jueves, 11 de enero de 2024

¿Qué es la ciudadanía?

Este concepto se remonta a los antiguos griegos y romanos. Su nacimiento ocurrió hace 2.500 años, en la época de la Grecia clásica. Allí se establecieron dos modelos: ateniense y espartano. En sus inicios eran ciudadanos quienes cumplían determinados requisitos; no cualquiera accedía a esta condición, reservada para los que participaban en las decisiones concernientes a los asuntos públicos. 

A lo largo de los siglos esta idea ha ido evolucionando. Sin embargo, con frecuencia escuchamos vocablos como “soy ciudadano por haber nacido en este país”, “se adquiere con la mayoría de edad”, “ser ciudadano está relacionado con el sufragio”, etc. Según el historiador italiano Pietro Costa, es “la relación entre la pertenencia de una persona a una comunidad política y los derechos y obligaciones de los que ella disfruta en esa comunidad”. Por lo tanto, conlleva un conjunto de compromisos que van más allá de la prerrogativa a participar en la elección de autoridades políticas. 

Seguidamente algunas explicaciones destinadas a conocer y valorar su significado. Debemos examinar, como importante antecedente histórico, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano -proclamada por la Asamblea Nacional Constituyente- luego del triunfo de la Revolución Francesa (1789), que asienta su principal legado. De esta forma, se alcanzaron derechos que define a la persona y que sirvieron de sustento para la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (1948). 

Ésta última instituye un plan de acción global para la protección de los individuos. Fue la primera vez que los países acordaron éstos -que merecen protección internacional- para asegurar vivir en libertad, igualdad y dignidad. Contiene 30 artículos con los derechos de los hombres y mujeres. 

Seguramente continua vigente la pregunta: ¿Qué es la “ciudadanía”? A mi parecer, su explicación amerita una diversidad de nociones ignoradas en reiteradas ocasiones. Es imposible sustentarlo sin incorporar ciertos tópicos que constituyen un eslabón destinado a su entendimiento. ¡Empecemos! 

Ésta es sinónimo de participación. Por cierto, debemos comenzar a ejercerla en nuestra esfera privado, civil y pública. Es improbable entenderla si omitimos insertarnos en los quehaceres del entorno. Coincido con lo expuesto en el libro “Ética y política – El arte de vivir y convivir” (2000) de autoría de Mónica Jacobs, Eliana Mory y Odette Vélez que considera cinco elementos -que guardan coherencia- y deseo explicar cómo condiciones trascendentales para su desarrollo. 

Primero, “participación”. ¿Cómo podemos asumir un rol en nuestra comunidad, provincia o país, sin importar la dimensión geográfica o política a la que hagamos referencia, si somos renuentes al involucramiento -con nuestra opinión, trabajo ad honorem y acciones concretas- que expresan compromiso, colaboración, protagonismo? Es imposible su ejercicio desde una contemplación apática, distante y renuente. 

Segundo, “sentido de pertenencia”. Significa “establecer voluntariamente vínculos que nos unen a la comunidad política”. De esta forma, concebimos como nuestros los sucesos acontecidos a nuestro alrededor. Seamos conscientes que es “difícil amar lo que uno desconoce y más difícil aún sentir que pertenecemos a lo que jamás hemos valorado”. Por lo tanto, todo empieza cuando nos creemos integrantes de un contexto social. 

Tercero, “Estado de Derecho”. Comprende disfrutar de una “condición jurídico política garantizada por el Estado que además vela por el cumplimiento de la ley”. Significa estar representados por autoridades serias, democráticas, transparentes y que, principalmente, atiendan y resuelvan las demandas del ciudadano. 

Cuarto, “derechos y deberes”. Es imprescindible su conocimiento y práctica. Una sociedad con capacidad de aceptación se alimenta de la acción recíproca de éstos. Obviemos pedir acatamiento a nuestras atribuciones cuando atropellamos los ajenos. Asumamos que “los derechos son, a la vez, exigencias éticas y cívicas, normas legales indispensables para la vida en sociedad, rigen las relaciones de convivencia humana y orientan el ordenamiento jurídico de las instituciones”. 

Quinto, “igualdad”. La coexistencia demanda este principio básico consagrado a honrar al prójimo igual a “nosotros en derechos y deberes, respetando sus diferencias y actuando según nuestros valores y tradiciones”. Se trata de garantizar un trato justo y enmarcado en reconocer un principio internacional. Es fundamental entender que la igualdad es inexcusable para la loable existencia del ser humano. 

Nuestra interacción requiere destreza para aceptarnos y, además, empatía, tolerancia y habilidades sociales frente a las diferencias existentes, con el propósito de soslayar generar espacios de conflictividad. Aprendamos a obrar con madurez cívica y comprendamos que las personas necesitamos a los demás, así como ellos demandan de nosotros: el bien particular se pone a salvo protegiendo el bienestar común. Esforcémonos por reconocer al semejante a partir de la compleja y dilatada disparidad cultural, étnica, social, económica, sexual y política. Una mirada plural posibilitará una mejor calidad de vida.

Si anhelamos forjar una sobresaliente colectividad nos asiste -de modo trasversal- el imperativo ético de exhibir virtudes cívicas idóneas de cultivar y transmitir a las venideras generaciones para acreditar su continuo desarrollo y eficacia en el tiempo. Varios de esos principios son: la solidaridad, la humildad, la justicia, la cooperación. Una anotación importante: siempre los valores inducen plasmarse en nuestros actos de manera invariable y digna. 

De lo expuesto, se desprende la urgencia de convertirnos en ciudadanos vigilantes e identificados con el ecosistema social. Nos corresponde renunciar a la mezquina actitud distante, crítica y pasiva, para adjudicarnos un protagonismo proactivo. Urgimos hombres y mujeres -alejados de temores y abdicaciones- con la fuerza, la convicción y la entereza de comprometerse con causas de interés común. Ello insta salir de la habitual y egoísta zona de confort. 

Recuerde: la “ciudadanía” conlleva madurez, criterios morales, sensibilidad, altruismo y generosidad. Rehuyamos entenderla como un limitado puñado inapelable de asuntos electorales, tributarios y legales. Es una forma de forjar nuestro lazo con la comunidad. Exige una cuota de entrega infrecuente en sociedades caracterizadas por elevados niveles de desarraigo y acostumbradas a divisar su contorno con desdén, indolencia e individualismo. 

Tengamos presente su insoslayable connotación para lograr el entendimiento, el diálogo y, por consiguiente, se demanda unir esfuerzos y voluntades en función de justos anhelos. Es imprescindible nuestra aportación permanente; solo una actuación general facilitará una respuesta corporativa. 

De modo que, sea posible desplegar ayuda a través de organizaciones no gubernamentales, comunales, humanitarias y filantrópicas. Implica dar un aporte que nos engrandece. Los programas de voluntariado son una magnífica opción. Esquivemos creer que la persona funciona sola; necesitamos a los demás, así como ellos requieren de nosotros. Las tareas y afanes fusionados posibilitan enfrentar en superiores situaciones dilemas, frustraciones y expectativas.

Evoquemos las pertinentes palabras del escritor español Antonio Muñoz Molina: “El pueblo asegura el abrigo inmediato de lo colectivo y lo inmemorial, el halago de compartir valores ancestrales. La ciudadanía, por comparación, ofrece poco más que intemperie, y cada una de sus ventajas posibles está sometida al contratiempo de la responsabilidad y la incertidumbre”.


martes, 19 de septiembre de 2023

¿Qué es la Identidad Corporativa?

En ocasiones suelen confundirse conceptos que insinúo abordar de forma exhaustiva por sus significativas connotaciones. En tal sentido, creo pertinente contribuir a esclarecer el concerniente a la “identidad corporativa”. Podemos definirla como la manera de proyectarse ante el público y comunicar su  promesa de valor ante los múltiples grupos de interés de una organización.

Agrupa componentes tangibles e intangibles. Es lo que representa la entidad; proporciona realce al consumidor; diferencia un negocio de otros; comunica sus objetivos, filosofía, actividades y valores. Su importancia radica, entre otros fines, por ayudar a fidelizar a su audiencia, mejorar la conciencia del cliente y aumentar la ventaja competitiva. Es decir, es su personalidad y está compuesta por tres elementos esenciales: misión, visión y valores.

La “misión” señala el negocio, las necesidades que cubren sus productos y servicios, su mercado e imagen pública; será concreta, amplia y realista. Según el experto Rafael Muñiz Gonzales, escritor y conferenciante internacional y asesor estratégico, es “la razón de ser de la empresa, condiciona sus actividades presentes y futuras, proporciona unidad, sentido de dirección y guía en la toma de decisiones estratégicas”.

La “visión” es el sueño acerca de su posicionamiento a muy largo plazo que entusiasma a accionistas, personal y proveedores. Detalla lo que quiere ser, sus grandes empeños, cómo espera conseguirlos, etc. Para William Cuevas Amaya, sociólogo y especialista en Administración Pública, “es la capacidad de ver más allá, en tiempo y espacio, y por encima de los demás, significa visualizar, ver con los ojos de la imaginación, en términos del resultado final que se pretende alcanzar”.

Por último, están los “valores”, llamados a definir las creencias y reglas reguladoras de la gestión organizacional. Constituyen su filosofía y el soporte de su cultura y, además, es un aspecto central para delimitar la “identidad corporativa”. Precisan las ventajas comparativas que guiarán su desarrollo; muestran sus creencias de manera compartida; estipulan el comportamiento de sus integrantes; se orientan en concordancia con sus planes de acción.

De modo que, reitero lo expuesto en mi artículo “¿Qué son los valores corporativos?”: “…Su establecimiento proporciona cualidades internas y externas; ayudan a comprobar si van por el camino correcto para alcanzar sus objetivos; tienen vital trascendencia en la imagen del negocio. Estos principios rectores deben estar expresados en su visión, misión y reflejarse en sus políticas. Representan una especie de ‘columnas vertebrales’; convendría que sean claros, de aplicación obligatoria, fácil implementación y explicados
en los procesos de inducción y capacitación. Su utilidad compromete a todos sus miembros”.

Existen los “valores corporativos” de la empresa, de los empleados y del producto o servicio. El primero, son los adoptados por la institución; el segundo, corresponde a la conducta de sus integrantes; el tercero, hace referencia a las características de sus bienes o servicios. A mi entender representan pilares insoslayables y están íntimamente vinculados por los postulados individuales de sus gestores. El liderazgo ético es concluyente y ejerce un efecto descendente en los colaboradores; imposible prescindir de su influencia en el acontecer de la organización.

Soslayemos observar la “misión”, la “visión” y los “valores” como nociones plasmadas, únicamente, en la memoria empresarial, en las redes sociales, en discursos pomposos o en un cuadro situado en las oficinas. Deben evidenciarse en el día a día; estarán presentes en la interacción con todas sus audiencias; forman parte activa del “ADN” de una corporación; guían e inspiran su devenir. Se aconseja desplegar programas de entrenamiento, dirigidos a su personal, a fin de conocer sus reales alcances y someter su vigencia a una constante evaluación.

No obstante, existen infinidad de situaciones en las que apreciamos la incoherencia entre éstos y su trato con determinados públicos. Por ejemplo, compañías empeñadas en privilegiar a clientes, aliados estratégicos y autoridades y, por el contrario, descuidan su entorno social. Aquí se produce un desequilibrio en la consistencia de la “identidad corporativa”, destinada a prevalecer en el tiempo con la intención de posesionarse en la mente de sus audiencias. Ésta debe estar expresada, de forma ininterrumpida, en su actuación.

Es ineludible establecer algunas deferencias con la “imagen corporativa”. De acuerdo a lo expuesto por Javier Sánchez Galán, licenciado en Economía y Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid (España) “los límites conceptuales entre identidad e imagen corporativa son bastante laxos dentro de la teoría en marketing. Suele entenderse que la imagen es una aplicación más práctica de la identidad de una empresa, es decir, busca la comunicación hacia el exterior de los valores de la identidad de manera óptima o exitosa. Por ello, suele relacionarse más comúnmente al concepto de identidad corporativa con el de marca corporativa”.

Una institución o empresa tiene como propósito estar presente en la mente de sus públicos; le corresponde ejercer un desempeño análogo con las expectativas generadas y forjará un sentimiento de acercamiento con el entorno social. Recordemos lo aseverado por el español Andrés Pérez Ortega: “Si te centras en ti mismo no dejas huella. Tu marca tiene sentido si aportas a los demás”.

jueves, 17 de agosto de 2023

La comunicación en la empresa

La forma como se desarrolla el proceso de comunicación, en el contorno interno o externo, puede advertirnos con amplia nitidez acerca de su eficiencia y, además, sobre un conjunto de características -en ocasiones inadvertidas- concernientes al clima laboral, la calidad de la atención al público, la óptima interacción entre las diversas jerarquías, entre otros elementos.

Ésta puede definirse como un asunto que envuelve un flujo continuo de mensajes, a través de la que sus miembros transmiten información e interpretan sus significados para persuadirse, buscando modificar comportamientos o actitudes; alimenta los sistemas sociales, facilita la integración, varía la conducta, plasma productiva la reciprocidad humana y mejora la comprensión de las políticas corporativas; hace fluida y positiva la convivencia y la obtención de resultados. Por último, puede convertirse en un “termómetro” orientado a reconocer la cultura de la organización.

En el contexto externo persigue los siguientes objetivos: estar al corriente del producto y/o servicio, difundir revelaciones, promover un mayor posicionamiento, servir como medio de recordación, recoger la opinión de clientes, guiar a proveedores, contribuir en la creación de una imagen corporativa o de marca, etc.

En el ámbito interno tiene una diversidad de connotaciones que repercutirán en el ambiente externo. De allí la importancia de implementar, evaluar y corregir aspectos que afectan su entendimiento e inspiración como medio para la consecución de ideales. Así, por ejemplo, busca hacer conocer las determinaciones de los más altos niveles de la empresa, establecer un nexo de ida y vuelta entre empleados y jefes y, por cierto, fomentar una relación integral.

Para ello, se efectúa la comunicación descendente, ascendente y horizontal. Detengámonos a explicar cada una: la descendente surge desde un cargo alto hacia personas de menor nivel jerárquico; sirve para dirigir y controlar. Es decir, está encaminada a la asignación de metas, instrucciones, políticas y retroalimentar al empleado. Ésta acrecienta el clima interno, potencia el rendimiento, permite la prevención de problemas, evita la existencia de murmuraciones, especulaciones e incertidumbres.

La ascendente se origina de un colaborador de menor jerarquía a un encargado o jefe. Suelen ser de menor número a las descendentes y su mayor tributo radica en que optimiza la toma de decisiones. Tiene como ventajas expandir la capacitación profesional, reducir los niveles de conflictividad, incrementar el grado de adhesión e identificación y elevar la autoestima del personal al sentirse parte de la corporación.

La horizontal se instaura habitualmente para espacios de conexión. Su aplicación puede redundar en la confianza y apertura. Entre sus principales virtudes están: aumenta la coordinación, acrecienta la atmósfera interna, fortalece la integración, anima la innovación y el trabajo en equipo.

Es imperativo asegurar que los mecanismos descritos funcionen en concordancia con las políticas institucionales a fin de evitar la gestación de rumores. Éste es un asunto espontáneo y cotidiano, con un contenido interesante, seductor, ambiguo, que debería ser creído y secreto; su transmisión es encadenada y exponencial; proviene de una fuente desconocida, pero “fiable”. Su subsistencia representa la más evidente manifestación de las deficiencias del sistema de comunicación. De lo contario, no habría lugar para su protagonismo y expansión.

Un aspecto trascendente consiste en conocer la genuina capacidad de comunicación de los más representativos funcionarios. Un profesional con excelsos estándares de habilidades duras, competencias e incluso larga trayectoria en el mercado laboral puede suponer que sabe comunicarse. Sin embargo, cuando se omite detectar oportunamente su ausencia de destreza, nace una dificultad de envergadura. Por lo tanto, recomiendo evaluar su asertividad, talento persuasivo y prolijidad de negociación. En ocasiones no siempre han sido entrenados para este propósito y, en consecuencia, se suscitarán problemas que se irradian en todas las esferas.

Al respecto, sugiero ejercitar una comunicación asertiva, cortés y cuidar los estilos con el propósito de certificar su comprensión y una buena interacción. Recuerde: las formas concluyen siendo tan significativas como el fondo. De allí la necesidad de exhibir sólidas habilidades blandas que aseguren un desenvolvimiento enmarcado en la tolerancia, la empatía, la afabilidad y diferentes componentes orientados a ratificar un entendimiento en el que, más allá de las posibles discrepancias, prevalezca el respeto y la armonía. No siempre se alcanza este propósito debido a negativos y desfavorables escenarios de trabajo.

La comunicación debe ameritar especial atención, sin importar el tamaño y actividad de la compañía. La coexistencia de omisiones, erradas interpretaciones y recados distorsionados acarrea un sinnúmero de impactos en la credibilidad, reputación y vínculo con sus audiencias. Soslayemos subestimar o prescindir adoptar las acciones correctivas. Es deseable realizar una auditoría con la finalidad de tener un diagnóstico independiente y acreditado.

En un mundo cada vez más interdependiente es un medio integrador, motivador, persuasivo, esclarecedor y destinado a una enriquecedora retroalimentación. Gracias a ésta se fortalece el intercambio, se forjan nuevos vínculos comerciales y se proyecta la identidad corporativa con los consiguientes beneficios que conlleva erigir un horizonte ambicioso, respetado y esperanzador. Comparto la aseveración del actor argentino Leandro Taub: “La mala comunicación puede hacer de la belleza, tragedia. La buena comunicación puede hacer de la tragedia, belleza”.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Reflexiones sobre la ética en la empresa

La ética es una cuestión de enorme actualidad. Debemos reconocer visibles avances en relación a su protagonismo, aunque todavía está ausente en innumerables empresas en donde prevalecen afanes lucrativos, intereses particulares, carencia de transparencia, maltratos laborales, promoción engañosa de productos y/o servicios, entre otras acciones, que muestran los retos pendientes acerca de esta temática. 

Si laboramos en entidades con un desenvolvimiento al margen de miramientos éticos, observaremos frecuentes situaciones de abuso de poder, conflicto de intereses, nepotismo, soborno, lealtad excesiva, falta de dedicación, deshonestidad, abuso de confianza, encubrimiento y múltiples anomalías lesivas en el orden interno y externo. 

No obstante, la ética debe adaptarse a las peculiaridades empresariales a partir de las diferencias existentes en su quehacer principal, número de trabajadores, ámbito de operaciones, sistema legal, etc. De allí la necesidad de implementar los criterios de integridad en función de su realidad. Es posible construir estrategias ajustables a cualquier negocio interesado en tornarse ético. 

Su inclusión comenzará definiendo su visión, misión, valores y políticas. Los valores corporativos difieren en cada compañía. Su precisión es el primer paso para edificar la organización; forman parte de la cultura y delimitan los aspectos y las ventajas comparativas que guiarán su desarrollo. Muestran sus creencias de manera compartida, estipulan el comportamiento y se orientan en concordancia con sus planes de actuación. 

Es indispensable que coexista, por parte de los directores, la convicción sincera de su interiorización. Esto requerirá, en ciertos casos, de transformaciones fundamentales en sus procesos. Su liderazgo y empeño permitirá la adopción de esta iniciativa como propia: se recomienda predicar con el ejemplo. Tengamos en cuenta que la ética está presente en cada decisión adoptada y, por cierto, cuando más alta es la jerarquía mayor será el componente ético. 

Al actuar en concordancia con las reglas establecidas, los empleados se sentirán impulsados a proceder de igual modo. Por el contrario, al omitir sus deberes y estar por encima de los postulados instituidos, exhibirán negativas o contradictorias prácticas que influirán en el grupo humano a su cargo. Aplicar criterios transversales y ajenos a diferencias jerárquicas es un factor inequívoco para su éxito.

La ética va más allá de evitar prácticas ilegales o sancionar procedimientos, involucra fomentar un ambiente caracterizado por líderes capaces de representar pautas referenciales, de reforzar los valores en el día a día y efectuar tácticas encaminadas a reforzar las posturas deseables, a fin de alcanzar el bien común. En síntesis, ésta debe entenderse como parte activa de su marca. 

Es imprescindible enfatizar que un profesional despliega un conjunto de principios inherentes a su estructura individual. Es decir, cada persona los adopta en los variados escenarios de su interacción. Elegir un colaborador con criterios morales coincidentes con los exigidos por la compañía, será concluyente para prever su actitud. Es imprescindible líderes que conlleven un permanente ejercicio de hábitos orientados a constituirse en modelos inspiradores. 

Otro aspecto significativo es el Código de Ética. Es un mecanismo cada vez más utilizado a fin de establecer los cánones que caracterizan el proceder de sus miembros. Además, en concordancia con sus valores, detalla las conductas que no pueden ser toleradas, auxilia en la resolución de conflictos o dudas, coadyuva en la creación de una óptima imagen e incrementa el sentimiento de identificación e integración. 

Aconsejo diseñar un sistema efectivo de divulgación de actividades y proyectos para compartir con su público interno, clientes, sociedad y gobierno la información de sus logros, planes futuros y aportaciones a la comunidad mediante sus programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Una compañía transparente mantiene canales veraces de comunicación que contribuyen a su excelsa reputación. 

La ética coincide y complementa el anhelo de obtener prestigio, confianza y credibilidad. Soslayemos concebir su ejercicio como un gasto opuesto a la obtención de legítimas ganancias económicas. Es pertinente comprender su valía en las nuevas inversiones, en la fidelidad del comprador, en el devenir de los trabajadores, en el clima laboral, en el aumento de su rentabilidad y en la exitosa presencia en el mercado. 

Una vez más, reitero: su aplicación no entraña dejar de lograr beneficios económicos a medio y largo plazo. Facilita la creatividad, la innovación y posibilita encaminar el desempeño dentro de un marco de directrices. Es un elemento central que realza e influye en la conciencia social. Vienen a mi mente las expresiones del abogado y académico Michael Josephson: “La ética no es una descripción de lo que las personas hacen; es una prescripción de lo que todos debemos hacer”.

domingo, 29 de enero de 2023

Etiqueta social, caballerosidad y valores

Cada vez que hago referencia a la “etiqueta social” esbozo una definición de mi autoría que, desde mi perspectiva, engloba su auténtico trasfondo e intencionalidad: constituye un conjunto sencillo y aplicable de sugerencias de conducta encaminadas a forjar una mejor convivencia humana, dentro de un marco de deferencia por el prójimo, con la finalidad de hacernos más grata la vida e irradiar afabilidad y simpatía. 


No debiera parecer anticuado, engorroso, elitista y abstracto comprender la inevitable necesidad de interiorizar -en nuestras actividades cotidianas- este concepto de vital importancia en coyunturas de elevadas tensiones, ofuscaciones e intemperancias colectivas. Es un invaluable medio de comunicación, integración, sociabilización y, además, realza la personalidad.


Al respecto, deseo comentar nociones de absoluta implicancia como las habilidades blandas, las que involucran, entre otros, los siguientes componentes: autoestima, empatía, autocontrol emocional, adaptabilidad, pensamiento creativo, fiabilidad, trabajo en equipo, positivismo y combinan las pericias sociales para relacionarse con el semejante. Quienes las poseen son fluidos en el ejercicio de su inteligencia interpersonal y en sus interacciones. 


En síntesis, la “etiqueta social” requiere de las destrezas mencionadas. Aunque sea redundante afirmarlo, ésta exige utilizarse en todo tiempo, momento y lugar y, por supuesto, posesionarse como un estilo individual. Vale decir, corresponde evitar usarla para proyectar una óptima percepción personal o profesional en determinados acontecimientos. No es un juguete para esgrimirse en función de antojos, estados anímicos o conveniencias.


Otro aspecto congruente de enfatizar es la “caballerosidad”. Empecemos esclareciendo de qué estamos hablando. Tal vez viene a nuestra imaginación un hombre con buenos modales, encantador desempeño, impecable apariencia y apropiado desenvolvimiento. Es mucho más que eso; esa impresión puede resultar incompleta y ausente de elementos de enorme valía.


En la antigüedad un caballero tenía origen noble, montaba a caballo -poseía un sirviente o paje- y se dedicaba a la guerra. Eran recompensados con una pequeña extensión de tierra en cuyo caso adquirían el nombramiento de conde si era un condado, duque para un ducado, etc. Pero, preservaban el grado de caballeros. Durante la Edad Media la caballería sería un arma con un rol primordial para los reyes feudales y, al mismo tiempo, por siglos su protagonismo fue imparable. 


A partir de esta acepción podemos concluir que la “caballerosidad” está conexa con la valentía, el honor, las convicciones y la distinción; en consecuencia, no se circunscribe al ejercicio de la cortesía con el sexo opuesto. Cuando hacemos alusión a un caballero incluyamos atributos relativos a la ética, la decencia y la dignidad, tan venidos a menos, ignorados o carentes de significado en los momentos actuales. Recomiendo retomar su vigencia al reconocer y apreciar su transcendencia.


Si, como hemos comentado, involucra ciertas características que van más allá de la buena educación, convendría considerar cómo influyen, de forma inequívoca, los “valores” en la “etiqueta social” y la “caballerosidad”. Es decir, una persona idónea para proceder con tino y corrección tomará en cuenta “valores” como el respeto, la comprensión, el diálogo, la puntualidad, la bondad, entre otros. Recordemos que éstos constituyen el marco o guía general que inspira nuestra actuación existencial. Los actos son fidedigno reflejo de la grandeza o exigüidad espiritual, educativa, cultural, ética y emocional.


Seguidamente presento recreativos ejemplos: un varón eludirá formular preguntas inadecuadas como corolario de saber manejar la discreción y la prudencia; utilizará la plática como único recurso para resolver situaciones conflictivas inspirado en el control de sus emociones; obviará desconocer los derechos del otro debido a su capacidad para aceptar la reciprocidad humana; será comedido con los sentimientos ajenos por su grado de empatía; reconocerá las diferencias como parte de la diversidad y administrará su tolerancia. Así podríamos compartir un listado explicativo de la íntima interacción entre estos tres preceptos.


De modo que, ser educado demanda mucho más que seguir uno de los tantos cursos de urbanidad existentes en el mercado -impartidos por incontables docentes con una visión superficial, sesgada y sectaria- y, en ocasiones, destinados a transmitir rígidas, frívolas, memorísticas y verticales normas. Aconsejo imbuirnos en el sentido común y en la moral como paradigmas indicativos de la conducta a ostentar. La “etiqueta social” debe adaptarse al contexto vigente, ser flexible, sencilla y percibirse su directa afinidad en la vinculación social.


Desenvolverse con corrección trasluce impecables pormenores que hacen la diferencia. Los tres conceptos citados posibilitan advertir la solidez de la individualidad, la firmeza de los principios, el rango de formación y, especialmente, es un modo acogedor de alternar con el prójimo. Tratemos, cada día y sin desmayos, de empeñarnos en concebir -con el ejemplo de nuestro obrar- una comunidad con elevada armonía. Es una tarea pendiente que convendría proponernos hacer realidad: obviemos renunciar a este improrrogable imperativo.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Qatar: Protocolo, educación y convivencia deportiva

En esta ocasión me referiré a ciertos episodios y desencuentros en la Copa Mundial de Fútbol de 2022, celebrada en Qatar. Sin duda, se trató de un encuentro caracterizado por estar rodeado de controversias ajenas al deporte que, además, motivaron insistentes críticas de espectadores y de la prensa internacional. 

Su imponente clausura se realizó en el Estadio Lusail -ubicado a unos 15 kilómetros al norte de Doha (capital de Qatar)- el de mayor tamaño de todo el Mundial. En este acto se exhibieron con realce las majestuosas manifestaciones inherentes a la multiculturalidad del país anfitrión. Todo ello, ofreció esplendor y simbolismos. 

Uno de los gestos más visible se produjo al colocar al capitán de la Selección Argentina Lionel Andrés Messi Cuccittini, conocido como Leo Messi, la capa negra denominada ‘Bisht’ -emblema de prestigio en la nación árabe- que representa la realeza, el estilo y elegancia. Es utilizada en circunstancias especiales y está elaborada con lana de cabra y pelo de camello; los bordes llevan hilo de oro y es bordada por artesanos. 

“Es una ropa oficial nuestra. Siempre ponemos eso para compromisos importantes y celebrar los momentos importantes en nuestra vida”, dijo Hassan Al Thawadi, secretario general del Comité Supremo para la Organización y el Legado de Qatar 2022.  Este suceso coincidió con el Día Nacional de Qatar (18 de diciembre), en el que se conmemora la unificación del país (1878) y marca la fecha en que el jeque Jassim Bin Mohammad Bin Thani sucedió a su padre como líder de sus tribus. 

Sin embargo, existieron situaciones incómodas, inelegantes e incluso comportamientos agraviantes, discriminatorios y ausentes de respeto, advertidos por millones de personas. El desaire de un jeque a una árbitra al rechazar dar la mano cuando Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le entregó la medalla. Los dos lo mantuvieron un embarazoso y simple movimiento de cabeza. La brasileña Neuza Back era una de las seis colegiadas de este Mundial. 

Lo acontecido con Damián Emiliano 'Dibu' Martínez, el afamado portero argentino autor de otros desatinos. Al recibir el "Guante de Oro" -como el mejor arquero de este certamen- su respuesta ofensiva e inapropiada de llevarse el trofeo a los genitales empañó una impecable victoria. En momentos de triunfo corresponde acreditar humildad, sobriedad y respeto. Deplorable la actuación de un personaje visto por muchos con admiración. Un ser humano al constituirse en inspiración profesional debe serlo en todo ámbito, tiempo y lugar. Más aún cuando es un referente -por su constancia, esfuerzo y entrega- para las nuevas generaciones. 

Por su parte, la Federación Francesa de Fútbol (FFF) anunció que denunciará los insultos racistas proferidos en las redes sociales contra sus integrantes tras la derrota en el último partido del Mundial. Coman, Tchouamení y Kolo Muani han sido los principales afectados. Los innumerables comentarios indujeron a determinados futbolistas a bloquear lo escrito en sus publicaciones. 

Es sabido que la inmensa mayoría de quienes se dedican a este deporte carecen de formación académica u óptima educación y provienen de sectores socioeconómicos colmados de privaciones. De modo que, la súbita llegada de la fama y de un elevado estatus económico produce un vértigo de frivolidades y patéticas revelaciones de supremacía. Es pertinente considerar que, más allá de esas visibles insuficiencias, son percibidos como prototipos por vastas esferas de la sociedad. 

Han sido cuantiosos las usanzas violentas y la exigua tolerancia, vividas en la Copa Mundial de Fútbol de 2022, protagonizados por disímiles hinchas y jugadores. La precaria inteligencia emocional y los afiebrados procederes estuvieron en sus más altos “decibeles”. Lo acontecido me trae a la memoria una frase del insigne escritor argentino Jorge Luis Borges: “El fútbol despierta las peores pasiones”. Acertó este prodigioso y fascinante exponente de la literatura universal. 

Se han evidenciado sentimientos de fanatismo, antagonismos nada racionales y expresiones reveladoras de la incapacidad para convivir con el eventual adversario. Deploro que el balompié sea en reiteradas coyunturas un medio para canalizar conductas erradas, hostiles y poner al descubierto lacerantes penurias humanas. Asimismo, lamento que cualquier reproche a los miembros del equipo preferido sean dilucidadas como sinónimo de enemistad: una inadmisible y limitada forma de interpretar legítimas convicciones nacionalistas. Al parecer, para infinitos exaltados estas figuras son una congregación de “apóstoles”, cuyos usos y costumbres son inadmisibles de discutir. 

Reflexión final: los líderes deportivos albergan genuinos seguidores. De allí la ineludible necesidad de ser conscientes que sus acciones están expuestas a la observación pública. Ello no implica estudiar un curso de etiqueta social y protocolo; únicamente es imperativo mostrar mínima prudencia, elemental madurez, sensatez y corrección. Les concierne poseer habilidades blandas e inteligencia corporal. 

Rindo mi legítimo homenaje al prístino testimonio de vida del auténtico, deslumbrante e impecable ídolo futbolístico brasileño Edson Arantes do Nascimento (Pelé) -jamás involucrado en altercados, modales soberbios o prácticas altisonantes y, especialmente, depositario de una biografía propia de un hombre de bien, digno y coherente- y comparto dos de sus lúcidas aseveraciones: “Si marqué la diferencia fue gracias a mi educación y mi base familiar, por eso nunca estuve envuelto en escándalos” y “Las reglas del fútbol son una educación: iguales y justas para todos”.

lunes, 21 de noviembre de 2022

El maravilloso encanto de la lectura

La lectura es uno de los quehaceres más enriquecedores que logramos experimentar. Etimológicamente “leer” viene del verbo latino «legere» que significa «coger»; consiste en descifrar un mensaje y comprender lo que está escondido tras unos signos exteriores. Es decir, desentrañar y descubrir. Facilita conducirnos a un universo infinitamente profuso y, además, hace posible explorar escenarios insólitos e impredecibles. 

No obstante, en algunos sectores la población, su práctica disminuye debido a múltiples causas: apremios cotidianos, elevados costos de la industria editorial, falta de tiempo, uso masivo de las redes sociales, ausencia de real interés y valoración, etc. Todavía subsisten quienes la consideran una actividad compleja, aburrida y carente de trascendencia. 

A mi parecer, existe un grado de responsabilidad en el entorno más íntimo: la familia, las que evaden su incorporación en sus aspiraciones de crecimiento. “Dime como es tu biblioteca y te diré quién eres”, es una expresión que me recuerda cuando intento -incontables veces en vano- comentar acerca de su repercusión. Sin duda, ésta es el “espejo” de las ambiciones intelectuales de un hogar. 

Aquellos padres ajenos y apáticos a la lectura están desprovistos para sostener conversaciones lúcidas, interesantes y documentadas conducentes a ilustrar a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando -entre incluso personas de elevado estatus académico- las tertulias están referidas a tópicos económicos, problemas íntimos, familiares, enfermedades y pormenores laborales. En tal sentido, podemos verificar su omisión entre quienes participan solamente de domésticas, intrascendentes y limitadas pláticas. 

El genial literato Jorge Luis Borges decía: “He leído mucho, pero he vivido poco”. Según afirmó el autor de “Aleph” esta expresión corresponde cuando tenía 30 años de edad. Tiempo después descubrió -a pesar de su ceguera- que la lectura era una forma de existir intensamente y, en la tarde de su vida, concluyó que había vivido bastante. 

Por su parte, la escritora Carmen Lomas Pastor, en su obra “Hogar familiar” señala: “…La lectura tiene una gran importancia en el proceso de desarrollo y maduración de los niños. Proporciona cultura, desarrolla el sentido estético, actúa sobre la formación de la personalidad, es fuente de recreación y de gozo. Constituye un vehículo para el aprendizaje, para el desarrollo de la inteligencia, para la adquisición de cultura y para la educación de la voluntad”. Representa una forma atrayente y profunda de involucrarnos con nuestro mundo interno y nuestra realidad.

Abarca el desenvolvimiento de insospechadas capacidades: contribuye a perfeccionar el lenguaje oral y escrito al incrementar el vocabulario y afinar la ortografía; acrecienta y alienta las relaciones interpersonales; facilita la exposición del propio pensamiento y viabiliza la facultad de desplegar el juicio crítico; activa las funciones mentales y agiliza la inteligencia; abre la imaginación y creatividad; aumenta el bagaje ilustrativo, proporciona información, sapiencia y expande el horizonte intelectual. 

Leer incorpora elementos favorables de utilidad en el ámbito individual y laboral y, especialmente, se tiene mayores recursos para alimentar períodos de reflexión y toma de decisiones. Exhibe un panorama más diverso que ennoblece nuestro pluralismo, espíritu de apertura y mejor entendimiento. Es una afición que envuelve, dignifica y comunica un deleite especial. 

Conlleva inmenso beneficio en la construcción espiritual, moral y pensante; coadyuva en la instauración de una colectividad de hombres y mujeres perspicaces; posibilita sentirse libre y disconforme; es un inestimable factor de sublevación de la conciencia e impulsa el análisis crítico. Su valía puede ayudarnos a forjar una comunidad distanciada de la manipulación, el engaño y la influencia sórdida. 

Al mismo tiempo afianza la tolerancia, la empatía y las destrezas sociales. Cumple una misión trascedente en el engrandecimiento de las habilidades blandas cada vez más requeridas en los procesos de colocación y evolución profesional. Es un medio para escapar de las presiones, frustraciones y desgracias y, por cierto, un estímulo terapéutico de formidable connotación. 

Qué duda cabe, los libros son nuestros eternos confidentes. A ellos recurrimos en momentos de soledad, indecisión y desasosiego; logran que permanezcan imborrables, en la retina de nuestras remembranzas más intensas, los personajes, autores, escenarios y vivencias que nos marcaron e impactaron. Son nuestros inseparables amigos, cómplices y acompañantes. 

Tenga en cuenta: la lectura es indispensable para superar carencias, incógnitas y vacíos. Darle valor será concluyente para alcanzar una sociedad revestidas de cualidades y valores encausados hacia una excelsa convivencia humana. Comparto lo aseverado por el Premio Nobel de Literatura (2010), el afamado Mario Vargas Llosa: “Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida”.