jueves, 29 de diciembre de 2022

Qatar: Protocolo, educación y convivencia deportiva

En esta ocasión me referiré a ciertos episodios y desencuentros en la Copa Mundial de Fútbol de 2022, celebrada en Qatar. Sin duda, se trató de un encuentro caracterizado por estar rodeado de controversias ajenas al deporte que, además, motivaron insistentes críticas de espectadores y de la prensa internacional. 

Su imponente clausura se realizó en el Estadio Lusail -ubicado a unos 15 kilómetros al norte de Doha (capital de Qatar)- el de mayor tamaño de todo el Mundial. En este acto se exhibieron con realce las majestuosas manifestaciones inherentes a la multiculturalidad del país anfitrión. Todo ello, ofreció esplendor y simbolismos. 

Uno de los gestos más visible se produjo al colocar al capitán de la Selección Argentina Lionel Andrés Messi Cuccittini, conocido como Leo Messi, la capa negra denominada ‘Bisht’ -emblema de prestigio en la nación árabe- que representa la realeza, el estilo y elegancia. Es utilizada en circunstancias especiales y está elaborada con lana de cabra y pelo de camello; los bordes llevan hilo de oro y es bordada por artesanos. 

“Es una ropa oficial nuestra. Siempre ponemos eso para compromisos importantes y celebrar los momentos importantes en nuestra vida”, dijo Hassan Al Thawadi, secretario general del Comité Supremo para la Organización y el Legado de Qatar 2022.  Este suceso coincidió con el Día Nacional de Qatar (18 de diciembre), en el que se conmemora la unificación del país (1878) y marca la fecha en que el jeque Jassim Bin Mohammad Bin Thani sucedió a su padre como líder de sus tribus. 

Sin embargo, existieron situaciones incómodas, inelegantes e incluso comportamientos agraviantes, discriminatorios y ausentes de respeto, advertidos por millones de personas. El desaire de un jeque a una árbitra al rechazar dar la mano cuando Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le entregó la medalla. Los dos lo mantuvieron un embarazoso y simple movimiento de cabeza. La brasileña Neuza Back era una de las seis colegiadas de este Mundial. 

Lo acontecido con Damián Emiliano 'Dibu' Martínez, el afamado portero argentino autor de otros desatinos. Al recibir el "Guante de Oro" -como el mejor arquero de este certamen- su respuesta ofensiva e inapropiada de llevarse el trofeo a los genitales empañó una impecable victoria. En momentos de triunfo corresponde acreditar humildad, sobriedad y respeto. Deplorable la actuación de un personaje visto por muchos con admiración. Un ser humano al constituirse en inspiración profesional debe serlo en todo ámbito, tiempo y lugar. Más aún cuando es un referente -por su constancia, esfuerzo y entrega- para las nuevas generaciones. 

Por su parte, la Federación Francesa de Fútbol (FFF) anunció que denunciará los insultos racistas proferidos en las redes sociales contra sus integrantes tras la derrota en el último partido del Mundial. Coman, Tchouamení y Kolo Muani han sido los principales afectados. Los innumerables comentarios indujeron a determinados futbolistas a bloquear lo escrito en sus publicaciones. 

Es sabido que la inmensa mayoría de quienes se dedican a este deporte carecen de formación académica u óptima educación y provienen de sectores socioeconómicos colmados de privaciones. De modo que, la súbita llegada de la fama y de un elevado estatus económico produce un vértigo de frivolidades y patéticas revelaciones de supremacía. Es pertinente considerar que, más allá de esas visibles insuficiencias, son percibidos como prototipos por vastas esferas de la sociedad. 

Han sido cuantiosos las usanzas violentas y la exigua tolerancia, vividas en la Copa Mundial de Fútbol de 2022, protagonizados por disímiles hinchas y jugadores. La precaria inteligencia emocional y los afiebrados procederes estuvieron en sus más altos “decibeles”. Lo acontecido me trae a la memoria una frase del insigne escritor argentino Jorge Luis Borges: “El fútbol despierta las peores pasiones”. Acertó este prodigioso y fascinante exponente de la literatura universal. 

Se han evidenciado sentimientos de fanatismo, antagonismos nada racionales y expresiones reveladoras de la incapacidad para convivir con el eventual adversario. Deploro que el balompié sea en reiteradas coyunturas un medio para canalizar conductas erradas, hostiles y poner al descubierto lacerantes penurias humanas. Asimismo, lamento que cualquier reproche a los miembros del equipo preferido sean dilucidadas como sinónimo de enemistad: una inadmisible y limitada forma de interpretar legítimas convicciones nacionalistas. Al parecer, para infinitos exaltados estas figuras son una congregación de “apóstoles”, cuyos usos y costumbres son inadmisibles de discutir. 

Reflexión final: los líderes deportivos albergan genuinos seguidores. De allí la ineludible necesidad de ser conscientes que sus acciones están expuestas a la observación pública. Ello no implica estudiar un curso de etiqueta social y protocolo; únicamente es imperativo mostrar mínima prudencia, elemental madurez, sensatez y corrección. Les concierne poseer habilidades blandas e inteligencia corporal. 

Rindo mi legítimo homenaje al prístino testimonio de vida del auténtico, deslumbrante e impecable ídolo futbolístico brasileño Edson Arantes do Nascimento (Pelé) -jamás involucrado en altercados, modales soberbios o prácticas altisonantes y, especialmente, depositario de una biografía propia de un hombre de bien, digno y coherente- y comparto dos de sus lúcidas aseveraciones: “Si marqué la diferencia fue gracias a mi educación y mi base familiar, por eso nunca estuve envuelto en escándalos” y “Las reglas del fútbol son una educación: iguales y justas para todos”.

lunes, 21 de noviembre de 2022

El maravilloso encanto de la lectura

La lectura es uno de los quehaceres más enriquecedores que logramos experimentar. Etimológicamente “leer” viene del verbo latino «legere» que significa «coger»; consiste en descifrar un mensaje y comprender lo que está escondido tras unos signos exteriores. Es decir, desentrañar y descubrir. Facilita conducirnos a un universo infinitamente profuso y, además, hace posible explorar escenarios insólitos e impredecibles. 

No obstante, en algunos sectores la población, su práctica disminuye debido a múltiples causas: apremios cotidianos, elevados costos de la industria editorial, falta de tiempo, uso masivo de las redes sociales, ausencia de real interés y valoración, etc. Todavía subsisten quienes la consideran una actividad compleja, aburrida y carente de trascendencia. 

A mi parecer, existe un grado de responsabilidad en el entorno más íntimo: la familia, las que evaden su incorporación en sus aspiraciones de crecimiento. “Dime como es tu biblioteca y te diré quién eres”, es una expresión que me recuerda cuando intento -incontables veces en vano- comentar acerca de su repercusión. Sin duda, ésta es el “espejo” de las ambiciones intelectuales de un hogar. 

Aquellos padres ajenos y apáticos a la lectura están desprovistos para sostener conversaciones lúcidas, interesantes y documentadas conducentes a ilustrar a sus hijos. Una situación análoga sucede cuando -entre incluso personas de elevado estatus académico- las tertulias están referidas a tópicos económicos, problemas íntimos, familiares, enfermedades y pormenores laborales. En tal sentido, podemos verificar su omisión entre quienes participan solamente de domésticas, intrascendentes y limitadas pláticas. 

El genial literato Jorge Luis Borges decía: “He leído mucho, pero he vivido poco”. Según afirmó el autor de “Aleph” esta expresión corresponde cuando tenía 30 años de edad. Tiempo después descubrió -a pesar de su ceguera- que la lectura era una forma de existir intensamente y, en la tarde de su vida, concluyó que había vivido bastante. 

Por su parte, la escritora Carmen Lomas Pastor, en su obra “Hogar familiar” señala: “…La lectura tiene una gran importancia en el proceso de desarrollo y maduración de los niños. Proporciona cultura, desarrolla el sentido estético, actúa sobre la formación de la personalidad, es fuente de recreación y de gozo. Constituye un vehículo para el aprendizaje, para el desarrollo de la inteligencia, para la adquisición de cultura y para la educación de la voluntad”. Representa una forma atrayente y profunda de involucrarnos con nuestro mundo interno y nuestra realidad.

Abarca el desenvolvimiento de insospechadas capacidades: contribuye a perfeccionar el lenguaje oral y escrito al incrementar el vocabulario y afinar la ortografía; acrecienta y alienta las relaciones interpersonales; facilita la exposición del propio pensamiento y viabiliza la facultad de desplegar el juicio crítico; activa las funciones mentales y agiliza la inteligencia; abre la imaginación y creatividad; aumenta el bagaje ilustrativo, proporciona información, sapiencia y expande el horizonte intelectual. 

Leer incorpora elementos favorables de utilidad en el ámbito individual y laboral y, especialmente, se tiene mayores recursos para alimentar períodos de reflexión y toma de decisiones. Exhibe un panorama más diverso que ennoblece nuestro pluralismo, espíritu de apertura y mejor entendimiento. Es una afición que envuelve, dignifica y comunica un deleite especial. 

Conlleva inmenso beneficio en la construcción espiritual, moral y pensante; coadyuva en la instauración de una colectividad de hombres y mujeres perspicaces; posibilita sentirse libre y disconforme; es un inestimable factor de sublevación de la conciencia e impulsa el análisis crítico. Su valía puede ayudarnos a forjar una comunidad distanciada de la manipulación, el engaño y la influencia sórdida. 

Al mismo tiempo afianza la tolerancia, la empatía y las destrezas sociales. Cumple una misión trascedente en el engrandecimiento de las habilidades blandas cada vez más requeridas en los procesos de colocación y evolución profesional. Es un medio para escapar de las presiones, frustraciones y desgracias y, por cierto, un estímulo terapéutico de formidable connotación. 

Qué duda cabe, los libros son nuestros eternos confidentes. A ellos recurrimos en momentos de soledad, indecisión y desasosiego; logran que permanezcan imborrables, en la retina de nuestras remembranzas más intensas, los personajes, autores, escenarios y vivencias que nos marcaron e impactaron. Son nuestros inseparables amigos, cómplices y acompañantes. 

Tenga en cuenta: la lectura es indispensable para superar carencias, incógnitas y vacíos. Darle valor será concluyente para alcanzar una sociedad revestidas de cualidades y valores encausados hacia una excelsa convivencia humana. Comparto lo aseverado por el Premio Nobel de Literatura (2010), el afamado Mario Vargas Llosa: “Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida”.

lunes, 17 de octubre de 2022

¿Qué es el Código de Ética?

Hace unos días se celebró en Lima el 52 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Gracias al impecable protocolo trabajado por este organismo, en coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, el encuentro fue exitoso y concluyó en importantes acuerdos. 

Sin embargo, una noticia vinculada a su secretario general, el abogado, diplomático y político uruguayo Luis Almagro Lemes -que trascendió en círculos noticiosos- coincidió con la clausura de este cónclave: supuestamente habría una “infracción al Código de Ética de la OEA, pues un integrante de esta organización no puede tener relación amorosa con una colega al punto de que esto interfiera en su labor o represente una desventaja para los demás trabajadores”, señaló la agencia Associatted Press (AP). 

Este asunto se conoció hace cierto tiempo a través del libro “Luis Almagro no pide perdón”, publicado en noviembre de 2020 por Gonzalo Ferreira y Martín Natalevich, en el que tanto el titular de la OEA y su novia, la politóloga mexicana y funcionaria de este organismo Marián Vidaurri, hablaron de su lazo sentimental. 

En tal sentido, es propicio referirme a la trascendencia del “Código de Ética”. Según César Vieira Cervera, autor de la obra “Código de Ética: Mucho más que buenas intenciones” (2015): “Constituye un documento que reúne un conjunto de principios o normas éticas que regulan los comportamientos de todos los que integran una organización, incluidos los directivos”.   

Es decir, guía las funciones o actividades de los individuos en su vínculo con las variadas audiencias (trabajadores, compradores, proveedores, comunidad, gobierno, medio ambiente, entre otros). Recomiendo realismo, concisión y claridad; explicar el por qué y para qué de cada norma; preponderar el bien común sobre los intereses personales. Aparte de encarnar un compromiso activo y permanente y, por lo tanto, una puesta en acción de los valores que permitan una sana convivencia. 

Es conveniente destacar los valores corporativos como factores destinados a propiciar cualidades internas y externas; ayudan a comprobar si van por el camino correcto para alcanzar sus metas y tienen vital trascendencia en la imagen institucional. Representan una especie de “columnas vertebrales” que compromete a todos sus colaboradores sin excepción. Es una de las fuentes principales de las que se nutre el “Código de Ética”. 

Convendría incluir principios representativos como la probidad, la prudencia, la justicia, la idoneidad, la responsabilidad, la legalidad, la veracidad, la discreción, la lealtad, la transparencia, la equidad, la independencia de criterio, la igualdad, la solidaridad, la eficiencia, el honor y la neutralidad. Son los que vienen a mi mente al momento de definir aquellos que están por encima de jerarquías o responsabilidades. 

Según la estructura orgánica de la empresa se asigna la oficina encargada de su elaboración. Puede ser compartida o tener injerencia el departamento de asuntos jurídicos en coordinación con Recursos Humanos. Del mismo modo, puede convocarse a una compañía consultora o experto independiente. Su diseño demanda conocer la visión, misión, valores y políticas, entre diferentes aspectos medulares. 

Su aplicación debe estar antecedida de un proceso de inducción, acompañamiento e incentivos. Es un documento sustancial en la medida que su validez sea transversal y su cumplimiento esté reflejado, con especial énfasis, en sus líderes con el afán de constituir modelos de actuación y evidenciar probidad y consistencia. Éstos deben exhibir la convicción sincera de incluir la ética en la marca y reputación corporativa. 

Aconsejo contar con una instancia -con frecuencia llamada Comité de Ética- comisionada para su acatamiento y resolución de consultas sobre el “Código de Ética”, que podrían integrar personalidades de renombre o estar a cargo de un área específica. De esta forma, promueve la difusión de lo establecido en el código; diseña planes de reforzamiento y capacitación; aconseja la suscripción de convenios; evalúa infracciones y propone medidas de perfeccionamiento; absuelve dudas de sus integrantes; formula advertencias para propiciar un desempeño alineado con los objetivos institucionales. 

¿Es lo mismo el “Código de Ética” y el “Código de Conducta”? Una diferencia fundamental es que el primero presenta los valores de forma general sin describir situaciones específicas o posibles sanciones a sus trasgresores. Mientras el segundo instaura reglas concretas y, al mismo tiempo, precisa prohibiciones y castigos. En ocasiones se confunden o asumen como sinónimo. El primero es público; el segundo es interno y está inspirado en lo expuesto en el primero. Podríamos afirmar que el “Código de Conducta” reglamenta los enunciados globales del “Código de Ética”. 

Concurren indiscutibles avances en la concepción de la ética global. A partir de 1973, en el Tercer Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) se propuso un “Código de Ética” para la gestión empresarial. Posteriormente, en el Foro Económico Mundial (1999), el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Kofi Annan, planteó un Pacto Mundial basado en la responsabilidad pública, la transparencia y la defensa de los intereses empresariales, las entidades laborales y la sociedad civil para ejecutar medidas encauzadas al logro de sus principios.

Prevalece una inocultable diferencia en la forma como se concibe la ética. Tengamos presente que “está íntimamente ligada al desarrollo humano integral, refleja la biografía de la persona y el proceso de socialización por el cual ha atravesado y terminó moldeando un sistema de valores, actitudes y comportamientos”, refirió Carlos Darcourt Hurk en su documentada ponencia “Ética, Código de Ética y la Defensoría del Asegurado de Essalud” (2002). 

En el ámbito privado cada vez es más creciente su interés e implementación como un elemento encaminado a prestigiar, vislumbrar y otorgar realce al servicio o producto generado. Por lo tanto, fideliza, fortalece el clima laboral, atrae a los mejores profesionales, entre múltiples cualidades inherentes a su práctica. Va mucho más allá de evitar sucesos ilegales o contener disposiciones sancionadoras: contribuye a reforzar la vigencia de los valores y concebir estrategias que refuercen las conductas deseables para alcanzar el bienestar. 

No obstante, en el sector estatal persisten ostensibles silencios e incomodidades; se asume cómo una intromisión y subiste ausente empeño para su cabal vigencia. En síntesis, es espinosa, controvertida, atiborrada de desencuentros y vista como una “camisa de fuerza” que impone medidas que, además, están sometidas a la vigilancia colectiva. A pesar de los avances legales surgidos en los últimos años -en el caso peruano existe la Ley del Código de Ética de la Función Pública (Ley Nro. 27815, promulgada el 12 de agosto del 2002)- perduran reticencias sobre su plena incorporación. 

A nivel internacional la opinión pública ha logrado conocer sucesos referidos a corrupción, conflicto de intereses, negociación incompatible, entre otros, gracias a las disposiciones imperantes -inexistentes hasta hace algunas décadas- en la esfera del Estado. A ello conviene agregar el rol de las agrupaciones no gubernamentales, los medios de comunicación y de una población capaz de ejercer una ciudadanía alerta frente al papel de sus autoridades. La ética, como es obvio, pone en aprietos a quienes acceden a la función pública con la oscura intención de plasmar usanzas sórdidas. 

Soslayemos percibir el “Código de Ética” como un texto jurídico, barroco, improbable y distante de las más urgentes prioridades corporativas. Debe entenderse su valía con el propósito de afianzar un obrar digno y acorde a sólidos postulados y directrices. Quiero evocar las lúcidas palabras que me dedicó uno de los hombres más ilustres del siglo XX en el Perú, el insigne y recordado defensor del patrimonio ambiental Felipe Benavides Barreda (1917-1991): “Ética, como todo en la vida, es la mayor fuerza que tiene el hombre para defender la vida”.

domingo, 16 de octubre de 2022

¿Profesionalismo, ética y etiqueta social?

¿Qué entiende usted por “profesionalismo”? Implica cualidades por encima de meritorios títulos académicos, grados, especializaciones o habilidades duras. No obstante, en abundantes personas existe una visible y permanente confusión al respecto. Por esta razón, quiero reflexionar acerca de varios de sus componentes imprescindibles: la ética y la etiqueta social. 

Lo concibo como la forma de desarrollar ciertas ocupaciones contractuales dentro de un definido y sólido marco de valores. Es decir, va mucho más allá de cumplir una función asignada. Exige dedicación, mística, creatividad, coherencia e identificación. Se ve ampliamente reflejado en una actuación con elevadas e inequívocas condiciones de fidelidad y honestidad. 

Incluye las ineludibles pericias emocionales -encaminadas a establecer una óptima convivencia con sus pares, clientes y superiores- como la empatía, la tolerancia, la capacidad para superar situaciones de frustración, el autocontrol emocional, el temperamento, la buena relación interpersonal, el próspero trabajo en equipo, el arte de negociar escenarios de conflicto, la adaptabilidad y la resiliencia. Éstos son unos cuantos de los innumerables puntos a observar en quien espera obrar con genuino “profesionalismo”. 

Para los destacados investigadores, escritores y catedráticos cubanos Maribel Asín Cala y Daniel Fuentes Almaguer, “es un proceso social mediante el cual se mejoran habilidades con el propósito de hacerlas más competitivas en su profesión u oficio”. Por lo tanto, involucra virtudes de excepcional valía enfocadas al incremento de los estándares de desempeño y talento. 

Dentro de este contexto, concurre un estrecho e inequívoco lazo con la ética y las normas que definen a un profesional sin distinción de su jerarquía, actividad o del tamaño de la compañía. Es un punto central de partida en el quehacer corporativo; no está sujeto a transacción, ni condicionado a un manual o código; debe entenderse como una fortaleza en el ejercicio de cualquier función. 

Una vez más hago hincapié de lo expuesto con reincidencia a mis alumnos: rehuyamos concebir la ética con rigidez, inflexibilidad y apego reglamentario y, por lo tanto, como una materia que trunca la prosperidad en el mundo de los negocios. Todo lo contrario: se puede proceder con honestidad, transparencia, decencia y alcanzar el ansiado éxito. Son objetivos complementarios que generan confianza, realzan la imagen y crean valor agregado. 

Otra pieza de sustancial connotación es la etiqueta social, que demanda una postura tolerante, respetuosa y afable, con la finalidad de garantizar una interacción igualitaria e inclusiva con las personas. Conviene anotar aspectos tan básicos destinados a presentar un profesional con una correcta vestimenta y apariencia, imagen personal, lenguaje corporal, positiva actitud, espíritu de cooperación y excelso entendimiento. 

En tal sentido, detengámonos a evaluar la inmensa preponderancia de los modales, la cortesía y, especialmente, sus repercusiones en la armónica coexistencia y el bienestar psicológico. Está reflejada en la atención ofrecida a las diversas audiencias, en una elemental llamada telefónica o en las diarias maneras de comportamiento. La urbanidad adquiere visible compatibilidad debido a su rol significativo orientador de la conducta social. 

Es imperativo moldear hombres y mujeres poseedores de esmeradas condiciones que aseguren su interiorización. Ello demanda, entre múltiples variantes, docentes que constituyan un ejemplo, empresas que exijan perfiles integrales y jefes con condiciones de líderes aptos para representar el “identikit” anhelado. No siempre es posible este propósito en un medio lacerado por una aguda crisis moral que involucra principios cívicos, aptitudes blandas y sentido de pertenencia. 

Su diligencia facilita vencer determinados y reiterados obstáculos en ocasiones fuertemente arraigados en la cultura de las organizaciones: ausencia de liderazgo, usanzas autoritarias, pobres relaciones humanas, deficiente trabajo en grupo, falta de cohesión interpersonal, desconfianza recíproca, exigua autocrítica, inadaptabilidad ante los cambios, defectuosos mecanismos de comunicación, desmotivación y frustración general, reprochable atención al cliente, etc. 

Sin embargo, el “profesionalismo” incluso se encuentra ausente en abundantes ejecutivos de altas jerarquías del sector público o privado. Su carencia puede generar engorrosas e irreversibles repercusiones en el prestigio personal e institucional y, por cierto, en el clima interno como resultado de sus probados desenlaces en la credibilidad, productividad y reputación. Rehuyamos restarle envergadura a las problemáticas secuelas que conlleva su desatención. 

Debemos alcanzar el “profesionalismo” como expresión de crecimiento, evolución y satisfacción. Nuestro desempeño pondrá de manifiesto condiciones tan requeridas, en los momentos presentes, para incitar idóneas prácticas laborales y, en consecuencia, un desenvolvimiento asertivo. Recordemos la pertinente aseveración del filósofo, abogado y político inglés Francis Bacon “Las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros”.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Discursos: ¿Los medios audiovisuales?

Al elaborar una exposición requerimos utilizar, en determinadas circunstancias, medios audiovisuales que constituyen valiosos elementos de soporte y complemento con la finalidad de dinamizar la transmisión de conceptos y propuestas. Bajo ninguna circunstancia deben sustituir u opacar al conferencista. 

Usted se preguntará ¿Por dónde debemos empezar? Apelando a mi experiencia aconsejo seguir la siguiente secuencia: redactar un esquema, investigar y documentarse, apuntar lo más relevante y escribir el borrador de cada lámina de ppt. Asimismo, deberán guardar coherencia con lo tratado, crear interés en el público y utilizarse con moderación. 

En innumerables disertantes subsiste el frecuente error de empezar con la confección del ppt: estos deben hacerse después de formular la estructura y definir el orden temático. Es decir, es la última actividad al preparar una charla. Tenga presente la enorme importancia de adecuar la asistencia audiovisual al tiempo, mensaje y público; jamás inicie su presentación leyendo, proyectará inseguridad, pánico escénico y ausente dominio; no aprenda todo de memoria, sólo los primeros minutos. Tampoco empiece con una diapositiva o video sin antes realizar una introducción de su contenido. 

Es pertinente considerar varias ventajas sobre su uso: transmiten mayor información en menor tiempo; despiertan la motivación de la audiencia; favorecen la comprensión de lo que se está revelando; mejoran e ilustran el conocimiento; refuerzan la comunicación destacando aspectos esenciales; aportan datos, números y estadísticas. Igualmente, tengo múltiples observaciones: procure mostrar concordancia entre lo anotado y el argumento expuesto; confirme su buena calidad; coloque una sola idea por diapositiva; utilice frases sintéticas; diseñe el material con antelación. 

Del mismo modo, insinúo tomar en cuenta que la orientación horizontal facilita la lectura; sitúe una sola idea por diapositiva; apóyese en dibujos, diagramas, esquemas; aprópiese de la regla “6×6” (seis líneas máximo por diapositiva, seis palabras máximo en cada línea); use fondos simples y claros; decline abusar de los colores y respete los matices naturales (por ejemplo, no existen plátanos azules); asegúrese que las personas de la última fila de la sala alcance a leer su texto; elija una letra legible y apropiada (esquive una inferior a los 20 puntos); evite errores ortográficos, tonalidades llamativas o diseños extravagantes; exhiba correspondencia con su estilo personal o institucional; incluya fotografías de óptima calidad. 

Existen diversas opciones multimedias a nuestro alcance. Las diapositivas con sonido pueden resultar convenientes, pero también incómodas, dependiendo de la exposición y auditorio; las multi-imagen muestran dos figuras fijas u oscilantes de forma simultánea junto con acompañamiento de voz y/o música; el video interactivo combina instantánea y movimiento, textos, gráficos, voz y música mientras el participante tiene surtidas opciones de respuesta. Incluye retroalimentación. 

Unas anotaciones en relación al lugar. Trate de familiarizarse con el espacio físico en que expondrá e indague con anticipación acerca de pequeños y significativos asuntos como la temperatura; las luces artificiales o naturales; la forma de la sala; la visibilidad de los asistentes; la acústica; la colocación del cañón, computador, podio, micrófono y mesa de honor. 

Durante su disertación revele inalterable certeza, aplomo, actitud serena y afabilidad. Estos pormenores pueden ser más transcendentes de lo imaginado. A continuación, unos cuantos y eficaces aportes de valía: mirar a la audiencia; conocer y practicar el manejo de los mecanismos audiovisuales; consistencia en lo expuesto; muestre capacidad de improvisación ante deficiencias y desperfectos; emplee un puntero; no juegue con objetos en sus manos; indague las características, motivaciones e intereses de los asistentes. 

Preste atención a incontables cuestiones de forma y fondo. Asegurar su éxito incluye percatarse de detalles inadvertidos cuya omisión puede tener serias repercusiones en la receptividad y entendimiento del público: ensaye, grábese y estudie las respuestas sobre las más complejas interrogantes; luzca atuendo adecuado, sobrio e impecable; conciba una sobresaliente imagen ejecutiva; inicie su intervención con un saludo cordial y acompañado de una sonrisa; recurra a la automotivación positiva. En tal sentido, prepárese, organícese, evidencie seguridad, saludable estado anímico y talante de comunicador. 

Para concluir, recuerde: un discurso siempre es una magnífica coyuntura para irradiar ideas, generar espacios de reflexión, compartir conocimientos, persuadir conciencias e involucrar a su audiencia. Comprométase con intensidad y naturalidad con el tópico que abordará; demuestre su pleno convencimiento; hable con ímpetu, entrega e inequívoca manifestación de querer propagar su sapiencia. 

Aproveche el privilegio de hablar ante sus espectadores, no todos tienen esa posibilidad. Es un hermoso y apasionante desafío frente que debemos estar habituados y cuyas implicancias redundarán en nuestro desarrollo integral y, consecuentemente, en el ámbito profesional. Viene a mi mente la sabia expresión anónima: “El que habla siembra, el que escucha recoge”.

miércoles, 27 de julio de 2022

Perú: Historia y protocolo de los símbolos patrios

Referirnos a sus antecedentes y alcances tiene especial connotación en la celebración del 201 aniversario de la proclamación de la Independencia Nacional, realizada en el cabildo abierto de Lima el 28 de julio de 1821, por el libertador argentino José de San Martín y Matorras. El anuncio se efectuó ese día en cuatro escenarios: en la Plaza Mayor, en la Plazuela de La Merced, en la Plaza Santa Ana y en la Plaza de la Inquisición. 

En concordancia con el artículo 49 de la Constitución Política del Perú (1993) “son símbolos de la patria la bandera de tres franjas verticales con los colores rojo, blanco y rojo, y el escudo y el himno nacional establecidos por ley”. Es necesario precisar que, a fin de evitar confusiones jurídicas e históricas, a lo largo de la vida republicana se han promulgado múltiples dispositivos. Para este texto recurriré a las normas más representativas y vigentes. 

Es pertinente este esclarecimiento debido a la amplia confusión sobre esta temática y por las reiteradas omisiones suscitadas en el sector público y privado y, además, en la población en general. A pesar de la claridad de la legislación se observan incontables carencias en actividades organizadas por los poderes del Estado. De allí, la enorme trascendencia de hacer un esfuerzo de pedagogía e ilustración. 

Durante el gobierno de Manuel A. Odría (1948 – 1956) se dio el D.L. 11323, del 31 de marzo de 1950, titulado “Disposiciones que deberán observarse respecto a los símbolos de la Nación: Escudo Nacional, Gran Sello del Estado, Bandera Nacional, Pabellón Nacional, Estandarte y Escarapela Nacional” con las especificaciones y pormenores de estas insignias. 

Años más tarde, la Ley 30630 intitulada “Ley que autoriza el uso e izamiento de la bandera nacional y dispone la conformación del comité intersectorial para la difusión de los emblemas nacionales” -promulgada por el presidente Pedro Pablo Kuczynski Godard (2016 – 2018) el 2 de agosto del 2017- y su reglamento formulan imprescindibles regulaciones tendientes a diferenciar su carácter y utilización. 

Para empezar, en armonía con lo expuesto en la Carta Magna, el reglamento de esta ley considera en su artículo 3 “Símbolos de la Patria”, a la Bandera Nacional, el Escudo Nacional y el Himno Nacional; en el artículo 4 “Símbolos del Estado”, incluye al Pabellón Nacional, la Bandera de Guerra, el Gran Sello del Estado, el Escudo de Armas, el Estandarte Nacional y la Banda Presidencial (sobre esta última he publicado mi artículo “¿La Banda Presidencial?”, 2018); el artículo 5 “Emblemas Nacionales”, comprende a la Escarapela Nacional, el Lema Nacional “Firme y Feliz por la Unión” y la Canción Nacional “El cóndor pasa”, del compositor y músico Daniel Alomía Robles. 

Pasemos a comentar los símbolos patrios: la “Bandera Nacional” es “de forma rectangular, está conformada por tres franjas de igual ancho y en proporción de tres de largo por dos de alto. No lleva ninguna inscripción ni escudo u otra insignia que forme parte de ella”. Se izará a las 08 horas y se arría a las 18 horas. Su uso es obligatorio el 27, 28, 29 y 30 de julio y el 9 de diciembre en ofrenda a la Batalla de Ayacucho (1824) -liderada por Antonio José de Sucre- que consolidó la independencia de América y del Perú. 

Es conveniente contemplar lo estipulado en el artículo 15 del Ceremonial del Estado y Ceremonial Regional (D.S. 096-2005-RE): “La Bandera Nacional es principal símbolo de la patria. En sus diversas representaciones, Estandarte o Pabellón, debe ser saludada por las autoridades civiles con una reverente inclinación de cabeza y por las autoridades castrense de acuerdo con sus reglamentos”. 

Asimismo, tiene prevalencia y primacía, en su condición de máximo emblema nacional, sobre las extranjeras, regionales, provinciales, distritales y privadas en territorio peruano. Durante el mes de julio las autoridades ediles, mediante acuerdo de concejo o resolución de alcaldía, decretan el “enarbolado de la Bandera Nacional de inmuebles civiles, comerciales o privados”. 

Por su parte, el “Escudo Nacional” constituye el “blasón heráldico, de tipo piel de toro o casulla, tiene la proporción para el alto y tres para el ancho. En la mitad del alto se traza una línea transversal que separa un campo inferior de dos superiores de igual tamaño. Los bordes interiores y externos del blasón son de color amarillo dorado”. A su interior se ubica la vicuña como distintivo de la diversidad animal; el árbol de la quina, representando al reino vegetal y la cornucopia, como expresión de la riqueza mineral. 

Es importante aclarar que éste no “forma parte integrante de marcas o emblemas comerciales que representen a una persona natural o jurídica del ámbito privado”. Existe la plena libertad de emplearlo, siempre que evada vulnerar el citado reglamento y otras normatividades; se exhibe en “las monedas y billetes de circulación nacional que en adelante se acuñen o imprimen llevarán en el anverso el Escudo Nacional, establecido en el artículo 3 del presente reglamento”. 

Finalmente, me referiré al “Himno Nacional”. Según la Ley 1801 -aprobada el 26 de febrero de 1913, por el primer mandatario Guillermo Billinghurst Angulo (1912-1914)- se declara “oficial e intangible la letra y música del Himno Nacional, debidas respectivamente a la pluma de don José de la Torre Ugarte y a la inspiración del maestro don José Bernardo Alcedo, y adoptado como tal en 1821 por el Supremo Gobierno”.  

Su primera estrofa no corresponde a su autor; se trata de una anónima incluida en dicha ley. Sobre el particular, la sentencia del Tribunal Constitucional, del 18 de mayo de 2005, dice: “Declarar que en las publicaciones en donde se transcriba la letra del Himno Nacional debe expresamente señalarse que la estrofa adicionada al texto de don José de la Torre Ugarte es de autoría anónima y que su inserción expresa la voluntad del pueblo representada en el Parlamento Nacional, mediante la Ley Nro. 1801 la misma que debe ser colocada al final del mismo”. 

Su entonación se adapta a las características lingüísticas del lugar (castellano, quechua, aimara, etc.); en nuestro territorio tiene primacía otros himnos; los civiles se retiran cualquier prenda de la cabeza; se entona en jornadas cívicas, militares, oficiales e institucionales el coro y la séptima estrofa; está impedido “cantarse ni tocarse otra versión del Himno Nacional diferente al establecido en el presente reglamento”. 

Este reglamento instituye el 21 de octubre como el “Día de los Símbolos de la Patria” -coincidiendo con la creación de la Bandera Nacional, el primer símbolo instaurado por José de San Martín en 1820- a través de una “ceremonia realizada en la Plaza de la Bandera, ubicada en la ciudad de Lima, y en las astas monumentales del Pabellón Nacional ubicadas a nivel nacional”. 

Del mismo modo, es necesario conocer sus restricciones. Está prohibida cualquier acción o suceso público que denigre, menosprecie y/o atente contra su integridad como “el quemado público, ostentarlo roto, desgastado, sucio, decolorado, con inscripciones o modificaciones”; su empleo por organizaciones políticas en “sedes, actos o ceremonias institucionales y en campañas políticas electorales”, con excepción de la Bandera Nacional. El artículo 344 del Código Penal determina sanciones para “el que públicamente o por cualquier medio de difusión, ofende, ultraja, vilipendia o menosprecia, por obra o por expresión verbal, los símbolos de la patria”.

En esta efeméride reafirmemos nuestro respeto a las tradiciones republicanas, rindamos tributo a los forjadores de la nación, afiancemos sentimientos de pertenencia e identificación ciudadana, afirmemos postulados democráticos y valoremos la admirable pluralidad cultural de la patria. Tengamos fe, alegría e ilusión en nuestros destinos y seamos capaces de convertirnos en protagonistas de un nuevo amanecer. Vienen a mi mente las aseveraciones del genial escritor Mario Vargas Llosa: “El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!”

martes, 19 de julio de 2022

Cortesía telefónica en la atención al cliente

Cada vez es más frecuente la comunicación telefónica en el trato al público. Estimo conveniente resaltar la importancia de encaminar su desenvolvimiento en concordancia con los protocolos corporativos que debieran existir al respecto. Es ineludible priorizar su trascendencia; en ocasiones constituye el primer encuentro entre el cliente y la empresa. 

En tal sentido, se debe rehusar pasar inadvertido este aspecto de especial significación. De allí la necesidad de contar con procedimientos explícitos, desarrollar procesos de inducción y asegurar reclutar colaboradores con el perfil requerido. En contingencias por disminuir costos se minimizan sus alcances; lo que, en un mediano o largo plazo, dañará la imagen, la credibilidad y el prestigio de la compañía. 

Convendría que el personal exhiba sólidas habilidades blandas como: capacidad persuasiva y de escucha, alto grado de empatía, probada destreza negociadora, iniciativa y proactividad, entre otros componentes que describiremos a fin de evitar circunscribirse únicamente a un limitado libreto acerca de los alcances del servicio y/o producto ofrecido. En negocios de las más variadas características convendría implementar preceptos rigurosos en la selección del encargado de esta labor. 

A través del contacto telefónico innumerables consumidores configuran la inicial impresión de la “identidad corporativa”; ésta no es un concepto abstracto, ni un enunciado vacío. Por el contrario, constituye un conjunto de elementos de enorme valía que definen su misión, visión, valores, políticas, servicios, etc. Es decir, la marca de la organización se percibe en este proceso de interacción. 

De modo que, es una carta de presentación en el ámbito externo. No debemos omitir darle su real connotación en el acercamiento y negociación con sus diversas audiencias. Recomiendo elaborar directivas y acompañarlas de programas de capacitación conducentes a uniformizar los criterios estipulados en la institución. 

Valoremos las repercusiones de una adecuada formación para garantizar una excelsa calidad de la atención. Su buena prestación se define por la amabilidad, disposición, óptima entonación, empleo de la sonrisa y al ofrecer excelente esmero. Existen situaciones en donde el encargado es inexperto e ignora las secuelas de su accionar en la ascendencia de la imagen. Insisto en la siguiente afirmación: la totalidad de las funciones y roles integran un sistema que debe funcionar con coherencia, homogeneidad y transversalidad, en coincidencia con la convincente aseveración del empresario estadounidense Tony Hsieh “El servicio al cliente no debe ser solo un departamento: debe ser toda la empresa”. 

Algunas recomendaciones básicas: responda con prontitud y prescinda hacer esperar al interlocutor; identifíquese con el nombre de la empresa y el suyo; sonría levemente, ayuda a preparar una entonación amable; evada consumir alimentos, afectará su dicción y tono de voz y, además, concibe escaso profesionalismo; tenga a la mano una libreta para anotaciones; jamás responda empleando monosílabos, muestra falta de modales e interés; esquiva tapar con la mano el teléfono y/o descolgarlo para continuar una conversación presencial; trate siempre de usted, no es bien visto el tuteo; procure infundir confianza y seguridad; apunte el nombre de la persona; retorne las llamadas a la brevedad posible como manifestación de consideración y comportamiento ejecutivo. 

Es imprescindible contar con la infraestructura necesaria para que el teléfono no suene más de tres veces antes de que el recepcionista lo atienda; al momento de contestar, abandone lo que están haciendo; mida la intensidad de la voz, emplee una pronunciación correcta y elija las palabras adecuadas, de acuerdo al mensaje que desea transmitir; en caso exista una consulta interna, antes de dar una réplica, pregunte con afabilidad si está dispuesto a esperar unos minutos con la finalidad de soslayar incomodidades; acoja con celeridad las inquietudes y conserve, hasta en los instantes más tensos, el autocontrol emocional. 

Asimismo, aconsejo conocer las cuestiones complejas que podrían ameritar formularle con el propósito de resolverlas con fluidez y dominio y, en consecuencia, sortear verse en una situación incómoda que revele exiguo conocimiento. Es imprescindible tener resuelto el listado de las más agudas interrogantes y contar con asesoría en situaciones críticas. Subrayo la urgencia darle una inspiración profesional. 

Sugiero establecer mecanismos permanentes de evaluación para medir el desempeño, tener discernimiento de las llamadas exitosas, aquellas que no pudieron satisfacer las dudas de los interesados, cuales no consiguieron atender y las que terminaron en discusiones; es un punto orientado mejorar el trabajo. Esto se puede implementar con un registro de lo acontecido. Y, por último, proceder a su correspondiente análisis.

En el desempeño de este inapreciable quehacer se pone a prueba la genuina preparación y destreza. Preocúpese de brindar una prestación acorde a los estándares de competitividad en el mundo de los negocios. Concluyo evocando las oportunas palabras del emprendedor norteamericano James Cash Penney “Un trato cortés hará que un cliente sea publicidad andante”.