jueves, 21 de mayo de 2026

Importancia de los “contactos” profesionales

Con frecuencia escuchamos enfáticos comentarios acerca de la trascendencia de contar con “contactos” para lograr determinados objetivos, alcanzar la esperada colocación laboral, generar mejores oportunidades, convertirnos en exitosos, entre un sinnúmero de intenciones. Se suele aseverar que la abundancia de éstos asegura cumplir las metas establecidas. 

Ursula Vega Benavides en su interesante libro “Todo lo que las RELACIONES PÚBLICAS pueden hacer por ti… y no lo sabías” (Lima, 2020) dice: “…Para empezar a ampliar nuestro entorno profesional, es preciso definir nuestros objetivos y diseñar un plan para cumplirlas. Es decir, sembrar para cosechar después”. Más adelante agrega: “…Relacionarse no es sinónimo de conocer mucha gente, sino de posicionarse como personas, como profesionales, y mostrar nuestro aporte de valor. Además, son conexiones de mutuo beneficio: el mensaje debe ser expresado por ambas partes. El objetivo de asistir a un evento no es lograr miles de contactos, uno bueno vale más que varios. ¡Menos es más!”. 

Los “contactos” representan un espacio para plasmar puntos de encuentro y, por lo tanto, cumplen una finalidad significativa en las comunicaciones, en las gestiones con la prensa y en las negociaciones con diferentes audiencias. Sin embargo, aconsejo forjarse a partir de desarrollar variadas acciones, coherentes y planeadas, tendientes a ese empeño: agendar eventos gremiales, participar en reuniones encaminadas a conectarnos, exhibir sólida inteligencia interpersonal y poseer respetable presencia en redes sociales como Linkedin. ¿Eso es suficiente? 

A mi parecer, no bastan las actividades indicadas. Es sustancial generar una sensación positiva al momento de crearlos para asegurar un acercamiento en donde la reputación, la transparencia, las habilidades blandas, la conversación, la educación y perfil integral tengan indudable connotación. La bilateral e instantánea observación determinará la “fotografía” que facilite una óptima conexión. En tal sentido, tienen enorme valía la personalidad, el lenguaje corporal, la sonrisa, la mirada, el saludo, la espontaneidad, entre una infinidad de factores percibidos en los iniciales segundos del encuentro. La vibra personal es concluyente. 

Tengamos presente las atinadas palabras del escritor español Federico García Lorca, durante la inauguración de la biblioteca pública de su natal Fuente Vaqueros (Granada), en 1931: “Dime que lees y te diré quién eres”. La cultura es un medio importantísimo y enaltecedor para lograr una favorable imagen e influye, además, en la continuidad del relacionamiento. ¡Piénselo! 

Forjar y extender nuestros “contactos” no constituyen una frivolidad, ni tampoco deben suscitarse expectativas egoístas. Posibilitan conocer personas, realidades y culturas de las más disímiles características. Más allá de un aparente beneficio en el corto plazo, como esperan ansiosamente algunos, son medios de integración, una coincidencia para participar experiencias, puntos destinados a unir esfuerzos y aunar voluntades recíprocas. Obviemos creer que su existencia es exclusiva para asuntos afines a nuestros anhelos. 

Creo pertinente indicar la trascendencia de las aptitudes sociales. Apelo a lo aseverado por Julia Sobrevilla Perea, gerente Corporativo de Asuntos Públicos de Graña y Montero: “Para hacer crecer la red hay que estar presente. Hay que ir. Hay que preguntar, escuchar y conversar. ¡No hay lugar donde no se pueda agrandar la red!”. Para ello, mi estimado lector, se requieren probadas capacidades de intercambio, integración, desenvolvimiento y disfrutar la relación humana. Subsisten incontables individuos carentes de estas cualidades. 

Trabajo en entidades de educativas en las que veo docentes con una larga trayectoria y que, en las celebraciones institucionales, permanecen distanciados, retraídos, excluidos y proyectan una indisimulable ausencia de destreza para integrarse con su núcleo laboral. Igual actuación asumen al coincidir en la sala de profesores o en variadas circunstancias. Este suceso cobra especial notoriedad cuando proviene de catedráticos que, incluso, tienen a su cargo asignaturas en las que las pericias interpersonales adquieren inequívoca eficacia. La habitual y limitante costumbre de recurrir al aislamiento e interactuar solo en determinados círculos es una innegable traba en el engrandecimiento de los “contactos”. Al mismo tiempo, una palmaria afirmación de su aguda orfandad. 

También, me preocupa constatar abundantes jóvenes refugiados en su “zona de confort” y renuentes a forjar nuevos enlaces personales. Únicamente, se sienten seguros al hacerlo mediante redes sociales o cuando comparten con su contorno más íntimo. Empero, al enfrentar escenarios empresariales deberán demostrar un desenvolvimiento seguro, asertivo y fluido. Nada de eso se vislumbra. Mi análisis es desalentador: concurre una inopia lacerante, normalizada y conformista y, al parecer, irreversible. El trato cara a cara es irremplazable. 

Lo descrito me obliga a reiterar el extraordinario alcance de las afamadas pericias sociales y blandas. Éstas favorecen y afianzan la conexión, viabilizan el acercamiento y refuerzan el encuentro entre hombres y mujeres. Su consolidación garantiza la autovaloración, la comprensión, la tolerancia, la empatía, la persuasión, la comunicación y hace realidad empeños vitales: escuchar, departir, preguntar, agradecer, congratular, presentarse y emprender una tertulia o cumplido.  

Un comentario entre paréntesis: lleve un tarjetero con sus tarjetas. Es un gesto distinguido proporcionar la suya cuando se desea continuar el vínculo con quienes alternó. Propongo un diseño y letra coincidente con su estilo; esquive adornos, esbozos y textos recargadas. En lo social la señora dará la suya al señor, para que éste la pueda entregar; en el ámbito laboral el de mayor jerarquía tendrá la iniciativa. Acuérdese: “Tarjeta que se recibe, tarjeta que se retorna”. Jamás fomente su intercambio en una mesa durante el consumo de alimentos; hágalo al concluir la velada. 

Es idóneo fomentar las conexiones. No demanda mucho tiempo, ni mayor costo: implican enviar mensajes, saludos en ciertas efemérides, compartir información y una variedad de actos de amabilidad. Lo pongo en práctica como genuina manifestación de mi pretensión de afianzar el lazo entablado y demostrar un acercamiento ajeno a desenlaces utilitarios. En síntesis, recomiendo enfatizar el valor de los “contactos”. Invoco el reflexivo enunciado de Adam Grant, psicólogo y expositor de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos): “Crear redes no se trata de pescar con una red; se trata de cultivar un ecosistema”.

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