domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Ética y decencia en el Parque de Las Leyendas?

Dentro de pocas semanas concluye el mandato edil que ha tenido, desde el 18 de junio de 2007, a su cargo la administración del Patronato del Parque de Las Leyendas – Felipe Benavides Barreda. Su paso ha sido una nítida muestra de pésimo manejo económico, desarrollo de obras superfluas, sobredimensionamiento del número de trabajadores, ausencia de transparencia, entre otras “perlas” que descubren la incapacidad de la gestión de Luis Castañeda Lossio para encaminar un escenario arqueológico, botánico y zoológico de singulares particularidades.

Siguiendo el legado de Felipe Benavides -uno de sus gestores, fundadores y presidentes con quien compartí los últimos siete años de su vida- me correspondió presidir esta entidad (agosto de 2006 a junio de 2007), por encargo del jefe de estado. Instauramos la ética -tan en desuso en esta época- inspirado en el esfuerzo ejemplar de Benavides, quien abrazó causas ligadas a nobles propósitos altruistas y nacionales. Mario Vargas Llosa le escribió, en cierta oportunidad, estas palabras: “Con mi respeto y admiración, al último de los idealistas”. Felipe era un luchador incansable por los valores que salvaguardó.

El trabajo que presidí se trazó como meta formar una cultura de ética coherente con la integridad que debe enaltecer al servidor público. Para este fin, implementamos diversas acciones -a pesar de las trabas e intrigas de los “funcionarios públicos de carrera”- como tramitar y coordinar con la Comisión de Ética y Transparencia del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes) a fin de incorporar este concepto y desplegar programas de capacitación sobre transparencia, neutralidad y moral pública. Se cumplió con la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, colocando mayor información de la requerida por el mencionado decreto, se entregó los contratos a los colaboradores de la institución y se elaboró el manual y la declaración de ética suscrita por sus integrantes. Hicimos algo muy singular, en la puerta del parque se puso un letrero -que sintetizó nuestra manera de pensar- que decía: “Esta es una institución al servicio de la comunidad, allí se vive la ética y se practica la meritocracia, y no aceptamos tarjetazos”.

Como lo expresé en mi artículo “La ética de Carmen Vildoso” (2008): “…Gracias al trabajo que desarrollamos con el equipo presidido por Carmen Vildoso, quien se desempeñaba como presidenta de la Comisión de Ética y Transparencia de dicho ministerio, logramos -en tan solo nueve meses- dejar una huella de decencia, transparencia y, en especial, de neutralidad política que incomodó a más de uno, aunque esas discrepancias no fuesen explícitas sino encubiertas, como es habitual en los burócratas frívolos, incompetentes y pusilánimes. Todavía recuerdo la sorpresa que suscitó mi carta en la que solicitaba licencia al Partido Aprista Peruano durante la campaña electoral municipal de 2006, en cumplimiento de la Ley del Código de Ética de la Función Pública”. El dirigente aprista que rehuyó aceptar mi solicitud de permiso -y a quien tuve que enviar una carta notarial- es, nuevamente, alto funcionario de un programa social del Mimdes. Espero recuerde que la neutralidad es inexcusable en circunstancias electorales y cuando se lidera un organismo con cuantiosos recursos.

Estos son algunos de los logros conseguidos a pesar de limitaciones y adversidades, lo que demuestra que se puede encaminar resultados, superar obstáculos, vencer resistencias y avanzar con firmeza en la consecución de objetivos. La escasa lealtad y entrega de los altos ejecutivos -que practican la estrategia del “perro del hortelano”- fue el mayor obstáculo que enfrenté. Tuve que combatir sus indiferencias, silencios e hipócritas sumisiones, miedos y apatías.

Sin embargo, es indignante el comportamiento de los burócratas que miran al estado como el “arca” que les facilitará resolver angustias económicas, desconocer lo progresado por sus antecesores y caer en la mezquindad de “refundar” entidades. Nada más absurdo y frecuente en nuestro medio. Cabe enfatizar que Solidaridad Nacional es responsable de la quiebra económica del Parque de Las Leyendas.

Habría que recordarles el dicho del político español Enrique Tierno Galván: “Los bolsillos de los gobernantes deben ser de cristal”, dado el despilfarro del equipo del ex alcalde condecorado por el gobierno. Además, de sus onerosos sueldos, incontables asesores, discutidos proveedores, etc., que expresa la sordidez de su conducción. Para muestra un detalle: La jefa de la Unidad de Logística ha sido, hasta hace poco tiempo, jefa de la Oficina de Control Interno (OCI). ¿Es ético que la encargada del área de fiscalización pase a integrar el equipo de confianza de esta administración? A mi parecer es una manera de silenciar investigaciones y comprar su conciencia.

También, claro está, desarrollaron edificaciones que merecen cuestionamientos. La construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales que está paralizada, el retorno de los vendedores ambulantes y concesionarios retirados en mi época, la demolición de los nuevos servicios higiénicos para justificar “obras” y mayores gastos, las millonarias deudas contraídas, la adquisición de carritos de golf para el paseo de sus funcionarios y el desconocimiento de su Plan Maestro. Y ni que decir de la interesada “amistad” con la Sociedad Zoológica del Perú que ha servido, desde mi punto de vista, para evitar cumplir las medidas que determinen culminar la permanencia de esta cofradía “ambientalista” que lucra ocupando gratuitamente áreas del parque. Esta administración ha marginado el trabajo de las divisiones de Arqueología y Educación en donde, obviamente, no hay “comisión” de proveedores y otros pormenores.

En política los gestos describen a quienes están al frente de las entidades y la ética distingue las acciones que pueden devolver credibilidad a la ciudadanía en sus autoridades. Por estas consideraciones, anhelo que no sea designado a la cabeza del Parque de Las Leyendas el denunciado penalmente Roberto Rodríguez Rabanal (ex humalista y simpatizante de Fuerza Social) quien se asignó una remuneración mensual cuando fue su presidente (2001-2004), contraviniendo las disposiciones del patronato. La presidencia es un puesto honorífico para servir al país y, consecuentemente, ad honorem. No es un espacio para satisfacer expectativas mercantiles y “hacer caja” para campañas electorales. Esto lo afirmo con la solvencia de exhibir una hoja irreprochable de conducta e imparcialidad política. Me asiste la decencia de escribir lo que otros no podrían decir por tener los dedos manchados de tropelías.

Siempre recuerdo -y anhelo que lo tengan presente sus nuevas autoridades- las expresiones que me dedicó Felipe Benavides: “Ética, como todo en la vida, es la mayor fuerza que tiene el hombre para defender la vida”. ¡Cuánta razón tenía este quijote del siglo XX!

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