domingo, 8 de noviembre de 2009

Felipe Benavides: Un amigo del Partido del Pueblo

El conservacionista peruano Felipe Benavides Barreda (1917-1991) fue, sin duda, una de las figuras mundiales más representativas del quehacer ambiental. Aristócrata de nacimiento, descendiente de Fermín Diez Canseco (héroe del Huascar), tuvo una formación académica e intelectual privilegiada. Realizó sus estudios superiores en la London School of Economics, bajo la tutoría del profesor Harold Laski, líder del socialismo inglés y secretario general del Partido Laborista, y condiscípulo de estudios de Haya de la Torre.

Su relación con el fundador del aprismo comienza indirectamente cuando el hermano de su padre, Augusto Benavides Diez Canseco, acogió en su residencia a Víctor Raúl durante la persecución política de los años 30. Tiempo más tarde, por diversas circunstancias Felipe forjó gran amistad con Humberto Silva Solís, Humberto Carranza Piedra y Ramón Ponce de León, destacados dirigentes apristas. Asimismo, su inquietud por la ecología facilitó su amistad también con Guillermo Larco Cox, Nicanor Mujica Álvarez Calderón, Ramiro Prialé, Javier Pulgar Vidal, Carlos Roca Cáceres, Alfredo Santa María, Manuel Seoane Corrales, Héctor Vargas Haya, Armando Villanueva del Campo y otros.

Sus firmes convicciones éticas y cívicas lo llevaron ha protagonizar un episodio que cambio sustancialmente su vida profesional. A principios de la década de los 50, cuando se desempeñaba en calidad de Encargado de Negocios en la embajada del Perú en Suecia, se negó a distribuir información oficial del gobierno que difamaba la trayectoria política del jefe del Partido del Pueblo. Ese acontecimiento fue utilizado por la dictadura para disponer su pase a disponibilidad en 1954.

De otra parte, con motivo de la elaboración de la carta magna, Armando Villanueva fue portador de su mensaje al presidente de la Asamblea Constituyente, señalando la urgente necesidad de incorporar la temática ambiental en la nueva constitución política. Esta inquietud la recogió en su discurso inaugural (28 de julio de 1978), para luego designar a este fogoso ambientalista como asesor ad honorem de la comisión redactora del capítulo “De los Recursos Naturales”. Dicho aporte sirvió de ejemplo para las demás constituciones creadas en América Latina en el transcurso de la década siguiente.

Se caracterizó por su clara identificación nacionalista y por su anhelo de lograr el desarrollo nacional aprovechando las extraordinarias potencialidades ecológicas y respetando las ancestrales tradiciones culturales y sociales de la población. Por esas consideraciones el rector de la Universidad Nacional Federico Villarreal, Justo Enrique Debarbieri, lo declaró “Doctor Honoris Causa” (1980) en reconocimiento por su fecunda labor salvaguardando las riquezas naturales.

Su obsesionada preocupación sobre los problemas nacionales que tanto han perjudicado el desenvolvimiento económico y social de los sectores más deprimidos, lo vinculó con el senador Miguel López Cano, con quien trabajó estrechamente diversas iniciativas legislativas para proteger la Reserva Nacional de Paracas, amenazada por la sobreexplotación de recursos hidrobiológicos.

El gobierno del presidente Alan García Pérez dio pleno respaldo a sus responsabilidades (ad honorem) en la presidencia del Patronato del Parque de Las Leyendas y del Consejo Nacional de la Vicuña, creado este último con la ayuda del presidente del Consejo de Ministros, Armando Villanueva en 1988. Igualmente, gracias a la intervención del jefe de Estado, Benavides logró la aprobación en la comunidad internacional de la propuesta peruana para elaborar telas de vicuña provenientes de la esquila de animal vivo, que mereció el unánime apoyo de la colectividad científica mundial. De esta manera, se iniciaba una nueva etapa en el aprovechamiento racional de un recurso silvestre en peligro de extinción, cuya transformación y comercialización de su fina fibra beneficiaría a las postergadas poblaciones campesinas.

El presidente de la Cámara de Diputados, Luis Alvarado Contreras, atendió una solicitud multipartidaria presentada por el diputado aprista José Lescano Palomino y le impuso en 1990, la medalla “Juan Antonio Távara Andrade” en el grado de Gran Cruz “por su destacada labor como investigador de la ecología”. Fue la última distinción que recibió en vida este tenaz defensor de nobles causas nacionales.

Cuando fue sorpresivamente destituido del Parque de Las Leyendas (1991), muchas voces expresaron su indignación. Entre ellas transcribimos las palabras del diputado aprista Fernando Ramírez Alfaro, quien en su artículo “El día que las vicuñas lloraron” (Expreso, 31 de enero de 1991) indicó: “Ni Felipe Benavides –ni ninguno de los miembros del Patronato- cobraba sueldo, dieta, movilidad, viático o algún estipendio económico. Personas como el embajador Augusto Dammert y los demás miembros del Patronato, acompañan al señor Benavides porque en sus espíritus está añejada esa vocación de servicio por la patria y en sus corazones el amor por la naturaleza”.

En un póstumo acto de justicia la congresista Elvira de la Puente Haya de la Torre con la adhesión de los integrantes de la Célula Parlamentaria Aprista, lograron la aprobación por unanimidad en el Congreso de la República (20 de setiembre del 2001) del proyecto de ley Nro.038-2001-CR, que añade al Parque de Las Leyendas el nombre de este ilustre peruano.

Adelantado a su tiempo, culto y visionario, fue un personaje singular que mereció la simpatía de muchos peruanos. “Tu sabes que soy conservacionista y sigo, aunque sea de lejos, tus profundas huellas. Todo lo que pueda hacer por nuestra naturaleza me alegrará. Estoy a tus órdenes”, le escribió el 27 de setiembre de 1985, el ministro de la Presidencia, Nicanor Mujica.

Ganó batallas, inspiró envidias, cultivó admiraciones, suscitó polémicas y despertó el reconocimiento de las colectividades andinas. Su recuerdo estará siempre vinculado con la conservación del patrimonio natural, con la gestación de lúcidos aportes y con la protección de los derechos del Tercer Mundo de alcanzar un desarrollo inteligente, honesto y responsable.

Benavides siempre se enorgulleció de haber sido reconocido con el título de presidente de la comunidad campesina de Lucanas, en cuyas tierras pastan el 70 por ciento de la población nacional de vicuñas y propietaria de los ámbitos donde se establece la Reserva Nacional de Pampa Galeras. Así era este aristócrata miraflorino, comprometido plenamente con el campesinado.

Amigo del aprismo, peruano ejemplar, consecuente con su entrega moral, fue un quijote moderno al que no dejaremos de evocar y cuya obra nos recuerda la importancia de incorporar la gestión ambiental en el anhelo de elevar la calidad de vida de los más pobres.

2 comentarios:

  1. Es un blog muy interesante. Se nota que es profesional con larga y admirable trayectoria en defensa de la naturaleza y de la vida silvestre en nuestro país. Espero que siga realizando proyecto a favor de ello. Felicitaciones!

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  2. Son esos detalles, ideales y luchas los que convierten a un hombre en leyenda, a un profesor en guerrero, a un amigo en héroe. Para difundir su labor y su persona creo que debemos llevarlo a donde la juventud está: en las redes sociales... https://www.facebook.com/pages/Felipe-Benavides-Barreda/207769165952706

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