miércoles, 3 de febrero de 2016

El bosque El Olivar: ¿Patrimonio Natural?

Una buena nueva ha pasado inadvertida en días recientes: la municipalidad de San Isidro está por iniciar las tramitaciones para solicitar a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declare “Patrimonio Natural de la Humanidad” el legendario bosque El Olivar.

Este imponente escenario, considerado un emblema cultural y ambiental, fue denominado “Monumento Histórico” -mediante resolución suprema Nro. 577 del 21 de diciembre de 1959- por el disuelto Instituto Nacional de Cultura en reconocimiento a su valor ancestral de más de 400 años de antigüedad.

Los entretelones de su crecimiento y expansión están llenos de vivencias saltantes y nutridos relatos. En la exhaustiva publicación “Estudio urbano del distrito de San Isidro” (1952), de Ernesto Gastelumendi Velarde, se precisa: “…A seis kilómetros de la plaza principal de Lima y sobre una extensión de veintitrés hectáreas, el Olivar, que fuera del fundo Conde San Isidro, constituye el centro y elemento característico del distrito de San Isidro; Olivar que se creó en terrenos de la ciudad indígena Huandca, que los españoles llamaron Guática y que en principio de la colonia perteneció a don Nicolás de Rivera el Mozo. No se sabe la fecha en que se sembraron los olivos, pero se tiene conocimiento que don Antonio de Rivero, el año de 1560 trajo de Sevilla los primeros Olivos que se utilizaron en Lima y Moquegua. En San Isidro llegaron a sembrarse 1,730 árboles a fines del siglo XVIII, según inventario de esa época; en el año 1825 y a mediados del siglo pasado disminuyeron a más o menos 1,000 existiendo actualmente e doble de esa cifra”.

Por su parte, en la obra “San Isidro - tradición y modernidad” (2012), de Augusto Tamayo San Román, se asevera: “…A finales del siglo XVIII el antiguo Olivar ha crecido de tal manera que cuenta ya con más de 2,000 olivos, tal como puede comprobarse de la lectura de los inventarios de la hacienda de ese entonces. En 1928 la cifra llegaba a 2,338 olivos. La correspondiente industria de aceite de oliva ha igualmente prosperado y el aceite allí producido es vendido no solo en Lima sino embarcado hacia la zona norte de la Audiencia de Lima. A partir de entonces decae la propiedad y, en algún momento del siglo XIX, baja el número de olivos hasta a menos de 900”. Asimismo, una leyenda involucra a San Martín de Porres en sus recorridos por este bosque.

Muchos años más tarde, a mediados de 1920, el arquitecto y escultor español Manuel Piqueras Cotolí -fundador del movimiento de arquitectura neoperuana- desarrolló un proyecto urbanístico incorporando porciones de suelo al tramado antiguo del bosque con la finalidad de garantizar su protección. De esta forma, calles, curvas y reducidos refugios, erigidos por plazoletas o recodos en las intersecciones de calles y veredas, otorgan a la urbanización un vistoso atractivo. En 1941 el municipio de San Isidro “declara de utilidad pública la expropiación de los lotes no construidos en el Olivar para preservar como áreas verdes del distrito”, escribió el autor de “San Isidro - tradición y modernidad”.

Su floresta es el hábitat de casi 15 variedades de aves que lo convierten en el parque con mayor pluralidad de especies ornitológicas de la metrópoli. Allí se encuentran al Turtupilín de pecho rojo, al Botón de Oro de color amarillo y al Tangará de color celeste. Otros pájaros residentes son el Saltapalito, el Tordo Brilloso y el colibrí Amazalia Costeña. Existen interesantes avisos con la ficha técnica de cada espécimen, lo que constituye un valioso aporte a la enseñanza ambiental.

Desde la perspectiva ecológica, cuenta con un sistema tecnificado de riego que posibilita ahorrar el 70 por ciento del recurso hídrico. Con el regadío por inundación se usaban 22.400 m3 de agua mensualmente; mientras que el moderno mecanismo emplea sólo 6.400 m3 para las 10.31 hectáreas que abarca. Esta obra ha demandado una inversión de tres millones doscientos mil nuevos soles.

A mi parecer este representativo espacio público debe cumplir amplias funciones recreativas, culturales y pedagógicas, con el afán de dar a conocer el origen de los géneros botánicos, situar juegos infantiles de materiales biodegradables, banners didácticos con mensajes de sensibilización, tachos según el tipo de residuos e indicaciones de interés. Sugiero instalar un pequeño museo de interpretación destinado a resaltar sus orígenes e importancia. De este modo, pueden intensificarse las iniciativas al aire libre como recitales, danzas, programas de lecturas, títeres, exposiciones y campañas ecológicas. Es pertinente percibir los parques como esferas vivas y multidisciplinarias en beneficio de la comuna y, por lo tanto, su uso debe orientarse a impulsar la participación de sus concurrentes mediante un sinfín de actividades.

San Isidro es una de las circunscripciones con las mayores extensiones de superficie de verdor en la capital. Así lo ha recalcado Pedro Ortiz Bisso en su artículo “¡El malecón también es un parque zonal!” (2016): “…Lima es una ciudad donde las áreas verdes son también una expresión de desigualdad. Mientras San Isidro tiene, en promedio, 18 m2 por habitante, muy por encima del estándar mínimo establecido por la Organización Mundial de la Salud (9 m2 por habitante), existen distritos como Villa María del Triunfo donde no pasan de 1.2 m2. Vivimos en medio de un desierto en donde el agua escasea”.

En tal sentido, creo conveniente citar algunas estadísticas internacionales con la finalidad de comprender nuestra dramática realidad. En Santiago de Chile, un ayuntamiento amenazado por la polución, existe una proporción de 4 m2 por habitante, por encima del promedio latinoamericano: 3.5 m2. Nueva York tiene 27 m2 por lugareño, al igual que Londres, mientras que Estocolmo registra 87 m2.

Este ancestral bosque es un sitio simbólico en la historia de Lima. Corresponde a sus autoridades asegurar su adecuada conservación e intangibilidad, más aún en momentos en los que el denominado “boom inmobiliario” trae abajo incontables inmuebles entrañablemente articulados con la identidad, la memoria colectiva y el sentido de pertenencia de nuestra urbe. El Olivar es un armonioso refugio paisajístico, bello escenario natural y admirable reducto de peruanidad.

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