miércoles, 12 de agosto de 2015

Retablo de Fiestas Patrias

Hace unas semanas asistí con mi madre al Gran Teatro Nacional para presenciar una de las funciones más concurridas, aclamadas, coloridas y que, además, suscita la fascinación de numeroso público: la impecable e imponente presentación del Elenco Nacional de Folclore del Perú.

Los antecedentes del retablo se remontan a la presencia española en América. El Retablo Ayacuchano se ubica en la década del cuarenta cuando establece amistad el artesano Joaquín López Antay (Ayacucho, 1897 - Ayacucho, 1981) -ganador en 1975 del Premio Nacional de Cultura- y un grupo de pensadores indigenistas que le sugieren introducir escenas costumbristas regionales en sus tallados. De esta manera, el antiguo Cajón de San Marcos toma el nombre de retablo e incorpora verbenas patronales y temas sociales.

“…Una pieza que sintetiza nuestra identidad, creatividad y diversidad mediante la danza y la música. Este Retablo de Fiestas Patrias se suma a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Perú presentando en su primera parte un homenaje a los hombres y mujeres que con su compromiso, valentía e incluso con su propia vida contribuyeron a lograr nuestra libertad y a forjar nuestra nación. Queremos que este espectáculo que motive a los hombres y mujeres de hoy a seguir construyendo cada día una patria mejor y de todos”, afirmó la ministra de Cultura, Diana Álvarez Calderón.

Cabe resaltar que este cuerpo folclórico -dirigido por el destacado bailarín y coreógrafo Fabrizio Valera Travesí, con más de 20 años de extensa trayectoria profesional y múltiples distinciones recibidas- fue establecido el 2008 y cuenta con 400 representaciones, entre las que sobresalen sátiras, máscaras, nazareno y carnaval.

En esta ocasión se exhibió en cuatro partes. La primera dedicada a reconocer y valorar las luchas por nuestra emancipación. Estuvo compuesta por el vals “Bello durmiente” de Chabuca Granda, el fox andino “Cóndor pasa” de Daniel Alomía Roble y el yaraví “Adiós para siempre” de Manuel María Flores. Estas composiciones contaron con los arreglos de Eddy Sánchez Sotelo, Luis Chávez y del Elenco Nacional de Folclore del Perú, respectivamente.

La segunda fue una ofrenda al significativo aporte africano a nuestra cultura y, especialmente, al folclore. Consistió en una amena recopilación de Perú negro, el tundique “Cantos del tundique” de Carlos Cornejo Roselló, “Negro rebelde” y “Enamorado de estar aquí” (versión zamacueca) de Fahed Mitre y Miguel Figueroa. Tuvieron el acomodo del Elenco Nacional de Folclore del Perú.

En la tercera se rindió tributo a dos destacados representantes de la música y danza huanca: los rememorados trovadores Leonor Chávez Rojas, vislumbrada como “Flor Pucarina”, considerada una de las mejores cantantes oriundas y Víctor Gil Mallma, percibido como “Picaflor de los Andes”, prestigioso concertista autóctono en la población andina migrada a nuestra capital. Por último, en la cuarta se mostró el baile costeño a través del vals “Embrujo” de Luis Takahashi Núñez y las marineras norteñas “Dulce y bonita” de Lucy de Mantilla y “Caja Trujillo” de César Asencio Guzmán, con el acierto rítmico del Elenco Nacional de Folclore del Perú.

Creo conveniente precisar que a la marinera se le advertía antaño como zamacueca. Por inspiración del periodista Abelardo Gamarra (La Libertad, 1852 - Lima, 1924), apodado con el seudónimo “El Tunante” -quien participó en las batallas de San Juan y Miraflores durante la épica defensa de Lima en 1881- se cambió el nombre en honor a la heroica acción de la marina peruana en la Guerra del Pacífico.

La zamacueca se introdujo en 1840 cuando hubo acercamientos diplomáticos con el país sureño. Los militares chilenos, con el paso de los años, impusieron una zamacueca con ligeras variantes por lo que se denominó ''chilena''. “El Tunante” aseveró sobre el origen de dicho ritmo: ''Marinera le pusimos y marinera se quedó, por supuesto que por entonces, y para que la semilla fructificara, lanzamos no pocas letras picarescas a las que ponían música esos maestros incognitos que no se sabe donde viven, pero que nos sorprenden con sus músicas deliciosas''.

El ensayista más influente en el ámbito de la reflexión de la sociedad peruana José Carlos Mariátegui (Moquegua, 1894 - Lima, 1930) lo calificó en su inmortal obra ''Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana'', como "el escritor que con más pureza traduce y expresa a las provincias". En tal sentido, este cronista realizó una dilatada producción literaria caracterizada por su vocación satírica.

Retablo de Fiestas Patrias fue una elegante, dinámica, atractiva y entretenida actuación que contó también con el acompañamiento como solistas invitados de Stephanie Mariscal Rojas y Mao Cuyubamba Huaringa, prestigiosos exponentes del folclore. Asimismo, dio indudable realce el conjunto musical del Elenco Nacional de Folclore del Perú -creado el 2011- conformado por ocho intérpretes que desplegaron versatilidad y amplio manejo instrumental, a cargo del guitarrista y compositor Eddy Sánchez Sotelo.

La iluminación, los trajes, los diseños, los efectos, la acústica, la escenografía y la estética hicieron de esta jornada una demostración admirable de alegría, música, danza, brillo y ritmo, en una ambiente abarrotado de una concurrencia de variadas edades y procedencias, para disfrutar dos horas de una estupenda velada expresiva de la vasta y heterogénea riqueza histórica, étnica, cultural y social que debe contribuir a la afirmación de nuestra peruanidad.

Quiero concluir transcribiendo la acertada anotación del ilustre historiador e investigador Luis E. Valcárcel Vizcarra (Moquegua, 1891 - Lima, 1987) expuesta en su monumental publicación “Del indigenismo cusqueño a la antropología peruana”: “Pronunciemos el nombre del Perú con el orgullo que se debe, pero también con la dignidad que exige. Que el mundo no dude que es cierto que lo que más vale, ‘vale un Perú’…”

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