Los valores constituyen el marco referencial que inspira la actuación humana. Su conocimiento y adaptación enriquece a la comunidad. Todas las civilizaciones han definido los valores que contribuyeron a guiar el comportamiento de sus integrantes. En síntesis, la solidaridad, la honestidad, la lealtad, la puntualidad, la veracidad, -entre muchos otros- son pilares fundamentales para engrandecer la conducta social.
Son punto obligado de aprendizaje, reflexión e interiorización, en cada uno de nosotros, si deseamos contribuir a superar el profundo trance que acentúa el empobrecimiento cívico, ético y espiritual. No podemos eludir analizar este ámbito cuando, por coincidencia, adolecemos de liderazgos capaces de inspirar corrección, honorabilidad y decencia.
Dentro de este contexto, la lealtad es un sentimiento de respeto a los propios principios o a otro sujeto y, además, consiste en nunca dar la espalda a determinada persona o grupo al que se está unido por alguna relación. Está referida también a la firmeza en los afectos y en las ideas. El filósofo y escritor catalán Ramón Llull afirmaba: “Los caminos de la lealtad son siempre rectos”.
Su alcance es uno de los más trascendentes. Es un compromiso y, por lo tanto, solo pueden ser veraces quienes están lo suficientemente maduros para asumirlos. Aunque con bastante frecuencia existe una tendenciosa interpretación de su real connotación. Ésta se confunde con la complicidad y el encubrimiento cultivado en colectividades como la nuestra. No se sorprenda.
He llegado a concluir que la lealtad es inusual y escasa en el ambiguo, criollo y “gelatinoso” desenvolvimiento del peruano. Tengo presente las palabras de mi querido amigo, el afamado conservacionista Felipe Benavides (1917 – 1991), con quien en frecuentes diálogos analizábamos estos temas. Él no dudaba en señalar: “El peruano lleva la traición en la sangre”. Recordaremos como la deslealtad está insertada en múltiples momentos de la historia nacional.
Guardo varias vivencias para compartir que se remontan cuando recibí el encargo del jefe de estado para presidir el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006-2007). Se presentaron ofrecimientos que me valieron ser sindicado como poco “leal”, con los militantes del partido gobernante, por no “corresponder” a ciertos “pedidos” o por mi falta de “leal” silencio –habitual en la deformada política peruana- sobre hechos sórdidos que, desde mi perspectiva, se debían denunciar y desenmascarar con severidad.
La torcida “lealtad” –aparte de las reiteradas trabas e intrigas- de los frívolos, pusilánimes e insensibles funcionarios públicos de carrera (que, incluso, convoqué) fue la más intensa y efectiva cátedra recibida, durante mi breve paso por el sector estatal, acerca de la ausencia de esta virtud. Carecían de integridad para actuar con consecuencia, coherencia y dignidad. Eran comunes sus prácticas soterradas.
Qué difícil es –para sujetos llenos de miedo y titubeantes- decir lo que piensan, con aplomo y convicción, y hacer lo que dicen. Estilo que, a pesar de críticas e incomprensiones, no compartí y enfrenté. Esa experiencia me facilitó conocer los enormes vacíos en seres que, teniendo destrezas profesionales, poseían una estructura moral deshonrosa.
Asimismo, dispuse colocar un letrero en la puerta del parque que decía: “Esta es una institución al servicio de la comunidad, aquí se vive la ética y se practica la meritocracia y no aceptamos tarjetazos”, que me hizo merecer el calificativo de “desleal” e “infraterno”. Sin duda, una denominación enorgullecedora. El servidor público debe lealtad a la ciudadanía y está obligado a eludir emplear su posición para conceder favores partidarios, como sucede en nuestro país.
De igual manera, existe una carencia de lealtad en los escenarios empresariales, sentimentales, políticos y familiares. Es “normal” sustraer información de una compañía para ofrecerla a la competencia y traicionar –por unas cuantas monedas- a la entidad en donde se laboró. A nivel amical sucede algo similar, la frágil fidelidad del amigo es negociada por prebendas o beneficios. Por su parte, los astutos políticos construyen alianzas de intereses y cuestionables sinceridades. El pragmatismo de la sociedad ha sustituido a las directrices que debieran caracterizar la actividad del hombre en todos los campos.
En el ameno libro “El espejo del líder”, el profesor David Fischman precisa: “…Uno de los motivos de la falta de lealtad se debe a que estamos muy concentrados en nosotros mismos. El entorno competitivo y los cambios crean un ambiente amenazante que nos orienta a pensar egoístamente. La lealtad implica, en cambio, orientarnos pensar por encima de nos otros y valorar la contribución realizada por las personas o instituciones hacia nosotros”.
Reforcemos nuestra lealtad a partir de regir nuestra vida de acuerdo con nobles preceptos que estamos comprometidos a cumplir. Portarse en concordancia con las normas que hagan sobresalir al prójimo -en un mundo contaminado por tan lacerante crisis moral- es un desafío. Procedamos con probidad a fin de constituirnos en referentes para las actuales y futuras generaciones.
viernes, 13 de julio de 2012
viernes, 6 de julio de 2012
La “crítica” constructiva
Integramos una comunidad en la que no hemos sido preparados para dialogar, negociar, forjar entendimientos y hacer apreciaciones inspirados en la genuina intención de recapacitar acerca de realidades que deben corregirse o analizarse. Me refiero a la tolerancia frente a la “crítica”.Empecemos aclarando el significado de este vocablo. La Real Academia de la Lengua Española lo define como lo que “se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.” como “examen y juicio”. Este término deriva de la palabra “criterio”.
También, es la función dirigida del intelecto crítico, emitida como opinión formal, fundada y razonada -imperiosamente analítica- con connotación de sentencia cuando se establece una verdad ante un tema u objeto concreto. En el lenguaje cotidiano es la reprobación o censura realizada de algo o alguien.
Entendida como una práctica destinada a examinar y explorar, la “crítica” debe ser común en las personas para poner en controversia sus determinaciones. Esta cualidad fomenta un contenido reflexivo y estimulante al desarrollo integral de los individuos. La mirada “crítica” exhibe una disconformidad que posibilita orientar mejores acciones y la continúa evaluación de los actos. Por lo tanto, es prioritario de llevar acabo en un medio carente de esta facultad.
No temamos, ni rechacemos la “crítica” cuando se diferencia por su magnitud introspectiva y sensatez. Su sano ejercicio hará capaces a los sujetos, en lo personal y grupal, de meditar sobre asuntos que, a simple vista, se asumen como válidos, ciertos y categóricos. No siempre es así. Pues, para enfrentar con éxito las complejidades se requiere tener un alto índice de habilidad juiciosa y reflexión constante.
Se recomienda alimentar la “crítica constructiva” a partir, entre otros elementos, de un proceso formativo que incluya el cuestionamiento positivo en el entorno familiar, social y educativo, y esté orientada ha profundizar los conocimientos y emociones. Aceptar órdenes, instrucciones y mandatos -sin usar el juicio de valor- obstruye el desenvolvimiento de esa extraordinaria posibilidad del ser humano, tan poco aprovechada, de someter a escrutinio las afirmaciones recibidas.
En tal sentido, sugiero aproximarse a la lectura. Una herramienta que subleva y hace al prójimo discrepante, agudo y analítico. Además, compromete la ampliación de nuevas virtudes; ayuda a perfeccionar el lenguaje, mejora la expresión, el vocabulario y la ortografía; incrementa las relaciones humanas y favorece la empatía; facilita la exposición del pensamiento y la capacidad deductiva; activa las funciones mentales agilizando la inteligencia; abre la imaginación y creatividad. Recuerde, la carencia de cultura e ilustración da lugar a conductas mediocres, súbditas y sometidas a mensajes embrutecedores.
Todos los mecanismos que involucren un entrenamiento crítico serán bienvenidos en una colectividad –como la nuestra- indiferente, intelectualmente “parapléjica”, conformista y, además, manipulada por medios de comunicación, políticos, líderes de opinión, contenidos publicitarios, estereotipos y otros componentes que contribuyen a su creciente estancamiento.
Fomentar la “crítica” es una tarea que se nutre, principalmente, del ejemplo de los padres, quienes tienen una influencia explícita para moldear a sus hijos y, por lo tanto, pueden potenciar esta destreza a fin de ayudarlos a “pensar”. La forma como se zanjan los conflictos en el hogar, la empresa y la sociedad, –sin lugar a dudas- muestra la ausencia de la “crítica constructiva”. Por el contrario, las diferencias se resuelven a través de la confrontación, alzando la voz, con imposiciones autoritarias, prepotencias y amenazas, lo que lo evidencia escasa “inteligencia emocional” (la lucidez para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la pericia para manejarlos con sapiencia). El término fue popularizado por Daniel Goleman, en su célebre publicación “Inteligencia emocional” (1995).
De otra parte, es imprescindible establecer ciertos criterios que posibiliten la “crítica constructiva” a fin de afrontar las adversidades cotidianas de manera propicia. Se propone evitar estar molesto o cargado emocionalmente; adoptar un gesto flexible y de servicio; describir el dilema sin emitir juicio de valor; indicar cómo se siente ante el incidente, expresar sus impresiones; y, por último, preguntar cómo puede ayudar.
De modo que, como señala David Fischman en su libro “El espejo del líder”: “Es necesario tomar conciencia de que nosotros mismos tenemos mucho que mejorar. De lo contrario, estaremos escondiendo nuestras propias carencias, destacando y exagerando los defectos de nuestro personal”. Asimismo, es conveniente poseer una aptitud abierta y humilde.
En todo ámbito encontramos situaciones que demandan madurez e inteligencia (entendida como la capacidad para resolver problemas). La dinámica social actual, caracterizada por su alto índice de estrés, exige conocer las implicancias de la “crítica constructiva” para encarar infortunios y entredichos en el largo caminar de la vida. Para concluir, considere las oportunas palabras del escritor español Fernando Sánchez Dragó: “La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio”.
sábado, 16 de junio de 2012
¿Qué es el Marketing Personal?
Es frecuente creer que el concepto de marketing es, únicamente, aplicable a productos y servicios. Sin embargo, es factible interiorizar sus favorables implicancias en los individuos para lograr una excelente colocación laboral y obtener nuevas metas profesionales.
De allí, la necesidad de comprender su uso en el plano personal y, por lo tanto, administrar determinadas estrategias –propias del quehacer empresarial- en la proyección profesional. Todos tenemos una “marca” (el nombre y apellido), un “empaque” (la vestimenta) y un “slogan” (una frase sencilla utilizada para resaltar nuestras fortalezas). Hay que emplear la receta correcta para lograr explícitos objetivos.
El Marketing Personal ofrece un conjunto de técnicas para mejorar la imagen con el fin de agradar y conseguir empleo. Es un sistema integrado de actividades orientadas a conocer ofertas de trabajo. Ello pasa por el análisis propio, el posicionamiento, la asignación de sueldo a negociar, promoción, currículum, carta de presentación, entrevistas, tarjetas personales, red de contactos y cómo llegar al mercado para conquistar sus fines.
Un primer paso consiste en saber si tiene las condiciones para enfrentar el espacio que desea abordar. Por lo tanto, se sugiere hacer un análisis FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) –sereno, acucioso y pormenorizado- a fin de contar con un diagnóstico intrínseco. Es conveniente identificar las limitaciones, miedos e inseguridades y meditar cómo éstas pueden significar barreras para crecer.
Toda persona idónea debe conocer sus puntos fuertes y endebles. Este estudio es recomendable con el afán de percatarse -con mayor rigurosidad- en donde puede ubicarse y facilita advertir sus posibles reacciones en momentos de crisis. En concordancia con el grado de discernimiento íntimo, será el nivel de seguridad para confrontar el devenir laboral.
Sinnúmero de sujetos adolecen de la mínima percepción de su ser interno. Explorarse es un requisito prioritario para afianzar la empatía, la autoestima, el temperamento, las habilidades sociales, la inteligencia emocional e interpersonal, entre otros aspectos de incalculable implicancia en los variados escenarios donde se desenvuelve. Un experto no solo exhibe actualizados conocimientos, también interactúa con otros semejantes –en su quehacer diario- y, en consecuencia, requiere de tácticas para afrontar con éxito la compleja relación humana. Más aún en un medio lleno de tensiones, desencuentros y adversidades.
No existe la persona perfecta, pero sí la imagen y talante inigualable (entendamos que una buena imagen no implica belleza o perfección física). Recomiendo invertir en uno mismo, estudiar sus flaquezas (desde lo positivo) y potenciar sus fortalezas. Se debe tener tiempo para examinar su área de competencia y ver una oportunidad en todo.
Amigo lector, le aconsejo realizar el siguiente ejercicio: Párese unos segundos frente al espejo, mírese, quiérase, reconózcase y acéptese; acompañe su sapiencia o experiencia, con humildad y crecimiento individual. Recuerde, aceptarse es el primer paso para saber hacia donde quiere llegar.
Dentro de este contexto, hay que incorporar algunos atributos como la capacidad de escucha y trabajo en equipo, adaptabilidad, persistencia en la solución de problemas, flexibilidad para ajustarse a los cambios, mentalidad abierta y positiva, confianza en sus virtudes, perseverancia, autocontrol y disposición para el aprendizaje.
Es pertinente observar su apariencia, modales, vestimenta, higiene, forma de comunicarse, trato cotidiano, noción de las pautas de etiqueta social, cultura general, actitud individual, lenguaje gestual y posturas, desenvolvimiento y tono de voz. En ese sentido, reitero lo comentado en mi artículo “La importancia de la imagen personal”: “…Muchas veces -lo afirmo por mi experiencia docente- el estudiante y egresado tiene una explicable expectativa por adquirir conocimientos para acceder a mejores colocaciones de empleo, descuidando o desconociendo la valoración de su ‘imagen’ en una entrevista laboral. Recomiendo preocuparse por comprender la trascendencia de la ‘foto’ que tendrán de usted -a partir de su forma de actuar- en un mercado de trabajo exigente acerca de su habilidad social, desenvolvimiento, manejo de competencias, capacidad empática y eficiencia en las comunicaciones…”
Recuerde, las instituciones convocan a colaboradores con estabilidad en su vida personal, que agreguen valor a la organización, con adaptación a las transformaciones de la empresa, hábiles en comunicación, con liderazgo efectivo y amplitud de adiestramiento, proactivas y poseedoras de sólidos valores de honestidad, lealtad e integridad. ¿Usted cuenta con estos componentes?
El Marketing Personal es una herramienta imprescindible para impulsar las cualidades humanas al máximo, potenciándolas con la finalidad de alcanzar un rendimiento laboral óptimo. Son destrezas para aprender a promover nuestras habilidades con la intención de entrar en un mundo cada vez más competitivo. Por esta razón, tenga en cuenta las palabras de la lúcida escritora inglesa Doris Lessing: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.
De allí, la necesidad de comprender su uso en el plano personal y, por lo tanto, administrar determinadas estrategias –propias del quehacer empresarial- en la proyección profesional. Todos tenemos una “marca” (el nombre y apellido), un “empaque” (la vestimenta) y un “slogan” (una frase sencilla utilizada para resaltar nuestras fortalezas). Hay que emplear la receta correcta para lograr explícitos objetivos.
El Marketing Personal ofrece un conjunto de técnicas para mejorar la imagen con el fin de agradar y conseguir empleo. Es un sistema integrado de actividades orientadas a conocer ofertas de trabajo. Ello pasa por el análisis propio, el posicionamiento, la asignación de sueldo a negociar, promoción, currículum, carta de presentación, entrevistas, tarjetas personales, red de contactos y cómo llegar al mercado para conquistar sus fines.
Un primer paso consiste en saber si tiene las condiciones para enfrentar el espacio que desea abordar. Por lo tanto, se sugiere hacer un análisis FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) –sereno, acucioso y pormenorizado- a fin de contar con un diagnóstico intrínseco. Es conveniente identificar las limitaciones, miedos e inseguridades y meditar cómo éstas pueden significar barreras para crecer.
Toda persona idónea debe conocer sus puntos fuertes y endebles. Este estudio es recomendable con el afán de percatarse -con mayor rigurosidad- en donde puede ubicarse y facilita advertir sus posibles reacciones en momentos de crisis. En concordancia con el grado de discernimiento íntimo, será el nivel de seguridad para confrontar el devenir laboral.
Sinnúmero de sujetos adolecen de la mínima percepción de su ser interno. Explorarse es un requisito prioritario para afianzar la empatía, la autoestima, el temperamento, las habilidades sociales, la inteligencia emocional e interpersonal, entre otros aspectos de incalculable implicancia en los variados escenarios donde se desenvuelve. Un experto no solo exhibe actualizados conocimientos, también interactúa con otros semejantes –en su quehacer diario- y, en consecuencia, requiere de tácticas para afrontar con éxito la compleja relación humana. Más aún en un medio lleno de tensiones, desencuentros y adversidades.
No existe la persona perfecta, pero sí la imagen y talante inigualable (entendamos que una buena imagen no implica belleza o perfección física). Recomiendo invertir en uno mismo, estudiar sus flaquezas (desde lo positivo) y potenciar sus fortalezas. Se debe tener tiempo para examinar su área de competencia y ver una oportunidad en todo.
Amigo lector, le aconsejo realizar el siguiente ejercicio: Párese unos segundos frente al espejo, mírese, quiérase, reconózcase y acéptese; acompañe su sapiencia o experiencia, con humildad y crecimiento individual. Recuerde, aceptarse es el primer paso para saber hacia donde quiere llegar.
Dentro de este contexto, hay que incorporar algunos atributos como la capacidad de escucha y trabajo en equipo, adaptabilidad, persistencia en la solución de problemas, flexibilidad para ajustarse a los cambios, mentalidad abierta y positiva, confianza en sus virtudes, perseverancia, autocontrol y disposición para el aprendizaje.
Es pertinente observar su apariencia, modales, vestimenta, higiene, forma de comunicarse, trato cotidiano, noción de las pautas de etiqueta social, cultura general, actitud individual, lenguaje gestual y posturas, desenvolvimiento y tono de voz. En ese sentido, reitero lo comentado en mi artículo “La importancia de la imagen personal”: “…Muchas veces -lo afirmo por mi experiencia docente- el estudiante y egresado tiene una explicable expectativa por adquirir conocimientos para acceder a mejores colocaciones de empleo, descuidando o desconociendo la valoración de su ‘imagen’ en una entrevista laboral. Recomiendo preocuparse por comprender la trascendencia de la ‘foto’ que tendrán de usted -a partir de su forma de actuar- en un mercado de trabajo exigente acerca de su habilidad social, desenvolvimiento, manejo de competencias, capacidad empática y eficiencia en las comunicaciones…”
Recuerde, las instituciones convocan a colaboradores con estabilidad en su vida personal, que agreguen valor a la organización, con adaptación a las transformaciones de la empresa, hábiles en comunicación, con liderazgo efectivo y amplitud de adiestramiento, proactivas y poseedoras de sólidos valores de honestidad, lealtad e integridad. ¿Usted cuenta con estos componentes?
El Marketing Personal es una herramienta imprescindible para impulsar las cualidades humanas al máximo, potenciándolas con la finalidad de alcanzar un rendimiento laboral óptimo. Son destrezas para aprender a promover nuestras habilidades con la intención de entrar en un mundo cada vez más competitivo. Por esta razón, tenga en cuenta las palabras de la lúcida escritora inglesa Doris Lessing: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”.
domingo, 20 de mayo de 2012
¿Cómo acceder al mercado laboral?
La búsqueda de un nuevo empleo es una tarea que puede demandar más tiempo del imaginado y, además, es una etapa llena de comprensibles incertidumbres y desafíos. Para enfrentar este proceso de cambio se recomienda considerar algunas pautas y sugerencias destinadas a facilitar una mejor colocación. El mundo empresarial no está solamente regido por individuos con grandes conocimientos. Es un ámbito donde se requiere ampliar tecnologías, habilidades y cualidades personales. Este aspecto es central para desplegar y dar a conocer experiencias y pericias acumuladas que enriquecerán las opciones para acceder a un trabajo.
Es importante contemplar asuntos referidos a los visibles y frecuentes “desencuentros” existente entre el desarrollo e idoneidad del individuo y la imagen proyectada. Factor perjudicial para las probabilidades de reinserción en empresas en las que estos elementos son también evaluados. Por ejemplo, si una institución debe escoger entre dos candidatos con iguales saberes técnicos, pero uno de ellos tiene agradables cortesías, manejo adecuado de las formas, pulcra apariencia y usa con corrección los cubiertos en una mesa, probablemente elija al conocedor de tan básicas normas de etiqueta social.
En tal sentido, reafirmo lo expresado en mi artículo “Tips para una entrevista laboral”: “…Es habitual conocer a expertos que, desde el punto de vista de sus discernimientos, son talentosos. No obstante, existen factores negativos en su actuación que pueden constituirse en una severa traba para acceder al mercado profesional. Es conveniente desarrollar el autocontrol, elevar la autoestima, demostrar seguridad, poseer un perfil positivo, emplear afables modales, desenvolverse con facilidad y empatía, evidenciar nivel cultural, adecuada dicción en su comunicación y cordialidad durante la conversación. No olvide esta expresión: ‘No existe una segunda oportunidad, para causar una primera buena impresión’”.
Un componente importante es la permanente capacitación. El mercado laboral está sumergido en rápidas transformaciones que obligan a un constante entrenamiento y actualización. No recomiendo estudiar cantidad de cursos, seminarios, talleres, etc. sino buscar aquellos enlazados con su formación como especializaciones, diplomados, maestrías y afines. Escoja centros de enseñanza prestigiosos y con acreditada calidad educativa.
Otro paso son sus relaciones directas o mediante redes sociales. Las conexiones constituyen un activo que en cierto momento puede requerir. De allí la conveniencia de llevar acogedoras vinculaciones con familiares, amigos, ex compañeros de estudios, proveedores, entre otros públicos. Cada contacto aliméntelo con mensajes, informaciones, saludos en ocasiones especiales, etc. a fin de tener una presencia eficaz en las personas que pueden ayudar con su recomendación. Responda sus emails y llamadas telefónicas, concurra a actividades sociales, frecuente grupos de interés y haga más consistente su círculo de enlaces.
Preocúpese por forjar una sólida reputación que inspire confianza, credibilidad y respeto. No sirve de mucho contar con amplias vinculaciones si la honra es desfavorable. Es pertinente poseer una trayectoria de vida impecable y decente en cualquier ámbito. Un experto capaz, entrenado y admirado en el contexto laboral, que ha sido demandado por agresión o abandono de hogar, puede verse afectado en sus afanes de lograr una trascendente colocación. Su conducta refleja sus valores y principios y, por lo tanto, muestra su probable actuación en el escenario empresarial.
Confeccione un currículum con óptima redacción, diagramación y pulcritud. Asegúrese de no tener errores y elabórelo atractivo dentro de un marco de sobriedad. No es panfleto publicitario, como sucede en ciertos casos, sino un imprescindible instrumento de marketing personal. Prescinda de poner información innecesaria, redundante, tampoco lo que no pueda sustentar con documentos. Acuérdese que éste le consigue la cita de trabajo y en este instante usted deberá evidenciar sus mejores recursos.
Fíjese –con bastante detenimiento- en sus facultades y destrezas que podrían causar una excelente impresión. Presente con creatividad ese “valor agregado” suyo y que no siempre es exhibido con realce y nitidez. En la entrevista hable de sus talentos, muestre fluidez, serenidad, locuacidad y convencimiento. Esté persuadido de su valoración y transmítala. Deseche asumir actitudes sumisas, tímidas o temerosas. Evite -como lo dicho en anteriores notas- “idealizar” al entrevistador, no le tenga miedo, es un mortal como usted con virtudes y defectos. Nada más!
La motivación es bienvenida y servirá para alcanzar sus objetivos. Renueve sus ilusiones, esperanzas y expectativas. Recuerde su valía y el aporte que puede brindar y, en consecuencia, supere apatías y adversidades. Muestre felicidad emocional, ganas de progresar y forjar distintos horizontes de realización. En todo tiempo, circunstancia y lugar tenga presentes las sabias palabras del renombrado filósofo, poeta y escritor norteamericano Ralph Waldo Emerson: “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito”.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Trascendencia de la capacitación en la empresa
La capacitación es una herramienta substancial para el crecimiento profesional en un mundo competitivo y exigente. Permite acceder a mejores ubicaciones en la empresa, incrementar conocimientos, aplicar nuevas destrezas en la producción laboral, entre otras virtudes. Es un proceso de desenvolvimiento de las aptitudes que perfecciona el desempeño del trabajador y la idoneidad de la organización.
Es importante que las compañías incorporen mecanismos destinados a fomentar un eficiente sistema de capacitación para fortalecer las capacidades de sus colaboradores y, en consecuencia, volcar lo adquirido en sus ocupaciones. Debe entenderse como una expresión de la cultura corporativa que lleva a la progresión continua del público interno y contribuye a fomentar óptimas formas de trabajo.
Dentro de este contexto, es preciso que la capacitación sea debidamente evaluada y analizada por el área de Recursos Humanos, que determinará las ausencias individuales y colectivas a fin de implementar programas en función de indicadores, presupuestos, metas y objetivos. No debe entenderse como la realización de conferencias, charlar o talleres sin atender necesidades y fines de la institución. Todavía existen empresas en donde se diseñada sin la más mínima planificación y, por lo tanto, carece del estudio que indique los requerimientos.
La capacitación proporciona recursos humanos calificados en habilidades y actitudes para un alto desempeño; incentiva el sentido de responsabilidad; logra el perfeccionamiento de ejecutivos y empleados en sus puestos actuales y futuros; mantiene al personal actualizado ante los cambios tecnológicos otorgando información y, por último, logra variaciones positivas en su comportamiento con la finalidad de mejorar las relaciones interpersonales.
Además, exige un sistema que debe ponerse en funcionamiento. Este empieza por diagnosticar las carencias internas. En esta etapa es indispensable el análisis de rendimiento e informes de cada área. Los desempeños insatisfactorios, habitualmente, están reflejados en visibles deficiencias o vacíos en las funciones de un puesto en la corporación.
Un segundo paso es la confección del plan anual de capacitación, que demanda de la información remitida por todas las esferas. Se recomienda proceder de manera planeada a fin de recoger la investigación sustentatoria de la toma de decisión. Es pertinente efectuar encuestas, entrevistas a los jefes, cuestionarios, evaluaciones de rendimiento, estudio del clima organizacional y reuniones de discusión, para contar con fundamentos precisos.
Su proyección considerará el tipo de metodología, horas asignadas de duración, temas elegidos, expositores, facilitadores, materiales impresos, evaluación, costos, etc. Un factor a tomar en cuenta es el horario en que se hará. No siempre es conveniente que sea llevada acabo luego de la culminación de las tareas diarias, ni en épocas en donde el participante enfrenta presiones como cierre de temporada de ventas, presentación de balances, informes anuales, vísperas de celebraciones de fin de año y otras que perjudiquen su interés y asistencia en el adiestramiento.
Se sugiere proceder ha desplegar las actividades de entrenamiento (en función de los requerimientos identificados) y su permanente evaluación destinada a conocer su beneficio y aplicación. La etapa de evaluación no debe subestimarse, es una de las más esenciales para conocer el valor cualitativo de lo aprendido y su utilización. Para ello, se miden los conocimientos adquiridos, el aumento de las destrezas y se averigua el cumplimiento de objetivos.
También, debemos contemplar la capacitación no solamente en ámbitos de interés operativo, como en muchos casos sucede. Es primordial estructurar programas que favorezcan la motivación, integración, socialización y cohesión interna. Es conveniente preocuparse por enseñar temas influyentes en el progreso individual y, consecuentemente, en el afianzamiento profesional como autoestima, atención al público, relaciones humanas, imagen profesional, etiqueta social, inteligencia emocional, etc.
Es un factor de invalorable ayuda en la consolidación del trato entre el colaborador y la empresa, fortalece su sentimiento de identificación, estimula nuevas realizaciones y beneficia a la compañía. Es un elemento que, sumado a estímulos, premiaciones e incentivos, servirá para forjar una buena convivencia organizacional. Es la mejor inversión en una corporación sería, moderna y con visión de futuro.
Es importante que las compañías incorporen mecanismos destinados a fomentar un eficiente sistema de capacitación para fortalecer las capacidades de sus colaboradores y, en consecuencia, volcar lo adquirido en sus ocupaciones. Debe entenderse como una expresión de la cultura corporativa que lleva a la progresión continua del público interno y contribuye a fomentar óptimas formas de trabajo.
Dentro de este contexto, es preciso que la capacitación sea debidamente evaluada y analizada por el área de Recursos Humanos, que determinará las ausencias individuales y colectivas a fin de implementar programas en función de indicadores, presupuestos, metas y objetivos. No debe entenderse como la realización de conferencias, charlar o talleres sin atender necesidades y fines de la institución. Todavía existen empresas en donde se diseñada sin la más mínima planificación y, por lo tanto, carece del estudio que indique los requerimientos.
La capacitación proporciona recursos humanos calificados en habilidades y actitudes para un alto desempeño; incentiva el sentido de responsabilidad; logra el perfeccionamiento de ejecutivos y empleados en sus puestos actuales y futuros; mantiene al personal actualizado ante los cambios tecnológicos otorgando información y, por último, logra variaciones positivas en su comportamiento con la finalidad de mejorar las relaciones interpersonales.
Además, exige un sistema que debe ponerse en funcionamiento. Este empieza por diagnosticar las carencias internas. En esta etapa es indispensable el análisis de rendimiento e informes de cada área. Los desempeños insatisfactorios, habitualmente, están reflejados en visibles deficiencias o vacíos en las funciones de un puesto en la corporación.
Un segundo paso es la confección del plan anual de capacitación, que demanda de la información remitida por todas las esferas. Se recomienda proceder de manera planeada a fin de recoger la investigación sustentatoria de la toma de decisión. Es pertinente efectuar encuestas, entrevistas a los jefes, cuestionarios, evaluaciones de rendimiento, estudio del clima organizacional y reuniones de discusión, para contar con fundamentos precisos.
Su proyección considerará el tipo de metodología, horas asignadas de duración, temas elegidos, expositores, facilitadores, materiales impresos, evaluación, costos, etc. Un factor a tomar en cuenta es el horario en que se hará. No siempre es conveniente que sea llevada acabo luego de la culminación de las tareas diarias, ni en épocas en donde el participante enfrenta presiones como cierre de temporada de ventas, presentación de balances, informes anuales, vísperas de celebraciones de fin de año y otras que perjudiquen su interés y asistencia en el adiestramiento.
Se sugiere proceder ha desplegar las actividades de entrenamiento (en función de los requerimientos identificados) y su permanente evaluación destinada a conocer su beneficio y aplicación. La etapa de evaluación no debe subestimarse, es una de las más esenciales para conocer el valor cualitativo de lo aprendido y su utilización. Para ello, se miden los conocimientos adquiridos, el aumento de las destrezas y se averigua el cumplimiento de objetivos.
También, debemos contemplar la capacitación no solamente en ámbitos de interés operativo, como en muchos casos sucede. Es primordial estructurar programas que favorezcan la motivación, integración, socialización y cohesión interna. Es conveniente preocuparse por enseñar temas influyentes en el progreso individual y, consecuentemente, en el afianzamiento profesional como autoestima, atención al público, relaciones humanas, imagen profesional, etiqueta social, inteligencia emocional, etc.
Es un factor de invalorable ayuda en la consolidación del trato entre el colaborador y la empresa, fortalece su sentimiento de identificación, estimula nuevas realizaciones y beneficia a la compañía. Es un elemento que, sumado a estímulos, premiaciones e incentivos, servirá para forjar una buena convivencia organizacional. Es la mejor inversión en una corporación sería, moderna y con visión de futuro.
lunes, 26 de marzo de 2012
El autocontrol emocional en la etiqueta social
Los sucesivos “lapsus” del presidente del Congreso de la República propician analizar el autocontrol personal y su relación con las elementales normas de etiqueta social. Aristóteles, el filosofo y científico de la antigua Grecia, aseveró en su obra “Ética a Nicómano”: “Cualquiera puede ponerse furioso, eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto y de la forma correcta, eso no es fácil”. Las practicas de Daniel Abugattas, tan satanizado en las últimas semanas, reflejan sin ambigüedades la conducta de más de un empresario, artista e incluso padre de familia. La única diferencia se encuentra en que la deplorable actitud del titular del Poder Legislativo trasciende y, además, es percibida en tiempo real por la ciudadanía. Aunque la presión de la vida diaria, la falta de óptimos componentes emocionales, un deficiente adiestramiento individual, entre otros factores, influyen en este “estilo” agresivo que, con mayor frecuencia, vemos a nuestro alrededor y en todos los campos de la actividad humana.
Los líderes de opinión constituyen referentes para la sociedad y deben de esmerarse por exhibir una actuación ejemplarizadora con la finalidad de influir y moldear, de manera positiva, el obrar de su colectividad. Por esta razón, a los comunicadores, maestros, políticos, etc. les corresponde percatarse de las implicancias de sus gestos y proyectar un perfíl positivo concordante con su nivel de ascendencia.
En este contexto, reitero lo contenido en mi artículo “La tolerancia en la etiqueta”: “…Siempre he considerado, a la luz de mi experiencia vivencial, que las circunstancias tensas, discrepantes y de confrontación nos facilitan conocer -en su real dimensión- la capacidad de autocontrol, paciencia y formación de las personas más allá de apariencias. El ejercicio de la etiqueta social, tal como lo hemos indicado en anteriores artículos, está acompañado de la empatía, la autoestima y, por cierto, de mecanismos internos de consideración que fluyan de manera inequívoca y natural en todo tiempo, circunstancia y lugar”.
Hablemos del autocontrol. Es un concepto referido al dominio de los propios impulsos y reacciones y, por cierto, supone la aplicación de técnicas de relajación. Conlleva la capacidad consciente de regular las presiones -de forma voluntaria- para alcanzar un alto equilibrio individual, manejar las emociones y moderar el proceder. Es una herramienta que permite, en momentos de crisis, distinguir entre lo más importante (aquello que perdurará) y lo que no es tan relevante (lo pasajero).
Los especialistas recomiendan no forzar el cuerpo ni la mente. Cuando un sujeto está sereno y descansado se encuentra en mejores condiciones para enfrentar las dificultades. Por otra parte, se necesita del diálogo tranquilo a fin de evitar que la confrontación derive en situaciones de violencia emocional o física.
El autocontrol y la urbanidad aseguran una convivencia saludable entre los individuos. Las situaciones álgidas representan una oportunidad para evaluar nuestra resistencia y sensibilidad. Este aspecto debe analizarse, con especial detenimiento, cuando el quehacer laboral somete a la persona a escenarios de conflicto y, por lo tanto, su respuesta afecta el trato con sus compañeros de trabajo y público externo.
Conozco profesionales que al alterarse y perder la compostura se refugian diciendo “yo soy así”, “así hablo cuando me sale el indio”, “eso hace ponerme de esta manera”, etc. Existen mil excusas para intentar justificar la ausencia de autocontrol y, consecuentemente, de educación en un instante de adversidad. Al tener estos dos pilares sólidamente interiorizados (autocontrol y urbanidad), no hay “pretexto” para asumir posiciones hostiles y perder la estabilidad interior. Claro que existen excepciones, pues somos seres humanos.
Tengo un recuerdo ilustrativo para contar. Hace algunos años acudí a un restaurant en Miraflores en compañía de una enamorada. Cada vez que salíamos se esforzaba en encontrar deficiencias en la atención recibida y empleaba su disconformidad para pelear con el mozo. Finalmente, fuimos a un establecimiento en el que me encantó el modo afable con que resolvieron sus diversas “observaciones”. Ella esperó una confrontación que, para mi tranquilidad, no sucedió. La ilusión de compartir un momento placentero se perturbó “gracias” al protagonismo de quien -al igual que muchos- cree que reclamar significa agredir, agraviar y obviar la prudencia.
La cortesía y buenas formas permiten habitar en armonía. Sin darse cuenta, puede arruinar la agradable imagen edificada –con bastante empeño- por una acción equivocada que muestra su deficiente inteligencia emocional e incapacidad para encausar sus vicisitudes. Los apremios cotidianos obligan ha desarrollar sistemas intrínsecos con el afán de no desdibujar la favorable percepción que el entorno tiene de usted y respetar a sus semejantes. Por último, quiero evocar las palabras del prestigioso escritor español Noel Clarasó: “Tratar de mejorarse a sí mismo es empresa que suele dar mejor resultado que tratar de mejorar a los demás”.
domingo, 18 de marzo de 2012
Wilfredo Pérez Ruiz o un promotor de la Etiqueta Social en el Perú - Entrevista publicada el 16 de marzo de 2012 en la red social Generacción.com

Las formas adecuadas para relacionarse, el protocolo, la llamada etiqueta social, es el tema que preocupa al docente Wilfredo Pérez Ruiz. “Hay un deterioro de la relación humana en nuestra sociedad que es consecuencia del déficit de buena educación”, dice para Generaccion.com este comunicador y especialista en este campo. He aquí sus apreciaciones:
Francisco Huanacune: En sus múltiples artículos usted menciona la importancia de la etiqueta para toda sociedad. ¿Hasta qué punto esta es importante?
Wilfredo Pérez Ruiz: La etiqueta social es un marco trascendente de normas que nos permiten a todos relacionarse y convivir en mejor relación con nuestros prójimos. De ahí su importancia para viabilizar la vida en sociedad.
FH: La vida en civilización…
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, efectivamente, este conjunto de pautas tiene un valor muy grande para aprender a respetar al semejante y saber coexistir en armonía en todos los ámbitos de nuestra colectividad.
FH: Más de uno piensa a propósito de la etiqueta social refiriéndose al Manual de Carreño y dice que esta es un conjunto de normas rígidas. ¿Se ajusta esta a la verdad?
Wilfredo Pérez Ruiz: El libro de Carreño viene a ser en nuestros días un documento referencial, ya superado en la actualidad. Por lo demás debo enfatizar que la etiqueta social no es un conjunto rígido de normas, sino más bien un amplio abanico de principios y recomendaciones perfectamente adaptables a nuestra realidad.
FH: En todo ámbito de la vida en sociedad…
Wilfredo Pérez Ruiz: Claro, en primer lugar, la etiqueta no distingue edad, estatus, jerarquía o procedencia, por citar algunas consideraciones. Y en segundo lugar, esta debe promoverse desde el hogar y las entidades educativas a fin de formar personas con alto sentido de consideración y respeto mutuo.
FH: Todo un proyecto de sociedad implícito que emergería desde los hogares. ¿Eso es lo que usted propone?
Wilfredo Pérez Ruiz: Por supuesto, los padres deben entender que su comportamiento es un referente en la vida de sus hijos y que su familia puede serlo también a nivel social. Permítame precisar en consecuencia que el proyecto no es implícito, muy por el contrario está claramente explicitado.
FH: ¿Cuál es la clave para lograr esto?
Wilfredo Pérez Ruiz: La autoestima personal y colectiva tiene una influencia determinante en la aplicación de la etiqueta social, de ahí la necesidad de fortalecer y elevar los niveles de autoestima en nuestro medio para querernos, valorarnos, comprendernos y aceptarnos como verdaderos semejantes. Este punto es central para salir de la trampa del tercermundismo intelectual, moral y cultural que lacera y deprime a nuestra sociedad.
FH: ¿La falta de etiqueta es un problema transversal a toda la sociedad?
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, es un problema que no distingue estatus social alguno. Se lo explico con unos ejemplos, asisto a reuniones sociales donde observo sorprendido como el celular es colocado en la mesa como se hace con un cubierto; o como las personas no responden una llamada telefónica o un correo electrónico. O cuando veo que las personas no agradecen una invitación, un obsequio, llegan tarde a una reunión, saludan con desdén, asumiendo que la etiqueta solo concierne a las damas de sociedad y que, por decir algo, consiste en usar correctamente los cubiertos en una mesa. No es así, es una cultura de vida de lo que hablo.
FH: No será que la falta de etiqueta es también consecuencia del hecho de que formamos parte de una sociedad machista...
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, este es un factor altamente influyente, pues la igualdad de género y la ascendencia de la mujer en la sociedad no implica que el varón pierda la caballerosidad que siempre debiera distinguirlo. Esa falta de caballerosidad también se nutre desgraciadamente en el hogar.
FH: En sus artículos usted critica abiertamente a los políticos y a los principales actores sociales. ¿Por qué lanza sus críticas en primera persona?
Wilfredo Pérez Ruiz: Porque los políticos, además de representar a la ciudadanía, ejercen un liderazgo social que debiera contribuir a encauzar positivamente la conducta de los integrantes de nuestra sociedad, convirtiéndose así en verdaderos y genuinos referentes. En tal sentido, comportamientos, poses y declaraciones de los ex presidentes Alan García y Alejandro Toledo se desdicen de sus cualidades intelectuales. Es lamentable, señalando otro caso, que el actual presidente crea que para acercarse al pueblo hay que asumir posturas y expresiones contrarias al estatus referencial de un mandatario.
FH: ¿Se refiere al lenguaje presidencial o a qué otro aspecto de su conducta?
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, permítame abundar con unos ejemplos. Decir, “no chupen mucho” en la plaza de armas de la ciudad de Abancay en la víspera de Año Nuevo es absolutamente inadecuado. Lo mismo podríamos decir con el presidente del Congreso de la República, quien además de sus precarias formas y educación evidencia falta de autocontrol emocional y empatía.
FH: Un déficit flagrante de etiqueta social a nivel de nuestras elites...
Wilfredo Pérez Ruiz: No necesariamente, pues el comportamiento del señor Daniel Abugattas, tan satanizado en los últimos tiempos, refleja sin ambigüedades la conducta de más de un empresario, artista, líder de opinión e incluso padres de familia. La única diferencia se encuentra en el hecho que el deplorable proceder del titular del Poder Legislativo trasciende y es percibida en tiempo real por la opinión pública.
FH: Un problema mayúsculo cuya solución se inscribe en el largo plazo...
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, pero permítame afirmar que en este caso los problemas deben convertirse en oportunidades. Es decir, mayor debe ser la preocupación por situar como prioridad esta temática entendida como un puente de convivencia y coexistencia social.
FH: Una última reflexión
Wilfredo Pérez Ruiz: Nos corresponde, al igual que hace el agricultor, echar semillas, a sabiendas que no todas florecerán. Pero nuestro buen comportamiento servirá de referente para quienes nos rodean y de esta manera lograremos insertar el tema en la vida de los miembros de nuestra sociedad.
Francisco Huanacune: En sus múltiples artículos usted menciona la importancia de la etiqueta para toda sociedad. ¿Hasta qué punto esta es importante?
Wilfredo Pérez Ruiz: La etiqueta social es un marco trascendente de normas que nos permiten a todos relacionarse y convivir en mejor relación con nuestros prójimos. De ahí su importancia para viabilizar la vida en sociedad.
FH: La vida en civilización…
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, efectivamente, este conjunto de pautas tiene un valor muy grande para aprender a respetar al semejante y saber coexistir en armonía en todos los ámbitos de nuestra colectividad.
FH: Más de uno piensa a propósito de la etiqueta social refiriéndose al Manual de Carreño y dice que esta es un conjunto de normas rígidas. ¿Se ajusta esta a la verdad?
Wilfredo Pérez Ruiz: El libro de Carreño viene a ser en nuestros días un documento referencial, ya superado en la actualidad. Por lo demás debo enfatizar que la etiqueta social no es un conjunto rígido de normas, sino más bien un amplio abanico de principios y recomendaciones perfectamente adaptables a nuestra realidad.
FH: En todo ámbito de la vida en sociedad…
Wilfredo Pérez Ruiz: Claro, en primer lugar, la etiqueta no distingue edad, estatus, jerarquía o procedencia, por citar algunas consideraciones. Y en segundo lugar, esta debe promoverse desde el hogar y las entidades educativas a fin de formar personas con alto sentido de consideración y respeto mutuo.
FH: Todo un proyecto de sociedad implícito que emergería desde los hogares. ¿Eso es lo que usted propone?
Wilfredo Pérez Ruiz: Por supuesto, los padres deben entender que su comportamiento es un referente en la vida de sus hijos y que su familia puede serlo también a nivel social. Permítame precisar en consecuencia que el proyecto no es implícito, muy por el contrario está claramente explicitado.
FH: ¿Cuál es la clave para lograr esto?
Wilfredo Pérez Ruiz: La autoestima personal y colectiva tiene una influencia determinante en la aplicación de la etiqueta social, de ahí la necesidad de fortalecer y elevar los niveles de autoestima en nuestro medio para querernos, valorarnos, comprendernos y aceptarnos como verdaderos semejantes. Este punto es central para salir de la trampa del tercermundismo intelectual, moral y cultural que lacera y deprime a nuestra sociedad.
FH: ¿La falta de etiqueta es un problema transversal a toda la sociedad?
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, es un problema que no distingue estatus social alguno. Se lo explico con unos ejemplos, asisto a reuniones sociales donde observo sorprendido como el celular es colocado en la mesa como se hace con un cubierto; o como las personas no responden una llamada telefónica o un correo electrónico. O cuando veo que las personas no agradecen una invitación, un obsequio, llegan tarde a una reunión, saludan con desdén, asumiendo que la etiqueta solo concierne a las damas de sociedad y que, por decir algo, consiste en usar correctamente los cubiertos en una mesa. No es así, es una cultura de vida de lo que hablo.
FH: No será que la falta de etiqueta es también consecuencia del hecho de que formamos parte de una sociedad machista...
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, este es un factor altamente influyente, pues la igualdad de género y la ascendencia de la mujer en la sociedad no implica que el varón pierda la caballerosidad que siempre debiera distinguirlo. Esa falta de caballerosidad también se nutre desgraciadamente en el hogar.
FH: En sus artículos usted critica abiertamente a los políticos y a los principales actores sociales. ¿Por qué lanza sus críticas en primera persona?
Wilfredo Pérez Ruiz: Porque los políticos, además de representar a la ciudadanía, ejercen un liderazgo social que debiera contribuir a encauzar positivamente la conducta de los integrantes de nuestra sociedad, convirtiéndose así en verdaderos y genuinos referentes. En tal sentido, comportamientos, poses y declaraciones de los ex presidentes Alan García y Alejandro Toledo se desdicen de sus cualidades intelectuales. Es lamentable, señalando otro caso, que el actual presidente crea que para acercarse al pueblo hay que asumir posturas y expresiones contrarias al estatus referencial de un mandatario.
FH: ¿Se refiere al lenguaje presidencial o a qué otro aspecto de su conducta?
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, permítame abundar con unos ejemplos. Decir, “no chupen mucho” en la plaza de armas de la ciudad de Abancay en la víspera de Año Nuevo es absolutamente inadecuado. Lo mismo podríamos decir con el presidente del Congreso de la República, quien además de sus precarias formas y educación evidencia falta de autocontrol emocional y empatía.
FH: Un déficit flagrante de etiqueta social a nivel de nuestras elites...
Wilfredo Pérez Ruiz: No necesariamente, pues el comportamiento del señor Daniel Abugattas, tan satanizado en los últimos tiempos, refleja sin ambigüedades la conducta de más de un empresario, artista, líder de opinión e incluso padres de familia. La única diferencia se encuentra en el hecho que el deplorable proceder del titular del Poder Legislativo trasciende y es percibida en tiempo real por la opinión pública.
FH: Un problema mayúsculo cuya solución se inscribe en el largo plazo...
Wilfredo Pérez Ruiz: Sí, pero permítame afirmar que en este caso los problemas deben convertirse en oportunidades. Es decir, mayor debe ser la preocupación por situar como prioridad esta temática entendida como un puente de convivencia y coexistencia social.
FH: Una última reflexión
Wilfredo Pérez Ruiz: Nos corresponde, al igual que hace el agricultor, echar semillas, a sabiendas que no todas florecerán. Pero nuestro buen comportamiento servirá de referente para quienes nos rodean y de esta manera lograremos insertar el tema en la vida de los miembros de nuestra sociedad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


