domingo, 17 de octubre de 2010

Vicuñas de fiesta en Cushuro

Hace algunas semanas se realizó el IV Festival Regional de la Vicuña en la comunidad campesina de Cushuro (La Libertad) en el que tuve la oportunidad de apreciar la vigencia de la ancestral práctica del chacu en la vida de las poblaciones andinas. Esta tradición originada en la época de los antiguos peruanos y permitía que los habitantes puedan reunirse y formar un inmenso cerco desde el cual arriaban las vicuñas hasta acorralarlas para la esquila de su fibra, con el fin de elaborar prendas de vestir que eran entregadas a la realeza y sus descendientes. En él, además, desde los tiempos de los incas, se realiza un ritual en homenaje a la tierra y en agradecimiento a la protección que los dioses dan a los camélidos.

Este exponente de fauna silvestre no solamente es nuestro símbolo patrio, sino que, de ser explotado adecuadamente, puede integrarse a la debilitada economía de las colectividades del ande peruano, ya que su lana es cotizada hasta en 2 500 dólares por metro de tela en los mercados europeos: cada ejemplar produce (cada dos años, de un total de 14 años de vida) aproximadamente 250 a 300 gramos por esquila. En total, cada vicuña puede generar dos kilos de lana a lo largo de su vida equivalente a una utilidad de 500 dólares por kilo.

Gracias a los esfuerzos del conservacionista Felipe Benavides Barreda, quien desde 1938 estudió su problemática, el Perú ha logrado salvar a la vicuña de la extinción a la que estaba condenada. Sus luchas internacionales le facilitaron impulsar la creación de la Reserva Nacional de Pampa Galeras (Lucanas, Ayacucho) y el Convenio de la Vicuña (suscrito por Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú), con el propósito de darle una orientación coordinada a las acciones que cada uno de estos países debe desarrollar para optimizar su exploración. La colectividad de Cushuro, próxima a la capital de la provincia Faustino Sánchez Carrión (Huamachuco), viene desarrollando -desde el 2004- el proyecto “Introducción de vicuñas en la región La Libertad”, concretado por iniciativa y gestión de la empresa Minera IRL S.A. que ha efectuado actividades de exploración en esa zona. Se trata de una experiencia significativa para impulsar la conservación, manejo y aprovechamiento del recurso silvestre más valioso y rentable que tiene el Perú, y que tuvo su origen cuando esta compañía minera propuso a los habitantes de Cushuro llevar a cabo una labor conjunta para repoblar vicuñas en sus terrenos. Las autoridades de la comunidad no dudaron en entusiasmarse y la minera apoyó el pago de 50 trabajadores de la comunidad, otorgando la asistencia técnica y económica necesaria.

La introducción de los, aproximadamente, 250 ejemplares de este camélido provino de la Reserva Nacional de Pampa Galeras, hasta donde fueron para capacitarse los dirigentes de Cushuro con la finalidad de conocer el manejo del recurso. Este esfuerzo contó también con la cooperación económica de la Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, el Gobierno Regional de La Libertad y el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs) y es el resultado de la conjunción de voluntades de la empresa privada y el gobierno local, regional y nacional.

De esta manera, esta iniciativa favorable al desarrollo rural fortalece la organización de la comunidad, convoca entusiasmos colectivos y consolida la solidaridad entre los pobladores, ya que el 50 por ciento de las utilidades derivadas de la esquila de este recurso se destinan al fondo comunal, mientras que la otra mitad beneficia directamente a los trabajadores que participan del proyecto.

La experiencia demuestra la buena relación que puede existir entre los negocios privados y las asociaciones rurales cuando confluyen objetivos comunes que cristalizar y, especialmente, si este sector tiene capacidad para percibir las necesidades de la comunidad y, además, promover y concretar acciones que satisfagan sus anhelos.

La responsabilidad social involucra una filosofía en la que ya no se trata sólo de crear empleo y de generar riqueza y valor, sino de que las empresas se preocupen y se comprometan en el mejoramiento de la calidad de vida de la comunidad. Es una cultura corporativa en donde la empresa y su entorno puedan edificar una favorable relación a partir de prácticas que les permitan cumplir expectativas comunes. Estas acciones, como muchas otras que pueden implementarse, deberían ser recogidas por los sectores productivos de nuestro país, en especial por los extractivos, que, como se sabe, son los que generan más rentas.

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