, más temprano que tarde, prevalezcan las benévolas conciencias. Tomemos la decisión de echar, con entrega y sin desmayos, los cimientos de una comunidad en la que predomine la concordancia, la deferencia y el amor.

Al respecto, reitero lo planteado en mi artículo “Mis reflexiones de fin de año” (2020): “Hagamos un esfuerzo honesto para aceptarnos y concebir una armoniosa reciprocidad enmarcada en la convivencia, el respeto y el entendimiento; alejada de discriminaciones, marginaciones, prejuicios, agrestes enfrentamientos y ausencias de buenos modales. Convendría proponernos ser mejores hombres y mujeres y, especialmente, protagonizar el cambio que exigimos. Hagamos de cada acto, por más pequeño que sea, un referente de inspiración”.

Saludo con renovados entusiasmos a los prójimos de buena voluntad que brindan su genuina contribución a la ansiada construcción de una colectividad capaz de interiorizar la coexistencia armónica, el apego al semejante y la paz como sublimes e imperiosos empeños. Actuemos con racionalidad, benigna corrección y sensatez: estaremos haciendo viable el ansiado sueño de un mundo mejor. ¡Felicidades, augurios y alegrías!

¿Qué es la Responsabilidad Social?

Es frecuente escuchar diversos, confusos y distorsionados conceptos. Hay quienes dan disímiles interpretaciones a una filosofía que gradualmente ha evolucionado en el mundo. Al respecto, podemos identificar la Responsabilidad Social Individual (RSI) y la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Cada una tiene sus indudables peculiaridades. Ambas contribuyen a cooperar en la resolución de las necesidades de un determinado contexto social y están enfocadas hacia el interés general.

Empezaremos describiendo la RSI. Está referida al compromiso brindado por una persona mediante tareas, cometidos y decisiones, de variada índole, en favor de su comunidad. Alude al “sentido de pertenencia” y, por lo tanto, a su involucramiento para brindar su intervención en iniciativas encaminadas al “bien común”.

Un cuantioso número de quehaceres cotidianos pueden marcar la diferencia y generar una conducta “socialmente responsable”. Por ejemplo, cumplir con pagar los impuestos, separar los desechos orgánicos e inorgánicos, dar mantenimiento a los vehículos para disminuir la contaminación, aminorar el uso de envases desechables o donar sangre de forma intencional. Tengamos presente: todas nuestras acciones repercuten y generan impactos, de un modo u otro, en nuestra sociedad.

El ejercicio de la RSI está relacionado con la madurez cívica y, especialmente, con los valores ciudadanos y democráticos. Aprender a sentir el entorno como parte integral de nuestras vidas posibilitará desarrollar innumerables actos de ayuda al prójimo a través de organizaciones no gubernamentales y altruistas. Ello implica salir por unos momentos de la “zona de confort” e integrarnos en el espacio en el que interactuamos para dar un aporte que, por más sencillo que sea, engrandece nuestras existencias.

Los programas de voluntariado son una magnífica opción. Consisten en actividades de interés asistenciales, educativas, culturales, deportivas o de conservación ambiental -desarrolladas por hombres y mujeres- ajenas a una dependencia laboral, funcionarial o mercantil en las que participan jóvenes, profesionales y adultos mayores. Estos quehaceres fortalecen la autoestima, incitan las habilidades sociales, facilitan adherirnos con nuestra colectividad, estimulan principios importantes en la conexión humana como la bondad, la tolerancia, la convivencia, entre otros de innegable valía para concebir una población con vínculos de hermandad. 

La RSE expresa la visión, misión y valores de la organización; destaca el respeto por los colaboradores y sus familias y la comunidad. Esta perspectiva es independiente de los productos o servicios ofrecidos, del sector al que pertenece, de su tamaño, características o nacionalidad. Es un indicador del espíritu de aportar valor. Ninguna compañía está forzada a convertirse en “socialmente responsable”; sin embargo, es un mandato moral insertarlo en su actuación.

Demanda generar dividendos financieros acompañados de obligaciones legales y éticas como respetar a los moradores y establecer un saludable nexo con sus distintos públicos y en los niveles en los que se articula. Permite compatibilizar su rol con los anhelos de su entorno y es congruente con la productividad, los sistemas de calidad, la transparencia, la reducción de costos, la obtención de beneficios o la afectación al medio ambiente. Descartemos la idea que la RSE exige elevados costos y complejidades.

Toda entidad, sin importar si es pequeña, mediano o grande, puede ser “socialmente responsable” a partir de la decisión de su más alta instancia; es decir, de las convicciones de quienes la conducen. Soslayemos asumirla como faenas efímeras y humanitarias ejecutadas en especificas coyunturas (celebración navideña, desastres naturales o colectas públicas). Debe reflejarse, de forma trasversal, en cada una de sus labores de manera permanente y sostenible, más allá de actividades filantrópicas; las que, por cierto, no constituyen el único modo de plasmar su ejecución. Corresponde mostrar un compromiso continuo con sus variadas audiencias: no siempre es así.

La RSE es un componente de la identidad corporativa que facilitará obtener favorables resultados en dos esferas: interna y externa. En la primera, genera un buen clima laboral, promueve programas de capacitación e incentivos, aviva un proceso de fidelización, alienta la igualdad de oportunidades, instituye sistemas de meritocracia, rechaza la discriminación, impulsa virtuosas prácticas empresariales, cumple con las normas jurídicas laborales, posee códigos o manuales de ética, etc.

En la segunda, concibe una imagen de credibilidad y confianza -además de sus consumidores- hacia la sociedad con la que construye una reciprocidad empática, solidaria y respaldada en una óptima convivencia. Al mismo tiempo de obtener acreditaciones, reconocimientos, atraer a profesionales exitosos, alimentar una vinculación armónica con proveedores, autoridades, gremios, entre otros.

Ser “socialmente responsable” conlleva invariablemente una conducción basada en sólidos principios tan requeridos de fomentar, alentar y restituir en estos lacerantes momentos en los que prevalece -como eco de una “cultura global”- la apatía, la insolidaridad y aislados sentimientos de unión. Todos estamos en condiciones de contraer un rol diligente en nuestro hábitat, inspirados en el propósito de colaborar en asuntos que demandan nuestra entrega, empeño y dedicación. 

Es un imperativo que debemos emprender habitantes y corporaciones. En consecuencia, creo pertinente evocar las trascendentes y vigentes palabras del reconocido empresario, escritor e ingeniero norteamericano Jack Welch: “La responsabilidad social empieza en una compañía competitiva y fuerte. Sólo una empresa en buen estado puede mejorar y enriquecer las vidas de las personas y sus comunidades”.

¿Mandamientos de la etiqueta social en la Navidad?

La tradicional conmemoración de la Natividad no está ajena a la aplicación de importantes y elementales pautas de comportamiento. En tal sentido, conviene advertir su especial realce en un acontecimiento de tan magna trascendencia y, en consecuencia, he creído conveniente presentar diez “mandamientos” encaminados a exhibir excelsa convivencia colectiva durante esta efeméride.

Primero: haga llegar por sus redes sociales o mediante las tradiciones tarjetas impresas un saludo a sus allegados. Aconsejo obviar colocar vocablos gastados y poco creativos como: “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”. Sea original, efusivo y espontáneo. También, prescindir efectuar comunicaciones eufóricas que agobien a quienes están comiendo o duermen.

Segundo: es recomendable rehuir realizar regalos onerosos. Pueden generar reacciones de contrariedad y desagrado. Es una celebración cristiana; sortee contribuir con su desatino a incrementar el consumismo. Obsequiar sólo por “cumplir”, lo hará quedar mal. A mi parecer, éste debe tener un espíritu simbólico.

Tercero: durante la cena de medianoche saboree los alimentos simulando estar falto de hambre e ingiera los líquidos aparentando carecer de sed; proceda con calma, serenidad y ponderación. Hay quienes parecieran no haber merendado en días. Nunca tome el trozo más grande, eluda insinuar su apetito y servirse de manera exagera.

Tampoco emita comentarios inelegantes y soslaye preguntar el precio del banquete, la receta o el lugar donde fue adquirido. Un punto imprescindible: decline colocar su celular como “cubierto”; apáguelo y goce de un instante agradable y apacible. Contribuya con su cordura a una velada amena y alejada de incorrecciones. Su desenvolvimiento en la mesa confirma su educación, sentido común, naturalidad e interacción. Desista incurrir en el habitual desatino de “brindar” cada vez que desea beber una copa de licor. El “brindis” solo lo hace el dueño de casa, cuando lo crea conveniente, por el motivo del encuentro.

Cuarto: si acostumbra visitar amigos y familiares, acuérdese de anunciar previamente su deseo de congratular personalmente y esquive acudir en horas coincidentes con las comidas. No se invite a sí mismo, a pesar del íntimo acercamiento imperante. Diferénciese por su prudencia y delicadeza.

Quinto: en estos días es frecuente encontrarnos en lugares públicos, centros de trabajo, etc. con personas ansiosas de compartir sus “planes navideños”. Si determinados prójimos de su entorno atraviesan complicaciones o situaciones adversas, inhíbase de orientar la plática hacia estos temas. Sea respetuoso de los padecimientos ajenos; existen personas dolidas emocionalmente por la pérdida de un ser querido, entre varias razones que inspiran congoja.

Sexto: cuando reciba una invitación lleve un obsequio y/o algún postre o licor para compartir con el resto de comensales. Es un gesto distinguido y acertado. Si fuera posible indague en relación a los gustos y preferencias de los anfitriones. Estos detalles son gratificantes expresiones de consideración y definen su personalidad.

Sétimo: agradezca a través de una llamada telefónica o correo electrónico las cortesías, presentes o atenciones recibidas. Dar las “gracias” es una enaltecedora demostración de finesa poco practicada en una sociedad agobiada por lacerantes inopias. Dignifica y enriquece nuestro vínculo humano: marque el contraste y predique con su sensato actuar.

Octavo: cultive la puntualidad y prescinda culpar de su demora a la aguda congestión vehicular y a las diligencias de esta época del año. Ande precavido y planifique sus quehaceres con antelación. Evidenciará afables modales y óptimo nivel de organización. Por cierto, su práctica incluso supone elegir el momento de retirarse. Proceda con un mínimo de pertinencia y acierto.

Noveno: la quema de cuetes y luces de bengala recomiendo hacerlo en horas apropiadas. Recuerde: sus derechos terminan donde empiezan los ajenos. Sea comedido y prevenga generar ruidos molestos valiéndose del jolgorio general. Aprenda a cohabitar en armonía y “no hagas a otro, lo que no quieres que hagan contigo”.

Décimo: evada fomentar conversaciones encaminadas a competir sutilmente sobre el regalo de la esposa, el novio, etc. Es común encontrar hombres y mujeres encantados de revelar sus costos e interrogan acerca de estas usuales frivolidades. Ello puede originar incomodidades; sea discreto y empático.

Mis augurios a los hombres y mujeres que anhelan un mundo pleno de ideales, esperanzas, ilusiones, perseverancias, optimismos y alegrías, inspirados en el testimonio del sucesor de María y José. Aprendamos a perdonar, a pedir perdón y seamos capaces de forjar un trato efusivo con el semejante. Estimemos con recogimiento lo ofrecido por el Espíritu Santo en cada nuevo amanecer. ¡Bendiciones!