viernes, 5 de diciembre de 2014

Once lecciones de vida para tus hijos

Hace unos días encontré un interesante discurso del afamado magnate, informático, filántropo estadounidense y cofundador de Microsoft, Bill Gates denominado “Once reglas de la vida que tus hijos no aprenderán en el colegio”. Según la revista Forbes, el creador de la empresa de tecnología regresó a su instituto para dar una disertación a los alumnos sobre las pautas que se convirtieron en su sello de identidad. Su contenido me pareció acertado, oportuno y conveniente reseñar.

Primero: “La vida no es justa, acostúmbrate a ello”. Vaya si es cierto. Siempre comento a mis estudiantes, incluso de forma reiterada, que en la vida dos más dos no son cuatro. En las matemáticas si, en la vida debes considerar los factores subjetivos, emotivos y de variada índole que, en múltiples coyunturas, inclinan la balanza en tu contra. La justicia simplemente es un legítimo anhelo.

Segundo: “Al mundo no le importa tu autoestima, el mundo esperará que logres algo, antes de que te sientas bien contigo mismo”. La autovaloración es primordial de afianzar en tu proceso de formación a fin de contar con la seguridad interna que facilite convertirte en un ser autónomo capaz de forjar tu propio destino. No obstante, al resto le interesa poco o nada cómo te encuentras: sólo esperan resultados. Por momentos, difícil de asumir.

Tercero: “No ganarás 4.000 dólares mensuales justo después de haber salido de la universidad y no serás vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos”. Cientos de jóvenes creen que un título asegurará el auge laboral inmediato. El camino para llevar a determinado confort no está a la vuelta de la esquina, salvo que seas el hijo de un poderoso hombre de negocios. Es imperioso atender, con igual énfasis, tu ascenso intelectual, cultural, espiritual y emocional. Pues, es inverosímil lograr conciliar un sobresaliente profesional si antes no ha sido formada una persona íntegra.

Cuarto: “Si piensas que tu maestro es duro, espera hasta que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida”. Qué afirmación tan inequívoca. Los jóvenes asumen que el docente es implacable. Cuando ingreses al mercado laboral conocerán la verdadera severidad, injusticia y hasta la mezquindad de jefes acostumbrados a tratar en peyorativas condiciones a sus colaboradores con el pretexto que “page derecho de piso”.

Quinto: “Dedicarse a freír hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: lo llamaban oportunidad”. Lleva acabo, como parte del crecimiento, progreso e incluso de la acumulación de experiencias, un sinfín de vivencias por más básicas que parezcan. Todas enaltecen, forman y preparan para mayores emprendimientos. Así lograrás contar con enormes pericias que te servirán a fin de ser empático cuando dirijas tu compañía.

Sexto: “Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no te lamentes por tus errores, aprende de ellos”. Al cometer errores soslaya trasladar compromisos a tus progenitores. Recuerda: las caídas son parte de la vida y te ayudan en ese infinito proceso de adiestramiento y evolución. Evita castigarte por los deslices cometidos, saca las lecciones más significativas y se capaz de cultivar sus enseñanzas.

Sétimo: “Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Ellos empezaron a serlo al pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar acerca de tus problemas. Así que inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación”. Comprende sus sacrificios y organiza tu existencia sin depender de ellos. La vida es cíclica y, más temprano que tarde, deberás devolverles su generosa entrega. Asumir obligaciones y desafíos contribuye a la maduración personal.

Octavo: “En el colegio puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las respuestas para resolver un examen y responsabilidades cada vez menores. Eso no tiene nada que ver con la vida real”. En nuestra supervivencia concurre una disputa –por instantes sórdida- entre supuestos “triunfadores” y “fracasados”: esclarezcamos sus interpretaciones. Hay quienes asocian el éxito con bienes materiales, tarjetas de crédito, estatus económico y afines. Cuidado con confundir estos conceptos y terminar viviendo para satisfacer apariencias. Identifícate con objetivos más nobles y congruentes que, únicamente, amasar incontables riquezas tangibles.

Noveno: “La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos, y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre”. Si logras hacer aquello que te llena y recompensa, no demandarás extensos descansos. El trabajo será un placer y, además, un deleite cotidiano. No habrá espacio para prolongadas pausas cuando deseas alcanzar nuevos planes.

Décimo: “La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para ir a trabajar”. Todavía muchos jóvenes creen que refleja la existencia habitual en todas sus profundidades. Nada más errado: la televisión rehúye proyectar las dimensiones, padecimientos, conocimientos y ese mosaico tan rico de oportunidades inherentes a la especie humana. Evita sustituir este medio de comunicación por tu testimonio personal. Aproxímate a la cultura y a sus variadas y exuberantes manifestaciones y, de esta manera, lograrás tener una mejor percepción de lo que sucede a tu alrededor. La sapiencia es un instrumento de sublevación, reflexión y disconformidad imprescindible.

Undécimo: “Sé amable con los 'nerds'. Existen muchas posibilidades de que termines trabajando para uno de ellos”. La vida también es una sucesión de desconciertos, acontecimientos imprevistos y revelaciones sorprendentes. Está latente la casualidad que en algún momento seas contratado por aquel compañero de estudios –limitado en sus habilidades sociales- divisado con desdén y al que creíste incompetente para forjar un futuro próspero.

Amigo lector, he pretendido compartir contigo unas cuantas y dispersas deliberaciones en relación a las lecciones de la vida: esa maravillosa e inagotable escuela de realizaciones, esperanzas y altibajos presente ante nuestros ojos. Acaso tenía razón el escritor, dramaturgo, crítico literario y Premio Nobel de Literatura (1922), el español Jacinto Benavente, al afirmar: “La vida es como un viaje por mar: hay días en calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco”.

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