sábado, 7 de abril de 2012

Áreas verdes de Lima: Pulmones en peligro

En diversos distritos de la capital han surgido protestas vecinales ante la pretendida urbanización de zonas destinadas para parques y áreas libres. Nuevamente, el uso inadecuado de estos espacios públicos pone en debate la obligación de cumplir con las disposiciones internacionales sobre desarrollo urbano, aunque estemos muy lejos de estas exigencias por el equivocado modelo de expansión implementado.

En nuestra metrópoli existen 13 978 761 m2 de áreas verdes, que representa el 0,5 por ciento del territorio y una densidad de 1,98 m2/habitante. Dicha extensión es reducida de acuerdo con lo dispuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece 8 m2/habitante de área verde. Según refiere el arquitecto Miguel Cruchaga Belaunde, en su artículo “Dos consignas para Lima: Recuperar y descongestionar” (Caretas Nro.2010): “…Los parques son víctimas frecuentes de la gestión de los alcaldes. Desde que la ciudad empezó a extenderse, las pautas del urbanismo previeron que ese crecimiento debería aparejarse con una reserva equitativa de ‘área verde’ para propiciar la oxigenación del aire y el reencuentro del hombre y la naturaleza, en espacios descansados que propicien su reconexión. Según estas pautas la ciudad debe dejar (por lo menos) 10 por ciento de la nueva superficie urbanizada como área de parques, sin menoscabo de las extensiones adicionales para calles, plazas y demás equipamiento urbano. Ello permitiría que la ciudad dispusiera de cuando menos, 7 m2 de área libre por habitante…”.

La “Ciudad de los Reyes” está llena de parques en conflicto, entre otras razones, por la ambición de los alcaldes que hacen peligrar su integridad. Ese fenómeno aparece en los distritos con mayor demanda de terrenos lucrativos. Deseo compartir una anécdota ilustrativa de estas pretensiones. En 1988, el alcalde de Jesús María intentó talar los árboles de un segmento del Campo Marte, con el fin de lotizarlo, pero una acción de amparo -que presenté en representación del Movimiento de Juventudes del Frente Ecológico Peruano- aceptada por el juez del Décimo Quinto Juzgado de Lima, Vladimir Paz de la Barra (la primera sentencia ecológica en la historia judicial del país) impidió que este tradicional reciento se destruya.

En un hecho sin precedentes se declaró “…suspendida la tala de árboles y la ejecución de obras civiles, que violen el derecho del ser humano a vivir en un ambiente sano, ecológicamente equilibrado, y la intangibilidad del área verde que contiene el Campo de Marte”. A pesar de tan interesante antecedente jurídico los parques no deben ser percibidos, por las autoridades ediles, como “terrenos sin construir” o destinados para concretar cualquier fantasía (playas de estacionamiento, centros comerciales y complejos multifamiliares).

Desde mi perspectiva, estos sitios no convendrían ser mirados como atractivos para pasear rodeado de plantas, flores y árboles. Su misión es más valiosa de lo imaginado. Cumplen un papel fundamental por tratarse de pequeños reductos de tratamiento del aire y contribuir a la disminución de las sustancias tóxicas. Es ineludible dotarlos de variedades botánicas capaces de resistir los niveles de contaminación. También, regulan el micro clima, embellecen el entorno urbanístico y sirven para desplegar una pluralidad de acciones.

Los parques deben cumplir funciones recreativas, sociales y pedagógicas con el afán de dar a conocer el origen de los géneros botánicos mediante letreros con su nombre (común y científico) y algunos datos adicionales. Sugiero considerar situar entretenimientos infantiles elaborados con materiales biodegradables (el plomo con el que están pintados los juegos constituye un peligro), letreros con mensajes de sensibilización, avisos con la programación cultural del distrito, tachos para seleccionar residuos, señalización, indicaciones de interés general e instalar (en los jardines que su extensión lo permita) pequeños centros de interpretación.

Un ejemplo es el bosque El Olivar en San Isidro que podría tener un museo destinado a apreciar y valorar su historia, cuyos antecedentes se remontan a la época colonial cuando esas tierras pertenecieron a Isidro Gutiérrez Cossío. Por su parte, el Parque de la Amistad de Santiago de Surco –al que concurro con frecuencia- comprende plazuelas, glorietas, puentes, piletas, laguna artificial, estación de tren, locomotoras y representativos exponentes de la biografía de Lima en una extensión de 30 hectáreas. Su diversidad de encantos puede complementarse con programas educativos, información de la comuna, actividades al aire libre, campañas ecológicas, entre muchas otras iniciativas de interés para sus asistentes.

Durante mi breve paso por el Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda (2006-2007) logramos ampliar sus áreas verdes, creamos exhibidores botánicos en las tres regiones del país -con la finalidad que el visitante identifique el origen de las especies peruanas- integrado con el montaje de banners didácticos, pensamientos e información de utilidad. Se aprovecharon los espacios disponibles para exposiciones, presentaciones artísticas, lecturas y otras labores culturales, además de fomentar la selección de desechos en tachos para papeles, plásticos y residuos orgánicos. Todo lo cual se realizó a pesar de las reiteradas trabas y obstáculos de los “funcionarios públicos de carrera” frívolos, pusilánimes e insensibles, que siempre vieron la educación como un “gasto” innecesario.

Igualmente, existen otras experiencias favorables. El parque María Reiche de Miraflores (creado en 1991 y con una extensión de cuatro hectáreas) ubicado en pleno malecón tiene una planta de tratamiento por donde las aguas servidas ingresan directamente del desagüe (proveniente de diez cuadras a la redonda y capta 1.2 litros por segundo) y luego pasan a un biodigestor que concentra bacterias para descontaminar este recurso de agentes patógenos y coliformes fecales. El elemento líquido tratado cuesta 0.50 céntimos el metro cúbico, mientras el costo del agua de Sedapal es dos nuevos soles. La ventaja económica es indudable.

“Este es un modelo de aprovechamiento del recurso hídrico, incluyendo los fecales para hacer compost. A través de un mecanismo sencillo se han reverdecido los acantilados con la campanilla, una especie que no requiere mantenimiento, crece con rapidez y resiste la brisa marina”, comenta Miguel Salazar Chamorro, el operador de esta instalación. Este proyecto exitoso debiera estar abierto al público para –por medio de un circuito educativo- mostrar el proceso de “reciclado” de las aguas hasta su almacenamiento en cisternas y difundir las virtudes de esta buena práctica ecológica. Su costo no excede los 50 mil dólares y podría imitarse a lo largo de la Costa Verde, a fin de evitar los sucesivos deslizamientos y embellecer este representativo espacio de la franja costera de la ciudad.

El precio de las propiedades se ha elevado e influye en la acelerada construcción de grandes edificios, lo que demuestra cómo está relacionado el valor de los inmuebles con el incremento de nuevas zonas verdes. Su ampliación y mejoramiento ha generado convenientes impactos para la colectividad miraflorina, que todos podemos disfrutar al pasear por tan agradable y armonioso escenario.

El parque tenía un novedoso sistema de iluminación para observar los dibujos de las líneas de Nazca que, lamentablemente, ya no existe. Recomiendo poner amplias reseñas explicativas de estos enigmáticos diseños, sus orígenes, la trayectoria de la estudiosa alemana y la clasificación botánica. Hasta podría colocarse, con el auspicio de la empresa privada, una sala de interpretación destinada a comprender estos grabados. Más aún teniendo en cuenta la numerosa afluencia de turistas. A mi parecer, estamos frente a una iniciativa desaprovechada desde un enfoque formativo.

La tugurización, los cada vez más elevados grados de contaminación sonora, visual y de gases -provenientes de las industrias y el sistema automotor- además de los desórdenes inherentes a la densificación de Lima, son argumentos suficientes para entender el trascendente rol de las áreas verdes en la calidad de vida de los habitantes. Como bien decía el conservacionista Felipe Benavides: “Ya es tiempo de que las autoridades cuiden los árboles que son fuente de oxígeno, materia indispensable para la vida del hombre que se encuentra cada día en mayor peligro de contaminación”.

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