domingo, 26 de agosto de 2012

Manuel González Prada: ¿Fotógrafo de las desgracias nacionales?

El ilustre anarquista, maestro, ensayista y pensador Manuel González Prada (1844 – 1918), afirmó: “El Perú es un organismo enfermo; donde se aplica el dedo, brota la pus”. Su aseveración intentaba graficar la dimensión de la profunda crisis moral y estructural de la sociedad peruana -de fines del siglo XIX- generada por la derrota en la guerra con Chile y la deplorable actuación de la clase dirigente.

La voz de este crítico peruano y, además, “Precursor del Modernismo Americano”, influyó con intensidad en los jóvenes ilustrados de la “generación del centenario”, como se denomina a los compatriotas nacidos al cumplirse 100 años de la Independencia Nacional. Muchos de ellos ocuparon un activo rol en el quehacer literario, político y social del país.

En su afamado discurso en el Teatro Politeama de Lima (1888) denunció a los militares, al clero y al hispanismo como causantes de nuestra opresión e ignorancia. Por lo tanto, sintetizó su cruda percepción con estas palabras finales: “…En esta obra de reconstitución y venganza no contemos con los hombres del pasado: los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”.

Han pasado los años y las décadas y, desde mi perspectiva, su mensaje de disconformidad es plenamente vigente a la luz de los sucesos que han marcado la república. La injusticia social, la corrupción pública, la discriminación, el centralismo, el problema del indio, la ausente distribución de la riqueza, la inutilidad de las cúpulas de los partidos políticos, la influencia del poder eclesiástico y económico en los gobiernos de turno, son algunas esferas en donde se aprecia la valía de su diagnóstico.

Desde joven me interesó leer su producción intelectual -gracias a la ascendencia de mis profesores en mis tiempos escolares- y creo haber encontrado en sus documentadas obras “Horas de lucha” y “Páginas libres”, ciertas respuestas a nuestra realidad. Este incomprendido estudioso tuvo detractores e incluso su legado ha sido, intencionadamente, excluido y silenciado en el sistema educativo.

Recuerdo cuando visité a Fernando Belaunde Terry -en su acogedor departamento de San Isidro en julio de 1999- y se refirió a este iniciador de las ideas anarquistas como un “fotógrafo de las desgracias nacionales”. El ex jefe de estado discrepaba, entre otros aspectos, de su enfoque sobre la corrupción en el Perú. González Prada presentó los conflictos que se arrastran a lo largo de la existencia republicana. Además, poco o nada hacemos para revertir este escenario al que, por desgracia, sinnúmero de peruanos se han acostumbrado y, en consecuencia, consideran habitual adoptar actitudes indiferentes e indolentes como una forma de subsistencia. Todo lo que, por desgracia, es “normal” en un medio sometido a una fuerte “anestesia” que impide reacciones de indignación personal y colectiva ante la arbitrariedad.

Este “adormecimiento” lo observamos en las más variadas actividades del quehacer cotidiano. Se ve en la desidia ante el despotismo del transporte público; en la falta de solidaridad con el vecino de la cuadra; en la apatía frente a los abusos en los centros laborales y ante los que, de manera encubierta, fingimos estar ciegos, sordos y mudos para no “peligrar” nuestra estabilidad laboral; en la escasa adhesión a las desdichas de quienes padecen el frío en el sur del Perú; en la ausencia de capacidad para sublevarnos por el indebido cobro de impuestos municipales. Sería extensa la lista de circunstancias en las que permanecemos pasivos y lo que es peor: frívolos.

En tal sentido, reitero lo expuesto en mi artículo “La indiferencia del peruano”: “Cada uno vive sus apuros y retos ante la supervivencia diaria. No buscamos alternativas organizadas para enfrentar conflictos comunes, somos incapaces de mirar al vecino con sentido solidario, tenemos una autoestima resquebrajada que impide defender nuestros derechos y, además, practicamos ese deporte consistente en “diagnosticar” -cada vez que estamos con unas copas en la mano- los problemas de la patria y evadimos convertirnos en actores del cambio que demandamos”.

No podemos seguir culpando a otros de los sucesos que acontecen en la dinámica social. Debemos asumir una responsabilidad compartida. ¿Algún día despertaremos de nuestra aturdida, disfrazada, interesada y felona burbuja? ¿Cuándo aceptaremos como propios los problemas del prójimo? ¿A dónde nos conducirán los miedos y las pusilanimidades interiorizadas en los peruanos? La respuesta está, únicamente, en la conciencia de cada uno de nosotros. A propósito quiero evocar unos comentarios de González Prada: “Algunos pretenden redimir a la humanidad sin haber logrado catequizar a su familia, olvidando que antes de pronunciar discursos y de escribir libros, se necesita hablar la más elocuente de las lenguas: el ejemplo”.

Del mismo modo, como anotara el autor de “Páginas libres”, necesitamos líderes con autoridad para inspirar fe y credibilidad en la población. Demandamos agrupaciones políticos competentes a fin de estudiar el complejo contexto nacional y que sirvan de puentes de entendimiento entre las incertidumbres del lugareño y el estado. Capaces de integrar en sus filas a hombres honestos, decentes y comprometidos con el bien común.

Requerimos instituciones políticas organizadas, democráticas, transparentes y preparadas para entender los dilemas de la ciudadanía y, por lo tanto, con lucidez a fin de contrarrestar a quienes se valen de sus deficiencias con el afán de atacar el sistema vigente. Atender y canalizar el “termómetro” popular, es tarea de estas entidades -centrales para la democracia- más allá de acordarse del pueblo en tiempos electorales.

Los peruanos exigimos una clase dirigente a la altura de las actuales circunstancias. Pero, con igual énfasis, optemos un proceder diferente, renuente y perseverante para salir de este lacerante trance moral. Tengamos siempre presente lo apuntado por Manuel González Prada: “La rosa no florece en el pantano”.

jueves, 23 de agosto de 2012

Alexander Von Humboldt: Un enamorado de América

El historiador, filósofo y catedrático mexicano Carlos Pereyra, describió al barón Alexander Von Humboldt con éstas palabras: “…Un enamorado caballerezco de América, el admirador romántico de sus paisajes, el curioso escudriñador de sus movimientos, el huésped simpático de su sociedad. Fue algo más; mucho más…el genial fundador de la filosofía social en los países americanos”. Este es el multifacético personaje al que evocamos al cumplirse 210 años de su presencia en el Perú.

 Alexander nació en Berlín el 14 de setiembre de 1769, durante el reinado de Federico “El Grande”, el tercer rey de Prusia y uno de los máximos representantes del ''Despotismo Ilustrado'' del siglo XVIII. En su vida se produjeron episodios históricos como la Revolución Francesa –que fortaleció sus nociones liberales- el imperio de Napoleón Bonaparte y la independencia de los pueblos de América Latina.

Pertenecer a una familia noble facilitó su privilegiada educación en las universidades de Frankfurt y Gottinga con maestros ilustres -como el antropólogo, psicólogo y médico Johann Friedrich Blumenbach, célebre por ser el creador de la “antropología física”- que lo orientaron en sus estudios de anatomía y antropología. Cursó en la Escuela de Comercio de Hamburgo y en la de Minas de Freiburg. Tiempo después es designado funcionario del Tribunal de Minas (Berlín).

Realizó su primer periplo formativo en 1790. Recorrió el río Rin hasta Holanda y, de allí, a Inglaterra, con lo que empezó a soñar con navegar a otros continentes. Notable autodidacta, aventurero, explorador, zoólogo, astrólogo y botánico que merece ser considerado uno de los precursores de la Geofísica y la Meteorología. El libertador Simón Bolívar lo llamó “el descubridor científico del Nuevo Mundo”.

En su afamada obra “Cosmos” –la última que escribió y en la que condensó una suma del saber humano- intentó abarcar el conocimiento científico. Su valía no radica sólo en su versada dimensión, sino en su ideario filosófico. Rescata algunos de sus valores, como la universalidad de la sapiencia, el respeto entre las diferentes culturas, la libertad, los derechos humanos y la democracia.

Combatió la esclavitud, la discriminación, el colonialismo, la crueldad animal y abrazó intensos ideales libertarios. Su propósito máximo era alcanzar un amplio discernimiento del universo. Fue un lector voraz en el campo de la cultura humanista, cuyas curiosidades intelectuales no tuvieron límite. Para él la expresión escrita o hablada del prójimo poseía una inmensa connotación que despertó su vivo interés. No prevaleció en Alexander las absurdas creencias, ya superadas, sobre la existencia de hombres superiores o inferiores.

¿Cómo empezó su propósito de venir a América? Llegó a París (1799) y se propuso hacer una travesía alrededor del mundo. De esta manera, comenzó una hazaña llena de aventuras, descubrimientos e indagaciones acompañado de su amigo, el botánico francés Aimé Bonpland. Georg Peterson y Estuardo Núñez en su fascinante libro “Alexander Von Humboldt en el Perú”, precisan: “…El ilustre científico Alexander Von Humboldt dedicó cinco años a su memorable viaje de exploración de las Américas, desde el 5 de junio de 1799, día de su partida de La Coruña, España, hasta el 3 de agosto de 1804, fecha de su retorno a Burdeos. Esta empresa de exploración la cubrió íntegramente con su propio peculio; no contó con las facilidades que por entonces se brindaba a los miembros de otras expediciones famosas, financiadas por varios estados europeos, ni dispuso, por tanto, de movilidad marítima propia, de forma que siempre dependía de la navegación comercial, de itinerario irregular, o de enlaces eventuales con otras expediciones”.

Llegaron a Cumaná (Venezuela) y permanecieron tres meses. Luego marcharon por Caracas, San Fernando, San Carlos y Cartagena. Remontó el río Orinoco –uno de los más largos de América- tratando de encontrar su origen en el río Amazonas. Tuvieron un breve pasó por Bogotá, Quito y, finalmente, arribaron a Lima. Recorrió lo que ahora es Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú y México, logrando cultivar amistad con Thomas Jefferson y Andrés Bello, entre otros personajes de la época.

El investigador berlinés ingresó al territorio peruano el 1 de agosto de 1802, residiendo hasta el 24 de diciembre de ese año. Anduvo por Ayabaca, Chuculucanas, Huancabamba, Jaén, Cajamarca, Trujillo y el valle de Chicama. Se quedó admirado con los acueductos construidos por los chimús al observar los restos arqueológicos de Chan Chan. Visitó Mansiche y Huanchaco en donde divisó los “caballitos de totora”.

En los pueblitos de Huanchaco y Huamán (La Libertad) averiguó la temperatura marina. Halló que era cinco grados menor que la correspondiente a esa latitud y lo relacionó con la presencia de un cauce costero proveniente de Sur a Norte. Este fenómeno denominado “Corriente de Humboldt”, contiene una rica de plancton y phytoplankton.

Según los autores de “Alexander Von Humboldt en el Perú”: “…En la página 149 del Diario, consigna con fecha 12 de octubre la palabra ‘guano’, inspirado bien por la vista de los mantos blancos que cubren la superficie de la península y de las islas Ferrol e isla Blanca que separan la había del mar abierto, o bien por el uso que se da a este producto en el fértil valle de Santa. Este dato es significativo pues existen opiniones diversas sobre el lugar en el que conoció por primera vez el guano, aplicado en el Perú como fertilizante ya en tiempos prehispánicos y desde los primeros años de la conquista”.

Entró a Lima el 23 de octubre y pasó 61 días. En la capital lo acoge el virrey Gabriel de Avilés –quien dispuso hospedarlo en la residencia ocupada por el barón de Nordenflycht, en el Paseo de Aguas (Rímac)- y el protomédico y cosmógrafo Hipólito Unanue. En su ensayo “Alexander Von Humboldt y su repercusión en la independencia del Perú”, Teodoro Hampe Martínez comenta: “…Unanue fue el más importante de todos los personajes que Humboldt conoció en Lima. A través de él, conoció las ediciones del ‘Mercurio Peruano’ y quedó tan entusiasmado que se llevó toda una colección del periódico a Europa, de la cual hizo traducir algunos artículos”.

En nuestra capital recogió informaciones que, tiempo más tarde, volcaría en “Cosmos”. También, hizo críticas revelaciones en su carta, del 18 de enero de 1803, al gobernador de Jaén, José Ignacio Checa: “…En Europa nos habían pintado a Lima como la ciudad de lujo, de la elegancia y de la hermosura del bello sexo. No vi nada de todo aquello, aun cuando se sabe que esta capital ha decaído mucho con el desarrollo de Buenos Aires, Santiago de Chile y Arequipa…En Lima no he aprendido nada del Perú. Allí nunca se trata de ningún objeto relativo a la felicidad pública del reino. Más separada del Perú está Lima que Londres, y, aunque en ninguna parte de América española se peca de un patriotismo excesivo, no conozco otra ciudad en la cual ese sentimiento sea más apagado”.

Sobre la carente integración de la “Ciudad de los Reyes”, con el resto de la colonia, Estuardo Núñez dice: “…La crítica un tanto desfavorable de Humboldt sobre Lima, no hace sino acentuar su predilección por el Perú auténtico antes que por su capital, como si quisiera demostrar que el Perú no era Lima y que ésta no era representativa del país profundo”. No obstante, el joven explorador elogia la arquitectura limeña en sus apreciaciones acerca del Convento de San Francisco.

Plasmó su asombro por el quechua en su Diario al anotar: “La lengua general o quichua es rica en expresiones para esta lluvia fina que cae en todo el Contisuyo”. Es fundamental su interés por integrar todas las disciplinas dentro de sus ilustraciones para comprender el todo. Mediante sus averiguaciones tuvo mirada holística del mundo, comprendiendo como cada parte posee una relación con los demás, incluyendo el ser humano.

Buscó los escritos de los cronistas Garcilaso de la Vega y José Acosta. Por esa razón, en su Diario hace esta irónica afirmación: “…Se podría decir que el dios Rímac, que según Garcilaso era llamado ‘el dios hablador’, preside también a todas las clases sociales de Lima, pues hay pocos lugares en el mundo donde se hable más y se obre menos”.

Su vocación por la soberanía y el abolicionismo le valió proscripciones. Los principios que lo caracterizaron se inspiraron en la “libertad, la igualdad y la fraternidad” y en las luchas de esta parte del continente. “Su saber ha hecho más bien a América que todas sus conquistas”.

viernes, 3 de agosto de 2012

Perú: Patrimonio único en el mundo

La llegada de un aniversario de la independencia nacional despierta nuestra reflexión acerca de la extraordinaria multiplicidad cultural, ambiental, social, étnica y geografía que nos define. Ello me trae a la memoria las palabras del recordado José María Arguedas: “Ese Perú hermoso, cruel y dulce, y tan lleno de significado y de promesa ilimitada”.

A continuación comparto algunos alcances tendientes a aprender y fortalecer el orgullo patrio. En las zonas andinas albergamos la mayor población de vicuñas y alpacas, los camélidos con las fibras más finas y cotizadas a nivel internacional. Tenemos 30 variedades de olluco; 3,000 de papa; 32 de maíz; y casi 25 de quinua. Gracias a las pacientes indagaciones del empresario Fermín Tanguis (1851 – 1930) logramos obtener un algodón -considerado el más selecto del mundo- que lleva su nombre.

La geografía peruana exhibe características únicas y excepcionales en el planeta. Los cañones del Colca y Cotahuasi (Arequipa) están reconocidos como los más profundos; poseemos 1,769 glaciares; 12,000 lagunas de diferentes tamaños; el nevado Alpamayo, ubicado en el Parque Nacional Huascarán (Ancash), fue designado el más bello en la Encuesta Mundial de Belleza Escénica (Alemania, 1966); el río Amazonas, el más caudaloso y fascinante; y el lago navegable más alto: el Titicaca.

Estamos entre los primeros cinco países del mundo en biodiversidad. Un ejemplo, es el hallazgo en un sólo árbol (el shihuahuaco) en la Reserva Nacional Tambopata Candamo (Madre de Dios) de 5,000 especies de insectos (el 80 por ciento eran una primicia para la ciencia). Además, albergamos 3,000 de orquídeas y 1,760 de aves (la mayor cantidad del orbe). Poseemos 84 de las 104 zonas de vida existentes y 28 tipos de clima de los 32 identificados.

Nuestro país no es solo la tierra del ceviche, el pisco, la chirimoya, la lúcuma, la guanábana, la granadilla, entre otras innumerables fuentes de alimentación. Estamos obligados a reconocer el aporte destacado por el eminente historiador Luis Eduardo Valcárcel en su obra “Historia del Perú antiguo”, cuando afirma: “…Los peruanos precolombinos tienen en su abono ser quienes mayor número de plantas domesticaron sobre la faz del planeta. De ese modo dotaban al hombre de un crecido número de alimentos, entre los cuales sobresale la papa como el tubérculo que libró a Europa de las hambrunas periódicas y ha contribuido a la grandeza del pueblo alemán. Cerca de otras cien plantas útiles pasaron por las manos de los antiguos peruanos para transformarse de silvestres en cultivables, con un pronunciado cambio en cualidades nutritivas y mejor sabor que hace apetecibles. Cultivaron también plantas industriales, como cuatro clases de algodón, el añil, la cabuya, la enea y otras fibras que emplearon, junto con la lana de los auquénidos, en la manufactura de sus magníficos tejidos”. Recordemos que cerca del 40 por ciento de los comestibles han sido domesticados en el Perú.

El océano Pacífico es una fuente singular de recursos que bien vale echar un vistazo. El varón alemán Alexander Von Humboldt -acompañado de su amigo el médico y botánico francés Aimé Bonpland- arribó al Perú el 1 de agosto de 1802, como parte de un extenso viaje por América. Durante su permanencia en los pueblitos de Huanchaco y Huamán (La Libertad) averiguó la temperatura marina. Halló que era cinco grados menor que la correspondiente a esa latitud y lo relacionó con la presencia de un cauce costero que discurre de Sur a Norte. Este fenómeno denominado “Corriente de Humboldt” contiene la producción más rica de plancton y phytoplankton que se conozca.

En nuestro extenso litoral viven 20 de las 67 variedades de los pocos cetáceos y ballenas relacionadas en especies en el mundo. También, ofrece 700 géneros de peces y 400 de crustáceos. Toda una maravilla de la naturaleza que debiéramos aprovechar -de manera racional- para enriquecer la dieta alimenticia de la población.

Humboldt, durante su estadía en Lima, comenta los visibles distanciamientos e indiferencias de la urbe capitalina con el resto de la colonia. En su carta al gobernador de Jaén, José Ignacio Checa, hace estas agudas aseveraciones: “…En Lima no he aprendido nada del Perú. Allí nunca se trata de ningún objeto relativo a la felicidad pública del reino. Más separada del Perú está Lima que Londres, y, aunque en ninguna parte de América española se peca de un patriotismo excesivo, no conozco otra ciudad en la cual ese sentimiento sea más apagado”. Más adelante añade: “…Hay pocos lugares donde se hable más y se obre menos”.

Asimismo, nuestra herencia cultural es un semillero inagotable de permanentes revelaciones que contribuyen al afianzamiento de nuestra identidad. Una muestra es El Señor de Sipán, un antiguo gobernante del siglo III cuyo dominio abarcó una zona del Perú. Sus tumbas marcan un importante hito en la arqueología continental porque, por primera vez, se halló intacto -y sin huellas de saqueos- un entierro real de una civilización anterior a los incas.

Otra joya de nuestros antecesores es Caral que, además, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Situada en el Valle de Supe -200 kilómetros al norte de Lima- tiene 5000 años de antigüedad y es la capital de la civilización Caral. Fue contemporánea a las civilizaciones de la China, Egipto, India y Mesopotamia. Este sitio tuvo una organización teocrática y estuvo rodeada por culturas enmarcadas en lo que se denomina "sociedad aldeana".

De otra parte, científicos de todas las disciplinas nos han visitado atraídos por la amplitud de las investigaciones que ofrecemos. Acogemos una inmensurable “cantera” de recursos que despiertan admiración. El profesor y botánico alemán Augusto Weberbauerel, el escritor y geógrafo inglés Clements Markham, el médico y antropólogo alemán Ernst W. Middendorf, el explorador y pensador italiano Antonio Raimondi, son unos de los tantos hombres de ciencias involucrados con el estudio del Perú, cuyo legado estamos obligados a valorar.

Guardo especial tributo por el descubridor de la “Puya Raimondi”. Luchador inclaudicable, marchó hacia su fin motivado por el anhelo de revelar el país con el que se identificó. Superando adversidades logró publicar el primer tomo de su volumen “El Perú” (1874), dedicado a la juventud. Allí escribió: “…Confiado en mi entusiasmo he emprendió un arduo trabajo superior a mis fuerzas. Pido pues vuestro concurso. Ayudadme, dad tregua a la política y consagraos a hacer conocer vuestro país y los inmensos recursos que tiene”. Este texto es un documentado recuento de nuestra herencia natural y cultural que incluye descubrimientos, asientos mineros, haciendas de la costa y sierra, fundación de pueblos y ciudades, entre otros pormenorizados apuntes. Hoy tengamos presentes lo dicho por él: “En el libro del destino del Perú, está escrito un porvenir grandioso”.

Poseemos un horizonte privilegiado. No obstante, una visión crítica siempre facilita entender la compleja realidad de una república invertebrada, insolidaria y apática que, sin embargo, reposa sobre un pasado majestuoso que debiera orientar nuestras inspiraciones. Por lo tanto, nos corresponde asumir lo enfatizado por César Vallejo: “Aunque se me haya ocurrido odiar al Perú, ese odio estaría impregnado de ternura”.

Hagamos un análisis destinado a superar nuestros intensos y recurrentes desencuentros que evitan forjar puentes de entendimiento y coexistencia. Trabajemos para vencer prejuicios, complejos, discriminaciones y todo aquello que nos aparta de los grandes objetivos nacionales. ¿Por qué nos resulta tan difícil entender que cada uno de nosotros es la “materia prima” con la que se construye el destino colectivo? Reconozcamos, en los momentos actuales, la urgencia de asumir el “cambio” como un imperativo.

Estimado lector, abrigamos mil razones para elevar la autoestima, engrandecer la sensibilidad, percibir el futuro con esperanza y plenos de actitudes positivas. Forjemos sentimientos de unión fraternal, abracemos nuevas realizaciones por el bien común, consolidemos esfuerzos, aunemos voluntades y sentamos euforia por nuestras raíces milenarias y, consecuentemente, por nuestra representativa pluralidad en la que confluyen “todas las sangres”.