miércoles, 27 de julio de 2022

Perú: Historia y protocolo de los símbolos patrios

Referirnos a sus antecedentes y alcances tiene especial connotación en la celebración del 201 aniversario de la proclamación de la Independencia Nacional, realizada en el cabildo abierto de Lima el 28 de julio de 1821, por el libertador argentino José de San Martín y Matorras. El anuncio se efectuó ese día en cuatro escenarios: en la Plaza Mayor, en la Plazuela de La Merced, en la Plaza Santa Ana y en la Plaza de la Inquisición. 

En concordancia con el artículo 49 de la Constitución Política del Perú (1993) “son símbolos de la patria la bandera de tres franjas verticales con los colores rojo, blanco y rojo, y el escudo y el himno nacional establecidos por ley”. Es necesario precisar que, a fin de evitar confusiones jurídicas e históricas, a lo largo de la vida republicana se han promulgado múltiples dispositivos. Para este texto recurriré a las normas más representativas y vigentes. 

Es pertinente este esclarecimiento debido a la amplia confusión sobre esta temática y por las reiteradas omisiones suscitadas en el sector público y privado y, además, en la población en general. A pesar de la claridad de la legislación se observan incontables carencias en actividades organizadas por los poderes del Estado. De allí, la enorme trascendencia de hacer un esfuerzo de pedagogía e ilustración. 

Durante el gobierno de Manuel A. Odría (1948 – 1956) se dio el D.L. 11323, del 31 de marzo de 1950, titulado “Disposiciones que deberán observarse respecto a los símbolos de la Nación: Escudo Nacional, Gran Sello del Estado, Bandera Nacional, Pabellón Nacional, Estandarte y Escarapela Nacional” con las especificaciones y pormenores de estas insignias. 

Años más tarde, la Ley 30630 intitulada “Ley que autoriza el uso e izamiento de la bandera nacional y dispone la conformación del comité intersectorial para la difusión de los emblemas nacionales” -promulgada por el presidente Pedro Pablo Kuczynski Godard (2016 – 2018) el 2 de agosto del 2017- y su reglamento formulan imprescindibles regulaciones tendientes a diferenciar su carácter y utilización. 

Para empezar, en armonía con lo expuesto en la Carta Magna, el reglamento de esta ley considera en su artículo 3 “Símbolos de la Patria”, a la Bandera Nacional, el Escudo Nacional y el Himno Nacional; en el artículo 4 “Símbolos del Estado”, incluye al Pabellón Nacional, la Bandera de Guerra, el Gran Sello del Estado, el Escudo de Armas, el Estandarte Nacional y la Banda Presidencial (sobre esta última he publicado mi artículo “¿La Banda Presidencial?”, 2018); el artículo 5 “Emblemas Nacionales”, comprende a la Escarapela Nacional, el Lema Nacional “Firme y Feliz por la Unión” y la Canción Nacional “El cóndor pasa”, del compositor y músico Daniel Alomía Robles. 

Pasemos a comentar los símbolos patrios: la “Bandera Nacional” es “de forma rectangular, está conformada por tres franjas de igual ancho y en proporción de tres de largo por dos de alto. No lleva ninguna inscripción ni escudo u otra insignia que forme parte de ella”. Se izará a las 08 horas y se arría a las 18 horas. Su uso es obligatorio el 27, 28, 29 y 30 de julio y el 9 de diciembre en ofrenda a la Batalla de Ayacucho (1824) -liderada por Antonio José de Sucre- que consolidó la independencia de América y del Perú. 

Es conveniente contemplar lo estipulado en el artículo 15 del Ceremonial del Estado y Ceremonial Regional (D.S. 096-2005-RE): “La Bandera Nacional es principal símbolo de la patria. En sus diversas representaciones, Estandarte o Pabellón, debe ser saludada por las autoridades civiles con una reverente inclinación de cabeza y por las autoridades castrense de acuerdo con sus reglamentos”. 

Asimismo, tiene prevalencia y primacía, en su condición de máximo emblema nacional, sobre las extranjeras, regionales, provinciales, distritales y privadas en territorio peruano. Durante el mes de julio las autoridades ediles, mediante acuerdo de concejo o resolución de alcaldía, decretan el “enarbolado de la Bandera Nacional de inmuebles civiles, comerciales o privados”. 

Por su parte, el “Escudo Nacional” constituye el “blasón heráldico, de tipo piel de toro o casulla, tiene la proporción para el alto y tres para el ancho. En la mitad del alto se traza una línea transversal que separa un campo inferior de dos superiores de igual tamaño. Los bordes interiores y externos del blasón son de color amarillo dorado”. A su interior se ubica la vicuña como distintivo de la diversidad animal; el árbol de la quina, representando al reino vegetal y la cornucopia, como expresión de la riqueza mineral. 

Es importante aclarar que éste no “forma parte integrante de marcas o emblemas comerciales que representen a una persona natural o jurídica del ámbito privado”. Existe la plena libertad de emplearlo, siempre que evada vulnerar el citado reglamento y otras normatividades; se exhibe en “las monedas y billetes de circulación nacional que en adelante se acuñen o imprimen llevarán en el anverso el Escudo Nacional, establecido en el artículo 3 del presente reglamento”. 

Finalmente, me referiré al “Himno Nacional”. Según la Ley 1801 -aprobada el 26 de febrero de 1913, por el primer mandatario Guillermo Billinghurst Angulo (1912-1914)- se declara “oficial e intangible la letra y música del Himno Nacional, debidas respectivamente a la pluma de don José de la Torre Ugarte y a la inspiración del maestro don José Bernardo Alcedo, y adoptado como tal en 1821 por el Supremo Gobierno”.  

Su primera estrofa no corresponde a su autor; se trata de una anónima incluida en dicha ley. Sobre el particular, la sentencia del Tribunal Constitucional, del 18 de mayo de 2005, dice: “Declarar que en las publicaciones en donde se transcriba la letra del Himno Nacional debe expresamente señalarse que la estrofa adicionada al texto de don José de la Torre Ugarte es de autoría anónima y que su inserción expresa la voluntad del pueblo representada en el Parlamento Nacional, mediante la Ley Nro. 1801 la misma que debe ser colocada al final del mismo”. 

Su entonación se adapta a las características lingüísticas del lugar (castellano, quechua, aimara, etc.); en nuestro territorio tiene primacía otros himnos; los civiles se retiran cualquier prenda de la cabeza; se entona en jornadas cívicas, militares, oficiales e institucionales el coro y la séptima estrofa; está impedido “cantarse ni tocarse otra versión del Himno Nacional diferente al establecido en el presente reglamento”. 

Este reglamento instituye el 21 de octubre como el “Día de los Símbolos de la Patria” -coincidiendo con la creación de la Bandera Nacional, el primer símbolo instaurado por José de San Martín en 1820- a través de una “ceremonia realizada en la Plaza de la Bandera, ubicada en la ciudad de Lima, y en las astas monumentales del Pabellón Nacional ubicadas a nivel nacional”. 

Del mismo modo, es necesario conocer sus restricciones. Está prohibida cualquier acción o suceso público que denigre, menosprecie y/o atente contra su integridad como “el quemado público, ostentarlo roto, desgastado, sucio, decolorado, con inscripciones o modificaciones”; su empleo por organizaciones políticas en “sedes, actos o ceremonias institucionales y en campañas políticas electorales”, con excepción de la Bandera Nacional. El artículo 344 del Código Penal determina sanciones para “el que públicamente o por cualquier medio de difusión, ofende, ultraja, vilipendia o menosprecia, por obra o por expresión verbal, los símbolos de la patria”.

En esta efeméride reafirmemos nuestro respeto a las tradiciones republicanas, rindamos tributo a los forjadores de la nación, afiancemos sentimientos de pertenencia e identificación ciudadana, afirmemos postulados democráticos y valoremos la admirable pluralidad cultural de la patria. Tengamos fe, alegría e ilusión en nuestros destinos y seamos capaces de convertirnos en protagonistas de un nuevo amanecer. Vienen a mi mente las aseveraciones del genial escritor Mario Vargas Llosa: “El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!”

martes, 19 de julio de 2022

Cortesía telefónica en la atención al cliente

Cada vez es más frecuente la comunicación telefónica en el trato al público. Estimo conveniente resaltar la importancia de encaminar su desenvolvimiento en concordancia con los protocolos corporativos que debieran existir al respecto. Es ineludible priorizar su trascendencia; en ocasiones constituye el primer encuentro entre el cliente y la empresa. 

En tal sentido, se debe rehusar pasar inadvertido este aspecto de especial significación. De allí la necesidad de contar con procedimientos explícitos, desarrollar procesos de inducción y asegurar reclutar colaboradores con el perfil requerido. En contingencias por disminuir costos se minimizan sus alcances; lo que, en un mediano o largo plazo, dañará la imagen, la credibilidad y el prestigio de la compañía. 

Convendría que el personal exhiba sólidas habilidades blandas como: capacidad persuasiva y de escucha, alto grado de empatía, probada destreza negociadora, iniciativa y proactividad, entre otros componentes que describiremos a fin de evitar circunscribirse únicamente a un limitado libreto acerca de los alcances del servicio y/o producto ofrecido. En negocios de las más variadas características convendría implementar preceptos rigurosos en la selección del encargado de esta labor. 

A través del contacto telefónico innumerables consumidores configuran la inicial impresión de la “identidad corporativa”; ésta no es un concepto abstracto, ni un enunciado vacío. Por el contrario, constituye un conjunto de elementos de enorme valía que definen su misión, visión, valores, políticas, servicios, etc. Es decir, la marca de la organización se percibe en este proceso de interacción. 

De modo que, es una carta de presentación en el ámbito externo. No debemos omitir darle su real connotación en el acercamiento y negociación con sus diversas audiencias. Recomiendo elaborar directivas y acompañarlas de programas de capacitación conducentes a uniformizar los criterios estipulados en la institución. 

Valoremos las repercusiones de una adecuada formación para garantizar una excelsa calidad de la atención. Su buena prestación se define por la amabilidad, disposición, óptima entonación, empleo de la sonrisa y al ofrecer excelente esmero. Existen situaciones en donde el encargado es inexperto e ignora las secuelas de su accionar en la ascendencia de la imagen. Insisto en la siguiente afirmación: la totalidad de las funciones y roles integran un sistema que debe funcionar con coherencia, homogeneidad y transversalidad, en coincidencia con la convincente aseveración del empresario estadounidense Tony Hsieh “El servicio al cliente no debe ser solo un departamento: debe ser toda la empresa”. 

Algunas recomendaciones básicas: responda con prontitud y prescinda hacer esperar al interlocutor; identifíquese con el nombre de la empresa y el suyo; sonría levemente, ayuda a preparar una entonación amable; evada consumir alimentos, afectará su dicción y tono de voz y, además, concibe escaso profesionalismo; tenga a la mano una libreta para anotaciones; jamás responda empleando monosílabos, muestra falta de modales e interés; esquiva tapar con la mano el teléfono y/o descolgarlo para continuar una conversación presencial; trate siempre de usted, no es bien visto el tuteo; procure infundir confianza y seguridad; apunte el nombre de la persona; retorne las llamadas a la brevedad posible como manifestación de consideración y comportamiento ejecutivo. 

Es imprescindible contar con la infraestructura necesaria para que el teléfono no suene más de tres veces antes de que el recepcionista lo atienda; al momento de contestar, abandone lo que están haciendo; mida la intensidad de la voz, emplee una pronunciación correcta y elija las palabras adecuadas, de acuerdo al mensaje que desea transmitir; en caso exista una consulta interna, antes de dar una réplica, pregunte con afabilidad si está dispuesto a esperar unos minutos con la finalidad de soslayar incomodidades; acoja con celeridad las inquietudes y conserve, hasta en los instantes más tensos, el autocontrol emocional. 

Asimismo, aconsejo conocer las cuestiones complejas que podrían ameritar formularle con el propósito de resolverlas con fluidez y dominio y, en consecuencia, sortear verse en una situación incómoda que revele exiguo conocimiento. Es imprescindible tener resuelto el listado de las más agudas interrogantes y contar con asesoría en situaciones críticas. Subrayo la urgencia darle una inspiración profesional. 

Sugiero establecer mecanismos permanentes de evaluación para medir el desempeño, tener discernimiento de las llamadas exitosas, aquellas que no pudieron satisfacer las dudas de los interesados, cuales no consiguieron atender y las que terminaron en discusiones; es un punto orientado mejorar el trabajo. Esto se puede implementar con un registro de lo acontecido. Y, por último, proceder a su correspondiente análisis.

En el desempeño de este inapreciable quehacer se pone a prueba la genuina preparación y destreza. Preocúpese de brindar una prestación acorde a los estándares de competitividad en el mundo de los negocios. Concluyo evocando las oportunas palabras del emprendedor norteamericano James Cash Penney “Un trato cortés hará que un cliente sea publicidad andante”.


jueves, 7 de julio de 2022

Impacto global del protocolo empresarial

Con ocasión del primer aniversario del Magazine Mentalidad Global & VIP Edición Especial, editado por PROTOCOLTODAY, se realizó una “Sesión de Protocolo Empresarial y su Impacto Global”, en inglés y español, transmitido desde los Países Bajos con la presencia de participantes de 20 nacionalidades. Según afirmó su editora Adriana Flores, este medio virtual tiene como empeño conectar ejecutivos, diplomáticos, empresarios y estudiantes que aspiran a hacer una carrera internacional dentro de “un espacio de conocimiento orientada a llegar a diversas partes del mundo”. 

La primera presentación “La comunicación en los negocios internacionales”, a cargo de Dewanand Mahadew (Países Bajos), consistió en un análisis de los cambios en la economía y la industria a nivel mundial. Enfatizó las transformaciones producidas y aseveró que “esto demanda destrezas para aplicar este sistema de negocios”. De allí el alcance de las habilidades blandas a fin de trabajar alrededor del mundo y sentirse cómodos en sus procesos de negociación con otras personas. 

Comentó la importancia que el empresario conozca su “propuesta de valor para causar impacto. Esto significa saber que se quiere obtener” y demanda desarrollar prácticas de mentalidad global; es decir, aspectos económicos y culturales de la realidad intercultural. Puntualizó la trascendencia de “conocernos a nosotros mismos para saber desarrollar estas habilidades, incluyendo las interpersonales. Significa pensar de forma crítica, preocuparse por tu apariencia, vestimenta y estar al tanto de las diferencias culturales”. 

Se contó, como invitado especial, con Gerardo Correas (España), presidente de la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo (OICP), quien abordó “El nuevo protocolo en la empresa del siglo XXI: protocolo para mejorar el beneficio”. Empezó precisando que “el protocolo es un lenguaje de comunicación” y aseveró que éste debe ofrecer un beneficio en cuanto a los objetivos de una empresa. Resaltó que éstas debieran potenciarse a través de “protocolorizar” su relación con sus públicos y recomendó contar con un protocolo corporativo encaminado a facilitar regularizar sus actividades. 

Ponderó que “necesitamos uniformizar los criterios de las apariciones públicas de los funcionarios de la entidad. Debemos dar una misma identidad de marca que debe reflejarse en la unificación de criterios de sus representantes. Esto ahorrará costos y singularizará a la compañía”. Comentó la pertinencia de fortalecer la imagen institucional y ganarse la confianza del público, lo que facilitará una mejor “cuenta de resultados en el mercado”. El protocolo ayuda a segmentar al público y proporciona conocer qué estrategias deben seguirse para igualar la comunicación directa, clara y menos costosa. 

La ponencia “Fundamentos para un comportamiento adecuado” de Claudia Stohmann (Bolivia) consistió en resaltar la enorme valía de la etiqueta social y, especialmente, de la “Fórmula RES” como un elemento básico para entender su dimensión y aplicación en la vida cotidiana. Al respecto, precisó dicha fórmula. 

Empezó hablando del “respeto” y recordó el término “tratemos a los demás como deseamos ser tratados” que es uno “de los cimientos de la etiqueta, el protocolo y el ceremonial”. La “educación” refirió “puede venir desde la cuna; no solo viene del nivel académico o títulos. Una persona bien educada debe exhibir un comportamiento en función de principios y habilidades y, además, una formación académica y cultural”. Analizó las implicancias del “sentido común” como guía para tener “una orientación mental sobre nuestro proceder destinado a asegurar la buena convivencia social”. Se refirió valores como la puntualidad en todo ámbito de nuestra imagen personal; la moderación y el autodominio; la honestidad, la integridad, la discreción, la inteligencia emocional, las aptitudes de comunicación; la amabilidad y la empatía, como “parte indispensable de nuestro proceder con los demás”. 

Seguidamente, participó Daniel Delmás (España) con el tema “Definición de Protocolo desde una perspectiva científica”. Inició refiriendo que el “protocolo es una ciencia y una disciplina práctica que se ha pasado de padres a hijos y está en el origen del ser humano. A comenzado a ser investigado en las universidades cuando surgió el interés de la empresa privada”. 

Dilucidó su larga tradición práctica. Pero, dijo “debemos comenzar a darle ciencia al protocolo para darle universalidad, objetividad y aplicarlo de forma práctica. El protocolo en el siglo XXI tiene los siguientes retos: impericia de la materia en la prensa y la sociedad. Los medios de comunicación no ayudan a dar a conocer el correcto significado del protocolo, todo lo contrario”. Sobre el particular, citó el estudio de la experta española María de la Serna. Por último, aludió a la escasez de literatura científica y a la existencia de información carente de rigurosidad y, por lo tanto, de una dispersión de conocimientos. Precisó que cada autor tiene su definición de protocolo, a la que consideró como “una disciplina científica trasversal que otorga las reglas para vivir en paz”. 

Por su parte, Gustavo Caballero (Argentina) trató el tópico “El protocolo como herramienta estratégica de comunicación”. Subrayó que el “protocolo nos permite una interacción positiva entre las partes. Es empleada por las instituciones para transmitir un explícito mensaje a sus públicos”. Este cada vez tiene mayor vigencia en el sector público y privado. 

“Como periodista siento que he abrazado esta disciplina. Somos un nexo entre la institución y el público. El protocolo viene a reforzar los mensajes de las entidades y, consecuentemente, es una poderosa herramienta de comunicación. El protocolo ha crecido de forma acelerada gracias a las modernas tecnologías lo que nos debe llevar a un nuevo enfoque”. Consideró que la comunicación fomenta una intervención más activa entre las partes. Ello no significa omitir las pautas de protocolo al que determinó como “un proceso comunicativo” y un “aliado de primer orden” en la organización. 

La intervención de Adriana Flores (Países Bajos) “La importancia de desarrollar habilidades de mentalidad global en los negocios” empezó diciendo que “todos tenemos capacidades y especialidades únicas. Es imprescindible desarrollar competencias de mentalidad global. Los hombres de negocios deben prepararse para tatar con empresarios, embajadores, etc. Por eso es vital dominar el protocolo empresarial y diplomático y la etiqueta social en función de la composición cultural de cada país”. 

Destacó la pertinencia de conocer los códigos de vestimenta y otros componentes en nuestra interacción profesional. La comunicación verbal y no verbal es esencial para lograr una forma de pensar, al igual que los regalos. En este último influyen factores éticos y culturales. “El arte en la mesa es muy importante para crear una mentalidad global”. Recalcó la connotación de tener una interacción efectiva en función de factores culturales. Sugirió conocer la etiqueta para ofrecer un comportamiento profesional. Esto posibilita conquistar nuevos mercados, extenderlos comercialmente y tener confianza en sí mismo. “Serás el mejor embajador en tu país y en todo el mundo”, sentenció. 

Para finalizar, en mi ponencia “La escritura como instrumento de persuasión”, describí la envergadura del artículo de opinión como el género periodístico más empleado por quienes no siendo periodistas desean comunicar, reflexionar y brindar sus aportes en las materias de su especialidad. Hice un recuento de los pasos a seguir para elaborar un texto que reúna las características inherentes con esta variedad y expliqué mi experiencia. 

Enfaticé la inequívoca fuente de inspiración que me ha llevado, desde hace varias décadas, al ejercicio de esta actividad que consiste en “arrojar semillas, sembrar inquietudes, aportar soluciones, motivar un cambio de actitud, incentivar debates, denunciar actuaciones sórdidas, llamar la atención sobre hechos lesivos, promover la difusión de valores, afirmar convicciones y dar a conocer mis antojadizos y subjetivos puntos de vista”. 

Por su parte, la sesión en inglés contó con las intervenciones de Eric Muhia (Kenia) con el tema “Historia y arte regalar en la diplomacia”; Renita Jackson (Estados Unidos), “Protocolo de conflicto”; Jorge Prado (Perú) “Protocolo corporativo”; Kruti Shah (India) “Cómo caminar, hablar y comportarse en el mundo”; Luciano Caianda, (Angola) “La visión global del protocolo”.

Un encuentro enriquecido con una diversidad de cuestiones de actualidad y significación para la mejor comprensión del protocolo y sus alcances en el escenario empresarial. Anhelo que sean muchos más los aniversarios de este representativo y plural espacio informativo que contribuye a un invalorable proceso de integración, conocimiento y encuentro de aspiraciones colectivas.

lunes, 27 de junio de 2022

Importancia y tips de ética profesional

En ocasiones escuchamos decir “debe actuar con ética”, “qué falta de ética” o “esto no es ético”, entre un sinnúmero de aseveraciones concernientes al apremio de su incorporación en el quehacer laboral. Sin embargo, lo obvio para unos, esquiva serlo para todos. Lograr su plena vigencia demanda explícitas condiciones que, a mi parecer, eluden enmarcar el quehacer empresarial de innumerables hombres y mujeres. 

La ética involucra incluir un conjunto de normas que indican cómo desenvolvernos para asegurar un desempeño digno. Permite demostrar actitudes y hábitos concordantes con los valores corporativos de la organización y que, además, deben ser sostenibles en el tiempo. Por lo tanto, estamos refiriéndonos a los principios que cada uno de nosotros opta para orientar sus acciones y decisiones. 

Proceder con ética no es imposible, ni una abstracción. Demanda probada autoestima, lucidez para tomar determinaciones -no siempre bienvenidas y aceptadas- y preceptos sólidamente posesionados; debemos integrar estos elementos de manera inequívoca. En nombre del “pragmatismo” se pretende, en sinnúmero de circunstancias, colocar entre paréntesis la ética. También, consideremos que la voluntad, acuerdo o presión de la mayoría no implica una decisión correcta. De allí la enorme importancia de proceder, en toda coyuntura, con independencia y distantes de injerencias ajenas. 

Tampoco busquemos refugiarnos en el obrar del resto para justificarnos. Actuemos con individualidad, declinemos recurrir a cualquiera de las variadas formas de “desconexión moral” para minimizar o amparar nuestras posturas. La ética exige autonomía, firmeza, convicción y coraje. Será inaplicable en seres temerosos, titubeantes, asustadizos y pusilánimes. ¡Recuerde! 

El ambiente laboral viabiliza darnos cuenta de las dificultades e incomprensiones acerca de su implementación o de su coincidencia con las políticas corporativas. No obstante, ésta realza la imagen, otorga credibilidad y brinda prestigio. Es una magnífica carta de presentación y representa un valor agregado. En síntesis, desplegará nuevas oportunidades y realizaciones. 

Seguidamente explico varias recomendaciones prácticas, más allá de nuestra jerarquía, para el ámbito de trabajo. Se trata, únicamente, de reflexiones y sugerencias, asociadas a las buenas prácticas empresariales, cuya valía dependerá de la solvencia y convencimiento para interpretar sin ambigüedades la obligada transcendencia de la ética.

Haga de la transparencia un estilo de actuación. Ésta forma parte de un círculo virtuoso destinado a promover la confianza y, por lo tanto, la creación de una convivencia que facilitará una reciprocidad llevadera con sus colaboradores, clientes, proveedores, etc. Asimismo, concibe un espacio de mayor acercamiento para los negocios. 

Practique la lealtad. Es uno de los valores más estimados por su vasta repercusión; será una indudable manifestación de su pleno espíritu de identidad y compromiso con la organización. Es difícil es un medio colmado de tentaciones, traiciones y efímeras fidelidades. 

Proceda con discreción. Guarde absoluta reserva aun cuando no sean tópicos confidenciales. La mesura facilitará hacerlo merecedor de consideración. Sea dueño de su silencio, en lugar de esclavo de las palabras expuestas en momentos de imprudencia. Esta cualidad puede asegurar su estabilidad laboral. 

Asuma la tolerancia como expresión de sus habilidades blandas. Sea capaz de forjar una interacción saludable con quienes, por motivaciones religiosas, sociales, ideológicas, sexuales, etc., tienen puntos de vista opuestos a los suyos. Aplique la empatía y acepte las diferencias humanas. Las discrepancias nos proveen de aprendizajes, aportes y connotaciones positivas. 

Sea coherente entre lo que piensa, siente, dice y hace. Propóngase realizar este ejercicio de decencia escaso en un contexto dominado por intereses, cálculos y oportunismos. Tenga el pudor de comunicar lo que concibe -guardando adecuada corrección y tino- y decline declarar lo que otros desean escuchar. Obvie comentarios aduladores o cómplices. Esta penosa usanza está normalizada en las reuniones de profesores maquilladas por la sumisión, la apatía y el sórdido mutis. 

Ejerza el respeto como factor de integración. El reconocimiento de los derechos del prójimo, la buena educación y la amabilidad distingue, abre puertas, realza la personalidad, genera un óptimo espacio para el entendimiento. Hará más agradable la conexión con sus semejantes y contribuirá al excelso clima de trabajo. 

Nuestro desempeño evidencia nuestros valores y directrices y, especialmente, revela la genuina dimensión de nuestra ética. Tengamos el indisoluble convencimiento de interiorizarla como una luz inspiradora y esperanzadora, a pesar de las oscuridades, obstáculos y desidias que enfrentamos. Evoco con ilusión las palabras del célebre escritor australiano Morris West: “El ejemplo es la lección que todos los hombres podemos leer”.

lunes, 30 de mayo de 2022

Visitas de Estado en el Perú

En ocasiones escuchamos a los comunicadores sociales y analistas aseveraciones como “visita de Estado”, “visita oficial” o “visita de trabajo” en alusión a la estadía de un mandatario en nuestro país. Al respecto, es conveniente esclarecer las diferencias, entre cada una de estas denominaciones, en concordancia en las disposiciones legales imperantes. 

Quiero comenzar reiterando, como en anteriores escritos, la importancia que las instancias del gobierno ofrezcan información, capacitación y orientación adecuada a los periodistas a fin de asegurar el empleo correcto de los términos y, además, los ilustren acerca de la aplicación del protocolo y el ceremonial. De esta manera, su labor se enmarcaría dentro de un rigor profesional más exacto. 

Hay que anotar la existencia de supuestos expertos que, ansiosos de una expectante contratación laboral, generan confusión en ciertos sectores de la sociedad con el sobrecargado uso del vocablo “protocolo”. Es lamentable percibir la inopia, improvisación y ansias de posesionarse a partir de valerse de innegables desconocimientos. Este aporte está inspirado en la necesidad de coadyuvar a esclarecer esta temática. 

Concluidas éstas dos observaciones, empecemos. Todos los detalles están contenidos en el Ceremonial del Estado y Ceremonial Regional (Decreto Supremo 096-2005-RE), promulgado durante la administración del presidente Alejandro Toledo Manrique el 2 de diciembre de 2005, que “incluye las normas de estilo aplicables en la relación con los demás Estados de la Comunidad Internacional” (artículo1) y que utilizaré como elemento de sustentación jurídica. 

Se denominan “visitas de Estado” a la realizadas por un jefe de Estado por invitación del presidente peruano o iniciativa propia del dignatario extranjero. La agenda será acordada con su representación diplomática por el Ministerio de Relaciones Exteriores Por su parte, el artículo 22 anota que “al arribar la nave del ilustre dignatario tanto el Embajador como el Director Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado ingresarán a la misma, para saludarlo e invitarlo a descender, acompañándolo al encuentro con el Presidente de la República o su representante”. 

Ésta comprende, principalmente, las siguientes actividades: colocación de ofrenda floral en el monumento a los Próceres y Precursores de la Independencia; saludo a los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; visita al alcalde de la ciudad de Lima y declaración de Huésped Ilustre; banquete en el Gran Comedor de Palacio de Gobierno; firma de convenios y/o declaración conjunta; condecoración con la Orden “El Sol del Perú”, en el Grado de Gran Cruz, el más alto galardón del Estado Peruano instituido por el “Protector de la Libertad del Perú” José de San Martín (1821). Como se puede apreciar están reservadas para un primer mandatario. 

Las “visitas oficiales” tienen varias similitudes con la anterior e incluyen a otras autoridades. En tal sentido, el artículo 18 se refiere a las “que realizan los Jefes de Estado, los Jefes de Gobierno, los Príncipes herederos de casas reinantes, los presidentes de Poderes Públicos, los Ministros de Relaciones Exteriores y Ministros de Estado, por invitación del Presidente de la República, del Ministro de Relaciones Exteriores u otra autoridad de jerarquía equivalente en nuestro país y que tiene un fin oficial específico”. Este es el caso de las invitaciones formuladas para la asunción presidencial cada cinco años. 

De acuerdo al artículo 23 “en caso que el Jefe de Estado visitante llegue en horas que no corresponden honores militares según el artículo 36 del presente ceremonial, el mandatario extranjero será recibido por el Corredor de Honor dispuesto para la ocasión. En este caso, los honores militares correspondientes a su alta investidura serán rendidos en Palacio de Gobierno”. En consecuencia, conforme al artículo 36, los tributos castrenses se “rendirán únicamente entre los ocho (08.00) horas y las dieciocho (18.00) horas”, coincidente con el horario en que continúa izado el pabellón nacional. Recordemos la trilogía imperante en el protocolo oficial: bandera, escudo e himno. 

Este precepto estipula que cuando el visitante llegue acompañado de su cónyuge, la autoridad nacional deberá concurrir con su esposa a recibirla. De la misma forma, es usual el intercambio de regalos, entre el invitado y el anfitrión, que tienen un componente amistoso, cultural e histórico. Contendrán criterios de pertinencia, presupuestos, entre otros. Es imprescindible delimitarlos a fin de impedir distorsiones a su intención y significado; éstos transmiten mensajes inherentes al enrevesado arte de la política y los enlaces diplomáticos. 

Las “visitas de trabajo” son hechas por mandatarios o jefes de gobierno, ministros de Relaciones Exteriores u otra autoridad de igual jerarquía en el Perú para tratar asuntos que requieren una estadía breve. La Cancillería tiene a su cargo los contactos con su delegación diplomática y, además, la calificación de la visita será determinada por su Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado. 

Finalmente, debemos considerar las “visitas privadas” que hace referencia a la presencia de un mandatario por motivaciones estrictamente personales. El artículo 31 precisa: “…La Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado coordinará con la respectiva Misión Diplomática su desarrollo y le ofrecerá las cortesías y deferencias propias a la alta investidura del visitante mientras dure su permanencia en el territorio nacional”.

Hace unos meses innumerables medios periodísticos e integrantes de la clase política cuestionaron los tratos brindadas por el gobierno del presidente Pedro Castillo Terrones al expresidente boliviano Evo Morales Ayma, durante su estancia en nuestra patria. Incluso la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de la República lo declaró “persona no grata”. 

Sobre el particular y en el afán de formular un análisis objetivo conviene percatarnos de lo anotado en el artículo 29: “En el caso de visita oficial de altas autoridades o personalidad extranjeras que no sean Jefes de Estado ni de Gobierno, la Dirección Nacional de Protocolo y Ceremonial del Estado coordinará y/o ejecutará el ceremonial que corresponda”. Al mismo tiempo, el artículo 33 indica que los actos de “cortesía de carácter internacional” estarán sujetos al principio de reciprocidad. 

Los tratamientos recibidos se ajustaron, de forma impecable e incuestionable, a lo aludido en nuestra legislación. Es habitual que un expresidente de la república tenga algunas deferencias concordantes con la investidura ejercida. Más allá de consideraciones incoherentes, se trató de gestos de amabilidad frecuentes. En múltiples circunstancias se crean erradas interpretaciones acerca de estas primordiales atenciones. Debe evitarse la interferencia del componente político en la siempre ponderada, asertiva y discreta práctica del protocolo. 

El ejercicio de la diplomacia presidencial ha convertido a los jefes de Estado y de gobierno en categóricos protagonistas directos de las relaciones internacionales. Su participación se ha acentuado en América Latina como expresión de un nuevo modelo de vínculo entre los países. Desde la década de 1990 se ha ido consolidando y constituye el eje permanente de la voluntad integracionista. De allí la trascendencia de abordar esta insoslayable cuestión que adquiere, en los momentos actuales, mayor valía con la finalidad de soslayar omitir la connotación del protocolo como código de comunicación y acercamiento entre las naciones. 

Por ende, coincido con lo asegurado por los investigadores José Vázquez Godina y Salvador González Cruz, de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), en su documentado ensayo “El Estado y las Relaciones Internacionales”: “Las relaciones internacionales aparecen como fenómeno y ciencia y que esta última utiliza una descripción, conceptualización y una teoría para poder explicar las causas del fenómeno internacional. El estudio de las relaciones internacionales inicia con el conocimiento de Estado y Soberanía ya que de aquí parte el interés de los Estados por participar en el sistema internacional”.

jueves, 24 de marzo de 2022

Reflexiones y tips de buen comportamiento

Con frecuencia escuchamos, en personas de variadas edades y actividades, unas cuantas de las siguientes frases para pretender justificar sus deficientes modales: “yo soy así”, “estoy estresado”, “así me pongo en momentos de tensión”, “que no se metan conmigo”, “la etiqueta social son cosas del pasado”, etc. Podría continuar formulando un listado de las aseveraciones empleadas.

Sin embargo, debo subrayar lo que, al parecer, desconocen o rehúyen analizar múltiples hombres y mujeres. El comportamiento trasluce la vigencia del respeto, la tolerancia y el diálogo; fortalece la disposición del lazo humano y, por lo tanto, de la convivencia; realza la personalidad; fomenta una percepción favorable; enaltece el perfil profesional y constituye una excelente carta de presentación.

¿Por qué es difícil observar una correcta actuación?  Son abundantes las motivaciones que influyen en el cada vez más deteriorado y lacerante clima de coexistencia colectiva. Factores como las habilidades blandas, la educación, la cultural, el entorno, entre otros, explican -más no apoyar- lo acontecido.

A mi parecer, es incongruente continuar inmensos en la “zona de confort” -cruzados de brazos, distantes e indolentes- y desde allí cuestionar esta dramática realidad que afecta el bienestar, la salud emocional, la armonía y el discernimiento entre seres pensantes. Debemos actuar; sí, debemos actuar en nuestro campo de desenvolvimiento.

En tal sentido, comparto concisos y específicos aportes enfocados a lograr una conducta acertada. No se requiere recurrir a un “manual” o “curso” de etiqueta social, tampoco pretender conducirse de forma rígida, inflexible y superficial. Solamente se exhorta utilizar el criterio, el sentido común y la convicción de adjudicarnos una papel diferente, cualitativo y positivo encaminado a una saludable conexión entre hombres y mujeres. ¡Empecemos!

Puntualidad. Aplicar esta regla de oro es sinónimo de finura, organización y disciplina. Sugiero emplear los medios tecnológicos y, especialmente, su celular para calcular tiempos, distancias, tráfico vehicular y convertirla en una cultura particular. Su práctica puede beneficiarlo en el quehacer corporativo y, por cierto, genera atención y seguridad.

Saludo. Es el primer suceso establecido en la correlación humana -por efímera que sea- y, además, describe la inteligencia interpersonal. Tenga en cuenta: mire a los ojos, sonría, extienda la mano con seguridad (según el caso) y trasmita un mensaje oral agradable. Son pautas altamente propicias para generar una afable impresión. Hágalo con un ademán cálido que refleje su educación. El caballero deberá inhíbase de jalar el brazo de la dama para darle un “beso” en la mejilla que ésta no ha autorizado. Conozco un sinfín de caballeros, incluyendo maestros de ceremonias y asesores en protocolo y afines, con esa incómoda e irrespetuosa manía.

Discreción. Renuncie a la pegajosa costumbre de formular preguntas o comentarios personales. Son lamentables las habladurías acerca de pormenores sentimentales, enfermedades, desgracias y averiguaciones privadas. Guardar silencio es inherente en un ser mesurado y una hazaña en una comunidad inelegante e impertinente. Asumir un talante reservado inspira confianza. No olvide: “La prudencia se detiene, donde la ignorancia ingresa”.

Autocontrol. Es imperativo ocuparnos de la empatía y la afamada inteligencia emocional con el propósito de controlar reacciones inadecuadas; muestre madurez, ponderación y equilibrio. Lecturas, capacitaciones y ciertas actividades contribuyen a desarrollar esta capacidad impostergable en períodos de aguda confrontación y desencuentros. Evite impulsos acalorados, subidos de tono y agresivos: administre sus intransigencias.

Celular. Es una herramienta de comunicación importante, no un juguete para lucir en público. Jamás se pone en la mesa como cubierto; póngalo en silencio en lugares cerrados; obvie contestar sin antes pedir permiso y retirarse; úselo con cautela. Absténgase de atender sus redes sociales mientras sostiene una conversación, se interpretará como un gesto de descortesía. Miro esta censurable rutina en autodenominados “expertos” en urbanidad desesperados por atender a la supuesta novia. Rebélese ante la actual inopia y resignación masiva que enfrentamos.

Dejar en visto. De este germen nadie se salva. Es un mal que se caracteriza por su rápida y masiva propalación en épocas de apremios e indelicadezas. Podría resolverse a partir de transparentar los instantes en que está enlazado con los medios virtuales; eluda colocar todo el tiempo “conectado”. Así informa los momentos de disponibilidad. Responda con inmediatez dentro de las siguientes 24 horas.

Imagen personal. Es una afirmación de autovaloración y consideración: cuide su vestimenta, aseo y arreglo individual. La apariencia y el atuendo retratan su estado anímico; son códigos significativos de su concepto de sí mismo. Puede ser determinante para abrirle o cerrarle puertas en su conexión empresarial. Esto me trae a la memoria a un fingido “especialista” protocolar que acude en buzo a trabajar a una empresa consagrada a la planificación de graduaciones universitarias.

Consumo de alimentos. Su actuación lo expone más de lo imaginado. Prescinda sentarse cuando esté aquejado por una enfermedad; realice un saludo general cuando los invitados están en sus asientos; esquive interrogar al que declina beber o saborear algo de lo ofrecido; entable charlas atractivas; no se retire al menos que sea urgente; el anfitrión es el primero en comenzar a comer; los asistentes se ubicarán en los sitios indicados por quien preside el encuentro, no pretenda hacerlo junto a quien usted desea como intentan seres con pobres habilidades sociales y exiguo mundo. Aconsejo portarse con tino.

Visitas. Nunca se hacen, incluso a allegados de confianza, sin antes anunciarse mediante una llamada telefónica o por algún otro medio; menos en las horas de los alimentos. Si es un suceso urgente permanezca el tiempo atinado y sortee poner en aprietos a los dueños de casa. Eso me recuerda a familiares y amigos -próximos a mi domicilio- que durante muchos años han incomodado, a mis padres y a mí, con su improperio y distorsionada interpretación del estrecho vínculo existente. Todavía debo enfrentar en ciertas coyunturas esta desprovista manifestación de educación y sensatez.

“Gracias” y “Por favor”. Son expresiones de elevada performance. Es poco usual; no obstante, esta espontánea y sincera usanza lo diferenciará en tan fecundo océano de agrestes costumbres. Constituyen términos seductores, explícitos de su óptima formación y hacen grata nuestra alternancia. Comience a usarlos en su diálogo cotidiano.

Valores. Componen una guía orientadora de nuestras obras en la vida. Poseer una sólida estructura moral definida, entre otros, por la solidaridad, la honradez, la lealtad y la tolerancia, enaltecen la conducta. Aconsejo interiorizarlos con coherencia, dignidad y convertirlos en una de las columnas que prescriba sus actos e inspire su porvenir.

Aprendamos a sostener un trato recíproco sin distinción de estatus, estados anímicos, jerarquías, edades o procedencias. De allí que, reitero, ello implica un mínimo de amplitud crítica y reflexiva para eludir reclamar lo que soslayamos dar al semejante. Seamos equitativos, justos y mutuos. Atesoremos como preponderante objetivo “humanizar” el espacio en el que interactuamos…¿Qué opina?

Probablemente este propósito exige renunciar a esa postura egoísta, apática, frívola e insensible. ¿Qué le parece si comenzamos a corresponder al prójimo como desearíamos ser tratados? ¿No sería un gesto de nobleza y justicia? En cada uno de nosotros está el hermoso, imperioso e impostergable desafío de erigir una mejor sociedad. Todos estamos obligados a demostrar genuina entrega, dimensión humana y probados principios. ¡Piénselo!

miércoles, 23 de marzo de 2022

¿En qué consiste un artículo de opinión?

En el periodismo escrito el “género de opinión” es uno de los más recurrentes y al que muchos apelamos en el afán de exponer una determinada trama específica. Dentro de este contexto, existe el denominado “artículo de opinión” a cuyas características, ventajas y pormenores quiero referirme.

En esta variedad periodística el autor manifiesta su posición sobre puntos de disímil    actualidad. El encargado de su redacción no obligatoriamente es periodista; con frecuencia es un experto con relevancia en el ámbito académico, social, económico y cultural. Conviene indicar que debe enfrentarse las limitaciones impuestas en relación a su extensión: cada medio establece sus pautas.

Tiene insoslayable importancia contar con explicaciones cualitativas orientadas a reforzar las apreciaciones reveladas. Observo con preocupación “artículo de opinión” con abundante información, pero ausentes del criterio de quien lo firma. También, compruebo lo contrario: textos con un sentir huérfano de componentes argumentativos, etc.

En tal sentido, reitero: no consiste en incorporar amplias, desordenadas y prodigiosas indagaciones. Debe exhibir una secuencia convincente acorde a la estructura previamente definida. Evadamos improvisar, colocar ideas alejadas de la coherencia temática, invocar a oraciones comunes e insertar términos altamente individuales y emocionales en perjuicio de la credibilidad.

El “artículo de opinión” posee una introducción, que detalle lo más sobresaliente de manera concisa, para situar al lector en el campo a tratar; un cuerpo, que desarrolla el análisis con fundamentos y ejemplos y, por último, una conclusión o resumen: puede contener una síntesis o una frase invitando a la reflexión. Sugiero recurrir, en el afán de otorgar calidad expositiva, a casuísticas, datos, expresiones y sátiras. Esta última hay que aprovecharla con prudencia, no todos tienen la solvencia e ilustración para entender su significado.

Esta clase de contenidos, insisto, esquiva plantear imperiosamente asuntos de inmediata vigencia. Pero, deberá abordar innegables cuestiones de interés general de las más diversas áreas. Su creador tiene la libertad, dependiendo la pluralidad de la empresa, de exhibir una visión alineada o discrepante con el medio; es necesario elegir un título original, breve y que suscité atención; está dirigido a una audiencia, no precisamente fascinada en una materia; presenta una mirada enfilada a despertar un juicio analítico.

El “artículo de opinión” es publicado habitualmente en la página editorial o de opinión. Aunque puede colocarse en el espacio definido por el editor o jefe de redacción; con asiduidad se cuenta con una amplitud de colaboradores, cuyos escritos salen a la luz en de acuerdo a la coyuntura. Se diferencia de un columnista por carecer de fecha exacta y lugar de aparición.

A partir de mi experiencia quiero relatar cómo empieza todo. Apunto en mi pequeña libreta algo de aparente utilidad que escucho, veo, converso o experimento. Esa acotación puede soslayar poseer trascendencia o tal vez marque el punto de partida. Seguidamente, me pregunto acerca de su atracción y oportunidad y, con especial énfasis, de mi conocimiento. En ese aspecto declino involucrarme en tópicos ajenos a mi dominio. Cuando decido embarcarme en su escritura, confecciono un mapa conceptual, investigo e incluso platico con personas cuyos alcances serán bienvenidos.

En infinidad de situaciones me acompañan miedos e incertidumbres. Rehúyo asumir con facilidad el empeño de estar frente a la vibrante posibilidad de influir, con mis aportes, subjetividades y afirmaciones, en el público al que presento cada contribución con espíritu punzante y pedagógico. Éste responde siempre a mi intención de lograr superar al anterior, pero nunca mejor al que todavía tengo pendiente anotar. Esta aventura me sumerge en un océano de gozo, producción, atrevimiento y satisfacción.

Mención aparte merece el disciplinado proceso de corrección. Este paso está encaminado no solo a enmendar omisiones, matices gramaticales e incluye una revisión, desde una perspectiva serena, de su construcción, enfoque y contenido. En ocasiones someto el borrador final a la observación de quien podría brindarme una mirada más acuciosa. Si es alguien desvinculado de lo abordado, se hace más enriquecedor el contraste de pareceres.

Es insoslayable dedicar un tiempo para su elaboración y evaluación. No puedo, ni debo -bajo ninguna circunstancia- incurrir en el apresuramiento. Este cometido exige conexión con las ideas y, además, lucidez para renunciar a cualquier intranquilidad e impaciencia. La creación tiene sus etapas y estimo que, quienes estamos inmersos en este quehacer, debemos disfrutar de cada una sin apremios.

Dependiendo el mensaje desarrollado es indispensable que el “artículo de opinión” refleje, sin disimulo ni ambivalencias, mis valores, ideales, posturas e ilusiones. Me esfuerzo en traslucir mi identidad, con todo lo que conlleva. Considero un imperativo ético y, por lo tanto, un gesto de autenticidad por encima de su aceptación en términos personales e intelectuales.

Concluyo compartiendo una revelación -en relación a los motivaciones que me infunden escribir- expuesta en mi nota “Tres décadas esparciendo semillas” (2015): “…Es una manifestación de disconformidad y sublevación frente a una comunidad lacerada por la indiferencia, la apatía, la mediocridad, el egoísmo transformado en un estilo de subsistencia, la falta de identidad corporativa, la escasa o nula habilidad crítica y, en consecuencia, una acentuada incapacidad para cuestionar un conjunto de comportamientos que bloquean nuestra cohesión social”.

Este hermoso proceso de reaprendizaje me alienta a redescubrir la enorme valía de emplear la palabra como elemento de educación, persuasión, cavilación y aliciente en la transmisión de un mensaje con el anhelo de agitar conciencias, estimular cambios, incitar ilusiones, sembrar reacciones colectivas y reorientar conductas. Me complace evocar los vocablos de Miguel de Cervantes y Saavedra, una de las máximas figuras de la literatura española: “La pluma es la lengua del alma”.